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«Nuestros pueblos, nuestra historia» nos lleva a la Asturias de hace 2.500 años: los castros, las primeras fortalezas de nuestros antepasados

«Nuestros pueblos, nuestra historia» nos lleva a la Asturias de hace 2.500 años: los castros, las primeras fortalezas de nuestros antepasadosAsturianía
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Asturias Mundial recupera su serie documental sobre los orígenes de nuestra tierra con un fascinante viaje a la Edad del Hierro. En este segundo capítulo descubrimos cómo vivían los astures, por qué levantaban poblados fortificados en las montañas y qué secretos conservan todavía lugares como Somiedo y la Campa Torres, en Gijón. Un recorrido audiovisual que nos invita a mirar de otra manera el paisaje asturiano y a descubrir una historia que comenzó mucho antes de nuestros primeros reyes.

🎬 NUESTROS PUEBLOS, NUESTRA HISTORIA — CAPÍTULO 2

LOS CASTROS: CUANDO ASTURIAS LEVANTÓ SUS PRIMERAS FORTALEZAS

NUESTROS PUEBLOS, NUESTRA HISTORIA- Cap. 2: Los castros: cuando Ast. levantó sus primeras fortalezas

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Una producción audiovisual de Asturias Mundial.

¿Te imaginas vivir en la Asturias de hace 2.500 años?

Amanece entre las montañas de Somiedo. La niebla cubre los valles y, sobre una elevación del terreno, comienza a despertar un pequeño poblado rodeado de defensas.

Una mujer prepara el grano. Otros habitantes atienden al ganado. El fuego calienta el interior de las viviendas. En el exterior, las empalizadas y los fosos protegen el asentamiento.

No hay carreteras, electricidad ni ciudades como las conocemos. Tampoco existen todavía los castillos medievales, las torres señoriales o los palacios que hoy forman parte del patrimonio asturiano.

Pero aquellos hombres y mujeres ya sabían algo fundamental: cómo aprovechar el territorio para protegerse, organizar sus comunidades y garantizar su supervivencia.

Estamos en la Edad del Hierro, varios siglos antes de la conquista romana.

Y estamos en las tierras donde, mucho después, surgiría Asturias.

Esta es la historia que recupera el segundo capítulo de «Nuestros pueblos, nuestra historia», la serie documental de Asturias Mundial dedicada a descubrir los orígenes de nuestra tierra.

Las fortalezas de Asturias existían mucho antes de los castillos

Cuando pensamos en una fortaleza, imaginamos normalmente un castillo medieval, con sus murallas de piedra, almenas y torres defensivas.

Sin embargo, mucho antes de que aquellas construcciones aparecieran en el paisaje, los antiguos pobladores del territorio asturiano ya habían desarrollado sus propios sistemas de protección.

Eran los castros: asentamientos fortificados que aprovecharon colinas, promontorios y elevaciones naturales para establecer comunidades protegidas.

Sus habitantes elegían cuidadosamente los emplazamientos. La altura permitía vigilar el territorio y dificultaba los ataques. Los ríos, los desniveles y los acantilados constituían defensas naturales que podían reforzarse mediante fosos, terraplenes y murallas.

Algunos asentamientos llegaron a disponer de complejos sistemas defensivos.

Pero sería un error imaginar los castros como simples campamentos militares.

Los castros eran, sobre todo, lugares donde se vivía.

En ellos nacían niños, se preparaban alimentos, se cuidaban animales, se fabricaban herramientas y se desarrollaban las actividades cotidianas de las comunidades.

La arqueología ha permitido identificar viviendas circulares y rectangulares, hogares, estructuras de almacenamiento y espacios relacionados con la producción artesanal.

Cada hallazgo contribuye a reconstruir una sociedad que, aunque muy diferente de la nuestra, ya mostraba una notable capacidad para organizarse y transformar su entorno.

Somiedo y los pésicos: el misterio de los poblados escondidos en las montañas

Uno de los escenarios protagonistas del documental es Somiedo.

Sus montañas, valles y pasos naturales conservan testimonios de una ocupación humana que se remonta a tiempos muy anteriores a la llegada de Roma.

En este territorio se sitúa tradicionalmente a los pésicos, una de las comunidades mencionadas por las fuentes antiguas dentro del ámbito de los pueblos astures.

Entre los asentamientos fortificados identificados en el concejo destacan El Castiecho, en Gúa, y La Corona, en las proximidades de Pola de Somiedo.

El segundo resulta especialmente interesante por la complejidad de sus defensas. Algunas descripciones históricas llegaron a atribuirle siete fosos, aunque los estudios arqueológicos posteriores ofrecen interpretaciones diferentes sobre su configuración y función.

Es precisamente esa incertidumbre la que convierte estos lugares en escenarios fascinantes.

¿Cuántas personas vivían allí? ¿Cómo se organizaban? ¿Qué relación mantenían con los poblados vecinos? ¿Hasta qué punto aquellos asentamientos eran viviendas permanentes o lugares utilizados para funciones específicas?

Todavía no conocemos todas las respuestas.

Los investigadores siguen estudiando las estructuras conservadas y su relación con los caminos, los recursos naturales y los antiguos espacios de actividad económica.

Lo que sí sabemos es que el paisaje de Somiedo guarda una historia humana extraordinariamente antigua.

Mucho antes de convertirse en uno de los grandes espacios naturales protegidos de Asturias, estas montañas ya eran territorio habitado, recorrido y transformado por nuestros antepasados.

Así era la vida cotidiana en un castro astur

El segundo capítulo de «Nuestros pueblos, nuestra historia» nos permite asomarnos a ese mundo desaparecido.

Las recreaciones audiovisuales muestran a los habitantes de los castros reunidos alrededor del fuego, preparando alimentos, trabajando y cuidando sus rebaños.

Son imágenes que nos ayudan a imaginar una realidad de la que apenas quedan restos materiales.

La alimentación dependía de los recursos disponibles en cada territorio. La agricultura y la ganadería desempeñaban un papel esencial, junto con otras actividades de aprovechamiento del medio natural.

El grano debía transformarse en harina mediante molinos manuales. Los animales proporcionaban alimento y materias primas. Las herramientas metálicas permitían realizar numerosos trabajos agrícolas y artesanales.

El conocimiento del fuego y de la metalurgia fue uno de los grandes avances tecnológicos de aquellas comunidades.

La fabricación de instrumentos, armas y objetos de uso cotidiano exigía conocimientos técnicos que se transmitían entre generaciones.

La vida estaba condicionada por las estaciones, el clima y la disponibilidad de recursos.

Y también por las relaciones con otras comunidades.

Porque, aunque los castros se protegieran mediante defensas, eso no significa que sus habitantes vivieran permanentemente aislados.

La Campa Torres: cuando los astures miraban al Cantábrico

El documental abandona las montañas de Somiedo para trasladarnos hasta uno de los lugares arqueológicos más importantes de Asturias.

La Campa Torres, en Gijón, demuestra que las comunidades castreñas también estuvieron presentes junto al mar y participaron en redes de intercambio con otros territorios.

Situado sobre el cabo Torres, al oeste de la ciudad, el asentamiento ocupaba una posición estratégica desde la que se dominaba una amplia extensión del litoral.

Su ubicación permitía aprovechar las defensas naturales del promontorio y controlar visualmente parte de la costa.

Las excavaciones arqueológicas han identificado estructuras de habitación, sistemas defensivos y numerosos testimonios de actividad metalúrgica.

Los restos documentan la existencia de un asentamiento prerromano en torno al siglo IV antes de Cristo, aunque las investigaciones han estudiado también fases anteriores de sus defensas.

Pero hay un descubrimiento especialmente revelador.

En la Campa Torres aparecieron objetos procedentes de otros territorios, testimonio de intercambios comerciales que podían recorrer largas distancias.

Esto modifica profundamente la imagen de unas comunidades supuestamente encerradas en sus montañas.

Los habitantes del mundo castreño conocían y aprovechaban redes de relaciones que permitían circular productos, materiales y conocimientos.

No podemos comparar aquellas conexiones con el comercio marítimo actual, pero sí reconocer que el contacto con otras comunidades formaba parte de su realidad.

Y lo más extraordinario es que hoy todavía podemos recorrer este escenario histórico.

El Parque Arqueológico-Natural de la Campa Torres permite visitar parte del antiguo asentamiento y acercarse a su historia a través de los restos conservados y de su museo.

A pocos kilómetros del centro de Gijón permanece, por tanto, una parte esencial de la historia de las poblaciones que habitaron Asturias antes de la romanización.

¿Eran los astures tan guerreros como imaginamos?

La imagen popular de los antiguos astures suele estar protagonizada por hombres armados con lanzas y escudos, preparados para defender sus montañas frente a cualquier invasor.

La resistencia de las poblaciones del norte peninsular durante las guerras contra Roma ha contribuido a consolidar esa representación.

Sin embargo, la historia de los astures es mucho más rica que sus enfrentamientos militares.

Las comunidades castreñas desarrollaron actividades agrícolas, ganaderas, metalúrgicas y comerciales. Su organización respondía a necesidades económicas y sociales, además de defensivas.

Tampoco debemos imaginar que todos los habitantes de los castros compartían exactamente las mismas costumbres.

El territorio era amplio y diverso.

Las condiciones de vida de una comunidad asentada en las montañas occidentales podían ser diferentes de las de otra situada junto a la costa central.

Los recursos disponibles, las comunicaciones y las relaciones con otros territorios condicionaban su evolución.

Lo que unía a muchas de estas comunidades era su capacidad para adaptarse al paisaje y aprovecharlo para desarrollar su forma de vida.

Una capacidad que constituye uno de los aspectos más interesantes de nuestra historia antigua.

Un viaje audiovisual al pasado que todavía permanece bajo nuestros pies

Con «Nuestros pueblos, nuestra historia», Asturias Mundial propone una forma diferente de acercarse a los grandes episodios de nuestro pasado.

La serie combina paisajes reales de Asturias, divulgación histórica y recreaciones audiovisuales para transportar al espectador a épocas que habitualmente solo conocemos mediante libros, excavaciones y restos arqueológicos.

En este segundo capítulo, «Los castros: cuando Asturias levantó sus primeras fortalezas», las montañas de Somiedo y los acantilados de Gijón se convierten en el escenario de un viaje a la Edad del Hierro.

Las imágenes recreadas permiten imaginar cómo pudieron ser las viviendas, las actividades cotidianas y los sistemas de defensa de aquellas comunidades.

Son interpretaciones visuales inspiradas en el conocimiento histórico, no reconstrucciones arqueológicas exactas de cada asentamiento.

Pero cumplen una función fundamental: hacer visible una historia que permanece oculta para buena parte de quienes recorren hoy los paisajes asturianos.

Porque detrás de una colina, un promontorio o un antiguo camino puede esconderse una historia que comenzó hace miles de años.

Asturias Mundial recupera su serie para descubrir los orígenes de nuestra tierra

La historia de Asturias no comenzó con don Pelayo ni con la fundación del reino medieval.

Mucho antes existieron comunidades que ocuparon estas tierras, construyeron sus poblados, aprovecharon sus recursos y desarrollaron formas de organización adaptadas a su entorno.

Los castros son uno de los testimonios más visibles de ese pasado.

Con la recuperación de «Nuestros pueblos, nuestra historia», Asturias Mundial invita a sus lectores a redescubrir una serie documental que recorre distintas etapas de nuestra evolución histórica.

No se trata de volver a contar lo mismo, sino de mirar nuestro pasado con nuevos ojos, recuperar imágenes que merecen ser vistas y ampliar el conocimiento sobre los lugares que forman parte de nuestra identidad.

El primer capítulo nos trasladó al mundo de los neandertales de El Sidrón, una historia extraordinaria sobre los habitantes de Asturias en la prehistoria.

En esta segunda entrega avanzamos miles de años para descubrir los castros, los poblados fortificados y las comunidades que ocuparon nuestro territorio antes de la llegada de Roma.

Y el viaje continuará con nuevos capítulos dedicados a otros momentos fundamentales de nuestro pasado.

Porque nuestros pueblos tienen una historia mucho más antigua de lo que imaginamos. Y conocerla es también una forma de comprender quiénes somos.

«NUESTROS PUEBLOS, NUESTRA HISTORIA». Una serie documental de Asturias Mundial para descubrir el pasado que sigue viviendo en nuestros paisajes.

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