A las puertas de Todos los Santos, dos estudios revelan una auténtica transformación en la manera de despedir a nuestros seres queridos. El 83,7% considera injusto pagar un 21% de IVA por los funerales, ocho de cada diez españoles quieren dejar decidida su despedida y casi tres de cada cuatro reclaman ceremonias personalizadas. En Asturias, donde fallecen alrededor de 14.000 personas cada año, la tradición convive con nuevas formas de recordar a quienes ya no están.
29 de octubre de 2026
Este domingo, 1 de noviembre, miles de familias asturianas volverán a llevar flores a los cementerios. Limpiarán lápidas, encenderán velas y recordarán a quienes ya no están.
En El Salvador, en Oviedo; Ceares, en Gijón; La Carriona, en Avilés, y en los cientos de pequeños cementerios parroquiales que salpican Asturias, se repetirá uno de los rituales más profundamente arraigados en nuestra sociedad.
Pero algo está cambiando. Y mucho.
Cada vez más personas prefieren ser incineradas en lugar de enterradas. Las ceremonias civiles ganan terreno a las religiosas. Y las familias reclaman despedidas que cuenten la historia de sus seres queridos, en lugar de funerales impersonales.
Así lo revela el III Estudio del Observatorio de los Servicios Funerarios, elaborado por Sigma Dos en 2026, que dibuja una radiografía sorprendente de nuestra relación con la muerte.
Los resultados muestran que las tradiciones siguen vivas, pero nuestra manera de entender el último adiós está experimentando una transformación profunda.
La gran revolución funeraria: casi seis de cada diez españoles prefieren la incineración
Durante generaciones, el entierro en el cementerio familiar fue prácticamente incuestionable en Asturias.
Las familias conservaban sepulturas durante décadas. Los cementerios parroquiales formaban parte de la identidad de los pueblos y acompañar al fallecido era también un acontecimiento comunitario.
Hoy, las preferencias son muy diferentes.
Según Sigma Dos, el 58,9% de los españoles elegiría la incineración para su propia despedida, frente a solo el 18,8% que prefiere el entierro tradicional.
Una diferencia de más de cuarenta puntos porcentuales.
Y no hablamos únicamente de deseos. Los datos sectoriales de PANASEF correspondientes a 2025 indican que la cremación ya representa el 52,97% de los fallecimientos en España.
Por primera vez, la incineración supera al entierro en el conjunto del país.
En Asturias también gana terreno, aunque los estudios consultados no ofrecen un porcentaje autonómico actualizado que permita afirmar que seis de cada diez asturianos la prefieren.
¿Qué significa este cambio?
Que los cementerios, las instalaciones funerarias y las propias familias están adaptándose a nuevas formas de despedida.
Columbarios, urnas funerarias, espacios de recuerdo y alternativas vinculadas a la naturaleza empiezan a convivir con los panteones y sepulturas tradicionales.
En el cementerio ovetense de El Salvador, por ejemplo, existen alternativas ecológicas de enterramiento de cenizas mediante los denominados Árboles de la Memoria.
La tradición no desaparece: se transforma.
Los funerales civiles adelantan a los religiosos en las preferencias
Otro de los datos más sorprendentes afecta a las ceremonias.
El 38,6% de los encuestados prefiere una despedida civil, frente al 37,8% que opta por una ceremonia religiosa.
Es prácticamente un empate, aunque con una ligera ventaja para las celebraciones civiles.
En Asturias, las misas funerales, los responsos y las ceremonias católicas siguen teniendo un enorme peso cultural, especialmente en las zonas rurales.
Sin embargo, empiezan a abrirse paso despedidas donde los protagonistas son la música, los recuerdos, las fotografías y las palabras de familiares y amigos.
Un funeral puede incorporar una canción especialmente querida por el fallecido, una lectura de sus nietos o una pequeña proyección con imágenes de su vida.
Y no necesariamente tiene que celebrarse dentro de un templo.
Conviene, eso sí, distinguir entre preferencias y realidad.
Según datos difundidos por RTPA en noviembre de 2025, las ceremonias laicas representaban alrededor del 16% de los funerales celebrados en Asturias.
Es decir, las celebraciones religiosas siguen siendo mayoritarias en la práctica, aunque las preferencias sociales nacionales apuntan a una transformación cultural.
Ya no queremos un funeral cualquiera: queremos que cuente nuestra historia
Quizá este sea el dato más emotivo del estudio.
El 72,7% de los españoles quiere una despedida que tenga en cuenta la vida y la personalidad de la persona fallecida.
No una ceremonia idéntica a miles de otras.
Una despedida que recuerde quién era aquella persona, qué le gustaba, cuáles fueron sus pasiones y qué recuerdos dejó entre familiares y amigos.
En Asturias, donde la memoria familiar, la música tradicional y los vínculos vecinales conservan una fuerza especial, las posibilidades son enormes.
Una canción asturiana, unas fotografías antiguas, unas palabras de los nietos o el recuerdo de una anécdota familiar pueden convertir una despedida en un homenaje profundamente personal.
Las familias no quieren despedir simplemente a un fallecido. Quieren recordar una vida irrepetible.
Y esa diferencia está modificando los servicios funerarios.
La polémica del dinero: el 83,7% considera injusto pagar un 21% de IVA por morir
La muerte tiene también una dimensión económica que rara vez se aborda abiertamente.
Contratar un servicio funerario supone afrontar una serie de gastos en un momento de enorme vulnerabilidad emocional.
Y existe un elemento fiscal que provoca un rechazo muy amplio.
El 83,7% de los encuestados considera injusto que los servicios funerarios estén gravados con el 21% de IVA.
El dato contrasta con otra conclusión del mismo estudio: el 82,7% considera estos servicios esenciales para la sociedad.
Es decir, una gran mayoría reconoce que se trata de una necesidad social, pero rechaza que su tributación general sea la correspondiente al tipo ordinario del impuesto.
El estudio no establece cuánto debería reducirse el IVA ni calcula el coste de una posible reforma.
Pero revela una opinión ciudadana ampliamente compartida.
Para numerosas familias, la factura del funeral llega en uno de los peores momentos de su vida.
Y en las zonas rurales asturianas pueden añadirse dificultades relacionadas con los desplazamientos, la disponibilidad de instalaciones y la organización del servicio.
La pregunta queda sobre la mesa: si despedir dignamente a un ser querido es una necesidad esencial, ¿debería tener el mismo tratamiento fiscal que otros servicios comerciales?
Asturias: 14.000 fallecimientos al año y más de 900 cementerios
La relación de Asturias con la muerte tiene una dimensión territorial y cultural propia.
Según datos difundidos por RTPA, en el Principado fallecen aproximadamente 14.000 personas cada año.
La comunidad cuenta con alrededor de 902 cementerios municipales y parroquiales, además de 55 tanatorios y velatorios.
Son cifras que ayudan a comprender la importancia del sector funerario.
En las grandes ciudades existen numerosas instalaciones y alternativas de despedida.
Pero en las aldeas asturianas, el cementerio continúa siendo mucho más que un lugar de enterramiento.
Es parte de la historia del pueblo.
Allí reposan varias generaciones, se conservan los apellidos de familias enteras y se mantiene una relación muy especial con la memoria de quienes vivieron en aquel lugar.
Por eso resulta especialmente significativo otro dato del estudio.
El 73,2% de los españoles reclama mayor apoyo público a las empresas funerarias que prestan servicio en zonas rurales.
En una comunidad tan dispersa y envejecida como Asturias, esta reivindicación cobra especial importancia.
Porque vivir en una pequeña localidad no debería significar tener mayores dificultades para recibir una despedida digna.
El trato humano sigue siendo lo más importante
En medio de tantos cambios, existe algo que permanece.
El 62,5% considera que el trato humano es el factor más importante al elegir un servicio funerario.
Por encima de otros elementos, las familias valoran sentirse escuchadas, comprendidas y acompañadas.
Y la percepción general del sector es positiva.
El 76,1% de los encuestados tiene una imagen buena o muy buena de las empresas funerarias y sus profesionales.
El trato humano recibido obtiene una valoración de 8,8 puntos sobre diez.
Son resultados relevantes para una actividad profesional que se desarrolla precisamente en los momentos más delicados de la vida familiar.
La tecnología puede agilizar trámites, pero ninguna aplicación sustituye una conversación amable cuando una familia acaba de perder a alguien.
Ocho de cada diez españoles quieren dejar decidida su despedida
Hablar de la propia muerte sigue siendo incómodo para muchas familias.
Sin embargo, los resultados muestran que cada vez más personas consideran necesario hacerlo.
El 80,7% cree importante dejar indicaciones previas sobre cómo desea que se organice su despedida.
¿Entierro o incineración?
¿Ceremonia religiosa o civil?
¿Qué música debería sonar?
¿Dónde conservar las cenizas?
¿Quién debería pronunciar unas palabras?
Son decisiones que pueden parecer lejanas, pero que, cuando llega el momento, deben tomar familiares que atraviesan una situación emocionalmente difícil.
Dejar expresadas esas preferencias puede evitar incertidumbres y desacuerdos.
Eso sí, las indicaciones funerarias no sustituyen automáticamente a un testamento ni a los documentos legales que correspondan.
Hablar de cómo queremos despedirnos no tiene por qué ser una conversación triste. También puede ser una forma de cuidar a quienes se quedan.
Funerales ecológicos: el futuro también pasa por el medio ambiente
La conciencia ambiental ha llegado igualmente al sector funerario.
El 63% de los encuestados contrataría un servicio más ecológico si tuviera el mismo precio que uno convencional.
La condición económica resulta decisiva: el estudio refleja interés por las alternativas sostenibles, pero no demuestra que esa misma proporción esté dispuesta a pagar más por ellas.
Entre las posibles soluciones aparecen materiales de menor impacto ambiental, instalaciones energéticamente eficientes, reducción de residuos y nuevas fórmulas para el destino de las cenizas.
En Asturias, donde el paisaje y la naturaleza forman parte esencial de la identidad regional, estas alternativas pueden encontrar un interés creciente.
Siempre, naturalmente, dentro de las condiciones sanitarias y ambientales establecidas por la normativa.
Un sector que mueve 4.108 millones de euros y emplea a más de 13.000 personas
Detrás de cada despedida existe también una actividad económica importante.
El Estudio del Impacto Socioeconómico del Observatorio de los Servicios Funerarios (2026), elaborado con Sigma Dos y la Universidad de Salamanca, estima que el sector genera un impacto total de 4.108 millones de euros en la economía española.
La cifra incluye efectos directos, indirectos, inducidos y vinculados al conocimiento. No representa exclusivamente la facturación de las funerarias.
El estudio contabiliza además 13.234 personas trabajadoras.
Y más de la mitad de las empresas analizadas realizó inversiones en activos o instalaciones.
Desde los trabajadores de tanatorios y cementerios hasta los servicios de traslado, mantenimiento y actividades auxiliares, existe toda una estructura económica alrededor de un servicio que la sociedad considera imprescindible.
En Asturias, su importancia es también territorial, por la elevada cantidad de cementerios y la dispersión de numerosos núcleos de población.
La tecnología entra en los funerales, pero no sustituye el abrazo
Otra conclusión del estudio apunta hacia el futuro.
El 64,7% de los españoles considera que la tecnología puede mejorar la relación entre las empresas funerarias y las familias.
Trámites digitales, información a distancia, transmisión de ceremonias y herramientas para conservar recuerdos forman parte de las posibilidades que empiezan a incorporarse al sector.
Estas soluciones pueden resultar especialmente útiles cuando los familiares residen lejos.
Y Asturias conoce bien esa realidad.
Durante generaciones, miles de asturianos emigraron a Madrid, Cataluña, otros países europeos o América.
Hoy muchas familias siguen repartidas entre distintos territorios.
La posibilidad de participar a distancia en una despedida o compartir recuerdos digitales puede ayudar a mantener el vínculo familiar cuando no resulta posible desplazarse.
Pero la conclusión fundamental sigue siendo la misma.
La tecnología puede acercarnos. El trato humano continúa siendo insustituible.
Todos los Santos de 2026: cambian las costumbres, permanece el recuerdo
Este domingo, los cementerios asturianos volverán a llenarse de flores.
Habrá familias que recorrerán muchos kilómetros para regresar al pueblo y visitar las tumbas de sus padres o abuelos.
Otras acudirán al cementerio de su barrio.
Y algunas recordarán a sus seres queridos en casa, ante una fotografía, escuchando una canción o compartiendo una historia familiar.
La tradición continúa viva.
Pero los datos demuestran que nuestra relación con la muerte está cambiando.
La incineración supera al entierro en las preferencias. Los funerales civiles compiten con los religiosos. Las despedidas personalizadas ganan protagonismo. Y cada vez más personas quieren decidir cómo será su último adiós.
También crecen las demandas de servicios sostenibles, mayor apoyo al mundo rural y una revisión de la fiscalidad funeraria.
Sin embargo, hay una conclusión que atraviesa todas las cifras.
Podemos cambiar las ceremonias, los rituales y los lugares donde conservamos las cenizas. Pero la necesidad de recordar a quienes queremos sigue siendo la misma.
En Asturias, esa memoria permanece en los cementerios parroquiales, en las fotografías familiares, en las canciones y en las historias que pasan de abuelos a nietos.
Y este Todos los Santos volverá a demostrarse que, aunque cambien nuestras maneras de despedirnos, el cariño y el recuerdo no entienden de modas ni de generaciones.

Dejar un comentario
Acceder al formulario de comentarios de la comunidad