AEMET califica septiembre de «extremadamente cálido» y seco: la temperatura media alcanzó los 18,5 grados, 2,4 por encima de lo normal, mientras que el año hidrológico terminó con un déficit de precipitaciones del 24%. En San Antolín de Ibias se alcanzaron 35,9 grados en pleno septiembre
Asturias acaba de cerrar un periodo climatológico difícil de ignorar.
Mucho más calor del habitual y bastante menos lluvia.
Septiembre de 2026 fue el segundo septiembre más cálido registrado en Asturias desde 1961, mientras que el año hidrológico que terminó el pasado 30 de septiembre ha sido el sexto más seco de toda la serie 1961-2026.
Son los dos grandes datos del balance publicado por la Agencia Estatal de Meteorología, que califica el último mes como «seco y extremadamente cálido».
La temperatura media regional alcanzó los 18,5 grados, frente a los 16,1 considerados normales para septiembre durante el periodo de referencia 1991-2020.
Es decir:
2,4 grados por encima de lo normal.
Y no se trata de comparar un día excepcionalmente caluroso con otro.
Es la media de todo el mes.
Las máximas se dispararon todavía más: 3,1 grados por encima de lo normal
El dato resulta aún más significativo al observar las temperaturas máximas.
La máxima media de Asturias durante septiembre fue de 24,4 grados.
La normal climatológica es de 21,3.
La diferencia asciende, por tanto, a 3,1 grados.
Las noches también fueron más cálidas: la temperatura mínima media quedó en 12,6 grados, frente a los 11 grados habituales, una anomalía positiva de 1,6 grados.
El resultado coloca septiembre de 2026 en el segundo puesto entre los más cálidos registrados en Asturias durante los últimos 65 años.
Casi 36 grados en Asturias en septiembre
Algunas estaciones registraron temperaturas propias de las semanas más duras del verano.
El 5 de septiembre, San Antolín de Ibias-Linares alcanzó los 35,9 grados.
Un día antes, la estación de Pola de Somiedo registró 35,8 grados.
Y Amieva llegó a los 35,3 grados el día 24, cuando el calendario estaba ya a las puertas del último tramo de septiembre.
Las cifras muestran hasta qué punto los episodios de calor no se limitaron a los primeros días del mes.
Y mientras subía el termómetro, faltaba casi la mitad de la lluvia
El otro gran problema aparece al mirar al cielo.
Durante septiembre cayeron en el conjunto de Asturias una media de 41,2 milímetros de precipitación, equivalentes a 41,2 litros por metro cuadrado.
Lo habitual serían 74,5 milímetros.
Por tanto, llovió aproximadamente un 45% menos de lo normal.
AEMET clasifica el mes como seco.
Y conviene corregir aquí un error aparecido en algunas informaciones: esos 41,2 corresponden a milímetros de precipitación acumulada, no a «litros por hora».
Un milímetro de lluvia equivale aproximadamente a un litro de agua por metro cuadrado.
El problema no empezó en septiembre
Todavía más significativo es lo sucedido durante todo el año hidrológico.
Este periodo se contabiliza desde el 1 de octubre de 2025 hasta el 30 de septiembre de 2026.
Durante esos doce meses Asturias recibió una precipitación media acumulada de 953,3 milímetros.
La referencia climatológica habitual para ese mismo periodo es de 1.259,1 milímetros.
La diferencia es de 305,8 milímetros menos por metro cuadrado respecto a la media.
En términos porcentuales:
un déficit del 24%.
AEMET califica el conjunto del año hidrológico como «muy seco» y confirma que ha sido el sexto más seco registrado desde 1961.
Un dato especialmente significativo en la Asturias de la lluvia
El resultado adquiere especial relevancia en una comunidad cuya imagen climatológica está históricamente asociada a precipitaciones abundantes y regulares.
Que un año termine con prácticamente una cuarta parte menos de lluvia de lo normal no significa automáticamente que exista escasez de agua potable ni que todos los concejos hayan sufrido la misma situación.
Ese matiz es importante.
Los datos de AEMET son promedios regionales. La distribución de la precipitación puede variar enormemente entre el litoral, la cordillera, el Oriente, el Occidente o los valles interiores.
Tampoco puede equipararse directamente un déficit meteorológico de precipitación con una situación de desabastecimiento.
Pero sí proporciona una señal muy clara sobre la cantidad de agua que ha recibido el territorio durante los últimos doce meses.
Pastos, suelo y agricultura: el déficit importa aunque salga agua del grifo
La ausencia de restricciones de abastecimiento no significa que la falta de precipitaciones resulte inocua.
Un periodo prolongado con menos lluvia puede afectar a la humedad de los suelos, a los pastos utilizados por la ganadería, a determinados cultivos, a los caudales de ríos y arroyos y a la recuperación de las reservas de agua.
Especialmente importante resulta la combinación de ambos fenómenos:
menos precipitación y temperaturas superiores a lo normal.
Cuando aumenta el calor también lo hace la evaporación y la pérdida de humedad del terreno, de modo que el impacto potencial no depende exclusivamente de cuánto llueve.
Será necesario analizar ahora la situación concreta de cada zona y diferenciar claramente entre el déficit climatológico que constata AEMET y los problemas efectivos que puedan estar registrando explotaciones agrícolas, ganaderas o sistemas locales de abastecimiento.
Un septiembre extraordinariamente soleado
El calor y la escasez de lluvia estuvieron acompañados por otro dato llamativo.
En el observatorio del Aeropuerto de Asturias se contabilizaron 220,3 horas de sol durante septiembre.
La media del periodo de referencia es de 170,4.
Son prácticamente 50 horas más de sol de lo habitual en un solo mes.
En Oviedo ocurrió algo parecido: 232,1 horas, frente a una media de 187,2.
La explicación meteorológica ayuda a entender todo el conjunto.
Anticiclones al norte y aire cálido desde el sur
AEMET señala que buena parte de septiembre estuvo dominada por situaciones de estabilidad atmosférica, provocadas por anticiclones situados al norte de la cornisa cantábrica.
A ello se añadieron entradas de masas de aire cálido procedentes del sur.
El resultado fue una combinación especialmente persistente de temperaturas elevadas y pocas precipitaciones.
El periodo comprendido entre los días 19 y 27 de septiembre destacó precisamente por la escasez de lluvia y por unas temperaturas superiores a las habituales para esas fechas.
Hubo excepciones.
Los frentes que atravesaron Asturias los días 8, 15, 16 y 28 dejaron precipitaciones y descensos temporales de temperatura.
El día 8 fue el que registró la lluvia más generalizada.
En el Aeropuerto de Asturias llegaron a recogerse 32,1 litros por metro cuadrado en 24 horas; Llanes recibió 27,8 y Gijón-Campus, 26.
Casi 6.000 descargas de rayos
El mes también dejó episodios tormentosos muy intensos.
AEMET contabilizó 5.936 descargas eléctricas procedentes de rayos durante septiembre.
Solo el día 5 se produjeron 3.157, y el día 6 otras 2.068.
Es decir, casi nueve de cada diez descargas registradas durante todo el mes se concentraron en apenas dos jornadas.
Una buena demostración de por qué un mes puede ser globalmente seco y, al mismo tiempo, registrar episodios puntuales de lluvia o tormenta muy intensos.
No es lo mismo tiempo que clima
Un septiembre extremadamente cálido por sí solo no permite explicar la evolución futura del clima asturiano.
De la misma manera, una semana lluviosa tampoco compensaría automáticamente un año con un importante déficit acumulado.
El valor del informe publicado por AEMET está precisamente en la perspectiva histórica.
La comparación se realiza con registros que comienzan en 1961 y con el periodo climatológico de referencia 1991-2020.
Y dentro de esa perspectiva aparecen dos posiciones difíciles de pasar por alto:
segundo septiembre más cálido de los últimos 65 años.
Sexto año hidrológico más seco del mismo periodo.
305 litros menos de lluvia por cada metro cuadrado respecto a lo normal
Hay una forma especialmente gráfica de visualizar el balance del año hidrológico.
Asturias debería haber recibido, de acuerdo con la referencia climática, alrededor de 1.259 litros de agua por cada metro cuadrado durante los últimos doce meses.
Recibió unos 953.
La diferencia ronda los 306 litros por metro cuadrado.
No quiere decir que todos los lugares de Asturias hayan dejado de recibir exactamente esa cantidad. Se trata de un promedio regional.
Pero ayuda a entender la magnitud del déficit.
Y convierte el balance climático de 2026 en algo bastante más tangible que un porcentaje.
La Asturias de septiembre fue más caliente, más seca y más soleada
El resumen oficial deja, por tanto, una fotografía bastante nítida.
Septiembre tuvo una temperatura media 2,4 grados superior a la normal.
Las máximas se desviaron 3,1 grados.
Llovió un 45% menos de lo habitual.
El año hidrológico terminó con un déficit del 24%.
Y algunas localidades todavía rozaron los 36 grados en septiembre.
Los datos de AEMET tienen todavía carácter provisional y podrán ser revisados durante el proceso definitivo de validación.
Pero la fotografía que ofrecen a comienzos de octubre es contundente.
Asturias acaba de despedir uno de sus septiembres más cálidos y uno de sus años hidrológicos más secos desde que existen series comparables.
Y ahora el interrogante ya no está únicamente en cuánto llovió o cuánto calor hizo.
Está en cómo responde una comunidad históricamente húmeda a periodos cada vez más exigentes para sus suelos, sus pastos, sus explotaciones y sus recursos hídricos.
