Seis mujeres, seis miradas y miles de kilómetros de viaje: Gijón convierte a las aves migratorias en protagonistas

Seis mujeres, seis miradas y miles de kilómetros de viaje: Gijón convierte a las aves migratorias en protagonistas

La Fundación Alvargonzález inaugura este viernes 25 de septiembre la exposición colectiva ‘Apasionadas por las aves: el arte de observar’, una muestra que reúne fotografía, ornitología y sensibilidad artística en torno a uno de los grandes espectáculos naturales del planeta: la migración de las aves.

Hay aves que cruzan continentes enteros.

Algunas recorren miles de kilómetros entre sus zonas de cría y de invernada. Atraviesan mares, montañas, ciudades, humedales y costas siguiendo rutas que se repiten generación tras generación.

Y hay personas que esperan durante horas para conseguir apenas unos segundos de ese viaje.

Ese instante.

Ese vuelo.

Ese gesto.

Ese momento en que un ave se posa, cambia de dirección, levanta el vuelo o desaparece otra vez rumbo al sur.

De esa paciencia nace ‘Apasionadas por las aves: el arte de observar’, la nueva exposición colectiva de fotografía que abrirá sus puertas este viernes 25 de septiembre, a las 19:00 horas, en la Sala de Arte de la Fundación Alvargonzález, en Gijón.

Seis fotógrafas ante el mismo desafío: esperar

La muestra reúne el trabajo de Aida Fuentes, Ana María López García, Arantza Marcotegui, Sonia Sánchez, Tina Relancio y Yolanda Moreno.

Seis fotógrafas.

Seis maneras distintas de mirar.

Un mismo vínculo: la fotografía de naturaleza y la observación de aves.

La exposición no plantea la ornitología como simple documentación científica.

Busca otra cosa.

Encontrar belleza en el movimiento.

Composición en un vuelo.

Color en un plumaje.

Tensión en una mirada.

Y convertir una observación aparentemente fugaz en una imagen capaz de permanecer.

Las propias autoras resumen su intención como una búsqueda de una visión creativa en sus encuentros con las aves.

Fotografiar un ave es mucho más difícil de lo que parece

El espectador ve finalmente una fotografía.

Pero detrás pueden existir horas de espera.

Silencio.

Frío.

Viento.

Distancia.

Y muchas fotografías que nunca llegarán a exponerse.

La fotografía de aves tiene una particularidad: el modelo nunca posa cuando uno quiere.

El fotógrafo no controla la luz, el movimiento, la distancia ni el tiempo que permanecerá el animal en el encuadre.

Hay que anticiparse.

Conocer el comportamiento de las especies.

Interpretar movimientos.

Saber esperar.

Y, cuando finalmente sucede algo, reaccionar en décimas de segundo.

Por eso esta exposición se encuentra en un terreno especialmente interesante entre arte y observación naturalista.

El gran viaje que ocurre sobre nuestras cabezas

La muestra llega además en vísperas del Día Mundial de las Aves Migratorias, que este año celebra su segunda jornada internacional el 10 de octubre, precisamente un día después de que cierre la exposición gijonesa.

La cita pone el foco en la importancia de observar, conocer y conservar las rutas migratorias de unas especies que cada año realizan desplazamientos extraordinarios.

Y ahí fotografía y conservación empiezan a encontrarse.

Quien observa aves por placer puede terminar aportando información útil para conocer mejor su comportamiento, sus desplazamientos y los cambios que se producen en sus hábitats.

Una fecha.

Una especie.

Un lugar.

Una fotografía.

Una observación aparentemente pequeña puede terminar formando parte de una historia natural mucho mayor.

La migración, uno de los fenómenos más extraordinarios de la naturaleza

La migración de las aves es también una extraordinaria historia de supervivencia.

Cada año millones de ejemplares abandonan territorios donde empieza a escasear el alimento y buscan otros lugares en los que pasar determinados meses.

Después regresan.

Muchas especies repiten rutas relativamente estables.

Otras se desplazan miles de kilómetros.

Y todo ello ocurre sobre un planeta lleno de obstáculos.

Tormentas.

Tendidos eléctricos.

Contaminación lumínica.

Pérdida de humedales.

Cambios en la disponibilidad de alimento.

Edificios.

Carreteras.

Cambio climático.

Por eso conocer cuándo llegan, dónde descansan y qué rutas utilizan se ha convertido en una información cada vez más valiosa.

Asturias, un lugar privilegiado para levantar la vista

Y Asturias tiene mucho que decir en ese relato.

Su costa, sus rías, embalses, montañas y humedales la convierten en territorio de paso, descanso, reproducción o invernada para numerosas especies.

Hay aves que permanecen todo el año.

Otras llegan durante determinados meses.

Y otras apenas hacen escala.

Precisamente ahí aparece el valor de aprender a mirar.

Porque un paseo aparentemente normal puede convertirse en otra cosa cuando uno empieza a reconocer especies, comportamientos y movimientos migratorios.

La exposición invita también a eso.

A detenerse.

Algo que, paradójicamente, resulta necesario para fotografiar animales que casi nunca dejan de moverse.

La exposición número 393

La muestra tiene además un pequeño hito para la propia Fundación Alvargonzález.

Será la exposición número 393 organizada en su sala.

La inauguración contará con el director de la Fundación, Ramón Alvargonzález, y con las seis fotógrafas participantes.

Una exposición que dura solo dos semanas

‘Apasionadas por las aves: el arte de observar’ podrá visitarse del 25 de septiembre al 9 de octubre en la Sala de Exposiciones de la Fundación Alvargonzález.

El horario será de lunes a viernes, de 12:00 a 13:30 y de 18:00 a 20:30 horas, y los sábados, de 12:00 a 13:30. Domingos y festivos permanecerá cerrada.

Mirar hacia arriba

Hay exposiciones que requieren conocimientos previos.

Esta probablemente no.

Basta con algo mucho más sencillo.

Mirar.

Porque buena parte de lo que muestran estas seis fotógrafas ocurre constantemente a nuestro alrededor sin que reparemos en ello.

Un ave cruza el cielo.

Otra descansa sobre una roca.

Otra inicia un viaje de miles de kilómetros.

Y durante un instante alguien consigue detenerla dentro de una fotografía.

La exposición de la Fundación Alvargonzález propone precisamente eso: descubrir que, mientras nosotros seguimos con nuestra vida, sobre nuestras cabezas continúa desarrollándose uno de los mayores viajes del planeta.

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