La abuela Balbina vuelve a metese na cocina y, cuando Balbina saca la harina, más vale apartase. Hoy prepara un bizcocho de manzana asturiana y sidra natural, jugoso, aromático y con ese punto de “nun sé qué” que hace que desaparezca antes de enfriar.
—Hoy facemos bizcochu, pero bizcochu de verdá, non esa espuma que venden por ahí y que soples y marcha pola ventana.
Así empieza Balbina.
Con el delantal puesto, la mantequilla fuera de la nevera desde hace un rato y dos manzanas encima de la mesa que, según ella, “ya taben pidiendo guerra”.
Porque un bizcocho puede hacerse en cualquier sitio. Pero si lleva manzana, un chorrito de sidra y paciencia, entonces ya empieza a saber un poco a Asturias.
Ingredientes
Para un molde de unos 22 centímetros:
- 3 huevos
- 180 gramos de azúcar
- 200 gramos de harina
- 100 gramos de mantequilla
- 2 manzanas
- 100 ml de sidra natural asturiana
- 1 sobre de levadura química
- 1 cucharadita de canela
- Ralladura de medio limón
- Una pizca de sal
- Azúcar para espolvorear
Balbina mira los ingredientes y sentencia:
—La sidra pa dentro del bizcochu. Y si sobra un culín… pues tampoco vamos tiralu, home.
Primero, los huevos como Dios manda
Se baten los huevos con el azúcar hasta que la mezcla quede clara y esponjosa.
Nada de hacerlo deprisa.
—Esto hay que batilo bien. Si tienes prisa, vas a la panadería y lo compras. Pero si lo haces en casa, faise como toca.
Cuando los huevos hayan cogido volumen, añadimos la mantequilla derretida, pero no caliente.
Después entra la sidra.
Despacio.
—Nun me eches media botella de golpe, que esto ye un bizcochu, non una espicha.
La manzana, que aquí manda mucho
Pelamos las manzanas.
Una la cortamos en dados pequeños y la otra en láminas finas para colocarla por encima.
La manzana en dados se incorpora a la masa junto con la ralladura de limón y la canela.
Y aquí Balbina hace una pausa.
—Canela sí. Pero un poco. Que luego hay gente que echa media plantación y aquello sabe a Navidad hasta en agosto.
Harina, levadura y paciencia
Mezclamos la harina con la levadura y una pizca de sal.
La incorporamos poco a poco a la mezcla anterior.
Sin batir como si estuviéramos haciendo cemento.
Solo lo justo.
—Dale con cariño, neña. El bizcochu también nota cuando tas enfadada.
Vertemos la masa en un molde previamente engrasado.
Colocamos las láminas de manzana por encima formando círculos.
Un poco de azúcar sobre la superficie.
Y al horno.
Al horno… y nun abras la puerta
Horno precalentado a 180 grados.
El bizcocho necesitará aproximadamente 40-45 minutos.
Y llega la gran norma de Balbina:
—Nun abras el horno cada cinco minutos. ¿Qué vas mirar? ¿Si creció? Pues déjalu crecer tranquilo, ho.
A partir de los 35 minutos podemos comprobar el punto introduciendo un palillo.
Si sale limpio, está listo.
El truco de Balbina
Nada más sacar el bizcocho del horno, Balbina moja ligeramente la superficie con dos cucharadas de sidra.
Muy poco.
Solo para darle aroma.
—Nun lo emborraches tampoco. Que luego dices que ye receta mía y vienen los municipales.
Después hay que dejarlo reposar.
Aunque aquí empieza el verdadero problema.
Porque el olor ya habrá invadido la cocina.
Y probablemente también el pasillo.
Y posiblemente la casa del vecino.
¿Cómo queda?
Por fuera, ligeramente dorado.
Por dentro, tierno, húmedo y con pequeños trozos de manzana.
La sidra deja un aroma muy suave, nada alcohólico, pero le da personalidad y combina perfectamente con la fruta.
Se puede comer solo, con café, con leche o con una cucharada de nata.
Aunque Balbina tiene otra teoría:
—Con un cafetín después de comer, y si llueve fuera, ya nun necesitas más lujo.
Consejo final de la abuela
Si al día siguiente queda un trozo —que Balbina considera altamente improbable— puede calentarse unos segundos.
—Y si ves que desapareció por la noche, nun preguntes quién fue. En esta casa sabemos convivir y nun vamos levantar conflictos por un bizcochu.
Porque hay postres que necesitan técnicas complicadas.
Y luego están los que necesitan simplemente manzana, sidra y una abuela asturiana diciéndote que estás echando demasiada harina.
Y esos, casi siempre, salen mejor.

