En Estados Unidos hay una ciudad que recibe más de un millón de visitantes atraídos por sus brujas. En Guatemala construyen enormes cometas para conectar con sus antepasados. México convierte los cementerios en una explosión de colores, Filipinas reúne a familias enteras alrededor de las tumbas y Rumanía organiza fiestas nocturnas en el castillo de Drácula. Un viaje fascinante por siete lugares donde el miedo, la muerte y la celebración se mezclan de maneras sorprendentes. ¿Y qué tiene que ver todo esto con el Samaín asturiano? Mucho más de lo que imaginamos.
Domingo, 1 de noviembre de 2026 | Asturias Mundial
Imagina una ciudad invadida por miles de brujas, un cementerio convertido en una reunión familiar multitudinaria o una gigantesca cometa de veinte metros de diámetro que, según una antigua creencia, permite comunicarse con los muertos.
No son escenas de una película de fantasía. Son algunas de las formas en las que distintas culturas del mundo celebran estos días de finales de octubre y comienzos de noviembre.
Halloween es solo una de las caras de una tradición mucho más amplia: la necesidad humana de recordar a quienes ya no están, enfrentarse al misterio de la muerte y, en ocasiones, quitarle hierro al asunto con una buena fiesta.
En Asturias tenemos el Samaín, las historias de la Güestia, los amagüestos y las visitas a los cementerios por Todos los Santos.
Pero ¿qué ocurre en el resto del planeta?
Este recorrido nos lleva por siete escenarios extraordinarios, desde la ciudad de las brujas hasta uno de los cruces peatonales más famosos de Japón.
Salem, Estados Unidos: la ciudad donde Halloween dura un mes entero
Más de un millón de visitantes durante octubre. Esa es la dimensión que ha alcanzado Halloween en Salem, una pequeña ciudad de Massachusetts que ha convertido su pasado más oscuro en uno de sus principales atractivos turísticos.
Su fama procede de los célebres procesos por brujería de 1692, cuando el miedo, las acusaciones y la intolerancia religiosa desencadenaron una persecución que terminó con 20 personas ejecutadas.
Aquello fue una tragedia histórica, no una aventura sobrenatural.
Pero tres siglos después, Salem se ha convertido en la denominada ciudad de las brujas.
Sus calles se llenan durante octubre de disfraces, visitas teatralizadas, espectáculos, mercadillos y actividades relacionadas con el misterio.
Y este 2026 tiene una particularidad extraordinaria: Salem celebra su 400 aniversario.
El programa oficial incluye una exhibición nocturna de 400 drones y una concentración de miles de sombreros de bruja junto al puerto.
El festival moderno comenzó en 1982, con alrededor de 50.000 visitantes. Desde entonces ha crecido hasta superar el millón durante el mes de octubre.
La gran paradoja: una ciudad que sufrió una persecución contra supuestas brujas ha terminado convirtiendo la figura de la bruja en su símbolo turístico.
Nueva Orleans: cuando el miedo se mezcla con jazz, cementerios y leyendas
Si existe una ciudad estadounidense donde Halloween parece encajar perfectamente con su personalidad, esa es Nueva Orleans, en Luisiana.
Su barrio francés, con balcones de hierro forjado, edificios históricos, patios interiores y calles que parecen sacadas de una novela gótica, proporciona un escenario extraordinario.
Pero Nueva Orleans no necesita inventarse demasiadas historias.
La ciudad reúne tradiciones culturales francesas, españolas, africanas, caribeñas y estadounidenses. De esa mezcla han surgido relatos sobre fantasmas, misterios y prácticas espirituales vinculadas al vudú de Luisiana.
Una de sus curiosidades más conocidas son los cementerios con sepulturas elevadas y mausoleos, que crean auténticas ciudades de piedra.
Los entierros sobre el nivel del suelo responden a distintas razones históricas, entre ellas las condiciones del terreno y el nivel freático.
Halloween añade disfraces, fiestas, recorridos nocturnos y espectáculos a un ambiente donde la música y el misterio conviven durante todo el año.
Y hay una figura especialmente conocida: Marie Laveau, una mujer del siglo XIX asociada a la tradición del vudú de Nueva Orleans y convertida posteriormente en personaje legendario.
Su verdadera historia mezcla hechos documentados con una enorme cantidad de relatos populares.
En una ciudad como esta, distinguir la historia de la leyenda forma parte del encanto.
México: el país donde los muertos regresan a casa para cenar
Mientras en otros lugares se intenta asustar a los vivos con personajes de ultratumba, en México el Día de Muertos propone una idea completamente diferente.
Los difuntos no vienen a provocar miedo. Según la tradición, regresan para reunirse simbólicamente con sus familias.
Las casas y los cementerios se llenan de flores de cempasúchil, velas, fotografías, alimentos y objetos que recuerdan a las personas fallecidas.
Los altares familiares, conocidos como ofrendas, pueden incluir los platos favoritos del difunto, bebidas, pan de muerto y otros elementos cargados de simbolismo.
La creencia tradicional sostiene que las flores y las luces ayudan a orientar a las almas durante su visita.
La gran curiosidad es que muchas familias preparan una especie de banquete simbólico para sus seres queridos fallecidos.
La celebración combina raíces indígenas con elementos del cristianismo y ha adquirido formas distintas según la región.
Su valor cultural es tan importante que la UNESCO reconoció las fiestas indígenas dedicadas a los muertos como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Y una precisión fundamental: el Día de Muertos mexicano no es simplemente la versión local de Halloween. Tiene su propia historia, sus símbolos y su significado.
Sumpango, Guatemala: cometas gigantes para hablar con los antepasados
Esta es probablemente una de las tradiciones más espectaculares y menos conocidas por el gran público europeo.
Cada 1 de noviembre, en los municipios guatemaltecos de Sumpango y Santiago Sacatepéquez, aparecen enormes cometas de colores llamadas barriletes gigantes.
Algunas alcanzan dimensiones verdaderamente impresionantes: hasta unos 20 metros o más de diámetro.
Pero no son simples juguetes gigantes.
Su elaboración puede llevar meses de trabajo comunitario, utilizando bambú, papel y técnicas artesanales transmitidas entre generaciones.
La tradición está vinculada a la memoria de los antepasados y a la comunicación simbólica entre vivos y muertos.
Algunos barriletes vuelan; los de mayor tamaño pueden permanecer expuestos por sus enormes dimensiones.
En diciembre de 2024, la UNESCO incorporó las técnicas de elaboración de estos barriletes gigantes a su lista del patrimonio cultural inmaterial.
Y este año hay una curiosidad especial.
Uno de los barriletes de Sumpango está dedicado al escritor Miguel Ángel Asturias, premio Nobel de Literatura de 1967.
Se trata de una pieza de cinco metros de diámetro anunciada para la celebración de hoy, 1 de noviembre, coincidiendo con los homenajes por el retorno de los restos del escritor a Guatemala.
Un detalle especialmente llamativo para nuestros lectores: Miguel Ángel Asturias se apellidaba Asturias, pero era guatemalteco. El homenaje no está relacionado con el Principado, sino con una de las mayores figuras literarias de su país.
Filipinas: el día en que los cementerios se convierten en lugares de reunión familiar
En Filipinas, las celebraciones de Todos los Santos y los Fieles Difuntos reciben el nombre popular de Undas.
Durante estas jornadas, millones de personas se desplazan para visitar las tumbas de sus familiares.
Pero lo más curioso es la manera de vivir esa visita.
En numerosos cementerios, las familias permanecen juntas durante horas. Llevan comida, conversan, rezan, comparten recuerdos y se reencuentran con parientes a quienes quizá no veían desde hacía meses.
El cementerio se convierte, durante unas horas, en un espacio de convivencia entre generaciones.
La tradición combina el catolicismo introducido durante la etapa colonial española con costumbres anteriores de respeto a los antepasados.
Su dimensión es tal que las autoridades organizan grandes operaciones de tráfico y seguridad.
Este 2026, el Gobierno filipino anunció el despliegue de más de 2.000 efectivos de gestión metropolitana en Manila para facilitar los desplazamientos durante Undas.
Una comparación curiosa con Asturias: aquí también visitamos los cementerios y nos reunimos con familiares por estas fechas, aunque normalmente de una manera más breve y recogida.
El castillo de Bran, Rumanía: una fiesta de Halloween en la supuesta casa de Drácula
En Transilvania existe un castillo que parece diseñado expresamente para una película de vampiros.
Torres puntiagudas, pasadizos, muros de piedra y bosques que adquieren una apariencia especialmente inquietante cuando cae la niebla.
Es el castillo de Bran, conocido internacionalmente como el castillo de Drácula.
Pero aquí encontramos una de las grandes curiosidades de este recorrido.
El conde Drácula de la novela de Bram Stoker es un personaje de ficción, y la identificación de Bran como su residencia pertenece principalmente al imaginario turístico y literario.
La vinculación histórica directa del castillo con Vlad el Empalador, figura habitualmente asociada al mito, es mucho más limitada de lo que mucha gente cree.
Eso no ha impedido que el edificio se convierta en uno de los lugares más famosos del mundo para celebrar Halloween.
Este 31 de octubre de 2026, el programa oficial incluía visitas teatralizadas, una gran fiesta nocturna y una celebración privada en el interior del castillo.
La entrada más exclusiva daba acceso a una fiesta limitada a solo 100 participantes.
Actores, efectos especiales, música y caracterizaciones transforman durante estos días una fortaleza medieval en un escenario de terror.
Lo que comenzó siendo una construcción defensiva terminó convertido en un símbolo mundial del vampirismo.
Shibuya, Japón: Halloween se hizo tan grande que las autoridades tuvieron que frenarlo
Nuestro viaje termina en uno de los escenarios urbanos más reconocibles del planeta: el cruce de Shibuya, en Tokio.
Durante años, este barrio se convirtió en un punto de encuentro multitudinario para jóvenes disfrazados que acudían a celebrar Halloween.
El resultado eran concentraciones enormes, disfraces extravagantes y escenas que daban la vuelta al mundo.
Pero el éxito acabó convirtiéndose también en un problema.
Las aglomeraciones, el consumo de alcohol en la vía pública, las molestias al vecindario y las dificultades para garantizar la seguridad llevaron a las autoridades a endurecer las restricciones.
En 2026, el distrito volvió a difundir la campaña Goodbye Bad Halloween, destinada a evitar los comportamientos problemáticos.
Entre las medidas previstas figuraban controles, restricciones de tráfico, prohibiciones de consumo de alcohol en determinadas franjas horarias y protecciones alrededor de la famosa estatua de Hachiko.
La paradoja japonesa: uno de los lugares más famosos del mundo para celebrar Halloween lleva años intentando que la fiesta deje de desbordar sus calles.
Las autoridades recomiendan disfrutarla preferentemente en locales y eventos organizados.
Una demostración de que incluso la fiesta más divertida necesita límites cuando reúne a miles de personas en espacios reducidos.
VÍDEO | Así se vive Halloween y el recuerdo de los muertos en siete rincones extraordinarios del mundo
De Salem a Tokio, pasando por Nueva Orleans, México, Guatemala, Filipinas y Transilvania, un recorrido audiovisual por algunas de las celebraciones más sorprendentes de estas fechas.
¿Y Asturias? Tenemos nuestras propias historias para asustar al mundo
Después de recorrer estos siete destinos, surge una pregunta inevitable.
¿Qué tiene Asturias que no tengan los demás?
Quizá no organicemos concentraciones de un millón de visitantes como Salem ni construyamos cometas gigantes para hablar con nuestros antepasados.
Pero nuestro patrimonio cultural esconde historias que podrían protagonizar su propio documental internacional sobre los misterios de la muerte.
La Güestia, esa inquietante procesión de ánimas que según el folclore recorre caminos y aldeas durante la noche, no tiene demasiado que envidiar a los relatos de fantasmas de Nueva Orleans.
Las antiguas costumbres de colocar calabazas iluminadas para gastar bromas y provocar sustos recuerdan a tradiciones de otros territorios atlánticos.
El amagüestu, con sus castañas asadas y su sidra dulce, mantiene vivo el vínculo entre las cosechas, el final del otoño y las reuniones comunitarias.
Y las visitas a los cementerios de nuestros pueblos comparten con México, Filipinas y Guatemala una idea esencial: los muertos siguen presentes en la memoria de sus familias.
Incluso existen paralelismos curiosos entre las tradiciones populares asturianas de las ánimas y las celebraciones de otros lugares del mundo.
No quiere decir que todas procedan de una misma fiesta ancestral.
Lo interesante es que sociedades muy alejadas entre sí han desarrollado maneras propias de expresar sentimientos sorprendentemente parecidos.
¿Por qué celebramos la muerte con miedo, flores, disfraces o comida?
La explicación es tan sencilla como profundamente humana.
La muerte es una experiencia universal, pero ninguna cultura ha encontrado una única manera de relacionarse con ella.
En Salem predomina el espectáculo y la recreación histórica.
En Nueva Orleans, el misterio forma parte de una identidad cultural muy particular.
En México, las ofrendas celebran la continuidad simbólica de los vínculos familiares.
En Guatemala, los barriletes convierten la memoria en una explosión de arte colectivo.
En Filipinas, los cementerios se llenan de encuentros y recuerdos compartidos.
En Transilvania, la literatura de terror se transforma en una experiencia turística.
Y en Japón, Halloween se ha convertido en un fenómeno de cultura urbana contemporánea.
Son formas diferentes de enfrentarse a una misma realidad: la ausencia de las personas que queremos y la necesidad de dar un significado a esa ausencia.
Siete lugares, siete tradiciones y una misma pregunta
Este 1 de noviembre de 2026, mientras las familias asturianas acuden a los cementerios con flores, en otros lugares del planeta se levantan enormes cometas, se encienden altares, se celebran reuniones familiares y se organizan fiestas en castillos medievales.
Cada tradición tiene su historia.
Unas nacieron de creencias religiosas. Otras se alimentaron de mitos, acontecimientos históricos o celebraciones populares. Y algunas se han convertido en grandes fenómenos turísticos.
Pero todas muestran algo extraordinario: la humanidad lleva siglos buscando maneras de convivir con el recuerdo de sus muertos, y ha encontrado formas tan distintas como fascinantes de hacerlo.
Quizá por eso Halloween, el Día de Muertos, el Samaín y Todos los Santos siguen despertando tanto interés.
Porque detrás de los disfraces, de las velas, de las flores y de las leyendas hay algo que nunca pasa de moda.
El deseo de mantener cerca a quienes ya no están.
Y en Asturias, donde las historias de los abuelos todavía se mezclan con las leyendas de los caminos y las campanas de los pueblos, sabemos bastante de eso.
Al fin y al cabo, nuestros muertos también tienen sus historias. Y algunas merecen seguir contándose durante siglos.

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