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De Asturias a Alicante: una escapada perfecta para descubrir el Mediterráneo

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De Asturias a Alicante: una escapada perfecta para descubrir el MediterráneoSociedad
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Cuando en Asturias llega el orbayu de otoño, en la playa del Postiguet todavía hay gente que se baña. Alicante ofrece justo lo que el Cantábrico raciona en esta época: sol casi a diario y un mar que sigue templado, sin salir de España.

La distancia es lo primero que hay que resolver. Por carretera son unos 880 kilómetros y más de ocho horas de volante sin contar paradas, así que lo más práctico suele ser el avión: desde el aeropuerto de Asturias hay vuelos directos a Alicante según la temporada. Una vez allí, el tranvía llega a buena parte de la costa norte, pero no a los pueblos del interior, que tampoco tienen tren. Por eso conviene alquilar el coche con antelación y recogerlo en el propio aeropuerto de Alicante-Elche Miguel Hernández. En una plataforma de alquiler coches Alicante aparecen juntas las ofertas de distintas empresas, y cada una indica la fianza y si permite cancelar gratis. Con el coche, la costa y la montaña caben en una misma jornada.

Alicante, la ciudad

El Castillo de Santa Bárbara corona el monte Benacantil, y desde sus murallas se abarca toda la bahía. A sus pies se extiende el barrio de Santa Cruz, con casas encaladas, escalinatas y fachadas llenas de macetas. Más abajo, el mosaico ondulado de la Explanada de España lleva hasta el puerto y el Postiguet. El centro se recorre a pie, así que el coche puede quedarse aparcado todo el día.

La costa hacia el norte

A unos 30 kilómetros aparece Villajoyosa, con sus casas de colores alineadas frente al mar. Según se cuenta, los marineros las pintaban así para reconocer su casa desde el agua. Más al norte, Altea luce un casco antiguo blanco en lo alto de una colina, rematado por la iglesia de las cúpulas azules. Sus calles son estrechas y empinadas, por lo que un coche compacto resulta mucho más cómodo que uno grande.

La siguiente parada es Calp, donde el Peñón de Ifach se levanta más de 300 metros sobre el agua. Es parque natural, y desde su base sale un sendero que sube por la roca.

El interior: Guadalest y las Fuentes del Algar

Guadalest se asienta sobre una peña, y para entrar en el pueblo se cruza un túnel excavado en la roca. Desde el castillo se ve el embalse, de un color turquesa que sorprende en una tierra tan seca.

Muy cerca, junto a Callosa d'en Sarrià, el río Algar forma cascadas y pozas de agua fría entre la vegetación. En días de calor se llena pronto, así que conviene llegar temprano.

Hacia el sur: Elche y Tabarca

Elche queda a pocos kilómetros del aeropuerto y guarda el Palmeral, declarado Patrimonio de la Humanidad, con el Huerto del Cura como su rincón más conocido.

Desde Santa Pola salen barcos hacia Tabarca, una isla pequeña y amurallada rodeada por una reserva marina. Lo más cómodo es aparcar en el puerto y pasar el día sin coche.

Una ruta de cuatro días

●      Día 1: llegada, recogida del coche y tarde en el Palmeral de Elche.

●      Día 2: Alicante a pie: castillo, barrio de Santa Cruz y Explanada.

●      Día 3: Villajoyosa, Altea y Calp, con parada en el Peñón de Ifach.

●      Día 4: Guadalest y las Fuentes del Algar por la mañana, y vuelta por la costa hacia el aeropuerto.

Si el viaje se alarga un día más, Tabarca encaja como excursión independiente.

Cuándo ir y qué tener en cuenta

Además del otoño, la primavera es buen momento para el viaje. En abril y mayo las carreteras de la costa van más despejadas que en agosto, y la subida al Peñón se hace sin el calor del verano. Antes de devolver el coche conviene repasar la política de combustible en las condiciones de la oferta: lo más habitual es entregarlo con el depósito lleno, igual que se recogió. Y en cualquier aparcamiento es mejor no dejar objetos a la vista dentro del vehículo.

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