La reforma del sistema de financiación autonómica impulsada por el Gobierno de Pedro Sánchez y negociada políticamente con Oriol Junqueras dibuja una España partida en dos. Al este y al sur, las comunidades que concentran las mayores inyecciones de recursos. Al noroeste, territorios como Asturias, que pese a “ganar” financiación en términos absolutos, quedan claramente penalizados en el reparto por habitante.
El Ministerio de Hacienda ha presentado el nuevo modelo como una operación en la que “todas las comunidades ganan”, gracias a una inyección adicional de más de 21.000 millones de euros al sistema. Sin embargo, cuando se desciende al detalle y se analiza cuánto dinero extra recibe cada ciudadano, el relato cambia de forma sustancial.
La cifra clave: 243 euros por asturiano
Tomando como referencia la población oficial del Instituto Nacional de Estadística a finales de 2025, el nuevo modelo supone para Asturias un incremento aproximado de 243 euros por habitante.
La cifra contrasta con fuerza si se compara con otras comunidades:
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Murcia: más de 740 euros por habitante
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Comunidad Valenciana: alrededor de 670 euros
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Castilla-La Mancha: por encima de 600 euros
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Cataluña: en torno a 500 euros
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Andalucía: cerca de 450 euros
Asturias se sitúa así en el décimo puesto autonómico, justo en el umbral que marca el inicio de lo que en el propio Ministerio se asume como la “segunda división” del reparto per cápita.
Un modelo que corrige… pero a costa del Noroeste
El corazón técnico de la reforma es el concepto de “habitante ajustado”, una fórmula que pondera la población real en función de variables como envejecimiento, dispersión o población escolar, con el objetivo de reflejar mejor las necesidades reales de gasto.
En ese punto, Asturias sale relativamente bien parada: su población ajustada aumenta cerca de un 10 % respecto a la población real, lo que reconoce formalmente el sobrecoste de prestar servicios en una comunidad envejecida.
Sin embargo, ese ajuste no se traduce en una mejora equivalente en euros por ciudadano, porque el grueso de los nuevos fondos se destina a corregir los déficits históricos de financiación de comunidades mediterráneas, especialmente aquellas que llevaban años reclamando ser “infrafinanciadas”.
El resultado práctico es que Asturias mejora en la foto técnica, pero pierde peso en la foto política y económica del reparto final.
La línea invisible que divide España
El nuevo mapa de la financiación autonómica dibuja una frontera clara:
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Al este y al sur: Murcia, Comunidad Valenciana, Andalucía, Cataluña, Castilla-La Mancha, Aragón y Madrid concentran los mayores incrementos por habitante.
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Al oeste y al norte: Asturias, Galicia, Castilla y León, Extremadura, Cantabria y La Rioja quedan en la parte baja del ranking.
Asturias es, después de Canarias, la primera comunidad atlántica en el reparto per cápita, y a partir de ella se encadenan todas las regiones de la mitad occidental de la península.
Cataluña y Andalucía: las dos piezas clave del tablero
Hay dos comunidades que explican buena parte del diseño final del modelo.
Por un lado, Andalucía, que será la más beneficiada en cifras absolutas y donde concurrirá electoralmente la actual ministra de Hacienda, María Jesús Montero.
Por otro, Cataluña, auténtico eje político de la reforma. El nuevo modelo supone para la Generalitat un incremento cercano al 19 % respecto a la financiación liquidada en 2023, pero además incorpora ventajas adicionales que no tienen el resto de comunidades:
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La posibilidad de recaudar el IVA generado por sus pymes, una opción especialmente rentable en una economía con alto valor añadido.
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El acceso prioritario al nuevo fondo estatal para desastres medioambientales, del que dos tercios se distribuirán en comunidades del arco mediterráneo.
Estas medidas refuerzan la percepción de que la reforma no es solo técnica, sino profundamente política, vinculada a la necesidad del Ejecutivo central de garantizar la estabilidad parlamentaria en Cataluña y el respaldo presupuestario del bloque independentista.
¿Cuánto “pierde” realmente Asturias?
Formalmente, Asturias no pierde dinero: recibe más que antes.
Pero en términos comparativos, pierde posición relativa y capacidad de convergencia con las comunidades más beneficiadas.
Traducido a lenguaje llano:
cada asturiano recibe entre 200 y 500 euros menos que un ciudadano de las comunidades más favorecidas por el nuevo modelo.
En una comunidad envejecida, con renta media inferior a la media nacional y con mayores costes de prestación de servicios, esa diferencia no es menor.
Un reparto que deja heridas abiertas
El nuevo sistema reduce hasta en un 50 % las diferencias extremas que existían en la financiación por habitante ajustado —donde Cantabria llegaba a recibir hasta 1.500 euros más por habitante que Murcia—, pero lo hace desplazando el eje del sistema hacia el Mediterráneo.
Para Asturias, el mensaje es claro:
el modelo reconoce sus necesidades… pero prioriza otros equilibrios.
La pregunta que queda abierta no es si Asturias gana o pierde en abstracto, sino si este es el reparto que garantiza la igualdad real entre ciudadanos, vivan donde vivan. Porque, con las cifras sobre la mesa, la respuesta dista mucho de ser evidente.
