El consejero de Industria, Borja Sánchez, defiende que la nueva red de 400.000 voltios permitirá modernizar las fábricas, atraer empresas y afrontar la descarbonización. Pero detrás del optimismo del Gobierno hay una realidad que exige respuestas: las obras apenas han comenzado, varios tramos siguen pendientes de autorización y disponer de una red más potente no garantiza por sí solo electricidad barata ni nuevas inversiones. El proyecto acaba de dar un paso importante con la tramitación de una línea de casi once kilómetros entre Carreño y Gijón.
Oviedo, 13 de octubre de 2026. Asturias se juega una parte importante de su futuro industrial en una infraestructura que apenas resulta visible para la mayoría de los ciudadanos: una nueva red de transporte de electricidad de alta tensión, conocida como el anillo eléctrico central, concebida para garantizar que las grandes fábricas dispongan de la potencia que necesitarán durante las próximas décadas.
No es una cuestión menor en una comunidad donde la industria continúa teniendo un peso económico considerable y donde buena parte de las grandes empresas afrontan una transformación tecnológica y energética que exigirá inversiones millonarias.
Las fábricas que durante décadas utilizaron carbón, gas y otros combustibles fósiles deberán sustituir progresivamente parte de esos consumos por electricidad. Al mismo tiempo, nuevos sectores, como los centros de datos, la producción de combustibles sintéticos o la fabricación de componentes para baterías, demandarán grandes cantidades de energía.
El problema es que no basta con producir electricidad: hay que disponer de una red capaz de transportarla hasta donde se necesita, en el momento adecuado y con suficientes garantías de suministro.
Ese es el objetivo del anillo eléctrico central de Asturias.
El consejero de Ciencia, Industria y Empleo, Borja Sánchez, ha defendido este martes en la Junta General la importancia estratégica de esta infraestructura para mantener la competitividad industrial y atraer nuevas inversiones.
Sánchez sostiene que Asturias dispone de una oportunidad extraordinaria para aprovechar la transición energética y rechaza que el suministro eléctrico constituya, con carácter general, un obstáculo para su crecimiento.
Sin embargo, la documentación de Red Eléctrica y los expedientes publicados recientemente en el Boletín Oficial del Estado muestran que el anillo todavía tiene importantes etapas pendientes y algunas de sus actuaciones siguen condicionadas por autorizaciones, evaluaciones ambientales y decisiones de planificación estatal.
Una infraestructura decisiva para una Asturias que quiere seguir siendo industrial
Asturias concentra grandes instalaciones industriales que necesitan un suministro energético continuo, estable y de elevada capacidad.
La siderurgia, la metalurgia, la fabricación de vidrio y otras actividades vinculadas a la transformación de materiales dependen de procesos industriales intensivos en energía.
En algunos casos, una interrupción del suministro no supone simplemente detener una máquina durante unos minutos. Puede provocar alteraciones en procesos productivos complejos, pérdidas de material y costes importantes.
Por eso, las grandes industrias necesitan algo más que electricidad suficiente: necesitan continuidad, estabilidad y capacidad para afrontar aumentos futuros de consumo.
El problema adquiere una nueva dimensión con la descarbonización.
Una empresa que actualmente utiliza gas para generar calor industrial podría necesitar en el futuro contratar una potencia eléctrica muy superior.
Y esa transformación puede producirse simultáneamente en numerosas instalaciones concentradas en un mismo territorio.
Si la red no se refuerza con suficiente antelación, las empresas podrían encontrarse con dificultades para ejecutar proyectos que requieren nuevas conexiones o mayores potencias.
El anillo eléctrico pretende anticiparse a esa situación.
¿Qué es exactamente el anillo eléctrico central?
Aunque su nombre puede sugerir una única línea que rodea el centro de Asturias, el proyecto es más complejo.
Se trata de un conjunto de infraestructuras de transporte eléctrico, con nuevas subestaciones, conexiones y líneas de alta tensión que permitirán reforzar la red existente.
Una de sus características fundamentales es que trabajará con instalaciones de 400 kilovoltios, equivalentes a 400.000 voltios.
Esta tensión permite transportar grandes cantidades de energía a través de largas distancias para abastecer importantes áreas de consumo.
El desarrollo del anillo central está coordinado por Red Eléctrica, responsable de la red de transporte y de la operación del sistema eléctrico español.
Su construcción forma parte de la planificación energética estatal.
Por tanto, no depende exclusivamente de una decisión del Principado. Intervienen el Gobierno central, Red Eléctrica y distintas administraciones con competencias sobre autorizaciones, urbanismo y medio ambiente.
La infraestructura debe permitir transportar más energía, mejorar la seguridad del suministro y facilitar la conexión de nuevos proyectos empresariales.
Pero una red más potente no equivale automáticamente a disponer de capacidad de conexión en cualquier punto. Esa disponibilidad dependerá de las condiciones técnicas y de las necesidades de cada proyecto.
Las obras ya han comenzado en Carreño: 26,5 millones para la subestación de Cardoso
Una de las novedades más importantes de este año se produjo el pasado 27 de julio.
Red Eléctrica anunció el comienzo de la construcción de la nueva subestación de Cardoso, en Carreño, una de las primeras piezas materiales del anillo central asturiano.
La inversión prevista asciende a 26,5 millones de euros, incluyendo la subestación y su conexión con la red de transporte.
La instalación contará con tecnología GIS, un sistema compacto que permite reducir el espacio ocupado por determinados equipos eléctricos.
Dispondrá de instalaciones de 400 y 220 kilovoltios y tendrá como finalidad reforzar el suministro en una zona con una elevada concentración de demanda industrial y urbana.
Red Eléctrica anunció un plazo aproximado de ejecución de 18 meses.
Esto situaría la finalización alrededor de comienzos de 2028, siempre que se mantenga el calendario previsto.
El anillo eléctrico ha comenzado a construirse, pero una de sus principales subestaciones no estará terminada hasta dentro de más de un año.
Y Cardoso representa únicamente una parte de las actuaciones previstas.
Una nueva línea de casi once kilómetros entre Carreño, Corvera y Gijón
El Boletín Oficial del Estado publicó el pasado 8 de octubre, apenas cinco días antes de la intervención del consejero, la apertura de información pública de una nueva línea eléctrica de 400 kilovoltios entre las subestaciones de Cardoso y Reboria.
Se trata de una infraestructura de doble circuito que atravesará terrenos de tres concejos: Carreño, Corvera de Asturias y Gijón.
La longitud prevista es de 10,843 kilómetros y su presupuesto de ejecución asciende a 8.381.937,86 euros.
El trazado se desarrollará mediante una línea aérea apoyada en torres metálicas.
Su finalidad será mejorar la seguridad del suministro eléctrico en la zona central asturiana.
La publicación del expediente supone un avance administrativo importante, porque permite conocer las características de la instalación y abre la posibilidad de presentar alegaciones.
Pero también revela una cuestión fundamental.
Esta línea todavía no dispone de todas las autorizaciones necesarias para construirse y su ejecución está condicionada a la aprobación definitiva de la planificación eléctrica correspondiente.
Por tanto, aunque se haya iniciado su tramitación, no puede confundirse con una infraestructura ya construida o disponible para las empresas.
Reboria, la siguiente pieza del proyecto en Gijón
La nueva línea terminará en la futura subestación de Reboria, situada en Gijón.
Su expediente también se publicó el 8 de octubre e incluye las solicitudes de autorización administrativa, declaración de utilidad pública y evaluación ambiental.
La importancia de esta instalación reside en su función dentro de la futura red.
Una nueva línea de alta tensión necesita subestaciones adecuadas para recibir y transportar la electricidad.
De ahí que el desarrollo del anillo requiera coordinar los calendarios de líneas y subestaciones.
Si una infraestructura termina antes que las instalaciones a las que debe conectarse, su aprovechamiento puede quedar condicionado.
El éxito del anillo no dependerá únicamente de que avance cada obra por separado, sino de que todas sus piezas puedan funcionar conjuntamente.
¿Cuándo estará terminado el anillo eléctrico?
Esta es una de las principales preguntas que quedan abiertas después de las declaraciones de Borja Sánchez.
La documentación disponible permite establecer algunos plazos.
La subestación de Cardoso comenzó sus obras durante el verano de 2026 y cuenta con una previsión de ejecución de aproximadamente 18 meses.
La línea Cardoso-Reboria y la nueva subestación de Reboria están en fase de tramitación administrativa.
Otras actuaciones asociadas al refuerzo de la red tienen sus propios expedientes y calendarios.
Además, la planificación eléctrica estatal para el periodo 2025-2030 todavía debe completar los trámites correspondientes.
Eso impide fijar una fecha única y plenamente confirmada para el funcionamiento integral del anillo.
El viceconsejero de Industria, Juan Carlos Campo, aseguró el pasado 7 de octubre que los procedimientos estaban avanzados y que el Principado había trabajado con Red Eléctrica para anticipar parte de los trámites.
Sin embargo, una cosa es mantener en marcha los expedientes y otra conseguir que el conjunto de instalaciones entre en servicio dentro de un calendario determinado.
Por ahora, no existe una fecha pública única y confirmada para la puesta en funcionamiento de todo el anillo eléctrico central.
Borja Sánchez defiende una nueva generación de industrias para Asturias
Durante su intervención de este martes en la Junta General, Borja Sánchez ha defendido que la disponibilidad de energía limpia y competitiva constituye una oportunidad para la economía asturiana.
El consejero considera que la comunidad dispone de ventajas para mantener su actual tejido industrial y atraer nuevas actividades.
Entre los sectores mencionados figuran los combustibles sintéticos, la fabricación de componentes para baterías y los centros de datos.
También ha destacado la progresiva electrificación del transporte y de otros usos energéticos.
Son actividades que pueden necesitar grandes cantidades de electricidad.
Los centros de datos requieren suministro continuo para alimentar servidores y sistemas de refrigeración.
Las instalaciones relacionadas con combustibles sintéticos pueden incorporar procesos electrointensivos, dependiendo de la tecnología utilizada.
Y la fabricación de determinados componentes industriales también necesita electricidad en distintas fases de producción.
Pero la disponibilidad energética no es el único factor que determina dónde invierten las empresas.
También influyen el precio de la electricidad, la disponibilidad de suelo industrial, las comunicaciones, la fiscalidad y la existencia de trabajadores cualificados.
Tener una buena red eléctrica puede ser una condición necesaria para determinadas inversiones, pero no garantiza que esas inversiones terminen materializándose en Asturias.
La gran pregunta: ¿tendrán las empresas electricidad suficiente y a un precio competitivo?
Aquí aparece una de las principales cuestiones que merecen una comprobación crítica.
El consejero ha insistido en la oportunidad que representa disponer de energía limpia, abundante y competitiva.
Sin embargo, conviene distinguir dos conceptos que frecuentemente aparecen mezclados en el debate público.
Una cosa es la capacidad de transportar electricidad y otra el precio que pagan las empresas por consumirla.
El anillo eléctrico está destinado a reforzar la primera.
Puede mejorar la seguridad del suministro, facilitar nuevas conexiones y contribuir a reducir determinadas restricciones técnicas.
Pero no fija directamente el precio de la electricidad.
Tampoco determina por sí solo los contratos que las empresas negocian con sus comercializadoras.
El coste final depende de factores como la evolución del mercado, los contratos de suministro, los peajes y otros componentes.
Esta distinción resulta especialmente importante para Asturias.
Las industrias electrointensivas compiten con instalaciones situadas en otros países, donde las condiciones energéticas pueden ser diferentes.
Una planta industrial puede disponer de electricidad suficiente y continuar afrontando dificultades de competitividad si su coste resulta elevado.
El anillo eléctrico puede resolver parte del problema de infraestructura, pero no sustituye una política energética que permita a las empresas acceder a electricidad con precios asumibles.
¿Cuántos empleos permitirá crear o conservar?
El Gobierno vincula el anillo eléctrico con el mantenimiento de la actividad industrial y la llegada de nuevas inversiones.
La relación económica resulta comprensible.
Si una empresa no puede disponer de la potencia necesaria para ampliar sus instalaciones, puede verse obligada a retrasar o modificar sus proyectos.
Si la red mejora, determinadas inversiones pueden resultar técnicamente viables.
Pero sería incorrecto convertir esa relación en una cifra concreta de puestos de trabajo sin disponer de proyectos empresariales identificados.
La documentación disponible no ofrece una estimación oficial contrastable de cuántos empleos se crearán o conservarán directamente gracias al anillo eléctrico.
Tampoco permite atribuir a la infraestructura una determinada cantidad de inversiones privadas futuras.
Para medir esos efectos sería necesario conocer las solicitudes de conexión de empresas, las necesidades de potencia asociadas a proyectos concretos y sus compromisos de inversión.
El impacto industrial puede ser muy relevante, pero todavía no es posible cuantificarlo con rigor.
¿Puede Asturias perder inversiones si las infraestructuras se retrasan?
La planificación de una inversión industrial de gran tamaño puede requerir varios años.
Las empresas necesitan conocer con suficiente antelación si dispondrán de los suministros necesarios cuando entren en funcionamiento sus instalaciones.
En proyectos intensivos en electricidad, la disponibilidad de capacidad de conexión puede convertirse en un elemento decisivo.
Por eso, los retrasos administrativos o constructivos pueden introducir incertidumbre.
Sin embargo, tampoco sería correcto afirmar que Asturias haya perdido determinadas inversiones por culpa del anillo eléctrico sin identificar los proyectos y acreditar esa relación.
Lo que sí existe es un riesgo evidente: la falta de sincronización entre la demanda empresarial y el desarrollo de las infraestructuras.
La planificación eléctrica debe adelantarse a las necesidades industriales. Si llega demasiado tarde, su utilidad económica puede reducirse considerablemente.
El impacto ambiental: nuevas torres y terrenos afectados
El desarrollo del anillo eléctrico también tiene consecuencias territoriales.
La línea Cardoso-Reboria tendrá casi once kilómetros de longitud y atravesará terrenos de Carreño, Corvera y Gijón.
El proyecto prevé una infraestructura aérea sostenida por torres metálicas.
Estas instalaciones requieren ocupaciones de suelo y pueden generar servidumbres relacionadas con el trazado y la seguridad eléctrica.
Su construcción debe analizar las posibles afecciones sobre el paisaje, la vegetación, la fauna y los usos del territorio.
La documentación sometida a información pública incluye planos y una relación de bienes y derechos afectados.
Los propietarios interesados podrán examinar el expediente y presentar las alegaciones correspondientes.
Red Eléctrica ha optado por someter el proyecto a una evaluación ambiental ordinaria debido a su vinculación con otras infraestructuras previstas.
El interés industrial del anillo no elimina la obligación de evaluar sus efectos ambientales ni los derechos de los propietarios afectados.
¿Cuánto costará en total?
La construcción de estas infraestructuras corresponde a Red Eléctrica dentro del marco de planificación y regulación de la red de transporte.
La empresa ha comunicado una inversión de 26,5 millones de euros para la subestación de Cardoso y su conexión.
A esa cantidad se suma el presupuesto de unos 8,38 millones correspondiente a la línea Cardoso-Reboria.
Sin embargo, sería incorrecto sumar ambas cifras y presentar el resultado como el coste total del anillo.
El proyecto incluye diferentes actuaciones, algunas todavía en fase administrativa.
No existe en la documentación examinada una cifra única y definitiva que represente el coste completo de la infraestructura.
Las inversiones en redes de transporte forman parte, además, de un sistema regulado cuya financiación y retribución se integran en el marco económico del sistema eléctrico.
Por tanto, la eficiencia de las inversiones y su utilidad para el conjunto del sistema también deben formar parte de su evaluación.
Asturias tiene una oportunidad, pero no un cheque en blanco
La intervención de Borja Sánchez transmite un mensaje de confianza en el futuro industrial del Principado.
El Gobierno considera que el refuerzo de las infraestructuras permitirá aprovechar las ventajas energéticas de Asturias y acompañar los procesos de modernización de las empresas.
La documentación técnica respalda la necesidad de mejorar la red de transporte.
Existen proyectos autorizados, obras iniciadas y nuevos expedientes en tramitación.
Pero también hay elementos que aconsejan moderar las expectativas.
El primero es el calendario. Las actuaciones no entrarán en servicio simultáneamente y algunas siguen pendientes de decisiones administrativas.
El segundo es el coste de la electricidad. La disponibilidad de infraestructura no garantiza precios competitivos.
El tercero es la materialización de las inversiones. Una red reforzada puede facilitar nuevas implantaciones industriales, pero será necesario comprobar qué empresas deciden finalmente invertir.
Y el cuarto es la integración territorial y ambiental de las nuevas instalaciones.
La importancia del proyecto no está en discusión. Lo que todavía debe demostrarse es que su ejecución llegará a tiempo para responder a las necesidades reales de la industria asturiana.
El futuro industrial de Asturias dependerá de algo más que de construir líneas eléctricas
Asturias afronta una transformación industrial de gran alcance.
Sus grandes fábricas deben adaptarse a nuevas exigencias ambientales, mejorar su eficiencia energética y competir en mercados internacionales.
Al mismo tiempo, la comunidad aspira a atraer actividades relacionadas con nuevas tecnologías y procesos productivos.
El anillo eléctrico central puede convertirse en una pieza importante de esa estrategia.
La subestación de Cardoso ya ha iniciado su recorrido constructivo.
La nueva línea hacia Reboria ha dado un paso administrativo relevante.
Y otras actuaciones continúan avanzando dentro de la planificación energética.
Pero la historia no termina con la construcción de una red de 400.000 voltios.
El verdadero éxito llegará cuando las empresas puedan utilizar esa infraestructura para mantener sus instalaciones, modernizar sus procesos y desarrollar inversiones que generen actividad económica estable.
Borja Sánchez ha defendido hoy que la disponibilidad de energía limpia, competitiva y abundante representa una oportunidad industrial extraordinaria.
Sin embargo, entre esa oportunidad y su aprovechamiento existe un recorrido exigente: proyectos, autorizaciones, financiación, obras y decisiones empresariales.
El anillo eléctrico puede contribuir a que la industria asturiana afronte ese recorrido con mejores condiciones.
Pero no sustituye el resto de los factores que determinan su competitividad.
Asturias necesita más capacidad eléctrica para sostener su futuro industrial. La cuestión decisiva ya no es únicamente construir el anillo, sino hacerlo a tiempo, garantizar que funcione y conseguir que las inversiones se conviertan en fábricas, actividad y empleo.

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