La 46.ª edición de los Premios Princesa de Asturias reunió en el Campoamor a ocho galardonados de la ciencia, la cultura, el deporte y la cooperación. La princesa Leonor habló de los problemas de su generación; Felipe VI defendió la democracia; Patti Smith cantó a capela y Christina Koch llevó al teatro la mirada de una astronauta.
OVIEDO | Sábado, 24 de octubre de 2026
Hay noches en las que Oviedo deja de ser únicamente la capital de Asturias para convertirse en un punto de encuentro del mundo. La de ayer, viernes 23 de octubre, fue una de ellas.
La cuadragésima sexta edición de los Premios Princesa de Asturias reunió en el Teatro Campoamor a referentes de la música, el deporte, la literatura, la exploración espacial, la animación japonesa, la ciencia, la cooperación y el pensamiento político.
En un clima internacional de incertidumbre, los discursos y los gestos de la noche coincidieron en una idea: hacen falta confianza, cooperación y compromiso para construir un futuro compartido.
El Campoamor vuelve a vestirse de azul: una ciudad pendiente de sus invitados
La alfombra azul recuperó su protagonismo a las puertas del Teatro Campoamor. Desde las horas previas, las inmediaciones del coliseo ovetense congregaron a invitados, periodistas, fuerzas de seguridad y ciudadanos que esperaban la llegada de los protagonistas de los Premios Princesa de Asturias.
El sonido de las gaitas devolvió a la ceremonia su inconfundible acento asturiano. Un amplio desfile de gaiteros recorrió la calle Uría, mientras las autoridades y los galardonados acudían a la cita.
Los reyes Felipe VI y Letizia, la princesa Leonor, la infanta Sofía y la reina Sofía participaron en una jornada marcada por el ceremonial y por la presencia de representantes de la cultura, la ciencia y las instituciones.
En el exterior, las manifestaciones republicanas y las reivindicaciones relacionadas con el acceso a la vivienda reflejaron también la pluralidad y las tensiones de la sociedad que rodea esta celebración. La solemnidad de la gala convivió con demandas sociales de plena actualidad.
Leonor da un paso decisivo: una princesa que habla de los problemas de su generación
La princesa Leonor tuvo un protagonismo reforzado. Durante la mañana recibió en solitario a los galardonados y les entregó sus insignias, una responsabilidad que simboliza el crecimiento de su papel institucional. Por la tarde intervino en el Campoamor y participó en la entrega de los premios.
En su discurso miró hacia la primera edición de los galardones, celebrada en 1981, y recordó a la filósofa María Zambrano, cuya vida estuvo marcada por el exilio y cuya obra concedió un lugar central a la esperanza.
Desde ese recuerdo abordó las inquietudes de quienes son jóvenes hoy: las dificultades para acceder a la vivienda, la incertidumbre laboral, el coste de la vida, los conflictos internacionales, las desigualdades y los efectos de unas redes sociales que transforman nuestra manera de relacionarnos.
La princesa reconoció que la velocidad de los cambios puede provocar desconcierto, pero defendió la importancia de seguir confiando en la capacidad humana para encontrar soluciones. «Porque sí, necesitamos confiar», proclamó.
Su mensaje adquirió un sentido especial al hablar, a pocos días de cumplir 21 años, como representante institucional y como integrante de la generación cuyo porvenir está en discusión. También reflexionó sobre la inteligencia artificial y reivindicó la autenticidad, los matices y las imperfecciones humanas.
El significado de su intervención no fue únicamente generacional: conectó el talento reconocido por los premios con problemas concretos de la vida cotidiana y situó la confianza como condición para construir un futuro compartido.
Felipe VI defiende la democracia y advierte contra la fascinación tecnológica
Felipe VI puso el acento en la experiencia, la responsabilidad democrática y la necesidad de aprender a convivir con los avances tecnológicos sin confundir la acumulación de información con la sabiduría.
En su intervención recordó a Leopoldo Alas, Clarín, y el legado cultural que representa el propio Teatro Campoamor. Después invitó a valorar el tiempo, el esfuerzo y la madurez que exige todo aprendizaje verdaderamente humano.
La inteligencia artificial ocupó una parte destacada de esa reflexión. El rey reconoció sus capacidades extraordinarias, pero insistió en el papel insustituible de la experiencia personal y del juicio moral.
«La democracia requiere de un compromiso diario, cívico y exigente», afirmó. Reivindicó la convivencia, el respeto institucional y la responsabilidad de quienes ejercen funciones públicas y de quienes participan en la vida democrática.
Su referencia a la Constitución de 1978 y al espíritu de acuerdo de la Transición española apuntó al mismo mensaje: una democracia no se sostiene únicamente sobre reglas formales, sino también sobre hábitos de respeto, compromiso y generosidad.
Patti Smith rompe la solemnidad y canta a capela
La gran figura de la música rebelde estadounidense ofreció uno de los momentos más singulares de la gala. Patti Smith, distinguida con el Premio Princesa de Asturias de las Artes, empezó a cantar a capela un fragmento de «Wing», en medio de su intervención.
Por unos instantes, el Campoamor dejó de ser únicamente el escenario de un acto oficial y se convirtió en un espacio de expresión musical desnuda: sin banda y sin artificios, solo la voz de una artista que ha hecho de la libertad uno de los ejes de su trayectoria.
Smith habló de gratitud, amistad, compromiso y del significado de seguir creando. Lejos de contemplar el reconocimiento como punto final, lo entendió como un estímulo para continuar trabajando y acompañando a nuevas generaciones de artistas.
La autora de «Horses», uno de los discos que transformaron el rock de los años setenta, demostró en Oviedo que el espíritu inconformista y los grandes reconocimientos institucionales pueden encontrarse sin anularse mutuamente.
Messi conquista Oviedo: el fútbol como idioma universal
La visita de Lionel Messi, Premio Princesa de Asturias de los Deportes, había generado una expectación enorme desde los días anteriores a la gala. El campeón del mundo argentino, ganador de ocho Balones de Oro, representa una trayectoria excepcional por su capacidad para sostener la excelencia a lo largo de los años.
Los méritos deportivos fueron el punto de partida del reconocimiento, pero también se puso en valor su ejemplo de perseverancia y su repercusión social. Sus actos previos habían movilizado a miles de aficionados en Asturias, incluido el encuentro celebrado en el Palacio de los Deportes de Oviedo.
En el Campoamor recibió el galardón de manos de la princesa Leonor. No figuraba entre los premiados elegidos para pronunciar los cuatro discursos centrales, pero agradeció la distinción.
Messi abandonó Oviedo después de la ceremonia para regresar a Estados Unidos, donde le esperaba un compromiso con el Inter Miami. Su nombre volvería a resonar durante el discurso de Timothy Garton Ash, que utilizó el fútbol para explicar una idea política: la necesidad de colaboración entre europeos.
Christina Koch: mirar la Tierra desde el espacio para comprender lo que nos une
La astronauta Christina Koch, distinguida con el Premio de la Concordia, ofreció una de las intervenciones más emotivas de la noche. Evocó su viaje a España en 2003 y el impacto que le causó conocer la tragedia del transbordador Columbia, en la que fallecieron sus siete tripulantes.
Aquella pérdida dejó una huella profunda en una joven ingeniera que aspiraba a explorar el espacio. Con el paso de los años, Koch acabaría cumpliendo el sueño de convertirse en astronauta y participar en una misión alrededor de la Luna.
Su recuerdo de la contemplación del planeta desde cientos de miles de kilómetros no fue una celebración individual, sino una invitación a pensar en la humanidad como una comunidad de destino.
La cooperación que hace posibles las grandes misiones espaciales, explicó, no debería ser una excepción reservada a la ciencia. La confianza, la solidaridad y la conciencia de nuestra vulnerabilidad compartida también deben orientar la conducta cotidiana.
Su intervención convirtió una experiencia extraordinaria en una lección sencilla: no hace falta abandonar la Tierra para comprender cuánto necesitamos a los demás.
Julian Barnes: los libros hablan entre siglos
El escritor británico Julian Barnes, Premio de las Letras, planteó una reflexión sobre la creación artística y la idea de progreso. ¿Puede decirse que las artes avanzan como lo hacen algunas disciplinas científicas, o más bien se reinventan continuamente?
Para el novelista, los nuevos lenguajes no convierten automáticamente en obsoletos a los antiguos. Cervantes y «Don Quijote de la Mancha» sirvieron para recordar que muchos de los experimentos literarios considerados modernos tienen raíces profundas.
La literatura aparece así como una conversación sostenida entre generaciones: quienes escriben hoy dialogan con Shakespeare, Flaubert, Cervantes y tantos otros autores, aunque cambien los públicos, los formatos y las tecnologías.
En tiempos de producción acelerada de contenidos, el discurso de Barnes invitó a distinguir entre la novedad y la verdadera aportación creativa.
Timothy Garton Ash: Europa necesita verdad, confianza y «tiquitaca»
El historiador Timothy Garton Ash, Premio de Ciencias Sociales, dedicó su discurso a Europa y a la defensa de sus libertades. Recordó que, cuando Leonor nació en 2005, la integración europea parecía vivir una etapa de optimismo. Dos décadas después, el continente se enfrenta a guerras, desinformación, polarización y desconfianza.
Para defender el proyecto europeo propuso tres conceptos: verdad, confianza y «tiquitaca». La referencia al juego de asociación futbolística, aprovechando la presencia de Messi, introdujo un respiro humorístico que encerraba una tesis política.
Los equipos no ganan solo porque dispongan de talentos individuales: necesitan coordinación, pases, entendimiento y objetivos compartidos. Europa, sostuvo en esencia, necesita aprender a jugar mejor en equipo.
Su intervención conectó los grandes principios democráticos con una imagen comprensible para cualquier aficionado al fútbol.
Studio Ghibli: Totoro también tuvo su momento en el Campoamor
El Premio de Comunicación y Humanidades fue concedido a Studio Ghibli, el célebre estudio japonés de animación asociado a nombres como Hayao Miyazaki, Isao Takahata y Toshio Suzuki.
Kenichi Yoda, presidente del estudio, acudió acompañado de un peluche de Totoro, uno de los personajes más queridos de su universo. La imagen aportó un punto entrañable a la ceremonia y subrayó la diversidad cultural de los reconocimientos.
Películas como «Mi vecino Totoro», «El viaje de Chihiro», «La princesa Mononoke» y «El castillo ambulante» han demostrado la capacidad del cine de animación para abordar la infancia, el miedo, la naturaleza, el conflicto y la memoria con una profundidad comparable a cualquier otra forma cinematográfica.
La distinción supone también el reconocimiento de una manera paciente y artesanal de construir mundos imaginarios que han llegado a espectadores de generaciones y culturas muy diferentes.
Tres investigadores que han transformado la lectura del ADN
David Klenerman, Shankar Balasubramanian y Pascal Mayer recibieron el Premio de Investigación Científica y Técnica por sus contribuciones al desarrollo de tecnologías de secuenciación masiva del ADN.
Su trabajo ha ayudado a abaratar y acelerar extraordinariamente la lectura de la información genética. Lo que antes exigía recursos enormes puede estudiarse ahora con tecnologías mucho más accesibles.
Este progreso resulta decisivo para investigar enfermedades hereditarias, detectar alteraciones relevantes en determinados tumores, comprender mecanismos biológicos y mejorar la vigilancia epidemiológica.
Es un avance con menor visibilidad pública que los triunfos deportivos o los grandes estrenos culturales, pero con una capacidad inmensa para transformar la medicina y la investigación científica.
Svalbard: el banco de semillas que protege el futuro de la alimentación
El Premio de Cooperación Internacional reconoció a la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, ubicada en el archipiélago noruego del mismo nombre, cerca del Ártico.
Este depósito conserva copias de seguridad de semillas procedentes de bancos genéticos de numerosos países. Su misión es proteger la diversidad de los cultivos frente a catástrofes naturales, conflictos, accidentes y otras amenazas que podrían provocar pérdidas irreversibles.
La iniciativa tiene una importancia estratégica que trasciende la agricultura: conservar la diversidad genética ayuda a reforzar la seguridad alimentaria y la capacidad de adaptación de los cultivos ante cambios ambientales.
La cooperación internacional hace posible este proyecto, que recuerda que algunas de las decisiones más relevantes para el futuro se adoptan sin grandes gestos, pensando en personas que aún no han nacido.
Una mañana histórica para Leonor y una noche de gaitas
El Hotel de la Reconquista acogió audiencias y encuentros que completaron la jornada institucional. La princesa Leonor participó junto a la infanta Sofía en una recepción relacionada con los premios universitarios y, por primera vez, asumió en solitario un encuentro con los galardonados internacionales.
Tras las intervenciones y la entrega de premios, la Real Banda de Gaitas Ciudad de Oviedo interpretó el himno de Asturias. Los premiados recorrieron el pasillo central del teatro acompañados por gaiteros y por el pasacalles «El Xarreru».
La combinación de figuras internacionales y tradición asturiana volvió a ofrecer una de las estampas características de los Premios. Leonor convocó oficialmente la edición de 2027, dando por concluida la ceremonia.
El día después: Llanes recoge el testigo
La actividad institucional continúa este sábado 24 de octubre en Llanes, donde está prevista la entrega del Premio al Pueblo Ejemplar de Asturias a la Cofradía de Pescadores Santa Ana.
Del escenario internacional del Teatro Campoamor a una comunidad marinera que ha trabajado por conservar su patrimonio y sus tradiciones: los premios vuelven así a poner en relación el talento reconocido en todo el mundo con la vida cotidiana de los pueblos asturianos.
El legado de una noche: Asturias mira al mundo
La gala del 23 de octubre dejó una sucesión de imágenes y mensajes: Leonor defendiendo la esperanza de los jóvenes; Felipe VI recordando la exigencia moral de la democracia; Patti Smith cantando a capela; Messi recibiendo un homenaje a su trayectoria; Christina Koch apelando a la cooperación humana; Barnes dialogando con los clásicos y Garton Ash explicando Europa mediante el fútbol.
La ciencia genética, la animación japonesa y la conservación de semillas completaron una edición que reunió talentos y causas muy diferentes.
No fue una gala definida por un único momento. Fue una ceremonia atravesada por una misma preocupación: cómo preservar la libertad, la convivencia, el conocimiento y la solidaridad en un mundo lleno de incertidumbres.
Cuando las gaitas acompañaron a los premiados a la salida, Oviedo volvió a demostrar que una ciudad puede abrirse a las grandes preguntas del mundo sin renunciar a sus raíces.
La respuesta a si tiene sentido reunirse cada año para reconocer a quienes mejoran la sociedad parece clara: precisamente en tiempos difíciles, quizá lo tenga más que nunca.

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