Hay cifras que duelen más que otras. 16,20 euros es una de ellas. Es lo que cuesta hoy atravesar la AP-66, la autopista del Huerna, mientras los conductores sortean limitaciones de velocidad, túneles en obras y un argayo que desde noviembre de 2024 condiciona la circulación. En cualquier otro lugar sería un problema técnico. En Asturias se ha convertido en un símbolo.
Porque aquí el debate ya no es solo viario. Es político. Es económico. Y empieza a ser emocional.
Cuatro cartas y un silencio
El Principado ha remitido cuatro escritos formales al Ministerio de Transportes solicitando la suspensión temporal del peaje o, al menos, compensaciones cuando el tráfico se vea gravemente afectado. El destinatario es el ministro Óscar Puente.
La respuesta, hasta ahora, es el silencio.
Y ese silencio es gasolina para la indignación.
Pagar como si nada pasara
La autopista sigue cobrando íntegro el peaje más alto de su historia. Mientras tanto:
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Las obras en los túneles, que debían haber terminado en diciembre, continúan.
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El argayo obliga a restricciones.
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La carretera alternativa por Pajares tampoco ofrece plena normalidad.
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Se repiten retenciones y circulación irregular.
La pregunta que se hace el tejido empresarial es directa: ¿por qué se paga como si el servicio fuese perfecto cuando no lo es?
El precedente gallego que cambia el tablero
La reciente sentencia sobre la AP-9 gallega, que obliga a devolver peajes cobrados durante atascos por obras, ha encendido la mecha. Si en Galicia se reconoció que no es justo cobrar íntegramente cuando el servicio está afectado, ¿por qué en Asturias no se aplica el mismo criterio?
FADE ha iniciado un procedimiento para declarar nula la prórroga de la concesión del Huerna. El Principado también ha abierto su propio camino legal. Y el debate ha salido de los despachos para instalarse en la calle.
“Asturias está crucificada”
El sector del transporte habla sin rodeos. Cada trayecto encarece costes en una comunidad que ya parte con desventajas logísticas. No es solo el peaje. Es la suma de incertidumbre, retrasos y competitividad perdida.
Empresarios y transportistas coinciden en algo: el Huerna se ha convertido en el termómetro de la relación entre Asturias y Madrid. Y la temperatura es alta.
De infraestructura a símbolo
Lo que empezó como una reivindicación técnica ha evolucionado hacia algo más profundo. El Huerna es hoy la metáfora de una sensación extendida: la de que Asturias paga siempre un poco más.
Paradójicamente, el conflicto enfrenta a dos administraciones gobernadas por el mismo partido. Pero eso no ha suavizado el tono. Al contrario, lo ha hecho más incómodo.
Lo que está en juego
El Huerna es la puerta de entrada y salida de mercancías, trabajadores y turistas. Es la conexión natural con la Meseta. No es una carretera más. Es la arteria principal de la economía asturiana.
Por eso la discusión ya no gira solo en torno a 16,20 euros. Gira en torno a igualdad de trato, a respeto institucional y a la percepción de que Asturias no puede seguir pagando como si nada pasara.
El peaje sigue activo. Las obras también.
Y el silencio del Ministerio pesa cada día un poco más.
