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El teatro costumbrista asturiano ya es patrimonio protegido: un siglo de humor, lengua y memoria popular conquista el reconocimiento de bien de interés cultural

El teatro costumbrista asturiano ya es patrimonio protegido: un siglo de humor, lengua y memoria popular conquista el reconocimiento de bien de interés culturalCultura
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El Principado declara bien de interés cultural inmaterial una tradición teatral nacida en los barrios obreros de Gijón hace más de cien años. Desde Pachín de Melás y Eladio Verde hasta las compañías que siguen llenando teatros y casas de cultura, el reconocimiento protege una forma de contar la vida de Asturias que ha sobrevivido a guerras, dictaduras y transformaciones sociales. La declaración abre ahora un nuevo desafío: garantizar que las próximas generaciones continúen representando estas obras y creando otras nuevas.

Oviedo, 13 de octubre de 2026. Durante más de cien años, los escenarios de Asturias han visto desfilar a paisanos desconfiados, mujeres de carácter, novios que no terminaban de entenderse, suegras imposibles, vecinos entrometidos y personajes que, entre discusiones, equívocos y ocurrencias, conseguían que el público se reconociese en ellos y se echase a reír.

Aquellos personajes hablaban como se hablaba en las casas, en las aldeas, en las fábricas y en las calles. Contaban historias cercanas, muchas veces disparatadas, pero siempre reconocibles.

No necesitaban grandes decorados ni escenarios monumentales. Bastaban unas sillas, una mesa, una puerta por la que entrase el personaje inoportuno y unos actores capaces de convertir cualquier conversación cotidiana en una comedia.

Era el teatro costumbrista asturiano.

Hoy, más de un siglo después de su nacimiento, el Gobierno del Principado ha aprobado su declaración como bien de interés cultural (BIC) de carácter inmaterial, reconociendo oficialmente una manifestación artística que forma parte de la identidad cultural de Asturias.

El acuerdo, adoptado este martes por el Consejo de Gobierno, culmina un procedimiento administrativo iniciado en febrero de 2025 y respaldado posteriormente por el Consejo del Patrimonio Cultural.

La declaración reconoce el valor de una tradición que ha mantenido el asturiano sobre los escenarios, ha acercado la cultura a generaciones de espectadores y ha permitido que cientos de personas participasen en la actividad teatral sin necesidad de convertirse en profesionales.

Pero el reconocimiento va mucho más allá del humor.

El teatro popular asturiano constituye también una memoria colectiva: una manera de recordar cómo vivían, hablaban, trabajaban, discutían y se divertían los asturianos de otras épocas.

Todo comenzó en los barrios obreros de Gijón

Para encontrar los orígenes del teatro popular asturiano hay que viajar al Gijón de las primeras décadas del siglo XX.

Era una ciudad industrial en transformación, con una creciente población trabajadora, movimientos asociativos y organizaciones culturales que intentaban mejorar las condiciones de vida y ampliar el acceso a la educación.

En ese ambiente surgieron las Sociedades de Cultura e Higiene, entidades populares que combinaban actividades educativas, iniciativas comunitarias y propuestas culturales.

Entre esas actividades comenzó a ocupar un lugar destacado el teatro.

Los propios trabajadores participaban en la organización de las funciones, interpretaban los personajes y asistían como espectadores.

Las representaciones se celebraban en espacios vinculados a las asociaciones y, en muchas ocasiones, tenían fines benéficos.

Su planteamiento rompía con la idea de que el teatro fuese una actividad reservada a las clases acomodadas o a compañías profesionales.

Quienes trabajaban durante el día en talleres, fábricas y otros oficios podían convertirse por la noche en actores y actrices.

Y quienes acudían a verlos encontraban sobre las tablas personajes que compartían su lenguaje, sus preocupaciones y sus formas de entender la vida.

El fenómeno se extendió rápidamente por Asturias gracias a una red de asociaciones culturales y agrupaciones teatrales.

Así nació un movimiento que terminaría arraigando en numerosos concejos y que, con diferentes etapas de esplendor y dificultades, ha logrado mantenerse hasta nuestros días.

Pachín de Melás, uno de los grandes nombres de aquella revolución teatral

Hablar de los comienzos del teatro costumbrista asturiano obliga a recordar a Pachín de Melás, seudónimo de Emilio Robles Muñiz, una de las figuras fundamentales de la literatura y la escena popular asturiana.

Su trabajo contribuyó a consolidar un repertorio de obras escritas en asturiano que conectaba directamente con los espectadores.

Los argumentos recurrían a situaciones reconocibles, conflictos familiares, diferencias sociales y comportamientos humanos que resultaban especialmente eficaces sobre el escenario.

El humor era una herramienta fundamental, pero no la única.

Detrás de muchas escenas había una observación de la vida cotidiana, de las costumbres y de las contradicciones sociales.

Pachín de Melás forma parte de una tradición literaria que encontró en las compañías populares una vía extraordinaria para llegar al público.

Sus obras fueron representadas por agrupaciones que no siempre contaban con grandes medios, pero que conseguían mantener una relación muy estrecha con los espectadores.

Con el paso del tiempo, su nombre quedó asociado a los orígenes de una forma de hacer teatro que acabaría convirtiéndose en una de las expresiones culturales más características del Principado.

Junto a él fueron apareciendo otros autores que ampliaron y enriquecieron el repertorio.

Eladio Verde, Eloy Fernández Caravera y León Delestal: los autores que hicieron reír a generaciones

La historia del teatro costumbrista asturiano está construida sobre las obras de numerosos dramaturgos.

Entre los nombres que las compañías han mantenido vivos destacan Eladio Verde, Eloy Fernández Caravera, León Delestal y Malgor, además de Pachín de Melás.

Sus textos forman parte del repertorio histórico que distintas agrupaciones han recuperado y representado durante décadas.

Eladio Verde ocupa un lugar especialmente destacado por su aportación a la consolidación de la fórmula clásica del teatro popular asturiano.

Sus comedias recreaban situaciones cotidianas, relaciones familiares y personajes reconocibles, utilizando un lenguaje cercano al público.

El humor surgía frecuentemente de los equívocos, los enfrentamientos de carácter y las contradicciones entre lo que los personajes decían y lo que realmente pretendían conseguir.

En estas obras era habitual encontrar a una mujer con suficiente personalidad para imponer su criterio, un marido que intentaba aparentar autoridad, jóvenes enamorados enfrentados a obstáculos familiares y vecinos que terminaban complicándolo todo.

La eficacia de esas situaciones explica que muchas piezas hayan seguido representándose durante generaciones.

Pero la tradición no ha permanecido congelada.

Autores más recientes, como Arsenio González, han contribuido también a ampliar el repertorio y mantener la continuidad de una expresión teatral que sigue encontrando espectadores.

Los personajes que hicieron del humor asturiano una forma de reconocerse

Una de las características más importantes del teatro costumbrista es su manera de construir personajes.

No son necesariamente individuos extraordinarios. Al contrario: suelen representar tipos humanos perfectamente reconocibles.

Aparecen el paisano testarudo, la mujer que lleva las riendas de la casa, el joven enamorado, la muchacha que no se deja convencer fácilmente, el vecino que presume de saberlo todo y el forastero que altera el equilibrio de la comunidad.

La investigación histórica incorporada al expediente de protección identifica precisamente personajes recurrentes como los mayores de la familia, las parejas protagonistas, los personajes cómicos y el forastero.

También destaca la importancia de las relaciones familiares, las costumbres, las formas tradicionales de trabajo y la convivencia comunitaria.

Pero existe un ingrediente que atraviesa buena parte de las obras: la sorna asturiana.

Ese humor que muchas veces no necesita una gran ocurrencia, sino una frase aparentemente inocente, una respuesta inesperada o una mirada que deja al descubierto lo absurdo de una situación.

El público reconoce los códigos.

Sabe cuándo un personaje está exagerando, cuándo intenta engañar a otro y cuándo una frase encierra mucho más de lo que aparentemente dice.

Esa complicidad constituye una de las principales fortalezas del teatro popular.

No se trata simplemente de contar un chiste.

Se trata de compartir una manera de interpretar el mundo.

El asturiano, la lengua que nunca abandonó el escenario

El reconocimiento como bien de interés cultural destaca especialmente la contribución del teatro popular a la conservación de la lengua asturiana.

Durante buena parte del siglo XX, el asturiano careció de presencia en numerosos ámbitos institucionales, educativos y administrativos.

Sin embargo, continuó utilizándose en la vida cotidiana y encontró en las representaciones teatrales uno de sus espacios públicos más reconocibles.

Los personajes hablaban en asturiano porque era la lengua natural de sus historias.

Y el público escuchaba sobre el escenario expresiones, giros y formas de hablar que formaban parte de su propia experiencia.

Esta continuidad adquirió especial importancia durante el franquismo, cuando la utilización pública de las lenguas distintas del castellano estuvo condicionada por restricciones y por las políticas culturales del régimen.

El teatro popular asturiano sobrevivió durante aquella etapa, aunque experimentó transformaciones en sus temáticas y formas de representación.

La investigación que fundamenta la declaración patrimonial señala que el repertorio fue desplazándose hacia ambientes rurales y fórmulas más vinculadas al folclore.

Sin embargo, esa transformación no supuso la desaparición de la lengua asturiana de los escenarios.

El teatro contribuyó a mantener vivo un patrimonio lingüístico que hoy constituye uno de los elementos centrales de su reconocimiento cultural.

La protección aprobada por el Principado no se limita, por tanto, a una determinada forma de representación.

También reconoce su papel en la transmisión intergeneracional del asturiano.

Una tradición que sobrevivió a la Guerra Civil y a la dictadura

La trayectoria del teatro popular asturiano no fue una sucesión ininterrumpida de éxitos.

Durante la Guerra Civil, las condiciones políticas y sociales transformaron profundamente la actividad cultural.

Entre 1936 y 1937, las compañías quedaron vinculadas a las estructuras de espectáculos organizadas en el territorio republicano asturiano, con presencia de las organizaciones sindicales.

Muchas funciones adquirieron un carácter político o benéfico.

Posteriormente, durante la dictadura franquista, el teatro popular experimentó nuevas adaptaciones.

La presión de la política cultural oficial favoreció determinados repertorios y representaciones folclóricas, mientras otras expresiones tuvieron mayores dificultades para desarrollarse.

Las compañías atravesaron también problemas económicos y organizativos.

El expediente patrimonial identifica una etapa especialmente complicada entre 1949 y 1955, cuando diversas iniciativas empresariales no consiguieron consolidarse y disminuyó el número de representaciones.

Pero el movimiento no desapareció.

Las agrupaciones populares continuaron recuperando obras y organizando funciones en diferentes espacios.

Con el paso de las décadas, el teatro volvió a encontrar nuevas fórmulas de relación con el público.

A partir de los años ochenta, las representaciones en fiestas, asociaciones y equipamientos culturales contribuyeron a revitalizar su presencia.

Posteriormente llegaron los certámenes, las muestras de teatro aficionado y los programas impulsados por ayuntamientos y entidades culturales.

La continuidad durante más de cien años es uno de los argumentos fundamentales que justifican su protección patrimonial.

La Compañía Asturiana de Comedias, una institución que ha mantenido viva la tradición

Entre las agrupaciones fundamentales para comprender esta historia destaca la Compañía Asturiana de Comedias.

Su trayectoria se remonta a los primeros años del siglo XX y constituye uno de los ejemplos más importantes de continuidad del teatro popular asturiano.

La compañía desarrolló una intensa actividad y llegó a vivir una etapa de especial proyección durante los años cincuenta.

Sus representaciones recorrieron diferentes puntos de España y también llegaron al otro lado del Atlántico.

La agrupación actuó en Cuba, República Dominicana y Puerto Rico, llevando a las comunidades emigrantes una parte de la cultura de su tierra de origen.

Aquellas actuaciones tenían una dimensión que trascendía el entretenimiento.

Para muchos emigrantes asturianos, escuchar su lengua y contemplar personajes que recreaban las costumbres de Asturias suponía recuperar durante unas horas una parte de su vida anterior.

Después de atravesar una etapa de menor actividad durante los años setenta, la compañía recuperó su impulso a partir de 1986.

Desde entonces ha seguido representando obras del repertorio clásico y también ha incorporado creaciones más recientes.

Su filosofía mantiene una idea fundamental: llevar el teatro allí donde exista un público dispuesto a disfrutarlo.

No importa que se trate de un gran escenario, una casa de cultura o una localidad pequeña.

La función principal sigue siendo la misma: mantener viva una tradición que pertenece a la comunidad.

Una prueba de que el teatro costumbrista sigue vivo: «Doña Josefa», estrenada este verano

El reconocimiento aprobado hoy no llega para proteger una expresión artística desaparecida.

El teatro popular asturiano continúa produciendo espectáculos y recuperando obras históricas.

Un ejemplo especialmente reciente es «Doña Josefa», de Eladio Verde, recuperada por la Compañía Asturiana de Comedias.

La producción se estrenó el pasado 15 de agosto de 2026 en el Teatro Prendes de Candás.

La obra sitúa su acción en una aldea asturiana de los años cincuenta, con personajes que se enfrentan a problemas cotidianos, relaciones sentimentales y conflictos familiares.

La compañía decidió recuperar el espíritu de las representaciones originales, manteniendo buena parte de sus características, pero utilizando los recursos técnicos actuales.

El reparto incluye intérpretes como Bibiana Vega, Marta Casas, Mar Buelga, Armando Felgueroso, Juan Peláez y Norberto Sánchez, entre otros.

El montaje constituye un ejemplo de cómo las compañías actuales pueden recuperar una obra clásica y presentarla a espectadores de diferentes generaciones.

Para quienes conocieron estas representaciones décadas atrás, supone una oportunidad de reencontrarse con un repertorio familiar.

Para los espectadores más jóvenes, permite descubrir una forma de teatro vinculada a la historia social y cultural de Asturias.

Esa transmisión entre generaciones es precisamente uno de los valores que pretende preservar la declaración patrimonial.

FETEAS y los grupos aficionados: los verdaderos guardianes de esta tradición

El teatro popular asturiano no puede entenderse únicamente a través de sus grandes autores.

Su continuidad depende también de las agrupaciones que han mantenido las representaciones durante décadas.

La Federación de Asociaciones de Teatro del Principado de Asturias, FETEAS, desempeña un papel destacado en la organización y promoción del teatro aficionado.

Las muestras, certámenes y actividades desarrolladas en distintos concejos permiten que numerosas compañías encuentren espacios para actuar.

Esta estructura ha contribuido a sostener un circuito teatral complementario al comercial.

Y eso tiene una importancia cultural considerable.

Mientras los grandes teatros concentran buena parte de la programación profesional, las agrupaciones aficionadas mantienen una actividad que llega a concejos y localidades con menor oferta escénica.

En muchos casos, los integrantes de estas compañías compaginan los ensayos y las funciones con sus respectivos trabajos.

La actividad teatral depende de su dedicación personal, del apoyo de los ayuntamientos y de la colaboración de asociaciones culturales.

El expediente que fundamenta la declaración de BIC recoge una estimación de cerca de un millar de obras vinculadas al teatro popular asturiano, más de un centenar de representaciones anuales y alrededor de una decena de certámenes especializados.

Estas cifras proceden de la documentación que acompañó al procedimiento de protección y no deben interpretarse como un recuento actualizado de la actividad correspondiente exclusivamente a 2026.

En cualquier caso, reflejan la dimensión cultural de un movimiento que va mucho más allá de unas pocas compañías históricas.

El verdadero patrimonio no está únicamente en los textos conservados, sino también en las personas que siguen reuniéndose para ensayarlos y representarlos.

Taresa Cónsul y las mujeres que también escribieron la historia del teatro asturiano

El reconocimiento patrimonial permite recuperar también figuras que durante mucho tiempo han recibido menor atención.

Una de ellas es Taresa Cónsul, considerada la primera mujer conocida que escribió teatro en lengua asturiana.

Su figura fue uno de los elementos destacados de la programación cultural de la XLVII Selmana de les Lletres Asturianes de 2026, dedicada precisamente al teatro costumbrista.

La Consejería de Cultura anunció que esta edición recorrería la evolución de las artes escénicas en asturiano desde el siglo XVII hasta la actualidad.

La recuperación de Taresa Cónsul permite recordar que la creación teatral asturiana no fue exclusivamente masculina.

Aunque muchos de los autores más conocidos del repertorio clásico fueron hombres, las mujeres participaron en la interpretación, organización y transmisión de estas obras.

Además, las actrices han desempeñado un papel fundamental en la construcción de personajes que forman parte de la memoria popular.

La declaración como BIC ofrece una oportunidad para investigar y difundir esas aportaciones, así como para recuperar textos y trayectorias todavía poco conocidos.

También permite poner en valor la creación contemporánea de nuevas dramaturgas y directoras.

¿Qué significa realmente que el teatro costumbrista sea bien de interés cultural?

La declaración aprobada hoy supone el reconocimiento de una manifestación cultural inmaterial.

Es importante entender esa diferencia.

Cuando se declara BIC un edificio histórico, la protección se refiere a un inmueble concreto, con sus características arquitectónicas y patrimoniales.

En el caso del teatro popular asturiano, lo que se protege es una tradición cultural viva.

Su valor reside en un conjunto de elementos: las obras, el idioma, las formas de representación, las prácticas teatrales, la transmisión de conocimientos y la comunidad que mantiene la actividad.

La Ley de Patrimonio Cultural de Asturias y la normativa estatal sobre patrimonio inmaterial permiten reconocer estas manifestaciones como parte del patrimonio colectivo.

El objetivo consiste en favorecer su identificación, documentación, estudio, conservación y transmisión.

Esto puede traducirse en nuevas actuaciones de investigación, digitalización de textos, actividades educativas, difusión y apoyo a las agrupaciones teatrales.

Sin embargo, conviene precisar que la declaración como BIC no supone automáticamente la concesión de subvenciones a todas las compañías ni garantiza una programación estable en los teatros públicos.

Esas medidas requerirían decisiones administrativas y presupuestarias adicionales.

Tampoco significa que las obras tradicionales queden congeladas y deban representarse siempre de la misma manera.

La conservación del patrimonio inmaterial debe permitir que las expresiones culturales evolucionen sin perder los elementos que les dan identidad.

El teatro popular ha cambiado durante cien años.

Su futuro dependerá también de que pueda continuar haciéndolo.

El gran desafío: conseguir que los jóvenes suban al escenario

El reconocimiento oficial llega en un momento en el que muchas expresiones culturales tradicionales afrontan dificultades para garantizar el relevo generacional.

El teatro costumbrista tiene una fortaleza importante: mantiene un repertorio reconocible y una relación muy estrecha con el público.

Pero también debe conseguir que nuevos intérpretes, dramaturgos, directores y espectadores se incorporen a su actividad.

Esa renovación no depende exclusivamente de recuperar obras clásicas.

También exige facilitar la creación contemporánea en asturiano y permitir que el teatro popular aborde los problemas y las situaciones de la sociedad actual.

Los conflictos familiares, las relaciones de pareja, la convivencia entre generaciones o las diferencias sociales continúan ofreciendo materiales para la comedia.

Pero la Asturias de hoy no es la misma que la de 1920.

Los cambios en la vida rural, el envejecimiento, la emigración, las nuevas tecnologías y las transformaciones de las relaciones personales pueden encontrar también su lugar sobre los escenarios.

La tradición ha sobrevivido precisamente porque ha sabido adaptarse.

El desafío consiste ahora en mantener ese equilibrio entre continuidad y renovación.

La música, otro elemento inseparable de las representaciones

Aunque el humor y los diálogos suelen ocupar el centro de atención, la música ha acompañado al teatro popular asturiano desde sus orígenes.

En las primeras décadas del siglo XX era habitual que las representaciones teatrales compartiesen programa con canciones y otras actuaciones.

Las obras breves se integraban en espectáculos de variedades, sainetes y zarzuelas.

Con el tiempo, la música popular asturiana fue incorporándose también como recurso dramático.

Permitía crear ambientes, acompañar escenas y reforzar la identificación del público con los personajes.

La investigación patrimonial destaca precisamente esta relación entre teatro y música como una de las características del movimiento.

Las canciones no eran únicamente un complemento destinado a entretener.

Formaban parte del universo cultural compartido por intérpretes y espectadores.

Esa conexión explica que distintas figuras vinculadas a la música asturiana participasen también en la actividad escénica.

La combinación de palabra, música y humor contribuyó a construir una fórmula teatral especialmente cercana al público.

De Gijón a los pueblos: una cultura que nunca necesitó grandes escenarios

Otra de las singularidades del teatro popular asturiano es su capacidad para mantenerse fuera de los grandes circuitos comerciales.

Durante décadas, las representaciones han llegado a casas de cultura, asociaciones, centros sociales, festivales y celebraciones populares.

La proximidad entre actores y espectadores constituye una parte esencial de su identidad.

En muchas ocasiones, quienes interpretan las obras pertenecen a la misma comunidad que acude a verlas.

Esa relación genera una complicidad difícil de reproducir en otros formatos.

Los personajes pueden recordar a vecinos conocidos y las situaciones evocan experiencias compartidas.

El público se ríe de los equívocos, pero también de sí mismo.

Por eso, el teatro costumbrista no puede reducirse a un género escénico.

Es también una forma de convivencia comunitaria.

Una actividad capaz de reunir a personas de distintas edades alrededor de historias que forman parte de su memoria colectiva.

Del reconocimiento oficial a la protección efectiva

El acuerdo adoptado hoy supone un reconocimiento histórico, pero abre también nuevas responsabilidades.

La primera es conservar y estudiar el patrimonio documental.

Numerosas obras forman parte de repertorios que se han transmitido mediante publicaciones, archivos particulares y documentación de las compañías.

La localización, catalogación y digitalización de esos materiales permitiría facilitar su consulta y evitar pérdidas.

La segunda responsabilidad es apoyar la continuidad de las representaciones.

La protección de una tradición viva necesita que existan oportunidades para seguir practicándola.

La tercera es favorecer el relevo generacional.

La participación de jóvenes intérpretes y nuevos autores puede contribuir a que el teatro popular continúe evolucionando.

Y la cuarta consiste en ampliar su difusión.

El reconocimiento como patrimonio cultural puede servir para acercar estas obras a centros educativos, nuevos públicos y personas que desconocen su importancia histórica.

Estas son posibles líneas de actuación derivadas del valor patrimonial reconocido, aunque el acuerdo anunciado hoy no concreta todavía un presupuesto ni un calendario específico para desarrollarlas.

La diferencia entre declarar una tradición patrimonio cultural y garantizar efectivamente su continuidad dependerá de las actuaciones que se impulsen durante los próximos años.

Un siglo de risas que también cuenta la historia de Asturias

El teatro costumbrista asturiano ha atravesado más de cien años de transformaciones sociales, políticas y culturales.

Nació en una sociedad industrial que buscaba nuevas formas de participación cultural.

Sobrevivió a la Guerra Civil y a las dificultades de la dictadura.

Encontró nuevas oportunidades en las asociaciones, los festivales y los programas municipales.

Y ha llegado hasta el siglo XXI gracias a compañías que continúan recuperando obras clásicas y estrenando nuevas propuestas.

Durante ese recorrido ha mantenido algunos de sus rasgos fundamentales: el asturiano como lengua escénica, el humor como herramienta narrativa y la participación popular como forma de entender la cultura.

Sus personajes han discutido por herencias, amores, propiedades, matrimonios y problemas cotidianos.

Han exagerado comportamientos, ridiculizado defectos y convertido pequeñas disputas familiares en grandes conflictos teatrales.

Pero, sobre todo, han conseguido algo que ninguna declaración administrativa puede fabricar: que varias generaciones de asturianos se reconozcan en las historias representadas.

El Consejo de Gobierno ha decidido ahora otorgar a esa tradición la máxima categoría de protección patrimonial del Principado.

El reconocimiento llega después de más de un siglo de actividad.

Y permite recordar que una parte importante de la cultura asturiana no nació en grandes instituciones, sino en asociaciones de barrio, escenarios modestos y reuniones de vecinos.

Porque el teatro costumbrista no ha conservado únicamente una manera de hablar o de hacer reír. Ha mantenido viva una forma de contar quiénes somos, cómo hemos vivido y qué cosas nos siguen haciendo reconocernos como asturianos.

Y mientras haya alguien dispuesto a subir a un escenario para contar esas historias, y un público preparado para escucharlas y reírse con ellas, esa tradición continuará formando parte de la vida de Asturias.

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