Recetas de una abuela asturiana: Mejillones con coco y cúrcuma (que esto en Candás nun lo vi yo nunca)

Recetas de una abuela asturiana: Mejillones con coco y cúrcuma (que esto en Candás nun lo vi yo nunca)

Mira, fíu, yo hoy vengo con una cosa que todavía nun sé si ye una receta o una consecuencia del Erasmus.

Resulta que mi nieta apareció un día en casa con una amiga suya de la universidad. Una rapacina muy maja, muy educada, muy finina ella.

Y díjome:

—Abuela, esta ye una amiga que vino de intercambio.

Y yo:

—¿De intercambio de qué, de cromos?

Dizme:

—No, abuela, de Erasmus.

Pues muy bien.

Yo eso del Erasmus entiendo que ye como cuando antes la gente marchaba pa Francia a vendimiar, pero ahora van con portátil, mochila y vuelven hablando raro.

La muchacha era china… o coreana… o de por allí.

Yo pregunté-y de ónde era y dijo un nombre que no entendí ni la primera vez ni la segunda.

Así que dije:

—Ah, sí, sí. Muy guapo aquello.

Y quedamos todos estupendamente.

Bueno, pues un día diz mi nieta que la rapacina nos iba a preparar unos mejillones.

Yo pensé:

—Muy bien. Aquí en Asturias de mejillones algo sabemos.

Pero de repente saca leche de coco.

Yo ya empecé a preocuparme.

Después saca cúrcuma.

Y ahí ya le dije:

—Fía, perdona… ¿eso ye pa cocinar o vas pintar la cocina?

Mi nieta ya estaba con esa cara que ponen los jóvenes cuando creen que eres una aldeana.

Pues mira, aldeana y todo, probé un mejillón.

Luego otro.

Y luego otro.

Y mi nieta:

—Abuela, ¿qué te parece?

—Calla, ho, que toy analizando.

Al final tuve que reconocer una cosa:

aquello estaba buenísimo.

Así que hoy voy faceros yo mi versión, porque una también puede ser moderna sin necesidad de ponerse pantalones rotos.

Lo que vamos necesitar

Pa cuatro personas, más o menos:

  • kilo y medio de mejillones buenos
  • una lata de leche de coco, de unos 400 mililitros
  • una cebolla
  • dos dientes de ajo
  • una cucharadita de cúrcuma
  • un cachín de jengibre
  • medio vaso de vino blanco
  • aceite de oliva
  • pimienta negra
  • un poco de sal, con cuidado
  • medio limón
  • perejil
  • y pan

Pan bastante.

Porque luego me venís con seis mejillones y media barra desaparecida y nadie sabe qué pasó.

Primero voy limpiar los mejillones

Yo los limpio bien, les quito les barbes y miro que estén vivos.

Si hay uno abierto, doy-y un toquecín.

Si cierra, bien.

Si nun cierra…

a la basura.

Que yo quiero daros de comer, no llevaros a Urgencias.

Pongo una pota grande al fuego, echo el medio vaso de vino blanco y meto los mejillones.

Tapo.

Y en unos minutos empiezan a abrir.

En cuanto están abiertos, los saco.

No los tengáis ahí media hora.

—¡Que son mejillones, ho! ¡No sueles de zapato!

Y el caldo que soltaron nun se tira.

Ese caldo lo cuelo y lo guardo.

Ahí está media receta.

Ahora empieza la parte internacional

Cojo otra cazuela.

Un chorrito de aceite.

Echo la cebolla muy picadina y la dejo pochar despacio.

Cuando ya está blandina, añado los ajos picados.

Pero sin quemalos.

Hay gente que fríe el ajo hasta que parez carbón y luego diz:

—Ay, ye que el ajo me repite.

¡Normal!

Si te estás comiendo una briqueta.

Después rallo un poco de jengibre.

Yo el jengibre, la primera vez que lo vi, pensé:

—Vaya patata fea.

Pero oye, da un gustín muy bueno.

Y ahora echo una cucharadita de cúrcuma.

No media lata.

Una cucharadita.

Que esto ye como el perfume: un poco queda fino; demasiado y vacías la habitación.

Y ahora la leche de coco

Aquí fue donde yo perdí la fe la primera vez.

Echo la leche de coco y empiezo a remover.

Queda aquello amarillo…

Yo mirándolo pensaba:

—Balbina, ¿qué necesidad tenías tú de metete en esto?

Pero seguimos.

Echo un poco del caldo de los mejillones.

No todo de golpe.

Voy probando hasta que queda una salsa cremosa, pero no líquida.

Pongo pimienta negra.

Y de sal, poca.

Porque los mejillones ya vienen salaos de fábrica.

Dejo cocer la salsa unos cinco o seis minutos, muy suave.

Y aquí empieza el milagro.

Porque el coco, que tú piensas que va quedar dulce, se mezcla con el caldo del mejillón, con la cúrcuma, con el ajo…

Y empieza a oler de maravilla.

Yo ahí ya dije:

—Ay, la coreana esta igual sabía lo que facía.

Mi nieta desde atrás:

—¡Que no es coreana, abuela!

—Pues la que sea, ho. Déjame cocinar.

Metemos los mejillones

Ahora echo los mejillones dentro de la salsa.

A algunos les quito una concha, porque queda más cómodo y más guapo.

Los dejo un par de minutos.

Nada más.

Apago el fuego y echo un chorrito pequeño de limón.

Y por encima pongo perejil.

La receta original igual llevaba cilantro.

Pero yo cilantro no pongo.

Que bastante lejos viajamos ya con la leche de coco.

Y ahora llega el verdadero peligro

Porque los mejillones están muy buenos.

Pero la salsa…

Ay, la salsa.

Yo cojo un trozo de pan.

Mojo.

Pruebo.

Y digo:

—Está bien, pero voy comprobar otra vez.

Mojo otro.

—Sí, sí… creo que está bien.

Otro.

Y cuando quiero darme cuenta, queda media barra menos.

Luego preguntan quién comió tanto pan.

Pues no sé.

Habrá entrado alguien.

El secreto de la Balbina

Dos cosas.

Primera:

no os paséis con la cúrcuma.

Queremos que dé sabor, no que parezca que los mejillones se fueron de vacaciones a una fábrica de mostaza.

Segunda:

guardad el caldo de los mejillones.

Eso ye lo que hace que la salsa tenga sabor a mar y no quede demasiado dulzona.

Y otra cosa os digo.

Si la salsa queda un poco espesa, echáis un poquito más de caldo.

Si queda demasiado líquida, la dejáis reducir.

Nun hay más misterio.

Y así quedé yo con la receta

Mira tú.

Toda la vida haciendo mejillones al vapor, con sidra, con tomate…

Y tuvo que venir una rapacina desde la otra punta del mundo a explicame que con coco también estaban buenos.

Esto ye lo bonito de cocinar.

Que una piensa que ya lo vio todo y, de repente, aparece una nieta con una Erasmus y te desmonta la pota.

Cuando terminamos de comer, mi nieta preguntóme:

—Abuela, ¿entonces te gustaron?

Y yo dije:

—Home… mal nun están.

Que pa que nos entendamos, eso en asturiano de abuela quiere decir:

estaban pa mojar pan hasta dejar la cazuela como recién comprada.

Y ya le dije a mi nieta:

—Cuando vuelva la china esa, dile que venga otra vez.

—¡Que no es china, abuela!

—Bueno, pues la que sea.

Pero esta vez que traiga ella los mejillones, que tan carísimos.

Dejar un comentario

captcha