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Llanes, un sábado para la historia: los Reyes, las gaitas y seis siglos de orgullo marinero frente al Cantábrico

Llanes, un sábado para la historia: los Reyes, las gaitas y seis siglos de orgullo marinero frente al CantábricoAsturianía
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Felipe VI, Letizia, Leonor y Sofía recorrieron el sábado 24 de octubre las calles de la villa entre aplausos, folclore y recuerdos de la vida en la mar. La Cofradía de Pescadores Santa Ana recibió el Premio al Pueblo Ejemplar de Asturias 2026, dotado con 40.000 euros, y la Princesa se convirtió en Marinera de Honor. Un día que fue mucho más que una visita institucional.

Los Reyes, la princesa Leonor y la infanta Sofía caminan por Llanes durante la visita del 24 de octubre de 2026.
Los Reyes, la princesa Leonor y la infanta Sofía caminan por Llanes durante la visita del 24 de octubre de 2026. Foto: FPA / Iván Martínez.
 

Había muchas maneras de despedir una semana de Premios Princesa de Asturias. Llanes eligió la suya: con el sonido de las gaitas, los trajes de fiesta, los saludos a pie de calle y, sobre todo, con la memoria de quienes han vivido durante generaciones pendientes del estado de la mar. El sábado 24 de octubre de 2026, la villa del Oriente asturiano recibió a la Familia Real para celebrar un reconocimiento que no se concedía a sus calles ni a sus edificios, sino a una de las instituciones que mejor explica su historia: la Cofradía de Pescadores Santa Ana.

El rey Felipe VI, la reina Letizia, la princesa Leonor y la infanta Sofía recorrieron el casco histórico y el puerto en una jornada que mezcló protocolo y cercanía. Hubo fotografías con vecinos, danzas tradicionales, una visita a un pesquero, anchoas preparadas de forma artesanal, una subasta en la rula y un discurso de Leonor que puso en primer plano a los pescadores, pero también a las mujeres que durante siglos sostuvieron desde tierra la economía familiar.

El premio, entregado en la marina seca, fue el punto culminante de la visita. La emoción, sin embargo, se había repartido mucho antes por todo el recorrido.

 

El Sablón: el primer saludo, el bastón de mando y las gaitas

La espera comenzó desde primera hora en los alrededores de la playa de El Sablón. La llegada de los Reyes y sus hijas se produjo en torno a las 12.30 horas, algo después de la hora prevista en el programa. Allí les recibieron el presidente del Principado, Adrián Barbón; el alcalde de Llanes, Enrique Riestra; representantes municipales y miembros de la cofradía. El regidor entregó a Felipe VI el bastón de mando de la villa.

La banda de gaitas Llacín puso música a los primeros pasos de la comitiva. En las calles hubo manos tendidas, móviles levantados y vecinos que aguardaban su oportunidad para saludar. Los cuatro miembros de la Familia Real se detuvieron a conversar y a hacerse fotografías. La cercanía con el público, especialmente con los niños, acompañó distintos momentos de la mañana.

Al abandonar el entorno de El Sablón, la comitiva avanzó hacia el corazón del casco antiguo. Llanes no había organizado únicamente un recibimiento a unos visitantes ilustres: había preparado una muestra de aquello que la distingue.

El Pericote: tres bandos, una misma villa

En la plaza de Cristo Rey apareció el Llanes de la fiesta. Los representantes de los bandos de La Magdalena, San Roque y La Guía mostraron su particular universo de devociones, rivalidades festivas y tradición. El Pericote, uno de los bailes más representativos del concejo, ocupó el centro de la escena. La Familia Real presenció la actuación y saludó a sus protagonistas, vestidos para una ocasión irrepetible.

También hubo un encuentro con la sección infantil del grupo folclórico El Pericote: una imagen elocuente de cómo las costumbres sobreviven cuando pasan de unas manos a otras. Los trajes de aldeana y porruanu, con su minucioso trabajo artesanal, cobrarían nuevo protagonismo en otra parada del recorrido.

Santa Ana: una placa para el futuro y una capilla que guarda siglos de mar

La reina Letizia junto a mujeres vestidas con trajes tradicionales de Llanes durante el recorrido.
La reina Letizia junto a mujeres vestidas con trajes tradicionales de Llanes durante el recorrido. Foto: FPA / Iván Martínez.
 

La siguiente parada tuvo un significado especial. En la plaza de Santa Ana quedó visible la placa conmemorativa del Premio al Pueblo Ejemplar de Asturias 2026. Ante ella posaron los Reyes, sus hijas, las autoridades y representantes del jurado. La distinción ya tenía una señal física en el paisaje cotidiano de la villa.

En el acceso a la capilla, sede histórica de la cofradía, les esperaba el párroco Florentino Hoyos. Un grupo de mujeres ataviadas con los trajes tradicionales de marineras interpretó, con panderetas, el cántico de reverencia a Santa Ana. La Familia Real conoció el origen del templo y firmó en el libro de honor del Ayuntamiento.

Fue también allí donde el patrón mayor de la cofradía, Ángel Batalla, impuso a la Princesa de Asturias la medalla de la institución y le concedió el título de Marinera de Honor. Leonor recogió un reconocimiento que mencionaría con gratitud en su intervención posterior. Fuera de la capilla, la Danza Marinera devolvió la celebración a la plaza.

La elección del escenario no era casual. La cofradía procede de la antigua agrupación de mareantes de San Nicolás, documentada en torno a 1350. Su confirmación por los Reyes Católicos data de 1480; la capilla se levantó por entonces y fue ampliada en el siglo XVII. Es una historia de casi siete siglos asociada a la pesca, pero también a la ayuda a viudas, huérfanos, enfermos y náufragos.

 

De las agujas de las artesanas a las anchoas del Cantábrico

La Familia Real conoce la elaboración artesanal de las anchoas durante la visita a Llanes.
La Familia Real conoce la elaboración artesanal de las anchoas durante la visita a Llanes. Foto: FPA / Iván Martínez.
 

La comitiva continuó por la calle Ángel de la Moría, donde se detuvo ante una muestra de confección de trajes tradicionales. Los bordados y las piezas que distinguen a aldeanas y porruanos se mostraron como lo que son: un trabajo de enorme precisión y un patrimonio cultural que sigue vivo en talleres y familias.

En el Fuerte de la Moría cambió el escenario y también el aroma. La empresa familiar Conservas Ballota explicó el proceso de elaboración artesanal de la semiconserva de anchoa del Cantábrico. En una jornada dedicada a los pescadores, la transformación del pescado tenía un lugar inevitable: recordar que de cada captura dependen oficios, empresas, mercados y hogares, más allá de la cubierta del barco.

En el pesquero Nuevo Sandra María: la realidad detrás de la postal

El puerto fue la parada central de una visita concebida como homenaje al mundo pesquero. Allí aguardaban representantes de cofradías de toda Asturias, armadores, tripulaciones, pescadores jubilados y viudas de marineros fallecidos. Su presencia daba rostro a la parte menos visible del oficio: la incertidumbre de cada salida, el desgaste de los años y las familias que comparten sus consecuencias.

Los Reyes y sus hijas subieron al Nuevo Sandra María, el pesquero del patrón mayor Ángel Batalla. A bordo conocieron las técnicas de la pesca artesanal y de bajura y los esfuerzos por respetar los caladeros y aprovechar responsablemente los recursos marinos. La mar de fondo recordó, incluso durante la visita, que una embarcación no es un escenario estable. Al descender, Letizia sufrió un resbalón; se incorporó y prosiguió el recorrido sin consecuencias aparentes.

Después llegó la rula, donde los visitantes asistieron al pesaje y participaron en la demostración de una subasta a la baja, una forma tradicional de comercializar el pescado en Llanes. Era uno de los momentos que mejor unían pasado y presente: en la lonja, el valor del trabajo de la mar se traduce cada día en precios, ingresos y posibilidades de futuro.

La entrega: un premio de 40.000 euros para una comunidad marinera

El patrón mayor y representantes institucionales durante la ceremonia junto al mar.
El patrón mayor y representantes institucionales durante la ceremonia junto al mar. Foto: FPA / Yeray Menéndez.
 

La marina seca del puerto acogió el acto institucional. Intervino el alcalde, Enrique Riestra, y el presidente del jurado, Francisco Rodríguez, dio lectura al acta de concesión. Leonor entregó el galardón a Ángel Batalla, patrón mayor de la Cofradía de Pescadores Santa Ana. El reconocimiento está dotado con 40.000 euros y distingue su labor de conservación del patrimonio, defensa de la pesca artesanal, sostenibilidad, solidaridad e innovación.

Después tomó la palabra María Consuelo «Maiche» Perela, coordinadora de las actividades culturales de la entidad. Su intervención dio paso a la de la Princesa, que quiso situar el homenaje lejos de una lectura exclusivamente económica. La cofradía genera actividad en el puerto, la hostelería y el turismo, pero también cuida la costa, protege oficios y alimenta una manera de entender la vida colectiva.

Leonor pronuncia su intervención en el acto de entrega del Premio al Pueblo Ejemplar.
Leonor pronuncia su intervención en el acto de entrega del Premio al Pueblo Ejemplar. Foto: FPA / Yeray Menéndez.
 

El discurso recordó a aquellas mujeres que, con el rodiellu en la cabeza, transportaban más de veinte kilos de pescado para venderlo de pueblo en pueblo, además de remendar redes, cuidar a los hijos y sostener la casa. Leonor lo resumió con una expresión cercana: «Aquellas mujeres tenían un remango…». No fue un detalle menor: puso nombre y trabajo a las generaciones que casi nunca aparecen en las fotografías oficiales de la pesca.

La Princesa habló asimismo de la dificultad de mantener la pesca de bajura, de los retos de la sostenibilidad y de la necesidad de atraer a nuevas generaciones. La gratitud de la jornada tuvo un guiño final al nombramiento recibido: «¡Y por nombrarme Marinera de Honor!».

El premio es para la cofradía, aunque lo celebró todo Llanes

Hay un matiz fundamental en esta edición: la institución galardonada fue la Cofradía de Pescadores Santa Ana, no el municipio de Llanes en su conjunto. La Fundación Princesa de Asturias permite reconocer también a colectivos humanos que destacan por su trayectoria y por sus aportaciones a la comunidad. Por eso, el festejo llenó toda la villa, pero sus protagonistas fueron los hombres y las mujeres vinculados a la mar.

El jurado valoró, entre otros aspectos, el compromiso de la cofradía con las limpiezas de playas, la concienciación ambiental y las iniciativas solidarias, incluida la entrega de capturas para familias necesitadas y para menús sociales vinculados a la Escuela de Hostelería del IES de Llanes. No se trata únicamente de preservar una estampa tradicional: se trata de mantener una organización que todavía presta servicios concretos a su entorno.

También queda una pregunta de futuro que sobrevoló la celebración: ¿quién seguirá saliendo a faenar dentro de veinte años? Las dificultades del relevo generacional, los costes y las exigencias de una actividad sometida a numerosos cambios formaron parte del contexto de un premio pensado para reconocer lo que se ha conservado, pero también lo que necesita continuar.

Guiso de pixín, Himno de Asturias y la despedida de una jornada singular

La banda de gaitas Llacín interpretó el Himno de Asturias al cierre del acto. Después llegó el almuerzo marinero, con un guiso de pixín preparado por alumnado de la Escuela de Hostelería del IES de Llanes, al que Leonor había hecho una referencia cómplice al final de su discurso. El recorrido institucional terminó entre agradecimientos y despedidas; la villa había preparado también una celebración popular para prolongar la fiesta por la tarde y la noche.

Con la visita a Llanes concluyó la semana grande de los Premios Princesa de Asturias, después de la ceremonia celebrada el viernes en el Teatro Campoamor de Oviedo. Pero el recuerdo más duradero del sábado no fue el protocolo ni la agenda. Fueron los pañuelos, las manos estrechadas, el baile, las panderetas, el barco amarrado y el orgullo de quienes reconocieron en el galardón un homenaje a sus mayores.

Durante unas horas, Llanes enseñó al país algo que en el Cantábrico se sabe de sobra: que la historia de un puerto no se escribe solo con barcos, sino con las personas que salen a la mar y con las que esperan su regreso.

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