Muere Gonzalo Suárez: Oviedo despide al hombre que convirtió la vida en literatura y el cine en un territorio sin fronteras

Muere Gonzalo Suárez: Oviedo despide al hombre que convirtió la vida en literatura y el cine en un territorio sin fronteras

 

El escritor y cineasta ovetense ha fallecido en Madrid a los 92 años, apenas siete meses después de recibir el Goya de Honor. Director de Remando al viento, La Regenta y Oviedo Express, escritor, periodista, actor y hasta ojeador de futbolistas, deja una de las trayectorias más libres e inclasificables de la cultura española

Hay personas cuya muerte permite resumir una carrera. Con Gonzalo Suárez resulta prácticamente imposible.

Porque murió un director de cine, sí. Pero también un novelista. Un cuentista. Un guionista. Un periodista deportivo. Un actor. Un dibujante. Un hombre que llegó incluso a trabajar como ojeador de futbolistas para el Inter de Milán de Helenio Herrera y que pasó más de seis décadas moviéndose de un territorio a otro como si las etiquetas culturales fueran solamente puertas que había que abrir.

Gonzalo Suárez falleció este martes, 29 de septiembre, en su domicilio de Madrid a los 92 años, según confirmó su familia. Había nacido en Oviedo en 1934 y apenas siete meses antes había recibido el Goya de Honor 2026, uno de los últimos grandes reconocimientos de una trayectoria extraordinaria. No se ha comunicado oficialmente la causa de su fallecimiento. 

Pero para Asturias desaparece algo más.

Desaparece uno de esos asturianos que consiguieron hacer una obra universal sin borrar nunca completamente del mapa el lugar del que procedían.

Y en el caso de Gonzalo Suárez ese lugar tenía un nombre muy concreto: Oviedo.

De Oviedo al cine que nadie sabía cómo clasificar

Suárez perteneció siempre a una especie difícil de catalogar.

Cuando parecía escritor, hacía películas. Cuando parecía cineasta, publicaba cuentos. Cuando alguien intentaba encajarlo dentro de una corriente, ya estaba buscando la salida.

Julio Cortázar, amigo suyo, encontró probablemente una de las mejores maneras de definirlo: un creador demasiado inquieto para dejarse atrapar por las clasificaciones. RTVE recordaba tras conocerse su muerte esa condición deliberadamente fronteriza que acompañó toda su carrera.

Su trayectoria cinematográfica comenzó en los años sesenta y terminó acumulando más de veinte largometrajes, además de cortos, trabajos para televisión y proyectos experimentales. Por sus películas desfilaron algunos de los grandes nombres de la interpretación española: Francisco Rabal, Fernando Rey, José Sacristán, Carmen Maura, Marisa Paredes, Javier Bardem, Carmelo Gómez, Ana Belén, Maribel Verdú, Aitana Sánchez-Gijón o Charo López, entre muchos otros. 

Su cine podía ser experimental y popular, oscuro y humorístico, literario y visual.

Y casi nunca previsible.

La Regenta: cuando Vetusta volvió a ser Oviedo

La relación cinematográfica de Gonzalo Suárez con Asturias tuvo uno de sus momentos fundamentales en 1974, cuando llevó al cine La Regenta, la obra de Leopoldo Alas «Clarín».

Oviedo y distintos lugares de Asturias fueron los principales escenarios del rodaje. La ciudad recuperaba ante la cámara su condición de Vetusta bajo la mirada de un director que había nacido precisamente allí cuarenta años antes.

Emma Penella interpretó a Ana Ozores, acompañada por un reparto en el que estaban Adolfo Marsillach, Keith Baxter, Charo López, Pilar Bardem, Agustín González y María Luisa Ponte.

Era una adaptación de un clásico, pero ya contenía buena parte de lo que marcaría el cine de Suárez: el deseo de tomar la literatura como punto de partida y no como cárcel.

Treinta años después regresaría de nuevo a aquella relación entre Clarín, Oviedo, teatro y cine.

Y lo haría a su manera.

El regreso en el Oviedo Express

En 2007, Gonzalo Suárez convirtió directamente el nombre de su ciudad natal en el título de una película: Oviedo Express.

La historia comenzaba con la llegada a la capital asturiana de una compañía teatral que debía representar La Regenta en el Teatro Campoamor. A partir de ahí, la realidad empezaba a mezclarse con el teatro, los personajes con los actores y la ciudad con la ficción. 

Carmelo Gómez, Aitana Sánchez-Gijón, Maribel Verdú, Najwa Nimri, Jorge Sanz y Bárbara Goenaga formaron parte de un reparto extraordinario.

Pero el otro protagonista era Oviedo.

Calles, edificios, teatros y ambientes de la ciudad entraban en una película que no pretendía funcionar como una postal turística. Suárez volvía a jugar con ella, deformarla y transformarla mediante la ficción.

Poco después del estreno, preguntado por los lectores de El País, llegó a decir que, «en ciertos aspectos», consideraba Oviedo Express su mejor película. 

Era un regreso cinematográfico a casa casi cuarenta años después de haber comenzado a rodar.

Remando al viento, la película que lo confirmó

Pero si existe una película inevitable al hablar de Gonzalo Suárez es Remando al viento.

Estrenada en 1988, reunió delante de la cámara a Hugh Grant, Lizzy McInnerny, Valentine Pelka y José Luis Gómez para viajar al universo de Lord Byron, Percy Shelley y Mary Shelley.

La película consiguió algunos de los mayores reconocimientos de su carrera, entre ellos el Goya a la mejor dirección y la Concha de Plata del Festival de San Sebastián. 

Aquel éxito encerraba además una de las grandes paradojas de Gonzalo Suárez.

Había triunfado precisamente haciendo una película que parecía concebida para no parecerse demasiado a ninguna otra.

Una constante en su vida.

Antes del cine fue Martín Girard

Existe además otro Gonzalo Suárez que resulta especialmente fascinante.

Antes de convertirse en uno de los nombres fundamentales del cine español, escribió sobre fútbol.

Y ni siquiera firmaba con su nombre.

Lo hacía como Martín Girard.

Suárez convirtió la crónica deportiva en otro territorio literario. Había estado muy cerca del fútbol profesional a través de Helenio Herrera y llegó a trabajar como ojeador del Inter de Milán. Aquellas experiencias alimentaron unas crónicas en las que ya aparecía la mirada del escritor que vendría después. 

Era periodista deportivo, pero tampoco exactamente.

Como casi todo en su vida.

Los libros nunca fueron una actividad secundaria

Suárez publicó su primer libro en 1963 y continuó escribiendo durante prácticamente toda su vida.

Novelas, relatos y textos como De cuerpo presente, Trece veces trece o, mucho después, El cementerio azul forman una obra literaria paralela a su filmografía.

No escribía cuando dejaba de hacer cine.

Ni hacía cine cuando abandonaba temporalmente la literatura.

Las dos actividades formaban parte de la misma manera de entender la creación.

La propia Academia de Cine resumió su trayectoria como más de sesenta años simultaneando cine y literatura, siempre con la imaginación y la fantasía enfrentándose a las formas narrativas convencionales. 

Un Goya de despedida que ahora adquiere otro significado

El último gran homenaje llegó este mismo año.

El 28 de febrero de 2026, durante la 40ª edición de los Premios Goya celebrada en Barcelona, Gonzalo Suárez recibió el Goya de Honor.

Tenía 91 años.

Subió al escenario con su característica ironía y convirtió el discurso en algo mucho más parecido a una pequeña película que a un agradecimiento convencional.

Recordó que el cine seguía siendo un lugar para soñar despiertos y lo comparó con aquel primer bisonte que el ser humano pintó sobre la pared de una caverna.

Y terminó reconociendo, divertido, que ahora:

«el bisonte soy yo».

El auditorio se puso en pie. 

Nadie podía saber entonces que aquella sería una de sus últimas grandes apariciones públicas.

Premios para alguien que nunca pareció perseguirlos

Además de ese último Goya de Honor, Gonzalo Suárez había recibido el Premio Nacional de Cinematografía en 1991, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, el Premio Luis Buñuel y la distinción francesa de Caballero de las Artes y las Letras.

También fue distinguido con la Orden de Alfonso X el Sabio.

Asturias reconoció igualmente su faceta literaria: fue el primer ganador del Premio de las Letras de Asturias, concedido por la Asociación de Escritores de Asturias. 

Pero resulta difícil imaginar a Gonzalo Suárez reducido a una vitrina llena de galardones.

Hasta cuando recibió el Goya al mejor director por Remando al viento convirtió el momento solemne en una broma y calificó la estatuilla como un «pisapapeles».

Un creador que nunca quiso quedarse quieto

Esa irreverencia no era únicamente humor.

Era una forma de trabajar.

Suárez defendió durante toda su vida una idea radicalmente personal de la creación: no repetir fórmulas, no acomodarse en géneros y, sobre todo, conservar la libertad.

Por eso resulta tan complicado responder a la pregunta aparentemente sencilla de quién fue Gonzalo Suárez.

¿Director?

Sí.

¿Escritor?

También.

¿Periodista?

Por supuesto.

¿Actor, guionista, dibujante, deportista?

Todo eso.

Pero probablemente ninguna de esas definiciones por separado consigue explicarlo.

Gonzalo Suárez fue fundamentalmente un narrador.

Podía disponer de una cámara, una página en blanco, unos actores o un partido de fútbol.

El instrumento era casi secundario.

Lo importante era contar.

Y al final, Oviedo

Quizá por eso resulta especialmente hermoso que dos de sus grandes encuentros cinematográficos con Asturias estuvieran separados por más de treinta años.

En 1974 convirtió Oviedo en Vetusta para rodar La Regenta.

En 2007 tomó el camino contrario: puso directamente Oviedo en el título de la película y dejó que la ciudad entrara en la ficción con su propio nombre.

Entre ambas películas habían transcurrido décadas, éxitos, fracasos, premios, libros, películas y aventuras.

Pero Oviedo seguía allí.

También después de su muerte.

Porque desde este martes Gonzalo Suárez pertenece ya a esa lista de creadores cuya desaparición física no consigue cerrar completamente su historia.

Seguirá estando en Mary Shelley imaginando un monstruo en Remando al viento.

En Ana Ozores recorriendo Vetusta.

En aquel tren fantástico que llegaba cargado de actores en Oviedo Express.

En las crónicas futbolísticas firmadas por un tal Martín Girard.

Y en una biblioteca llena de libros escritos por alguien que nunca aceptó que la realidad fuese suficiente.

Hace solo unos meses, hablando precisamente de la muerte, Gonzalo Suárez volvió a convertir el final en ficción.

Dijo:

«Tengo fe en que la muerte sea una película más».

Ayer terminó una vida.

Pero con Gonzalo Suárez uno nunca sabe del todo si, en realidad, acaba de empezar otra película.

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