El cuarto ejemplar, de 220 kilos, fue capturado frente a Cabo Peñas y llegará al consumidor a través de la Plaza de Abastos; la insólita racha coincide con otra campaña extraordinaria del bonito del norte, que supera los 1,64 millones de kilos y aún continúa dejando descargas
Algo está pasando frente a las costas asturianas.
Durante décadas, contemplar un atún rojo sobre la cancha de la Rula de Avilés era casi una rareza. El propio jefe de Cancha de la lonja, Jorge Fernández, explicaba hace apenas una semana que en los últimos treinta años podrían haber pasado por allí únicamente cuatro o cinco ejemplares.
Ahora han llegado prácticamente los mismos en ocho días.
El último desembarcado eleva todavía más el listón: 220 kilos de atún rojo, pescado por el palangrero de Cudillero Mar de Pedro a unas once millas de la costa, frente a Cabo Peñas. El ejemplar fue adquirido por Pescaderías Vicente, que lo ha puesto este miércoles a la venta en su puesto de la Plaza de Abastos de Avilés.
No es solo una fotografía espectacular ni una anécdota para la lonja. La llegada sucesiva de ejemplares de Thunnus thynnus abre un escenario hasta ahora prácticamente inexistente para la flota y la comercialización pesquera asturiana.
Y mientras el enorme atún rojo irrumpe por sorpresa, su pariente más pequeño y mucho más habitual, el bonito del norte, se resiste a abandonar el escenario: el tanquero Itsas Lagunak descargó esta madrugada otros 2.000 kilos en el muelle pesquero de Avilés, cuando la costera se daba prácticamente por concluida.
Dos especies de la misma gran familia, dos realidades pesqueras muy distintas y una Rula de Avilés convertida estos días en escaparate excepcional de los túnidos del Cantábrico.
De una rareza a cuatro gigantes en apenas una semana
La secuencia comenzó el 30 de septiembre.
Aquel día se subastó un atún rojo de 163,5 kilos y dos metros de longitud, capturado por el arrastrero de litoral Eleuterio José Balayo unas 14 millas al norte de la costa, entre Cudillero y Luarca. Lo compró el mayorista Pescados Gerardo Granda.
La sorpresa estaba plenamente justificada.
El responsable de la cancha recordaba entonces que el ejemplar anterior había llegado el 24 de julio de 2024, pesaba solamente 76 kilos y que en las tres décadas anteriores la Rula posiblemente no había visto más de cuatro o cinco atunes rojos.
Pero aquello que parecía excepcional empezó inmediatamente a repetirse.
El 6 de octubre llegó el segundo: 193 kilos y más de 2,10 metros, capturado con anzuelo por el Mar de Pedro frente a Cabo Peñas, dentro de las doce millas.
Horas después aparecía el tercero.
El palangrero pixueto Nuevo Hermanos Suárez desembarcaba un ejemplar de unos 211 kilos, pescado a diez millas de la costa, también frente a Cabo Peñas. Fue adquirido por Pescaderías Ana Selección.
Y ahora aparece el cuarto: 220 kilos, nuevamente capturado por el Mar de Pedro, esta vez aproximadamente a once millas de Cabo Peñas.
La suma resulta impresionante: cerca de 788 kilos de atún rojo en cuatro ejemplares desembarcados en la Rula en poco más de una semana.
Lo que antes parecía extraordinario puede empezar a dejar de serlo
El cambio no es solamente biológico. También es regulatorio.
El atún rojo continúa siendo una especie sometida a un control extraordinariamente estricto. España cuenta con cuotas, censos de flota, permisos específicos, sistemas de marcado y obligaciones de comunicación de las capturas.
La normativa de 2026 ha introducido nuevas posibilidades para determinadas capturas fortuitas o accesorias. En el Cantábrico, los barcos autorizados pueden retener atunes dentro de las condiciones establecidas y con un control exhaustivo.
La Rula explica que los ejemplares deben comunicarse con cuatro horas de antelación a su desembarque, frente a las dos horas habituales para otras especies, y llevar a bordo un dispositivo de marcado facilitado por el Ministerio.
La regulación estatal para 2026 fija además una cuota española de miles de toneladas y reserva parte de las posibilidades de pesca para capturas fortuitas de flotas que normalmente trabajan sobre otras especies.
Es justamente ahí donde puede esconderse una pequeña revolución para los puertos asturianos.
Los pescadores llevan tiempo comunicando la presencia de ejemplares de atún rojo en aguas del Cantábrico. Hasta ahora, encontrarlos en el mar y poder incorporarlos legalmente a una cadena comercial eran cuestiones diferentes.
La nueva ventana regulatoria está permitiendo que alguno de esos gigantes llegue ahora a tierra.
¿Ha vuelto el atún rojo al Cantábrico?
Conviene ser prudentes.
Cuatro peces no permiten por sí solos concluir que se esté produciendo una transformación definitiva de la pesquería asturiana.
Pero existen dos elementos que alimentan la expectativa.
Por un lado, la propia recuperación internacional del stock del atún rojo. La especie llegó a estar sometida durante años a un plan de recuperación debido a la enorme presión pesquera soportada. La mejora posterior permitió pasar de aquel régimen de recuperación a un plan de ordenación plurianual.
Y, por otro, están las observaciones de los propios pescadores.
Desde la Rula se asegura que las embarcaciones están comunicando que hay atunes rojos en el Cantábrico y que las nuevas posibilidades de captura podrían hacer que su llegada a Avilés deje de ser tan extraordinaria.
Después de los acontecimientos de esta semana, aquella previsión ha tardado muy poco en empezar a cumplirse.
El gigante puede superar los 300 kilos
El atún rojo atlántico, Thunnus thynnus, juega en otra liga dentro de los túnidos.
Los ejemplares que ahora sorprenden en Avilés —163, 193, 211 y 220 kilos— son enormes a ojos de cualquier consumidor, pero ni siquiera representan los límites de la especie. Desde la propia lonja recuerdan que puede superar los 300 kilos.
Es precisamente su tamaño, la calidad de determinadas partes de su carne y su altísima valoración gastronómica internacional lo que ha convertido históricamente al atún rojo en una de las especies más codiciadas del planeta.
También explica que su explotación esté sometida a una vigilancia muy superior a la de la mayoría de especies comerciales.
Durante años la sobrepesca llevó la población a una situación muy delicada. Tanto la pesca legal excesiva como la ilegal llevaron esta pesquería al borde del colapso, situación que obligó posteriormente a aplicar estrictas medidas internacionales de recuperación.
Por eso cada atún rojo que llega ahora a una lonja como Avilés arrastra detrás una cadena de controles que comienza en el propio barco.
Y mientras tanto, el bonito firma otro año excepcional
Pero si el atún rojo es la espectacular novedad de esta semana, el verdadero músculo económico de los túnidos en Avilés continúa siendo otro.
El bonito del norte.
El Thunnus alalunga ha cerrado en 2026 la segunda mejor campaña de la historia de la Rula de Avilés.
Hasta finales de septiembre se habían vendido más de 1.640.000 kilos, procedentes de 82 embarcaciones de las flotas asturiana, gallega, cántabra y vasca, que efectuaron aproximadamente 330 ventas.
La facturación alcanzó los siete millones de euros.
El 20 de julio fue la jornada más intensa de toda la costera: más de 110.000 kilos descargados por 17 embarcaciones en un solo día.
Y cuando oficialmente parecía que la campaña podía darse por prácticamente concluida, el Itsas Lagunak ha vuelto a demostrar esta madrugada que el bonito todavía no se había despedido: otros 2.000 kilos llegaron al muelle avilesino para su venta.
De 1,42 millones a más de dos millones
Para comprender el peso de la Rula hay que mirar hacia atrás.
En 2024, Avilés cerró la costera con aproximadamente 1,42 millones de kilos, un 17% más que el ejercicio anterior. Un total de 69 embarcaciones realizaron alrededor de 350 operaciones de venta.
Aquel año ya había jornadas espectaculares: el 29 de julio se descargaron 82.600 kilos procedentes de veinte barcos.
Pero 2025 rompió todos los registros.
La lonja superó por primera vez los dos millones de kilos: exactamente unos 2.030.000 kilos, un incremento del 43% sobre el año anterior.
Participaron 70 barcos, se realizaron 360 ventas y el valor total alcanzó los 8,3 millones de euros.
Fue un récord histórico.
En 2026 no se ha alcanzado semejante volumen, pero los más de 1,64 millones de kilos sitúan la campaña inmediatamente detrás de aquella marca extraordinaria. Antes de estos dos últimos ejercicios, únicamente 2019 había superado la barrera de 1,6 millones.
En otras palabras: tres de las campañas más importantes de bonito de la historia reciente de Avilés se concentran en un periodo extraordinariamente corto.
Los números esconden un problema: pescar mucho no siempre significa ganar más
El volumen, sin embargo, no cuenta toda la historia.
El gerente de la Rula, Ángel Muñoz, resumía el balance de 2026 con una paradoja: ha sido un buen ejercicio en volumen de descargas y facturación, pero malo en rentabilidad para muchas embarcaciones de cacea.
Y esa circunstancia resulta esencial.
El bonito del norte necesita barcos, tripulaciones, combustible, jornadas de navegación y una pesca que persigue literalmente al pez a través del Atlántico.
Los bancos inician la temporada en zonas próximas a las Azores, avanzan después hacia el Golfo de Vizcaya, recorren la cornisa cantábrica y terminan desplazándose hacia aguas francesas e irlandesas siguiendo alimento y temperatura.
Detrás de cada bonito que aparece sobre hielo en una pescadería hay, por tanto, miles de millas de navegación acumulada por la flota.
El bonito no es simplemente un atún más pequeño
Aunque comercialmente puedan confundirse, bonito del norte y atún rojo son especies diferentes.
El primero es Thunnus alalunga, denominado oficialmente también atún blanco o albacora.
El segundo es Thunnus thynnus, atún rojo o atún de aleta azul.
El bonito se distingue por sus características largas aletas pectorales y por una carne mucho más clara. Es además uno de los pilares de la cocina cantábrica, tanto fresco como en conserva.
En Avilés se ha convertido directamente en una marca de territorio.
La Rula lo comercializa dentro de su distintivo Pescado de Confianza, integrado en Alimentos del Paraíso Natural, asociado a criterios de seguridad alimentaria, sostenibilidad, manipulación y trazabilidad.
Y buena parte de la flota utiliza técnicas especialmente selectivas como la cacea o curricán, en las que los ejemplares son capturados individualmente mediante líneas y anzuelos.
Mucho más que pescado: siete millones de euros y toda una cadena económica
Los siete millones de euros vendidos en bonito este año no terminan en la puerta de la lonja.
Alrededor de esos peces trabaja una cadena formada por armadores, marineros, transportistas, mayoristas, pescaderías, conserveras, hostelería y comercio.
Por eso Avilés lleva años intentando convertir el bonito también en producto turístico y gastronómico.
La campaña Verano/Bonito alcanzó este año su quinta edición, llevando el producto a restaurantes de Avilés y comarca. Paralelamente, las visitas guiadas a la Rula permiten al público contemplar desde dentro cómo llega, se clasifica y se subasta el pescado.
Desde que comenzaron estas visitas en 2010, alrededor de 11.500 personas han pasado ya por las instalaciones.
Lo que ocurre en la cancha de subastas se ha convertido así también en parte de la identidad turística de la ciudad.
Uno de los alimentos emblemáticos del Cantábrico
A la importancia económica y cultural se suma la alimentaria.
100 gramos de bonito aportan alrededor de 21 gramos de proteína, junto con vitaminas B12 y D, fósforo, selenio y otros micronutrientes propios del pescado azul.
El atún rojo también destaca por su contenido en proteínas de alto valor biológico y grasa rica en ácidos grasos omega-3.
Pero en Asturias probablemente no hagan falta tablas nutricionales para explicar su importancia.
El bonito está ligado al verano, a las pescaderías, a las marmitas, al bonito con tomate, al rollo, a las ventrescas y a una tradición que comienza cada año cuando los primeros barcos regresan de la costera.
De “rey del verano” a un inesperado compañero gigante
Y ahí reside la singularidad de lo ocurrido esta semana.
El bonito continúa siendo el rey del verano avilesino, una especie capaz de mover más de siete millones de euros en una campaña y superar ampliamente el millón y medio de kilos.
Pero ahora tiene un compañero inesperado.
Un animal que durante décadas apenas aparecía por la lonja está comenzando a hacerlo con una frecuencia sorprendente.
163,5 kilos. 193. 211. Y ahora 220.
Cuatro atunes rojos en prácticamente una semana.
El último será además especialmente visible para los avilesinos: después de viajar desde las aguas de Cabo Peñas hasta la Rula, Pescaderías Vicente lo ofrecerá en plena Plaza de Abastos de Avilés.
Hace apenas unos días la propia Rula se preguntaba si la nueva regulación podía abrir una oportunidad para que el atún rojo llegase con mayor frecuencia.
La respuesta está comenzando a aparecer sobre la propia cancha.
Y pesa, de momento, casi 800 kilos.
