El rechazo de los dos decretos de vivienda ha abierto la crisis política más seria de este tramo de legislatura. Moncloa admite que el adelanto electoral está sobre la mesa y Sánchez ha despejado su agenda hasta el lunes. Pero las urnas no son la única salida: puede reconstruir los decretos, buscar nuevas mayorías, someterse a una cuestión de confianza o incluso dimitir sin convocar elecciones. Y esta vez hay una diferencia importante con 2024: el presidente no ha escrito ninguna carta
España se ha despertado este sábado con una pregunta que recuerda inevitablemente a otra formulada hace dos años:
¿Qué va a hacer Pedro Sánchez?
Y, detrás de ella, una todavía mayor:
¿Estamos ante el final de la legislatura?
Por ahora, nadie puede responder afirmativamente a ninguna de las dos.
El Congreso rechazó el viernes los dos reales decretos de vivienda del Gobierno. El primero cayó por 178 votos contra 172; el segundo, por 184 frente a 166. La negativa de PP, Vox y Junts resultó determinante y dejó sin efecto dos normas sobre las que el Ejecutivo había concentrado buena parte de su respuesta a la crisis de la vivienda.
Poco después comenzó a circular una expresión que los españoles recuerdan demasiado bien: «periodo de reflexión».
Pero hay una primera precisión importante.
No es exactamente el mismo «periodo de reflexión» de 2024
En abril de 2024 fue el propio Sánchez quien publicó una carta a la ciudadanía después de que un juzgado abriera diligencias sobre su esposa, Begoña Gómez. Canceló su agenda durante cinco días, planteó públicamente si debía continuar como presidente y el 29 de abril anunció desde La Moncloa que había decidido seguir «con más fuerza, si cabe».
Esta vez no hay carta. No hay anuncio personal de Sánchez suspendiendo su actividad. Y tampoco ha dicho públicamente que esté pensando en dimitir.
La expresión «periodo de reflexión» procede esta vez de fuentes de Moncloa, que han trasladado que el presidente analizará durante el fin de semana qué hacer después de la derrota parlamentaria.
Aunque las elecciones forman parte de las opciones posibles, desde el propio entorno gubernamental se ha insistido en que todavía no existe una decisión tomada.
Sánchez no tiene actos públicos previstos hasta el lunes, cuando está convocada la Ejecutiva Federal del PSOE.
Por tanto, la fotografía de este sábado es más precisa que cualquier pronóstico:
Sánchez todavía no ha anunciado una decisión.
La frase que encendió todas las alarmas
La especulación se disparó incluso antes de conocerse el resultado definitivo.
Durante su intervención en el Congreso, Sánchez pidió a los grupos que apoyaran las medidas y terminó dirigiéndoles una advertencia:
«La historia les juzgará antes de lo que creen y con más contundencia de la que se imaginan».
No mencionó elecciones.
Pero aquel «antes de lo que creen» fue interpretado inmediatamente en el Congreso como una posible alusión electoral.
Después llegó la derrota.
Y Moncloa abrió oficialmente su análisis.
Primera puerta: Sánchez puede convocar elecciones
Es la opción que concentra ahora la mayor atención pública, pero conviene separar lo que puede hacer constitucionalmente de lo que finalmente decidirá hacer.
El artículo 115 de la Constitución establece que el presidente, después de deliberarlo en el Consejo de Ministros y bajo su responsabilidad, puede proponer al Rey la disolución del Congreso, del Senado o de ambas Cámaras.
No necesita perder una moción de confianza.
No necesita que el Congreso autorice la convocatoria.
Y tampoco necesita que la legislatura haya llegado a una situación formalmente irreversible.
La decisión de anticipar las elecciones corresponde al presidente dentro de los límites constitucionales.
Aquí aparece además una fecha muy concreta.
Si Sánchez decidiera la disolución el lunes 5 de octubre y el decreto electoral se publicara el martes 6, las elecciones podrían celebrarse el domingo 29 de noviembre.
La razón no es política, sino matemática: la Ley Electoral establece que, en una disolución anticipada, las elecciones deben celebrarse 54 días después de la convocatoria.
De ahí que el 29-N haya irrumpido de repente en todas las conversaciones políticas.
Pero, a esta hora del sábado, no existe decreto de disolución ni convocatoria electoral.
Segunda puerta: quedarse y volver a intentarlo
Hay otra posibilidad mucho menos espectacular pero perfectamente compatible con el funcionamiento parlamentario:
que Sánchez continúe gobernando.
Perder dos decretos no equivale jurídicamente a perder la confianza del Congreso.
La Constitución establece supuestos concretos para el cese del Gobierno: elecciones generales, pérdida formal de la confianza parlamentaria, dimisión o fallecimiento del presidente.
La derrota de un decreto ley no figura entre ellos.
Eso significa que el Gobierno puede levantarse el lunes, asumir la derrota y volver a negociar.
Y aquí aparece una circunstancia especialmente interesante.
Junts no se ha limitado a decir no. Ha presentado una alternativa.
La formación catalana registró un documento propio con medidas fiscales, modificaciones sobre vivienda y propuestas para evitar desahucios, reclamando un nuevo texto al Gobierno.
Eso no significa que exista un acuerdo posible.
Significa algo más limitado, pero políticamente relevante:
sigue existiendo materia sobre la que negociar.
Tercera puerta: trocear todavía más las medidas
El Gobierno ya intentó una primera versión de esta estrategia.
Ante las dificultades para reunir una mayoría, dividió su paquete de vivienda en dos decretos distintos.
Los dos cayeron.
Pero nada impide políticamente que determinadas medidas regresen separadas mediante nuevos proyectos de ley o nuevos decretos leyes que cumplan los requisitos constitucionales.
El artículo 86 permite al Gobierno aprobar decretos leyes cuando exista una situación de extraordinaria y urgente necesidad, pero obliga a someterlos nuevamente al Congreso en un plazo máximo de treinta días.
Es decir: Sánchez podría intentar algo mucho menos dramático que unas elecciones.
Volver al Congreso con textos diferentes y obligar a cada partido a retratarse medida por medida.
Protección frente a desahucios por un lado.
Fiscalidad por otro.
Alquileres de temporada.
Prórrogas.
Fondos de inversión.
Incentivos a pequeños propietarios.
En vez de una gran votación que decida el destino de todo el paquete, varias votaciones con mayorías diferentes.
No consta que esta sea actualmente la decisión del Gobierno, pero es una de las vías legislativas disponibles.
Cuarta puerta: convertir la vivienda en el gran pulso político hasta 2027
También puede ocurrir algo más sencillo:
que no pase nada extraordinario este lunes.
Sánchez puede continuar gobernando y convertir la vivienda en el gran eje político de los meses restantes.
El Gobierno afronta además otro problema considerable: los Presupuestos de 2027.
El Ejecutivo volvió a incumplir a finales de septiembre el plazo previsto para presentar unas nuevas cuentas y las vigentes continúan prorrogadas desde 2023.
Las dificultades para construir una mayoría parlamentaria que permita aprobar otras nuevas ya eran evidentes antes incluso de la derrota de este viernes.
Pero tampoco la falta de nuevos Presupuestos obliga constitucionalmente a convocar elecciones.
Un Gobierno puede seguir funcionando con las cuentas prorrogadas.
La cuestión es política:
cuánta capacidad conserva para aprobar leyes y ejecutar su programa.
Ahí está precisamente el problema que deja al descubierto la votación del viernes.
Quinta puerta: una cuestión de confianza
Existe una opción constitucional de la que se habla mucho menos.
Sánchez podría plantear una cuestión de confianza.
El artículo 112 de la Constitución permite al presidente someter ante el Congreso su programa o una declaración de política general.
Para superarla necesita mayoría simple: más votos a favor que en contra.
Sería una forma de responder de manera formal a la pregunta que ahora sobrevuela toda la política española:
¿Existe todavía una mayoría suficiente para mantener este Gobierno?
Pero tiene riesgo.
Si perdiera la cuestión de confianza, el Ejecutivo tendría que presentar su dimisión y comenzaría el procedimiento para elegir otro presidente.
No existen, a esta hora, indicios públicos de que Sánchez esté preparando esa iniciativa.
Constitucionalmente, sin embargo, la puerta existe.
Sexta puerta: dimitir… y que no haya elecciones inmediatamente
También hay una confusión habitual.
Una eventual dimisión de Pedro Sánchez no provocaría automáticamente elecciones generales.
Si dimitiera, el Gobierno cesaría y permanecería en funciones mientras se inicia un nuevo procedimiento de investidura.
El Rey consultaría con los grupos parlamentarios y propondría un candidato a presidente.
Ese candidato podría ser Sánchez nuevamente, otra persona del PSOE o cualquier otro dirigente capaz de reunir la confianza del Congreso.
Solo si transcurrieran dos meses desde la primera votación de investidura sin que nadie obtuviera la confianza de la Cámara se disolverían automáticamente las Cortes y se convocarían nuevas elecciones.
No hay información que indique que esta vía esté ahora sobre la mesa, pero permite entender algo fundamental:
elecciones anticipadas y dimisión no son la misma cosa.
¿Y una moción de censura?
La oposición también dispone de su propia herramienta.
Una moción de censura necesita mayoría absoluta del Congreso —176 diputados— y debe presentar un candidato alternativo a presidente.
Por tanto, no basta con sumar votos para tumbar un decreto.
Quienes quisieran sustituir a Sánchez tendrían que ponerse de acuerdo no solo para echarlo, sino también para investir inmediatamente a otra persona.
Son dos operaciones políticamente muy distintas.
El problema de fondo se llama Junts
Más allá de las fórmulas constitucionales, la pregunta esencial para la continuidad de la legislatura es mucho más prosaica:
¿Puede el Gobierno reconstruir una mayoría parlamentaria después de lo ocurrido?
La relación con Junts ha quedado gravemente dañada.
El Ejecutivo sostuvo durante el debate que había aceptado buena parte de las propuestas planteadas por los independentistas catalanes.
Junts mantuvo, sin embargo, que los decretos no solucionaban el problema de la vivienda y decidió votar en contra.
Ese desacuerdo es especialmente importante porque el Gobierno ya dependía de geometrías parlamentarias muy ajustadas para sacar adelante muchas de sus iniciativas.
El viernes, el problema dejó de ser teórico.
Se vio en el marcador del Congreso.
Feijóo pide urnas; los socios esperan la decisión
El PP ha aprovechado el resultado para reclamar de nuevo elecciones.
Alberto Núñez Feijóo afirmó tras la votación que su partido está preparado para acudir inmediatamente a las urnas.
En el espacio gubernamental la reacción ha sido diferente.
Yolanda Díaz ha recordado que la convocatoria anticipada corresponde constitucionalmente a Sánchez y ha asegurado que respetará la decisión que adopte.
Dentro de la izquierda alternativa existen además posiciones diferentes sobre la conveniencia de acudir ahora a elecciones.
No hay, por tanto, una decisión colectiva ya tomada.
¿Es el final de la legislatura?
Institucionalmente, no.
Nada de lo sucedido el viernes provoca por sí solo el final de la legislatura.
El Gobierno sigue plenamente en ejercicio.
El Congreso continúa constituido.
Y no se ha activado ninguno de los mecanismos constitucionales que obligan a sustituir al presidente o convocar elecciones.
Políticamente, sí se ha abierto una crisis que puede desembocar en varios desenlaces diferentes.
Esa es la diferencia.
Y entonces, ¿qué conejo puede sacar Sánchez de la chistera?
Quizá ninguno.
O, dicho de otra manera, no hace falta que exista un conejo secreto.
Todas las cartas están ya encima de la mesa.
Puede convocar elecciones.
Puede continuar.
Puede reconstruir los decretos.
Puede fragmentarlos y buscar mayorías diferentes.
Puede plantear una cuestión de confianza.
Y, en un escenario distinto, podría incluso dimitir y abrir una nueva investidura sin disolver inmediatamente las Cortes.
Lo que nadie puede afirmar este sábado es cuál elegirá.
La principal diferencia respecto a aquel abril de 2024 es también la más reveladora.
Entonces la pregunta era esencialmente personal:
¿seguirá Pedro Sánchez?
Ahora es mucho más complicada:
aunque Sánchez quiera seguir, ¿puede todavía construir una mayoría suficiente para gobernar?
Ese es el interrogante que dejan los dos números encendidos en el marcador del Congreso.
178-172.
184-166.
Y probablemente por eso este fin de semana la política española está pendiente no de lo que ocurra dentro del hemiciclo, sino de una decisión que todavía no se ha hecho pública desde La Moncloa.
