La naturaleza responde cuando se le da espacio. Y en la Ría de Avilés lo está haciendo con una claridad difícil de discutir. Apenas un año después de la instalación de seis micro arrecifes biomiméticos, los datos científicos confirman un aumento del 100 % de la biodiversidad respecto a las zonas portuarias convencionales y la implantación de 42 especies marinas, muchas de ellas indicadoras de un ecosistema saludable.
Los resultados corresponden a la monitorización realizada en noviembre de 2025 y forman parte de un proyecto pionero impulsado por la Autoridad Portuaria de Avilés y ejecutado por la empresa tecnológica Ocean Ecostructures, especializada en regeneración marina en entornos portuarios.
Un experimento con vocación transformadora
Las seis estructuras —denominadas Life Boosting Units (LBUs)— se instalaron en junio de 2024 en dos zonas estratégicas del estuario:
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tres en la dársena de San Agustín,
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tres en la dársena de San Juan.
No se eligieron al azar. Las dos áreas presentan condiciones ambientales muy distintas: en San Agustín influye de forma notable el agua dulce del río Alvares, mientras que en San Juan predomina el carácter marino del estuario. El objetivo era claro: comprobar la capacidad real de regeneración del ecosistema en escenarios diferentes, sin interferir en la operativa portuaria ni en la navegación.
Resultados contundentes en solo un año
Los datos hablan por sí solos. En apenas doce meses, los micro arrecifes han conseguido:
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Duplicar la biodiversidad respecto a las paredes del muelle usadas como zona de control.
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Favorecer la implantación de 42 especies distintas, frente a la escasa vida detectada en estructuras portuarias convencionales.
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Lograr una colonización completa de las estructuras, cubiertas ya por algas, invertebrados y fauna asociada.
Según explica Alejandro Varas, jefe del Departamento de Sostenibilidad de la Autoridad Portuaria de Avilés,
“los resultados evidencian una clara mejoría de la calidad ambiental del estuario. Si se mantienen condiciones adecuadas de calidad del agua, en los próximos meses prevemos un incremento de la biomasa y, con ello, una biodiversidad aún mayor”.
Especies que delatan un ecosistema sano
Entre las especies detectadas destacan varias con alto valor ecológico:
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Fecelina auriculata, un nudibranquio carnívoro de colores llamativos que ayuda a regular poblaciones de invertebrados.
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Ophiura sp., estrella de mar frágil detritívora, clave para mantener el fondo limpio y oxigenado.
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Serpula vermicularis, gusano tubícola constructor de estructuras calcáreas.
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Symphodus sp. y Ctenolabrus rupestris, peces de la familia de los lábridos cuya presencia confirma la mejora de la calidad del agua.
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Cancer pagurus (ñocla o buey de mar), crustáceo de gran tamaño fundamental en el equilibrio del ecosistema bentónico.
La diversidad de grupos —moluscos, equinodermos, crustáceos y peces— es una señal inequívoca de que el ecosistema no solo se recupera, sino que se estructura.
Tecnología, ciencia e inteligencia artificial bajo el agua
Uno de los aspectos más innovadores del proyecto es su sistema de seguimiento. La monitorización se realiza mediante drones submarinos (ROVs) y tecnología de inteligencia artificial, capaces de:
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identificar especies,
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medir biomasa,
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calcular la captación de CO₂,
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analizar parámetros físico-químicos como turbidez, clorofila, temperatura u oxígeno disuelto.
Según Anna Lloveras, directora científica de Ocean Ecostructures,
“nuestra solución ofrece resultados reales, medibles y tangibles. La combinación de robótica e inteligencia artificial nos permite evaluar con precisión la recuperación del ecosistema y tomar decisiones basadas en datos”.
Más que arrecifes: una nueva forma de entender los puertos
Las LBUs parten de una estructura metálica inicial que se somete a un proceso de carbonatación, incorporando ánodos y conchas de mejillón. A partir de ahí, la naturaleza hace el resto, aprovechando las cavidades, huecos y refugios que no existen en las superficies portuarias tradicionales.
“El puerto demuestra que puede convivir con la biodiversidad”, subraya Varas.
“Comprobamos que, con las condiciones adecuadas y la calidad del agua actual de la Ría de Avilés, la regeneración del ecosistema es posible. La naturaleza tiene una enorme capacidad de recuperación”.
Próximo hito: primavera de 2026
El proyecto tiene una duración total de dos años, con seguimiento hasta junio de 2026. La próxima campaña de monitorización está prevista para la primavera de 2026, cuando se espera confirmar el incremento de biomasa y la consolidación de comunidades marinas más complejas.
La actuación se alinea además con la Ley de Restauración de la Naturaleza de la Unión Europea y con los criterios ESG, ESRS y CSRD, reforzando el papel del Puerto de Avilés como referente en sostenibilidad ambiental.
Lo que durante décadas fue una ría degradada empieza a convertirse en un laboratorio vivo de regeneración marina. Los micro arrecifes no son solo estructuras: son la prueba de que industria y naturaleza pueden reconciliarse cuando se apuesta por la ciencia, la tecnología y una visión a largo plazo.
