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Oviedo guarda un secreto de hace 3.490 millones de años: una de las huellas de vida más antiguas de la Tierra ya puede contemplarse en Asturias

Oviedo guarda un secreto de hace 3.490 millones de años: una de las huellas de vida más antiguas de la Tierra ya puede contemplarse en AsturiasCultura
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Mucho antes de los dinosaurios, de los primeros animales e incluso de que nuestra atmósfera tuviera el oxígeno que respiramos hoy, unos diminutos microorganismos comenzaron a dejar su huella en el planeta. Ahora, una roca australiana que conserva indicios de aquella actividad biológica puede contemplarse en el Museo de Geología de la Universidad de Oviedo. Es una pieza excepcional: ningún otro museo español exhibe permanentemente un estromatolito procedente de Pilbara. Y no llega sola: una nueva exposición permite recorrer 4.567 millones de años de historia en apenas quince piezas.

Una roca que nos lleva a cuando la Tierra era un planeta casi irreconocible

Imaginemos que pudiéramos viajar 3.490 millones de años hacia el pasado.

No encontraríamos árboles, flores, pájaros ni mamíferos. Tampoco dinosaurios. Ni siquiera existían todavía los primeros animales.

Los continentes tenían una configuración completamente diferente, los océanos albergaban formas de vida extraordinariamente simples y la atmósfera contenía muchísimo menos oxígeno libre que en la actualidad.

En aquel mundo remoto, la actividad de comunidades microscópicas comenzó a dejar señales que, por una extraordinaria combinación de procesos geológicos, han conseguido sobrevivir hasta nuestros días.

Una de esas señales acaba de encontrar su lugar en Oviedo.

El Museo de Geología de la Universidad de Oviedo ha incorporado a su exposición permanente un estromatolito procedente de la región de Pilbara, en Australia Occidental, con una antigüedad aproximada de 3.490 millones de años.

La pieza conserva estructuras interpretadas como evidencias de antigua actividad microbiana y constituye uno de los testimonios más remotos que permiten estudiar los primeros ecosistemas de nuestro planeta.

Y lo verdaderamente extraordinario es que ya no hace falta viajar hasta Australia para contemplar uno de estos materiales.

Ahora puede verse en Asturias.

¿Qué es exactamente un estromatolito y por qué resulta tan extraordinario?

A primera vista, la nueva pieza podría parecer simplemente una roca antigua.

Pero su importancia no reside en su apariencia, sino en lo que puede contarnos.

Los estromatolitos son estructuras geológicas que, en numerosos casos, se originan por la actividad de comunidades de microorganismos capaces de atrapar sedimentos, fijarlos o favorecer la precipitación de minerales.

Con el paso del tiempo, estos procesos pueden generar estructuras laminadas que quedan conservadas en las rocas.

No estamos hablando de un esqueleto ni de un fósil convencional, sino de una posible huella de la actividad colectiva de seres microscópicos.

En algunos casos, este tipo de formaciones permite investigar ecosistemas que existieron hace miles de millones de años.

Su interpretación exige un trabajo científico cuidadoso, porque también existen estructuras geológicas de apariencia semejante que pueden formarse sin intervención biológica.

Por eso, los estromatolitos más antiguos constituyen uno de los campos de investigación más fascinantes sobre el origen y la evolución temprana de la vida.

El ejemplar que se exhibe en Oviedo procede de Pilbara, una región australiana conocida internacionalmente por conservar algunas de las rocas más antiguas relacionadas con la historia biológica del planeta.

Es como abrir una ventana hacia una Tierra en la que la vida apenas había comenzado su larguísima evolución.

Una pieza única en los museos españoles

La singularidad de esta incorporación va más allá de su extraordinaria edad.

Según la Universidad de Oviedo, su Museo de Geología es la única institución museística española que exhibe de forma permanente un estromatolito procedente de Pilbara.

Esta precisión es importante: no significa que sea el único estromatolito existente en España, sino que su procedencia australiana y su presencia en una exposición permanente le confieren un carácter excepcional.

La incorporación sitúa al museo universitario ante una oportunidad divulgativa especialmente interesante.

Permite acercar al público una cuestión que normalmente permanece lejos de nuestra experiencia cotidiana: cómo sabemos que existía vida en la Tierra cuando nuestro planeta era todavía relativamente joven.

El director conservador del museo, Luis Miguel Terente, ha destacado precisamente esa capacidad de las rocas para conservar el pasado.

Y ha resumido el sentido de la exposición con una reflexión:

«Cuando contemplamos una roca de 3.000 o 4.000 millones de años, no estamos simplemente mirando un objeto antiguo».

Estamos ante una parte de la historia terrestre que ha conseguido llegar hasta nosotros.

Una historia que comenzó muchísimo antes de que apareciera nuestra especie.

Quince piezas para recorrer 4.567 millones de años: un viaje imposible convertido en exposición

El estromatolito constituye la principal novedad, pero forma parte de una propuesta todavía más ambiciosa.

El Museo de Geología ha preparado una nueva vitrina con quince ejemplares seleccionados para recorrer la historia del Sistema Solar y de la Tierra.

Trece de ellos se muestran al público por primera vez.

La disposición de las piezas sigue un recorrido en espiral que permite avanzar desde los materiales más antiguos del Sistema Solar hasta rocas que conservan testimonios de grandes transformaciones geológicas.

El recorrido comienza incluso antes de que existiera la Tierra tal como la conocemos.

Los meteoritos que nos hablan del nacimiento del Sistema Solar

Entre los primeros materiales expuestos destacan dos meteoritos: una condrita ordinaria y una condrita carbonácea CV3.

Conservan materiales primitivos formados hace aproximadamente 4.567 millones de años.

Su estudio permite investigar las condiciones existentes durante las primeras etapas del Sistema Solar y conocer mejor los ingredientes que participaron en la formación de los planetas.

Son fragmentos materiales de una historia que comenzó antes de que la Tierra terminara de formarse.

Contemplarlos supone acercarse a un momento en el que nuestro planeta todavía no era el mundo azul que conocemos.

Los cristales que han sobrevivido más de 4.400 millones de años

La exposición incluye también una muestra de meta-arenisca de Jack Hills, en Australia.

Su importancia reside en que contiene cristales de circón con edades de hasta 4.404 millones de años.

Estos diminutos minerales figuran entre los testimonios terrestres más antiguos conocidos.

Han permitido a los investigadores obtener información sobre las primeras etapas de evolución de la corteza terrestre.

Y aquí aparece una de las grandes paradojas de la geología: un cristal minúsculo puede contener información sobre procesos que ocurrieron miles de millones de años antes de que existieran los primeros animales.

La exposición incorpora igualmente un gneis de Acasta, en Canadá, con una antigüedad aproximada de 3.962 millones de años.

Una muestra que ayuda a comprender cómo fue evolucionando la corteza de nuestro planeta durante sus primeras etapas.

Cuando el oxígeno comenzó a cambiar la historia de la Tierra

Uno de los grandes episodios de la evolución terrestre fue la progresiva transformación de su atmósfera.

Durante una parte considerable de la historia del planeta, la concentración de oxígeno libre fue extremadamente reducida.

La actividad de organismos capaces de realizar fotosíntesis oxigénica contribuyó a modificar esa situación.

Entre ellos desempeñaron un papel fundamental las cianobacterias, microorganismos que utilizan la energía de la luz y liberan oxígeno.

La nueva exposición de Oviedo incluye materiales relacionados con antiguas comunidades microbianas y rocas que permiten investigar los cambios químicos experimentados por los océanos y la atmósfera.

También presenta formaciones de hierro bandeado procedentes de Australia y Canadá.

Estas estructuras conservan información sobre las condiciones químicas de los antiguos mares y los procesos que favorecieron la formación de determinados depósitos minerales.

Hace aproximadamente entre 2.400 y 2.500 millones de años comenzó uno de los grandes cambios de la historia terrestre: el aumento significativo del oxígeno atmosférico, conocido como la Gran Oxidación.

Fue un proceso fundamental para la evolución posterior de nuestro planeta, aunque la aparición de formas de vida complejas todavía tardaría muchísimo tiempo.

La exposición permite observar las huellas materiales de algunas de estas transformaciones.

No mediante dibujos o simulaciones, sino a través de las propias rocas que han conservado parte de aquella historia.

Y Asturias también tiene algo que contar: una roca de Pola de Allande de 605 millones de años

El viaje por la historia geológica mundial termina conectando con nuestro territorio.

Entre los quince ejemplares seleccionados figura un ortogneis de Pola de Allande, una roca cuyo material original cristalizó hace aproximadamente 605 millones de años.

Se trata de un testimonio del Precámbrico terminal, una etapa enormemente anterior a la aparición de los dinosaurios y también a buena parte de los grandes acontecimientos geológicos que posteriormente modelaron Asturias.

El granitoide original fue transformado y deformado por procesos geológicos posteriores hasta adquirir su aspecto actual.

Esta pieza recuerda algo que a menudo olvidamos: las montañas, los valles y las rocas que vemos hoy en Asturias conservan historias muchísimo más antiguas que nuestros paisajes actuales.

La geología asturiana es el resultado de una sucesión de transformaciones desarrolladas durante cientos de millones de años.

Antes de que existiera el Cantábrico tal como lo conocemos, antes de que se configurara la cordillera y mucho antes de que los primeros seres humanos habitaran estas tierras, los materiales que hoy forman parte de nuestro territorio ya estaban experimentando cambios extraordinarios.

La roca de Pola de Allande establece así un puente entre los grandes acontecimientos de la historia terrestre y el patrimonio geológico del Principado.

Un experimento mental: si la historia de la Tierra durase un solo día...

Para comprender la antigüedad de los materiales expuestos, podemos imaginar que comprimimos los aproximadamente 4.567 millones de años transcurridos desde la formación de los primeros materiales del Sistema Solar en un único día de 24 horas.

En esa escala imaginaria, cada minuto representaría algo más de tres millones de años.

A las 00:00 comenzaríamos con los materiales primitivos que hoy encontramos en los meteoritos.

Hacia las 5:40 de la madrugada llegaríamos a la época del estromatolito de Pilbara, hace unos 3.490 millones de años.

Alrededor de las 20:49 alcanzaríamos la antigüedad del material original del ortogneis de Pola de Allande, hace unos 605 millones de años.

Los dinosaurios aparecerían aproximadamente a las 22:47 y desaparecerían hacia las 23:39.

Y nuestra especie, el Homo sapiens, no llegaría hasta los últimos seis segundos del día.

La comparación es aproximada, pero permite comprender algo extraordinario.

Durante casi toda la historia de nuestro planeta, los seres humanos no existíamos.

Y, sin embargo, hoy somos capaces de estudiar materiales que conservan información sobre algunos de sus primeros capítulos.

El verdadero tesoro no es la roca: es la historia que permite reconstruir

La nueva exposición del Museo de Geología de la Universidad de Oviedo no busca únicamente mostrar piezas antiguas.

Su interés está en explicar cómo se ha transformado nuestro planeta.

Cómo se formaron sus primeros materiales.

Cómo evolucionó la corteza terrestre.

Cómo cambiaron los océanos.

Cómo se modificó la composición de la atmósfera.

Y cómo algunas formas de vida microscópicas comenzaron a participar en procesos que terminarían transformando profundamente la Tierra.

La presentación de la nueva vitrina ha contado con Carlos López, decano de la Facultad de Geología; María de los Ángeles Fernández, directora del Departamento de Geología, y Luis Miguel Terente, director conservador del museo.

Pero más allá de la presentación institucional, la noticia verdaderamente importante es que Asturias dispone desde hoy de una oportunidad excepcional para acercarse a uno de los capítulos más remotos de la historia de la vida.

Una oportunidad para estudiantes, profesores, investigadores, familias y cualquier persona que alguna vez se haya preguntado cómo empezó todo.

Una visita que cambia nuestra forma de mirar el mundo

Estamos acostumbrados a pensar en la historia en términos de siglos.

Los romanos llegaron hace unos dos mil años.

Las primeras pirámides egipcias se levantaron hace unos cuatro mil quinientos años.

Nuestros antepasados de la prehistoria habitaron estas tierras hace decenas de miles de años.

Pero el estromatolito de Pilbara obliga a cambiar completamente de escala.

Sus 3.490 millones de años nos transportan a una época tan remota que toda la historia de la humanidad parece apenas un instante.

Y ahora podemos contemplar ese testimonio en Oviedo.

No es una joya tallada, una escultura monumental ni un objeto fabricado por una civilización desaparecida.

Es una roca.

Una roca que conserva indicios de actividad biológica de una antigüedad difícil de imaginar.

Una de las huellas más antiguas de la vida en nuestro planeta puede verse ya en Asturias.

Quizá esa sea la mejor manera de resumir lo que acaba de incorporar el Museo de Geología de la Universidad de Oviedo.

Porque a veces el mayor viaje que podemos hacer no necesita un avión ni una máquina del tiempo. Basta con detenernos ante una piedra y aprender a escuchar lo que tiene que contarnos.

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