El Principado duplica la media nacional de vacas por habitante y se consolida como una rareza ganadera en Europa: potencia absoluta en bovino y territorio casi vacío de cerdos, aves y ovejas
En Asturias hay una vaca por cada cuatro habitantes, y esta vez no es un tópico: es estadística pura. El último censo ganadero europeo sitúa al Principado como una de las regiones con mayor densidad bovina por habitante de España y del arco atlántico europeo. El dato, tan llamativo como simbólico, resume la singularidad del campo asturiano: es un territorio de vacas… y muy poco más.
Según el censo de 2023, Asturias contabilizaba 242.960 cabezas de ganado vacuno para una población de 1.020.009 habitantes. Esto supone 0,24 reses por persona, casi el doble de la media española, situada en torno a 0,13. Traducido: un habitante cada cuatro vacas.
Entre los grandes de España en número de vacas
Asturias no figura entre las comunidades gigantes en superficie, pero sí entre las que albergan un mayor volumen de vacas. Se mueve en el mismo bloque estadístico que regiones de enorme extensión como Galicia, Castilla y León, Extremadura, Andalucía o Cataluña.
El sector lácteo también aporta su peso específico: casi un 8% de las vacas de ordeño de toda España están en el Principado, que se mantiene como uno de los pilares del vacuno de leche junto a Galicia.
Casi solo vacas: el resto de animales… desaparecen
El censo revela una característica única en España: la estructura ganadera asturiana es prácticamente monoespecífica.
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Aves de corral: solo 1.030 ejemplares, el registro más bajo del país.
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Porcino: apenas 1.310 cerdos, también el último puesto nacional y una de las cifras más reducidas de Europa.
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Ovino: 3.360 ovejas, únicamente por delante de Cantabria.
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Caprino: 2.650 cabras, en torno a la media, pero a años luz de las más de 90.000 de Andalucía.
El contraste con los grandes polos ganaderos españoles es escandaloso: mientras Asturias suma poco más de mil aves, regiones como Cataluña superan los 40 millones, y en cerdo el país ronda los 27 millones de animales. En ovino, Extremadura se mueve por encima de los tres millones de ovejas.
Asturias, por tanto, no es una comunidad ganadera “diversificada”: es una comunidad bovina.
Una excepción en una Europa que reduce su ganado
Mientras la Unión Europea registra descensos en casi todos los censos ganaderos (menos bovino, menos cerdo, menos ovejas, menos cabras), Asturias mantiene un número estable de vacas que, además, tienen un peso enorme en el paisaje rural.
La estructura familiar de las explotaciones, la orografía y la tradición explican la resistencia del modelo asturiano: pequeñas y medianas granjas que combinan carne y leche, con manejo extensivo o semi-extensivo y fuerte arraigo en valles y montañas.
Dónde hay más vacas que personas
El dato global de una vaca por cada cuatro habitantes oculta realidades todavía más llamativas. En concejos de interior como Quirós, Somiedo o Ponga, la proporción se multiplica: hay más vacas que vecinos, fenómeno similar al que ocurre en áreas rurales de Galicia.
La demografía juega su papel: el campo asturiano sigue marcado por la despoblación y el envejecimiento, lo que hace que el peso de la cabaña bovina sea aún más visible en el territorio.
Fortaleza… y vulnerabilidad
El dominio absoluto del bovino también tiene consecuencias. Para el sector, esta tendencia es:
Una ventaja:
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Refuerza la imagen de Asturias como territorio verde y productor de calidad.
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Mantiene el paisaje de prados y pastizales que sostiene el turismo y la identidad rural.
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Aporta estabilidad a la economía agrícola gracias al valor de la carne y la leche.
Un riesgo:
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Depende de un solo sector muy expuesto a variaciones de precios, normas ambientales y costes de alimentación.
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Sufre un grave problema de relevo generacional: menos explotaciones, más grandes y con titulares cada vez mayores.
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La falta de diversificación deja a la región sin amortiguadores frente a crisis específicas del bovino.
Asturias, laboratorio natural de otro modelo
Mientras buena parte de España y Europa avanza hacia modelos centrados en porcino y granjas intensivas, Asturias sostiene un modelo verde, extensivo y basado en el ganado bovino.
El Principado es hoy una anomalía estadística y, a la vez, una marca de identidad: un territorio donde el protagonismo no lo tienen las macrogranjas, sino la vaca, los prados y miles de explotaciones que mantienen vivo un paisaje que en otros lugares ya ha desaparecido.
La gran pregunta es si ese equilibrio —vacío de diversificación, lleno de tradición— podrá mantenerse dentro de diez o veinte años. De momento, la foto es clara: Asturias es, hoy más que nunca, la tierra de las vacas.
