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Los Premios Princesa de Asturias reducen un 33% su huella de carbono y compensarán en Colombia las emisiones de la edición de 2026

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La Fundación Princesa de Asturias lleva quince ediciones apostando por la sostenibilidad de sus grandes ceremonias. Las emisiones por asistente han pasado de 36,12 a solo 5,70 kilos de CO₂ equivalente desde 2011, mientras que el impacto asociado al consumo de papel se ha reducido un 78%. Este año, la organización volverá a compensar sus emisiones mediante un proyecto hidroeléctrico en Colombia y utilizará vehículos híbridos para los desplazamientos de su personal.

Oviedo, 11 de octubre de 2026

Los Premios Princesa de Asturias no solo quieren distinguir a quienes contribuyen a mejorar el mundo. También pretenden reducir el impacto ambiental que genera su propia celebración. Y los datos acumulados durante los últimos catorce años muestran una transformación considerable: las emisiones globales asociadas a las actividades de los premios se han reducido un 32,94% entre 2011 y 2025, mientras que la huella de carbono por asistente ha descendido más de un 84%.

La Fundación Princesa de Asturias ha anunciado este domingo que volverá a calcular y compensar las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por los actos de los Premios Princesa de Asturias 2026, reforzando un compromiso medioambiental que comenzó en 2011 y que se ha convertido en una parte estable de la organización.

La iniciativa se desarrolla en colaboración con la Fundación Ecología y Desarrollo (ECODES), que ha concedido nuevamente a los premios la etiqueta Evento CeroCO2.

Es la decimoquinta edición consecutiva que obtiene este reconocimiento, con el que la institución distingue a las entidades comprometidas con la medición y compensación de sus emisiones.

Sin embargo, una de las novedades más llamativas de este año está a miles de kilómetros de Asturias: la compensación se canalizará mediante un proyecto hidroeléctrico situado en Colombia.

De 36 kilos de CO₂ por invitado a menos de seis: el cambio en cifras

Más allá de las declaraciones institucionales, los datos facilitados por la Fundación permiten comprobar la evolución de sus indicadores medioambientales.

En 2011, las actividades organizadas alrededor de los premios generaban una media de 36,12 kilogramos de CO₂ equivalente por asistente.

En 2025, esa cifra se había reducido hasta los 5,70 kilogramos.

Es decir, una disminución de 30,42 kilos por persona, equivalente a una reducción de aproximadamente el 84,2%.

La evolución también resulta especialmente significativa cuando se analiza el impacto por acto organizado.

En 2011, las emisiones medias por actividad ascendían a 19,59 toneladas de CO₂ equivalente. Catorce años después, habían descendido hasta las 2,88 toneladas.

La reducción supera el 85%.

También las emisiones calculadas por superficie han registrado un descenso considerable: de 51,53 a 6,76 kilos de CO₂ equivalente, según los indicadores empleados por la organización.

Estos resultados muestran una disminución relevante de la intensidad de emisiones asociada a los acontecimientos de la Fundación.

No obstante, conviene distinguir entre las diferentes magnitudes: mientras que las emisiones globales han bajado un 32,94%, las reducciones por asistente, superficie y acto son mayores porque responden a indicadores relativos.

La organización no ha comunicado todavía cuál será la huella de carbono total de la edición de 2026, que deberá calcularse a partir de las actividades celebradas.

El papel, uno de los cambios más visibles: un 78% menos de emisiones

Uno de los indicadores que más ha mejorado es el relacionado con el consumo de papel.

La organización ha conseguido reducir las emisiones asociadas a este concepto desde las 10,76 toneladas de CO₂ equivalente contabilizadas en 2011 hasta las 2,33 toneladas registradas en 2025.

Supone una disminución del 78,36% en catorce años.

El dato refleja la transformación experimentada por la organización de grandes acontecimientos culturales e institucionales, en los que tradicionalmente se utilizaban cantidades importantes de materiales impresos.

Programas, acreditaciones, invitaciones, documentación para los asistentes y materiales de comunicación forman parte de los elementos que pueden influir en la huella medioambiental de este tipo de celebraciones.

La digitalización de documentos y la reducción de soportes físicos son algunas de las vías disponibles para disminuir ese impacto, aunque la nota difundida por la Fundación no detalla qué medidas concretas explican la reducción alcanzada.

En cualquier caso, el indicador del papel constituye uno de los ejemplos más claros de cómo puede evolucionar ambientalmente un acontecimiento que se repite cada año.

De Oviedo a Colombia: así se compensarán las emisiones de los premios

La gran singularidad del compromiso anunciado para 2026 es el destino elegido para compensar las emisiones.

La Fundación Princesa de Asturias canalizará esta actuación a través del Proyecto Hidroeléctrico Barroso, situado en el municipio de Salgar, en el departamento colombiano de Antioquia.

La compensación de carbono consiste en contribuir económicamente a iniciativas que permiten evitar emisiones de gases de efecto invernadero o retirar una cantidad equivalente de la atmósfera.

En este caso, la Fundación trabajará con el programa CeroCO2 de ECODES, que desarrolla mecanismos para ayudar a empresas e instituciones a medir, reducir y compensar su impacto climático.

El sistema se basa en calcular las toneladas de CO₂ equivalente generadas por una actividad y realizar una aportación económica a un proyecto que acredite una reducción o captación equivalente.

La elección de Colombia pone de manifiesto el alcance internacional de este tipo de mecanismos ambientales: un acontecimiento celebrado en Asturias puede compensar parte de su impacto climático mediante actuaciones desarrolladas en otro continente.

Pero existe una diferencia fundamental que conviene explicar.

Compensar las emisiones no significa que los premios dejen de generarlas.

Los desplazamientos, los consumos energéticos y las actividades necesarias para organizar las ceremonias siguen teniendo un impacto ambiental.

La compensación pretende equilibrar contablemente esas emisiones mediante reducciones o captaciones verificables desarrolladas en otros lugares.

Por eso, desde el punto de vista ambiental, la reducción directa de la huella de carbono y su posterior compensación son actuaciones complementarias, pero no equivalentes.

La Fundación no ha detallado en su comunicación el importe que destinará al proyecto colombiano, el volumen de toneladas que compensará ni los mecanismos específicos utilizados para verificar esa compensación.

Vehículos híbridos para los desplazamientos del personal

El compromiso medioambiental de los Premios Princesa de Asturias también se trasladará este año a la movilidad.

La Fundación ha anunciado que contará con una flota de vehículos híbridos para los desplazamientos de su personal durante las actividades relacionadas con la ceremonia.

El transporte constituye uno de los elementos relevantes en la organización de acontecimientos internacionales, especialmente cuando reúnen a premiados, representantes institucionales, invitados, equipos técnicos y profesionales desplazados desde diferentes lugares del mundo.

Los vehículos híbridos pueden contribuir a reducir el consumo de combustible y las emisiones durante determinados recorridos, aunque su efecto real depende de la tecnología utilizada, las distancias y las condiciones de circulación.

La Fundación no ha especificado la reducción de emisiones que espera conseguir mediante esta medida.

Tampoco ha anunciado en esta comunicación otras actuaciones concretas relacionadas con los desplazamientos de los asistentes o el transporte internacional de los invitados.

En cualquier caso, la utilización de una flota híbrida forma parte de las iniciativas con las que la organización pretende disminuir el impacto directo de sus actividades, además de compensar las emisiones que finalmente se produzcan.

Quince ediciones con un sello ambiental

La colaboración entre la Fundación Princesa de Asturias y ECODES comenzó en 2011.

Un año después, los premios obtuvieron por primera vez la etiqueta Evento CeroCO2.

Desde entonces, la organización ha mantenido su compromiso con el cálculo y compensación de emisiones, convirtiendo la sostenibilidad en una línea de actuación continuada.

La edición de 2026 será la decimoquinta que disponga de este distintivo.

La continuidad resulta especialmente relevante porque permite observar una evolución a largo plazo y comparar los datos medioambientales de distintas ediciones.

El reto actual no consiste únicamente en mantener el sello, sino en seguir reduciendo las emisiones reales de las actividades y mejorar la información pública disponible sobre su impacto.

En ese sentido, los datos históricos facilitados por la Fundación muestran avances significativos, aunque todavía no permiten conocer el balance ambiental completo de los premios de este año.

El desafío de los grandes acontecimientos: celebrar sin multiplicar el impacto ambiental

La experiencia de los Premios Princesa de Asturias plantea una cuestión que afecta a la organización de grandes acontecimientos culturales, deportivos e institucionales.

¿Hasta qué punto puede reducirse el impacto climático de una celebración internacional sin renunciar a su dimensión pública y a su capacidad de convocatoria?

La respuesta no depende exclusivamente de los vehículos utilizados o de la cantidad de papel consumido.

También intervienen el transporte de larga distancia, los alojamientos, la energía empleada en los recintos, los montajes técnicos y las necesidades logísticas.

El compromiso ambiental de los grandes acontecimientos exige, por tanto, una combinación de decisiones organizativas, medición de resultados y mecanismos de compensación.

La trayectoria de los premios asturianos muestra que existe margen para reducir su huella de carbono, como acreditan los indicadores comunicados entre 2011 y 2025.

Pero también deja cuestiones de interés para las próximas ediciones: conocer el volumen total de emisiones compensadas, su distribución por actividades, el coste de esa compensación y las medidas que permiten seguir disminuyendo las emisiones directas.

Los Premios Princesa de Asturias afrontan así una nueva edición con un doble compromiso: mantener el reconocimiento internacional de su ceremonia y procurar que su celebración tenga cada vez un menor impacto sobre el planeta.

Una tarea especialmente significativa para unos galardones que, desde Oviedo, aspiran cada año a proyectar valores y logros de alcance universal.

Porque reconocer a quienes trabajan por un mundo mejor también implica preguntarse qué huella dejamos al celebrar sus méritos.

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