La tragedia que sacudió este martes a Santander, con cinco estudiantes fallecidos tras el derrumbe de una pasarela en la zona de El Bocal, empieza a abrir interrogantes incómodos sobre el estado de la infraestructura y sobre si el accidente pudo haberse evitado.
Mientras los equipos de rescate continúan trabajando en la zona y las autoridades investigan las causas del colapso, testigos habituales del paseo aseguran que la pasarela llevaba tiempo deteriorándose y que su mal estado era evidente para quienes caminaban o practicaban deporte en el lugar.
Algunos incluso sostienen que se había avisado previamente del riesgo.
“Sonaba al pisar y se movía demasiado”
Una trabajadora del Instituto Español de Oceanografía, que transita con frecuencia por el entorno de El Bocal, explicó que el deterioro de la pasarela era visible desde hacía tiempo.
“Se movía mucho, muchísimo. Había partes que parecían carcomidas. Al pisar sonaba y se notaba que algo no estaba bien”, relató.
Otro vecino que acostumbra a pasear por el lugar describió una escena similar. Según explicó, los apoyos de madera estaban muy deteriorados y algunas piezas parecían “deshechas por dentro”.
“La estructura se ha ido degradando con los años. La madera se pudre y los soportes se van estropeando. El problema es que no parecía haber mantenimiento”, lamentó.
La denuncia que ahora cobra relevancia
En medio del impacto por la tragedia, varios vecinos han señalado que el lunes se habría avisado al 112 del mal estado de la pasarela.
Un ciclista que entrena a menudo en la zona asegura que un vecino le contó que había realizado esa llamada de alerta.
“Me consta que se ha avisado varias veces. Se ha dicho por activa y por pasiva que aquello estaba mal. Aquí nadie hace nada hasta que ocurre una desgracia”, afirmó visiblemente emocionado.
Por ahora, las autoridades no han confirmado que se produjera esa llamada, y fuentes del operativo de emergencias señalaron que no tienen constancia oficial de avisos previos sobre el estado de la estructura.
No obstante, el asunto podría convertirse en uno de los puntos clave de la investigación.
El momento del derrumbe
El accidente ocurrió en la tarde del martes cuando un grupo de jóvenes cruzaba la pasarela de madera situada en el entorno costero de El Bocal.
En cuestión de segundos, la estructura cedió y varias personas cayeron al vacío hacia una zona de rocas y agua, en un tramo especialmente complicado de la costa.
El derrumbe activó inmediatamente un gran operativo de rescate con la participación de bomberos, Guardia Civil, Salvamento Marítimo, sanitarios y efectivos de Protección Civil.
Durante horas, los equipos trabajaron en condiciones difíciles, con marejada y escasa visibilidad, tratando de localizar a las víctimas.
Un paseo muy utilizado
La pasarela formaba parte de un recorrido muy frecuentado por vecinos y deportistas, ya que permite continuar el paseo costero sin tener que atravesar un tramo más estrecho y peligroso.
“Solo hay un paso alternativo y es bastante complicado. Lo normal era cruzar por la pasarela porque era mucho más seguro”, explicaba otro usuario habitual del sendero.
Ahora ese lugar se ha convertido en un escenario acordonado por los equipos de emergencia, mientras se analizan los restos de la estructura para determinar qué provocó el colapso.
Una investigación inevitable
El derrumbe ha abierto un proceso para esclarecer si existían problemas estructurales previos, si la pasarela había recibido mantenimiento reciente o si hubo advertencias que no fueron atendidas.
Las autoridades deberán determinar ahora si el deterioro de la infraestructura era conocido, si hubo avisos formales y quién era responsable de su conservación.
Mientras tanto, Santander trata de asimilar una tragedia que ha dejado una profunda conmoción.
Porque entre quienes frecuentaban aquel paseo hay una frase que se repite una y otra vez desde que ocurrió el accidente:
“Aquello llevaba tiempo dando miedo”.
