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Salinas se ha levantado para defender a uno de los suyos

Salinas se ha levantado para defender a uno de los suyosSociedad
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Los vecinos se movilizaron para que los okupas abandonaran la casa de un hombre de 74 años enfermo. Aseguran que, si es necesario, lo volverán a hacer.

Salinas es un pueblo de 4.000 habitantes. En invierno, cuando se van los veraneantes, en sus calles quedan los de siempre: los que se saludan por su nombre, los que saben quién vive en cada casa y quién necesita una mano. Esa cercanía se convirtió estos días en su mayor fortaleza.

Un vecino de la localidad, que prefiere mantenerse en el anonimato, describe lo ocurrido como "una experiencia que nunca olvidaremos". La casa de un vecino de 74 años, enfermo, fue ocupada. La respuesta no tardó en llegar: decenas de vecinos se organizaron, se plantaron junto al propietario y no se separaron de él hasta que los ocupantes abandonaron la vivienda.

Detrás de esta historia hay, además, un drama personal especialmente doloroso. El propietario había vivido durante décadas en la casa junto a su esposa. A comienzos de año, ambos tuvieron que trasladarse temporalmente al domicilio de su hija, en Gijón, debido a la delicada salud de la mujer, enferma de cáncer de páncreas. Ella falleció en mayo y él sufrió una grave enfermedad que le obligó a permanecer hospitalizado durante meses, parte de ellos incluso en coma.

Cuando, a finales de septiembre, intentó regresar a su hogar, descubrió que otras personas habían entrado en la vivienda. Según los testimonios recogidos, el cambio de cerradura se produjo el 1 de octubre. La familia denunció lo ocurrido ante la Guardia Civil y el asunto quedó en manos de la Justicia.

"Esto no es Barcelona", afirma con rotundidad. "Salinas es un pueblo donde en invierno nos conocemos todos. Si vuelven a aparecer okupas, estaremos preparados."

Una comunidad que no mira hacia otro lado

Para este vecino, lo más importante no fue solo recuperar la casa, sino demostrar que nadie está solo. "Cuando le pasa algo a uno de nosotros, nos pasa a todos", explica. Lo que podría haberse convertido en un largo calvario para un hombre mayor y enfermo se resolvió gracias a la reacción inmediata de quienes le rodean.

La movilización comenzó a organizarse entre los propios residentes, que llegaron a crear un grupo de WhatsApp para compartir información y alertar de movimientos sospechosos. Existía preocupación por la posibilidad de que se produjeran nuevas ocupaciones. Algunos vecinos aseguraban haber observado vehículos que se acercaban por la noche a comprobar contadores e incluso denunciaban intentos de entrada en otros inmuebles.

El martes 27 de octubre tuvo lugar una primera concentración ante la vivienda, situada en el número 41 de la avenida del Campón. Hubo momentos de tensión y fue necesaria la presencia de la Guardia Civil para calmar los ánimos. Pero la movilización decisiva llegaría al día siguiente.

El miércoles 28, una concentración mucho más numerosa volvió a reunir a los vecinos frente a la casa. Durante la protesta, dos jóvenes consiguieron acceder al inmueble por su parte trasera y comprobaron que estaba vacío. Los ocupantes, según las informaciones publicadas, habían abandonado ya el domicilio.

Hasta el lugar acudieron efectivos policiales y de la Guardia Civil. Según las crónicas de lo sucedido, se informó al juez de guardia, que autorizó la entrada de los agentes para comprobar el estado de la vivienda y verificar que no quedaba nadie en su interior. Posteriormente, un cerrajero cambió la cerradura y la familia pudo recuperar el control de la casa.

La vivienda se encontraba en muy mal estado, pero el propietario volvía a disponer de su hogar y de las pertenencias de toda una vida. Su hija, presente durante los acontecimientos, agradeció el apoyo recibido de los vecinos.

 

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Sin embargo, el episodio dejó también un sabor amargo. Según relata, durante la movilización un agente de la Guardia Civil quiso identificar a los vecinos que estaban apoyando al propietario.

"Me sentí molesto. No se dan cuenta de que estábamos allí para protegerle. Las leyes y las fuerzas de seguridad están para apoyar a la gente normal, no para proteger a unos okupas 'foráneos' que vienen a robar un espacio que tiene dueño. No es un tema de leyes, es un tema de sentido común. ¿Qué haces cuando le roban a una anciana un bolso y la tiran al suelo? Hay que protegerla, y esto es lo mismo. Le han quitado a un vecino su techo, pero no veníamos a hacer daño, veníamos a acompañar a un vecino para que recuperara lo suyo, como felizmente así ha sido".

"Hay que organizarse"

Hoy, en Salinas se respira alivio. La casa ha vuelto a su dueño. Pero la tranquilidad no ha traído el olvido. "Estamos tranquilos porque se ha resuelto, pero sabemos que tenemos que organizarnos", advierte este vecino. La idea ya está en marcha: crear un equipo vecinal preparado para actuar si la situación se repite.

Su crítica apunta también a la legislación. A su juicio, quienes ocupan viviendas ajenas se amparan en "una ley absurda" que deja desprotegidos a los propietarios, especialmente a los más vulnerables.

Nos van a llamar “fachas”, muy bien, no hay problema, lo que no nos van a llamar es ……cobardes.

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