El martes 6 de octubre de 2026 terminó una de las historias más extraordinarias del fútbol internacional. Leo Messi, el niño de Rosario que llegó a Barcelona con trece años y terminó ganándolo prácticamente todo, se despidió de la selección argentina. Lo hizo en Buenos Aires, en una jornada cargada de emoción, mientras su despedida definitiva del fútbol de clubes todavía no tiene fecha oficial.
La retirada internacional ha vuelto a poner sobre la mesa una discusión que atraviesa generaciones: ¿es Messi el mejor futbolista que ha existido jamás? Pelé, Maradona, Alfredo Di Stéfano, Johan Cruyff o Cristiano Ronaldo representan distintas formas de grandeza. La comparación admite matices, pero el argentino presenta un argumento formidable: excelencia técnica, producción ofensiva, títulos y una continuidad que pocos jugadores han podido siquiera aproximarse a igualar.
La coincidencia con Asturias tiene un significado especial. Messi estará en Oviedo el jueves 22 de octubre para encontrarse con escolares y recibirá el Premio Princesa de Asturias de los Deportes el viernes 23, en el Teatro Campoamor. Una ocasión para contemplar su trayectoria con perspectiva histórica.
Un palmarés que parece imposible de repetir
La Fundación Princesa de Asturias presenta a Messi como el futbolista con más títulos colectivos de la historia: 47 trofeos. A esa colección se suman ocho Balones de Oro, seis Botas de Oro y cuatro Ligas de Campeones con el Barcelona. En España conquistó diez Ligas, siete Copas del Rey y ocho Supercopas.
Pero la dimensión de Messi va más allá de sus trofeos. Durante buena parte de dos décadas fue al mismo tiempo goleador, asistente, regateador y director de juego. Marcaba, construía, atraía defensores, aceleraba los ataques y elegía el último pase. No sobresalió en una sola función: fue determinante en casi todas las facetas ofensivas.
Su récord de 91 goles en un año natural, establecido en 2012, ilustra esa dimensión. En la Liga 2011-2012 alcanzó 50 tantos. Y cuando muchos futbolistas de su generación ya habían abandonado la élite, él lideró a Argentina hasta conquistar el Mundial de Catar 2022.
Messi frente a Maradona: el genio de un Mundial contra el genio de veinte años
La comparación más apasionada enfrenta a Messi con Diego Armando Maradona. Durante años, el argumento más repetido contra Leo fue sencillo: Diego había conquistado un Mundial y él no.
Maradona protagonizó en México 1986 una de las actuaciones individuales más asombrosas de la historia. Su encuentro ante Inglaterra, la exhibición frente a Bélgica y el liderazgo en la final contra Alemania Federal crearon una leyenda irrepetible. Además, convirtió al Nápoles en campeón de Italia por primera vez y le dio dos títulos de Liga, en 1987 y 1990, frente al poder de los grandes clubes del norte.
Su grandeza no puede medirse solo en estadísticas: transformó la identidad de una ciudad y se convirtió en un símbolo argentino. Pero el panorama cambió cuando Messi conquistó la Copa América de 2021, el Mundial de 2022 y la Copa América de 2024. El argentino cerró su recorrido con una trayectoria internacional mucho más larga, más partidos y más goles.
Maradona quizá firmó una de las cumbres individuales más intensas jamás vistas. Messi acumuló grandes actuaciones en muchos más escenarios y durante un periodo considerablemente superior. Si la medida es el impacto de México 86, Diego ofrece argumentos extraordinarios. Si cuenta la totalidad de la carrera, Messi tiene una candidatura más completa.
Pelé: el único futbolista que ganó tres Mundiales
Pelé representa el gran desafío histórico. Conquistó las Copas del Mundo de 1958, 1962 y 1970, una hazaña que ningún otro futbolista ha repetido. Debutó en la cúspide con apenas diecisiete años y terminó formando parte de una de las selecciones brasileñas más admiradas de todos los tiempos.
Es importante recordar que en 1962 Pelé sufrió una lesión y Garrincha asumió gran parte del protagonismo. En 1958 y 1970, su aportación sí resultó decisiva. También requiere prudencia la comparación de goles: el célebre millar atribuido al brasileño incluye amistosos y exhibiciones, mientras que las estadísticas oficiales manejan criterios más restrictivos.
Hay una diferencia histórica que no debe olvidarse: el Balón de Oro estuvo durante muchos años reservado a futbolistas europeos. No sería justo enfrentar los ocho premios de Messi con los de Pelé como si ambos hubieran podido competir por el galardón en igualdad de condiciones.
Pelé fue el rey de la primera expansión global del fútbol. Messi dominó en una época de profesionalización, análisis y competitividad internacional extraordinarias. ¿Qué vale más? No existe una fórmula matemática para resolverlo.
Alfredo Di Stéfano: el futbolista total que construyó el Real Madrid moderno
Muchos de quienes pudieron ver a Alfredo Di Stéfano aseguran que fue el jugador más completo de todos los tiempos. No actuaba únicamente como delantero: recuperaba balones, organizaba, defendía, aparecía en el área y resolvía. Parecía estar en todas partes.
El Real Madrid conquistó las cinco primeras Copas de Europa, de 1956 a 1960, con Di Stéfano como figura central, y el argentino nacionalizado español marcó en las cinco finales. Ese dominio transformó la historia continental del club.
Su trayectoria internacional, condicionada por diferentes circunstancias, no permite establecer comparaciones sencillas con la de Messi. Pero la afinidad futbolística resulta fascinante: los dos interpretaron múltiples funciones y multiplicaron el rendimiento de los equipos a su alrededor. Di Stéfano representa el nacimiento del futbolista total; Messi, una de sus expresiones modernas más extraordinarias.
Johan Cruyff: el hombre que cambió el fútbol
Johan Cruyff nunca conquistó un Mundial: perdió la final de 1974 ante Alemania Federal. Pero fue la figura de la selección neerlandesa del fútbol total y de un Ajax que ganó tres Copas de Europa consecutivas.
Su influencia fue más allá de los resultados. Transformó la ocupación de los espacios, el juego colectivo y la manera de concebir el ataque. Después extendió esa filosofía desde los banquillos, especialmente en Barcelona.
Aquí aparece una paradoja preciosa: parte de la grandeza de Messi creció dentro de un modelo futbolístico profundamente influido por Cruyff. El neerlandés ayudó a cambiar el lenguaje del fútbol moderno. Messi convirtió muchas posibilidades de ese lenguaje en actuaciones de una eficacia y una belleza fuera de lo común.
Cristiano Ronaldo: el rival que elevó la exigencia hasta límites insólitos
Ningún recorrido por los gigantes contemporáneos sería completo sin Cristiano Ronaldo. El portugués sumó cinco Balones de Oro, cinco Champions League y la Eurocopa de 2016. Su evolución hasta convertirse en un rematador formidable lo ha situado también entre los máximos goleadores de la historia.
Durante más de una década, ambos se empujaron a niveles de rendimiento que parecían imposibles. Cristiano representó una extraordinaria capacidad de finalización, potencia física, juego aéreo y ambición competitiva; Messi añadió a su producción goleadora una función permanente de creación y último pase.
Una parte de su grandeza compartida reside precisamente en que ambos sostuvieron registros históricos mientras competían directamente por títulos y reconocimientos. La rivalidad hizo mejores a los dos y regaló al fútbol uno de sus periodos de mayor fascinación.
La prueba de la longevidad: lo que distingue a Messi
Puede haber un futbolista extraordinario durante tres temporadas, uno capaz de conquistar un Mundial memorable o un goleador que gobierne su época. Lo verdaderamente excepcional es mantener la excelencia durante casi veinte años.
Messi debutó oficialmente con el Barcelona en 2004. Su primer Balón de Oro llegó en 2009 y el octavo en 2023: catorce años separan ambos reconocimientos. En ese intervalo cambiaron los entrenadores, las tácticas, los rivales y las generaciones.
También cambió él. Del extremo que superaba rivales en carrera pasó a ser un futbolista capaz de gobernar el ritmo de los partidos desde posiciones interiores, asistir con una precisión asombrosa y seguir decidiendo sin necesidad de correr más que nadie.
Ahí aparece el argumento central a favor de Messi: una producción ofensiva histórica, una creatividad excepcional, el máximo palmarés colectivo y una continuidad deslumbrante. Son virtudes que muchos otros gigantes reunieron por separado; él las mantuvo juntas durante una carrera larguísima.
Comparar épocas: los límites de cualquier sentencia definitiva
Pelé jugó en condiciones físicas, médicas y reglamentarias muy diferentes. Di Stéfano protagonizó los primeros años de las competiciones europeas. Maradona soportó un tipo de marcaje que hoy probablemente ocasionaría más expulsiones. Cruyff transformó el modelo táctico en una etapa muy distinta a la actual.
Messi se enfrentó a defensas cada vez más organizadas y preparadas, pero también aprovechó los avances médicos, nutricionales y tecnológicos de los que carecieron sus predecesores. Ni todos los torneos han tenido el mismo formato ni todos los premios individuales estuvieron abiertos a las mismas nacionalidades.
Por eso conviene distinguir cuatro preguntas: quién alcanzó la cima más extraordinaria, quién dominó durante más tiempo, quién ejerció mayor influencia histórica y quién reunió la carrera más completa. Las respuestas no tienen por qué coincidir.
Las cifras frente a frente
Messi: un Mundial, cuatro Champions League y ocho Balones de Oro. Pelé: tres Mundiales; no disputó la Copa de Europa y no fue elegible para el Balón de Oro durante su carrera. Maradona: un Mundial; no disputó la Copa de Europa en su formato clásico y no fue elegible para el Balón de Oro. Di Stéfano: cinco Copas de Europa y dos Balones de Oro. Cruyff: tres Copas de Europa y tres Balones de Oro. Cristiano Ronaldo: cinco Champions League y cinco Balones de Oro.
La lista revela algo importante: nadie domina todas las categorías. Pelé conserva el récord mundialista, Di Stéfano y Cristiano superan a Messi en Copas de Europa, Cruyff mantiene un legado táctico excepcional y Maradona protagonizó un Mundial legendario. Messi destaca cuando se suman títulos, goles, juego creativo, premios y longevidad.
Asturias recibirá al futbolista que acaba de cerrar una época
El calendario ha querido que la despedida de Messi de Argentina coincida con uno de los grandes reconocimientos de su vida fuera de los estadios.
El jueves 22 de octubre, a las 17.30 horas, el Palacio de los Deportes de Oviedo acogerá un encuentro de Messi con escolares asturianos. La actividad está orientada a quienes participaron en «El juego del 10», del programa «Toma la palabra», centrado en valores como la inclusión, el respeto y la empatía.
El público general podrá solicitar su inscripción desde el domingo 18 de octubre, a las 10.00 horas, según las condiciones anunciadas por la Fundación Princesa de Asturias.
El viernes 23 de octubre, a las 18.30 horas, Messi recibirá el Premio Princesa de Asturias de los Deportes en el Teatro Campoamor. El jurado ha destacado su talento, su regularidad, su comportamiento deportivo y su compromiso solidario con la educación y la salud de los niños.
La imagen tendrá un peso simbólico formidable: el campeón del mundo que acaba de despedirse de la selección argentina recibirá en Asturias un reconocimiento a toda una trayectoria. No será todavía su retirada del fútbol profesional, pero sí un momento especialmente significativo en el tramo final de una carrera legendaria.
¿Es Messi el mejor de todos los tiempos?
Quienes vieron levantar tres Mundiales a Pelé tienen motivos para considerarlo irrepetible. Los aficionados que disfrutaron de Maradona en México 1986 recuerdan una cima casi mítica. Quienes contemplaron el Real Madrid de Di Stéfano o la revolución de Cruyff saben que sus legados van mucho más allá de cualquier estadística. Y Cristiano Ronaldo merece estar por derecho propio en esta conversación.
Pero Messi presenta un argumento que resulta difícil de discutir: no tuvo que elegir entre ser un goleador histórico, un organizador extraordinario o un campeón de todo. Fue las tres cosas durante una parte extraordinariamente larga de su carrera.
No puede demostrarse científicamente que uno de esos gigantes sea superior a todos los demás. El fútbol no es una ecuación. Pero nunca había existido una combinación exactamente igual de talento, producción ofensiva, trofeos, reconocimientos y longevidad.
Cuando Messi aparezca en el Teatro Campoamor, Asturias tendrá la oportunidad de rendir homenaje a uno de los grandes protagonistas de esta historia. Y habrá una pregunta recorriendo los recuerdos de varias generaciones: ¿estamos contemplando los últimos capítulos de la carrera del mejor futbolista que ha existido jamás?
La respuesta seguirá siendo discutida. Lo indiscutible es que Asturias tendrá el privilegio de formar parte de uno de los últimos grandes homenajes internacionales a una leyenda todavía en activo.
