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La Asturias que no llega a fin de mes: 228.000 personas en riesgo de pobreza y cuatro de cada diez inquilinos en situación vulnerable

La Asturias que no llega a fin de mes: 228.000 personas en riesgo de pobreza y cuatro de cada diez inquilinos en situación vulnerableSociedad
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El 22,4 % de los asturianos se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social, 1,5 puntos más que el año anterior. Tener trabajo, cobrar una pensión o disponer de ingresos regulares ya no garantiza estar a salvo de las dificultades económicas. La vivienda, los salarios insuficientes y el encarecimiento de los gastos esenciales dibujan una realidad preocupante en el Principado.

Oviedo, 28 de octubre de 2026.

Hay una Asturias que trabaja, cobra su nómina, paga sus facturas y, cuando termina el mes, apenas tiene dinero para afrontar un imprevisto. Una Asturias de pensionistas que calculan cada gasto, de familias que necesitan dos sueldos para mantener su vivienda y de jóvenes que destinan una parte considerable de sus ingresos a pagar el alquiler.

Esa realidad, que no siempre aparece reflejada en las grandes cifras económicas, vuelve a hacerse visible en los últimos datos europeos sobre pobreza y exclusión social.

El 22,4 % de la población asturiana se encontraba en riesgo de pobreza o exclusión social en 2025, frente al 20,9 % registrado durante el año anterior.

El incremento de 1,5 puntos porcentuales rompe la mejoría experimentada en 2024 y sitúa nuevamente la vulnerabilidad económica entre los principales problemas sociales del Principado.

Traducido a personas, supone aproximadamente 228.000 asturianos, una cifra equivalente a más de uno de cada cinco habitantes.

Pero la estadística no habla únicamente de personas sin empleo o sin recursos. También refleja las dificultades de familias que trabajan, hogares que dependen de pensiones y ciudadanos que, pese a contar con ingresos, tienen problemas para mantener unas condiciones de vida adecuadas.

Un retroceso que rompe la mejoría de los últimos años

Los datos de Eurostat muestran que Asturias había conseguido reducir significativamente su tasa de riesgo de pobreza o exclusión social respecto a los niveles registrados durante los años anteriores.

En 2020, el indicador se situaba en el 27,2 %. Durante los ejercicios siguientes descendió progresivamente hasta alcanzar el 20,9 % en 2024.

Sin embargo, esa tendencia favorable se ha interrumpido.

En 2025 la tasa volvió a subir hasta el 22,4 %, un incremento que demuestra que la mejora de los indicadores económicos no siempre se traduce en una reducción continuada de la vulnerabilidad social.

El dato resulta especialmente significativo porque coincide con un periodo en el que el empleo y la actividad económica han mostrado signos de recuperación.

La explicación es compleja: tener ingresos no significa necesariamente disponer de recursos suficientes para cubrir las necesidades de una familia.

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La vivienda se convierte en uno de los principales factores de vulnerabilidad

Uno de los aspectos más preocupantes de la situación asturiana está relacionado con el acceso y el mantenimiento de la vivienda.

El 40,2 % de las personas que viven de alquiler se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social, frente al 17,8 % de quienes residen en una vivienda en propiedad, según los datos recogidos en el informe de EAPN Asturias.

La diferencia es superior a 22 puntos porcentuales.

No significa que el alquiler sea la única causa de la pobreza, pero evidencia la estrecha relación entre la situación residencial y la vulnerabilidad económica.

Para muchas familias, el pago mensual de la vivienda representa el gasto más importante del presupuesto doméstico.

A esa cantidad deben añadirse electricidad, calefacción, agua, alimentación, transporte, comunicaciones y otros gastos esenciales.

Cuando los ingresos son reducidos, cualquier subida del alquiler o cualquier factura inesperada puede desestabilizar las cuentas familiares.

La Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en Asturias advierte de que las personas en situación de pobreza destinan una proporción especialmente elevada de sus ingresos a mantener una vivienda.

El problema tiene consecuencias que van mucho más allá de las dificultades económicas: condiciona la posibilidad de ahorrar, independizarse, formar una familia o afrontar una situación de desempleo.

Trabajar ya no garantiza escapar de la pobreza

Una de las realidades más significativas del informe es la existencia de personas ocupadas que continúan encontrándose en riesgo de pobreza o exclusión social.

El porcentaje alcanza el 12,9 % entre la población trabajadora asturiana, de acuerdo con los datos de EAPN.

Es decir, aproximadamente uno de cada ocho trabajadores se encuentra en situación de vulnerabilidad pese a disponer de empleo.

El fenómeno obliga a replantear una idea tradicional: que encontrar trabajo es suficiente para garantizar unas condiciones económicas adecuadas.

La duración de la jornada laboral, los salarios, la estabilidad contractual y las cargas familiares influyen directamente en el nivel de vida de los hogares.

Una persona con un empleo a tiempo parcial puede no disponer de ingresos suficientes para vivir de forma independiente.

Y una familia con varios miembros dependientes puede continuar atravesando dificultades incluso cuando uno o dos de sus integrantes trabajan.

La pregunta, por tanto, ya no es únicamente cuántos asturianos tienen empleo, sino cuántos pueden vivir dignamente de sus ingresos.

Pensionistas: el gran sostén de miles de hogares asturianos

Las pensiones desempeñan un papel fundamental en la economía del Principado.

Asturias cuenta con una población envejecida y numerosos hogares dependen total o parcialmente de prestaciones de jubilación, viudedad o incapacidad.

El informe de EAPN destaca la importancia de estas transferencias públicas para reducir los niveles de pobreza.

Sin ellas, la proporción de población situada por debajo de los umbrales económicos de referencia sería considerablemente superior.

Esta circunstancia evidencia el papel protector del sistema de pensiones, pero también plantea interrogantes sobre la situación de quienes reciben prestaciones reducidas.

No todos los pensionistas disfrutan del mismo nivel de ingresos ni afrontan los mismos gastos.

Las necesidades de cuidados, las enfermedades, el mantenimiento de una vivienda o la ayuda económica a otros familiares pueden reducir notablemente el dinero disponible.

En numerosos hogares asturianos, además, la pensión de una persona mayor constituye un apoyo esencial para hijos o nietos que atraviesan dificultades laborales o económicas.

Casi cuatro de cada diez asturianos tienen dificultades para llegar a fin de mes

Más allá de las personas incluidas formalmente en los indicadores de pobreza, existe un sector mucho más amplio de la población que declara problemas para afrontar sus gastos habituales.

Según EAPN Asturias, el 38,7 % de los ciudadanos reconoce dificultades para llegar a fin de mes.

El porcentaje resulta especialmente relevante porque muestra una vulnerabilidad económica que no siempre aparece reflejada en los umbrales tradicionales de pobreza monetaria.

Una familia puede superar estadísticamente esos límites y, sin embargo, no disponer de capacidad de ahorro.

También puede verse obligada a aplazar compras, reducir determinados consumos o recurrir a la ayuda de familiares para afrontar gastos extraordinarios.

El problema se agrava cuando coinciden varios factores: ingresos modestos, un alquiler elevado, menores a cargo y ausencia de ahorros.

En esas circunstancias, una avería del coche, una reparación doméstica o una enfermedad pueden convertirse en un auténtico problema financiero.

La pobreza severa también afecta a miles de personas

El informe diferencia entre el riesgo general de pobreza o exclusión social y las situaciones de pobreza monetaria más intensa.

En Asturias, el 17,2 % de la población se encuentra bajo el umbral de riesgo de pobreza, mientras que el 8,8 % está en situación de pobreza severa.

Esta última categoría identifica hogares con ingresos especialmente reducidos respecto al nivel de renta de referencia.

También preocupa la situación de los menores, entre los que la pobreza severa alcanza el 19,4 %, según los datos recogidos por EAPN Asturias.

Las consecuencias de crecer en un hogar con recursos insuficientes pueden afectar a múltiples ámbitos: alimentación, condiciones de vivienda, acceso a actividades educativas y posibilidades de participación social.

La pobreza infantil no representa únicamente una dificultad económica presente. También puede condicionar las oportunidades futuras.

Asturias, por debajo de España pero por encima de Europa

Los indicadores europeos permiten situar la situación asturiana en un contexto más amplio.

La tasa de riesgo de pobreza o exclusión social del Principado, del 22,4 %, es inferior a la media española, que alcanza el 25,7 %.

Sin embargo, supera la media de la Unión Europea, situada en el 20,9 %.

La diferencia con España es de 3,3 puntos porcentuales, mientras que Asturias se encuentra 1,5 puntos por encima del promedio comunitario.

Estos datos muestran que el Principado presenta una situación relativamente más favorable que el conjunto nacional, aunque todavía mantiene una proporción importante de población vulnerable.

Además, la comparación territorial debe interpretarse con cautela, porque los niveles de renta, los precios y las estructuras familiares y laborales pueden variar considerablemente entre regiones.

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¿Qué significa realmente estar en riesgo de pobreza o exclusión?

El indicador europeo AROPE no mide exclusivamente la falta de ingresos.

Combina tres situaciones diferentes: el riesgo de pobreza monetaria, la carencia material y social severa y la baja intensidad laboral de los hogares.

Una persona entra en el indicador general cuando cumple al menos una de esas condiciones.

Por tanto, el 22,4 % no significa que todos esos ciudadanos vivan por debajo del umbral monetario de pobreza.

Algunos pueden contar con ingresos superiores, pero sufrir privaciones materiales importantes o vivir en hogares donde sus integrantes apenas tienen trabajo.

La distinción resulta esencial para entender correctamente las estadísticas.

La pobreza y la exclusión social son fenómenos relacionados, pero no idénticos.

El gran desafío: que la recuperación económica llegue a los hogares

Los últimos datos dibujan una Asturias de contrastes.

Una comunidad que ha mejorado considerablemente sus indicadores respecto a los momentos más difíciles de la última década, pero donde la vulnerabilidad económica continúa afectando a una parte importante de la población.

El encarecimiento de la vivienda, las diferencias salariales, la precariedad de determinados empleos y las necesidades de una población envejecida forman parte de un escenario complejo.

Las prestaciones sociales y las pensiones contribuyen a reducir la pobreza, pero no eliminan todas las dificultades.

Y el empleo, aunque sigue siendo uno de los principales factores de protección económica, tampoco garantiza por sí solo que un hogar disponga de ingresos suficientes.

La evolución de los indicadores obliga a observar no solamente el crecimiento económico, sino también cómo se distribuyen sus beneficios y qué capacidad tienen las familias para afrontar sus necesidades.

Porque detrás de las grandes estadísticas hay situaciones cotidianas que no siempre aparecen en los titulares.

Personas que trabajan y no pueden ahorrar. Pensionistas que necesitan controlar cada gasto. Familias que destinan buena parte de sus ingresos a pagar una vivienda. Jóvenes que retrasan su independencia porque sus salarios no les permiten asumirla.

Asturias tiene aproximadamente 228.000 personas en riesgo de pobreza o exclusión social. Y el dato más inquietante no es únicamente cuántas son, sino que su proporción vuelve a aumentar después de varios años de mejoría.

La recuperación económica tendrá difícil reflejo en la vida cotidiana de todos los ciudadanos mientras una parte tan importante de la población continúe viviendo con recursos insuficientes o sin margen para afrontar un imprevisto.

Porque la pobreza no siempre empieza cuando desaparece el trabajo. A veces comienza cuando el sueldo, sencillamente, deja de alcanzar para vivir.

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