Recetas de una abuela asturiana: Pote asturiano de los de antes (el que calienta hasta los recuerdos)

Recetas de una abuela asturiana: Pote asturiano de los de antes (el que calienta hasta los recuerdos)

Ay, cielín… menudo día salió. Viento que corta la cara, agua que no cae, se tira, y nieve rondando como quien no quiere la cosa. Un día de esos que dice una:

“Hoy, casa, cocina y zapatilles. Y el que quiera verme, que venga con pan.”

Así que hoy la abuela Balbina no anda con modernidades ni tonterías. Hoy toca receta de cuchara, de las que abrazan el estómago y te reconcilian con el mundo cuando fuera parece que se acabó el verano… y el otoño… y la paciencia.

Pote asturiano de los de antes (el que calienta hasta los recuerdos)

Este pote no ye cualquier pote, no. Este ye el que hacía mi madre cuando el temporal apretaba y el carbón no daba abasto.
Decía ella:

“Con un buen pote, el frío queda fuera y la familia junta.”
Y tenía más razón que un santo.

Ingredientes (sin racanear, que esto ye pote)

  • Un buen puñáu de fabes (puestas a remojo la noche anterior, como Dios manda)

  • Berza bien verde, picada con cariño

  • Patatas del país, “escachaes”, no cortadas finas como pa señoritingos

  • Compango completo:

    • Chorizu

    • Morciella

    • Lacón

    • Tocín

  • Una cebolla (opcional, pero Malvina la echa, que da alegría)

  • Un diente de ajo

  • Pimentón dulce

  • Sal (poca, que el compango ya habla bastante)

Elaboración (con calma, que el pote no entiende de prisas)

  1. En una pota grande se ponen les fabes con agua fría, que queden bien cubiertes.

  2. Se añade todo el compango, tal cual, sin trocear todavía.

  3. Al fuego lento, muy lento, que vaya arrancando a hervir como quien se despereza.

  4. Cuando espuma, se quita, sin protestar.

  5. Se añaden la cebolla, el ajo y una pizquina de pimentón.

  6. Al rato, se mete la berza y las patatas.

  7. Y ahora… a esperar. Dos horines tranquilines, con la tapa medio puesta y la casa oliendo a gloria bendita.

Malvina siempre dice:

“El pote no se mira, se escucha.”
Si suena despacio, va bien. Si corre, enfádase.

El momento sagrado

Cuando ya está, se saca el compango, se trocea y se vuelve a meter, que aquí todo comparte pota.
Se deja reposar un poco, porque el pote, como les personas, mejora cuando se calma.

Y se sirve caliente, muy caliente, que quite el frío del cuerpo y el de la cabeza.

Esto no ye solo comida, cielín.

Esto ye hogar, ye refugio, ye decirle al mal tiempo:

“Tú ladra fuera, que aquí dentro mandamos nosotros.”

Ahora apaga la tele, pon la mesa, arrímate a la pota…
y come, que mañana ya veremos si escampa.

Un besín grande de la abuela Balbina
que hoy no sale… pero cocina como nadie. 

 

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