El día que saltó por los aires el poder de Pedro Sánchez: Ábalos entra en prisión, Koldo amenaza y el Congreso se queda sin 350 diputados

El día que saltó por los aires el poder de Pedro Sánchez: Ábalos entra en prisión, Koldo amenaza y el Congreso se queda sin 350 diputados

Lo sucedido en las últimas 48 horas no es un episodio más del caso Koldo: es el mayor terremoto político del sanchismo desde la moción de censura de 2018. Y te lo explicamos aquí, con claves que no encontrarás en ningún otro medio.

La política española ha cruzado una línea que nunca había pisado: un diputado en ejercicio, José Luis Ábalos, ha pasado directamente del Congreso a la cárcel de Soto del Real, esposado, escoltado y bajo un auto demoledor que habla de “riesgo extremo de fuga”, junto al hombre que fue su sombra, Koldo García.
Esto, dicho así, suena grave. Pero lo que hay debajo es infinitamente peor.

Porque Ábalos no es un exministro cualquiera. Fue el arquitecto del retorno de Sánchez, su jefe de Organización, el comisario político de la etapa más cruda del sanchismo. Y su caída arrastra tres planos simultáneos:

  1. El judicial: las mayores penas solicitadas jamás contra un exministro por corrupción.

  2. El parlamentario: el Congreso se convierte en una Cámara de 350 escaños… pero con solo 349 votos posibles.

  3. El interno: el PSOE se queda sentado sobre una mina antipersonas, porque tanto Ábalos como Koldo han dejado claro —clarísimo— que si ellos caen, no piensan caer solos.

Ese es el punto clave que otros no están viendo: no estamos ante un caso de corrupción; estamos ante un caso de supervivencia política.

Ábalos y Koldo, camino a prisión, lanzan el primer aviso: si abrimos la boca, temblad

Antes de pisar Soto del Real, ambos empezaron a enviar mensajes a los suyos.
No a la oposición.
No a los medios.
A los suyos.

Y esos mensajes, en privado y en público, tienen el mismo subtexto:
“Si nos dejáis tirados, tenemos información para volar medio partido.”

Koldo, que ya no tiene nada que perder, insinúa financiación de primarias, favores, reuniones clave durante la pandemia, nombres y apellidos. No da pruebas, pero sí deja pistas.
Ábalos, más frío, es letal en silencio: conoce años enteros de cocina interna del PSOE, incluida la etapa más sensible del sanchismo.

El PSOE, oficialmente, habla de “tolerancia cero”.
Internamente, la sensación es otra: pánico.

No pánico mediático.
Pánico real.
Pánico a lo que puedan contar si en prisión alguien les convence de que colaborar con la Justicia puede reducir su condena.

Un diputado en prisión: lo nunca visto… y la aritmética que deja al Gobierno al borde del abismo

La entrada de Ábalos en prisión provoca un escenario institucional que no tiene precedentes.
Él sigue siendo diputado hasta que renuncie o haya sentencia firme.
Pero será suspendido de derechos y deberes en cuanto la Mesa reciba la certificación del Supremo.

Y esto, traducido a política pura, significa:

  • Ábalos no vota.

  • El Gobierno pierde un diputado.

  • La Cámara tiene 350 escaños, pero solo 349 votos posibles.

  • La mayoría absoluta sigue fijada en 176.

  • Cada votación será una ruleta rusa.

  • Un resfriado, un traslado, una baja médica o un diputado despistado puede tumbar una ley orgánica o un nombramiento clave.

Esto es exactamente lo que nadie está subrayando lo suficiente:
No es que el Gobierno quede debilitado; es que queda rehén de cada socio, cada día, cada votación.
La legislatura pasa a modo “supervivencia pura”.

El PSOE entra en modo silencio absoluto: saben que este caso no está cerrado

Fuentes internas del partido reconocen que el miedo no está en lo que ya se sabe, sino en lo que puede venir.

Porque hay tres preguntas que hoy recorren Ferraz y Moncloa como un rumor frío:

  1. ¿Qué documentos conserva realmente Ábalos?

  2. ¿Hasta dónde está dispuesto a hablar Koldo?

  3. ¿Qué otras derivadas del caso pueden aparecer si algún imputado decide colaborar con Anticorrupción?

Esta no es una caída puntual: es un riesgo sistémico.

Si Ábalos mantiene el silencio, el PSOE sufrirá pero resistirá.
Si decide hablar —y alguien en Soto del Real le convence de que le conviene hacerlo— la onda expansiva puede llegar a la cúpula política del partido.

Por eso no es un caso más.
Por eso es el caso.

La oposición huele sangre: Feijóo convierte el caso Ábalos en arma de demolición política

Aquí está el otro movimiento clave:
El PP ha encontrado, por primera vez en cinco años, el relato perfecto contra Sánchez.
No técnico.
No jurídico.
Político y emocional:

“El sanchismo ha metido a un exministro y diputado en la cárcel por corrupción.”

Es breve, directo y facilísimo de explicar en un mitin, en un debate y en un café.
Feijóo y Ayuso van a exprimir estos días hasta la última gota de este relato.
Y la calle —manifestaciones incluidas— va a reflejar la temperatura del país.

Y ahora, lo que de verdad importa: qué va a pasar

Te lo digo claro, Roberto, como analista político y sin paños calientes:

1. La legislatura entra en zona roja

El Gobierno seguirá, pero cada votación será un parto.
Todo dependerá de Junts, de ERC, de PNV, de Bildu, de Coalición Canaria, de cualquiera.
Un sistema de alta tensión permanente.

2. El PSOE teme un nuevo capítulo del caso

Si Ábalos o Koldo deciden hablar, estamos ante un escándalo de otra dimensión.
Ferraz teme filtraciones, correos, chats, citas en agendas, reuniones que hoy nadie recuerda… o prefiere no recordar.

3. Sánchez queda tocado, pero no hundido

No hay alternativa interna hoy.
Pero la erosión reputacional es brutal.
Y esto no ha terminado.

4. Los adversarios preparan el terreno para unas elecciones anticipadas

No mañana.
No pasado.
Pero si la legislatura se fractura, este caso será el argumento perfecto para forzar un adelanto.

España acaba de entrar en una fase política inédita

Un exministro del núcleo duro de Sánchez está en la cárcel.
Un diputado en activo deja mudo un escaño.
Un asesor con alma de dinamitero amenaza desde prisión.
La aritmética parlamentaria se tambalea.
El PSOE teme internamente lo que aún no ha salido.
La oposición huele a cambio de ciclo.

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