Cuando cae la noche sobre la bahía de Matanzas, San Agustín —la ciudad más antigua de Estados Unidos y la única urbe del país fundada por un asturiano, el avilesino Pedro Menéndez de Avilés— se transforma en un tapiz de luz que maravilla a millones de personas. El fenómeno se llama Nights of Lights, y cada año convierte este rincón de Florida en uno de los destinos navideños más fotografiados, comentados y visitados del mundo.
El festival, que ilumina la ciudad desde el 15 de noviembre hasta el 11 de enero, llena sus calles coloniales con más de tres millones de luces blancas, delineando fachadas históricas, palmeras, iglesias centenarias, el puente de los Leones y todo el frente marítimo. Es una postal que parece imposible… pero que existe gracias a una tradición que hunde sus raíces en la época española y que, tres siglos después, explota en pleno corazón cultural del sureste de Estados Unidos.
Un legado asturiano que brilla cada invierno
San Agustín no es una ciudad cualquiera. Su historia está marcada por la huella del hombre que partió de Avilés y fundó allí, en 1565, la primera ciudad permanente de Norteamérica. Ese vínculo entre Florida y Asturias, entre la bahía de Matanzas y la ría avilesina, no es un detalle menor: forma parte del relato que explica por qué esta ciudad colonial posee una identidad tan distinta del resto del país.
En Nights of Lights resuena también otra tradición española: la costumbre de poner velas blancas en las ventanas para simbolizar, en la Navidad, que la casa estaba abierta para María y José. Hoy, esas velas se han transformado en millones de pequeñas luces LED que envuelven la ciudad en un brillo cálido e hipnótico.
Cada edificio del casco histórico participa. Cada árbol. Cada puente. Cada comercio. En San Agustín, cuando llega noviembre, todo se ilumina como si la ciudad entera hubiera decidido convertirse en un faro hacia el Atlántico.
De ritual local a fenómeno internacional
Cuando el festival nació en 1993, su objetivo era sencillo: revitalizar el comercio local en la temporada baja, atraer visitantes y crear un motivo para que los vecinos salieran a la calle. Nadie imaginaba entonces que, treinta años después, Nights of Lights sería uno de los espectáculos navideños más reconocidos del planeta.
El crecimiento fue explosivo. Lo que comenzó como una iniciativa municipal con apoyo de los negocios locales terminó apareciendo en listas internacionales de “mejores iluminaciones navideñas del mundo”. Hoy, grandes publicaciones de viajes, cadenas hoteleras y miles de creadores de contenido sitúan San Agustín al nivel de ciudades infinitamente más grandes.
Pero el fenómeno no nació solo del brillo. Nació de algo más profundo: la arquitectura colonial española, preservada durante siglos, que convierte al casco histórico en un decorado perfecto cuando la iluminación lo acaricia. Es un escenario único en Estados Unidos, donde la mayoría de ciudades no poseen este tipo de herencia urbana.
La temporada 2025-26: éxito desbordante y primeros límites
Este año, el festival vive una edición clave. Tras temporadas anteriores en las que la afluencia de visitantes provocó atascos, saturación y quejas vecinales, el Ayuntamiento ha decidido recortar las fechas del festival y lanzar una campaña de gestión pionera llamada “Know Before You Go”, que informa en tiempo real sobre tráfico, aparcamientos disuasorios, autobuses lanzadera gratuitos y eventos paralelos.
Además, la ciudad ha ampliado los sistemas de Park & Ride para evitar bloqueos en el centro histórico, un escenario urbano pequeño que cada fin de semana puede recibir más visitantes que vecinos tiene la ciudad.
Aun así, la afluencia de turistas —tanto nacionales como internacionales— no deja de crecer. Muchos hoteles cuelgan el cartel de completo semanas antes del encendido oficial, y las reservas para cruceros nocturnos, trolebuses navideños o vuelos panorámicos se disparan incluso antes del inicio de la temporada.
Cómo se vive realmente el festival
Ver Nights of Lights puede ser tan sencillo como pasear por la ciudad: es gratuito y accesible para cualquier visitante. Pero alrededor del festival ha surgido una enorme industria de experiencias:
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Barcos iluminados que cruzan la bahía al atardecer.
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Trolebuses y trenecitos turísticos recorriendo las calles con música navideña.
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Carruajes de caballos entre fachadas de 300 años delineadas por puntos de luz.
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Vuelos en helicóptero para ver desde el aire la traza luminosa que dibuja la ciudad entera.
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Desfiles de barcos, conciertos, mercados especiales y visitas guiadas con faroles.
La mezcla de colonización española, paisaje tropical y estética navideña clásica crea una imagen única: ninguna otra ciudad de Estados Unidos se parece a San Agustín en Navidad. Ninguna.
Un motor económico que ya define el invierno en Florida
Durante los dos meses del festival, la ciudad experimenta un impacto económico gigantesco: comercios, restaurantes, alojamientos y empresas turísticas dependen en buena parte de este evento para cerrar el año en positivo.
Noviembre y diciembre, que décadas atrás eran meses tranquilos, se han convertido en temporada alta absoluta gracias a Nights of Lights. Y ese motor económico se ha vuelto esencial tanto para residentes como para nuevos emprendedores que llegan atraídos por el tirón turístico.
Una historia que une a Florida con Asturias
Para el lector asturiano, hay un elemento emocional y cultural que convierte este fenómeno en algo más que un espectáculo navideño: la ciudad que hoy deslumbra al mundo nació de un avilesino.
Pedro Menéndez de Avilés no solo fundó San Agustín, sino que dejó allí las bases de una identidad mestiza, abierta y profundamente marcada por España.
Cada vez que la Plaza de la Constitución o el Bayfront se encienden, cada luz blanca es un eco —quizá sin que los visitantes lo sepan— de aquella expedición que partió de Avilés en el siglo XVI.
Un guiño histórico que convierte al Nights of Lights en algo más cercano para los asturianos: un festival global con un corazón que late, en parte, desde Asturias.
El fenómeno no tiene vuelta atrás
San Agustín ya no es solo un destino histórico. Es el gran referente navideño del sureste de Estados Unidos. Un imán para fotógrafos, familias, parejas, creadores de contenido y amantes de la arquitectura antigua.
Un ejemplo de cómo una ciudad pequeña puede crear un producto turístico global, precioso… y difícil de gestionar cuando el éxito se desborda.
El debate actual —cómo crecer sin saturar, cómo proteger la esencia, cómo mantener la magia— definirá las próximas ediciones.
Pero una cosa está clara: Nights of Lights es hoy una marca mundial, un símbolo y un puente inesperado entre Florida y Asturias.
Porque, aunque el mundo lo mire como una postal tropical iluminada, los asturianos sabemos algo más profundo:
la ciudad que brilla cada invierno la fundó uno de los nuestros.
