La Junta General fija como objetivo levantar una media de 1.500 viviendas públicas cada año, duplicar las ayudas al alquiler hasta llegar a 10.000 familias, extender las zonas tensionadas y alcanzar un Pacto Social por la Vivienda en 2027. El gran desafío empieza ahora: convertir una resolución política en suelo disponible, presupuestos, obras y viviendas terminadas
Quince mil viviendas públicas en diez años.
Es una de esas cifras que, escrita sobre el papel, cuesta dimensionar.
Traducida a la realidad significa 1.500 nuevas viviendas al año.
Unas 125 cada mes.
Más de 28 cada semana.
Y, en términos puramente aritméticos, algo más de cuatro viviendas públicas nuevas cada día durante una década.
Ese es el objetivo que acaba de fijarse Asturias después de que la Junta General aprobara este viernes una de las resoluciones más relevantes surgidas del Debate de Orientación Política correspondiente al año legislativo 2026-2027. La iniciativa fue presentada conjuntamente por PSOE y Convocatoria por Asturies-IU y salió adelante con la abstención del PP.
No es todavía un plan de obras con 15.000 direcciones, presupuestos y fechas.
Es un objetivo político aprobado por el Parlamento autonómico.
Y precisamente ahí empieza ahora la parte más difícil.
De las 11.000 actuales a una escala completamente distinta
El Gobierno asturiano se había marcado para esta legislatura alcanzar 1.500 viviendas construidas, iniciadas o adjudicadas, con el propósito de superar las 11.000 viviendas en el parque público autonómico.
El nuevo horizonte de 15.000 viviendas en diez años eleva enormemente la escala de la política residencial.
Si esas 15.000 unidades acabaran incorporándose íntegramente como crecimiento neto del parque público —algo que todavía dependerá de cómo se concrete el programa—, el esfuerzo sería superior al volumen total que el Principado prevé reunir en su parque autonómico al término de esta legislatura.
La magnitud del anuncio se entiende mejor así:
Asturias quiere construir en una década más vivienda pública que todo el parque autonómico que prevé acumular hasta ahora.
Pero para llegar ahí no bastará con anunciar promociones.
Habrá que disponer de suelo, tramitar proyectos, licitar las obras, encontrar constructoras, movilizar financiación estatal y europea cuando exista, colaborar con los ayuntamientos y mantener el esfuerzo durante varios gobiernos consecutivos.
El primer problema: ¿dónde se construyen 15.000 viviendas?
Toda vivienda empieza antes del ladrillo.
Empieza por el suelo.
Para cumplir un objetivo de esta magnitud será necesario localizar miles de parcelas urbanizables o solares ya preparados, especialmente en los lugares donde la presión del mercado residencial es mayor.
Y esa disponibilidad no depende exclusivamente del Principado.
Los ayuntamientos tienen una función determinante a través del planeamiento urbanístico y de los suelos municipales que puedan incorporarse a promociones protegidas.
Por eso el reto de las 15.000 viviendas tendrá inevitablemente que convertirse también en un gran acuerdo entre administraciones.
Oviedo, Gijón, Avilés y Siero concentran buena parte de la demanda, pero el problema residencial se ha extendido igualmente a zonas costeras y localidades donde el turismo, las segundas residencias o la escasez de oferta han tensionado los precios.
Asturias amplía el mapa de las zonas tensionadas
La resolución aprobada por la Junta también reclama continuar con las declaraciones de zonas de mercado residencial tensionado.
El Principado ya ha avanzado durante 2026 en esta dirección.
En mayo fueron declarados ámbitos como La Arena y Cimavilla, en Gijón, y La Magdalena, en Avilés, después de los procedimientos técnicos previstos por la Ley estatal de Vivienda.
Además, el Gobierno anunció en agosto el inicio de los trámites para estudiar nuevas declaraciones en Oviedo, Gijón, Ribadesella, La Pola Siero y Lugones, mientras continuaban otros procedimientos en La Felguera, Muros y San Esteban.
La declaración de una zona tensionada permite aplicar determinadas medidas previstas en la Ley estatal de Vivienda para intentar contener los precios y aumentar la oferta.
Es una herramienta distinta a construir vivienda pública, pero ambas políticas forman parte de la misma estrategia.
El otro gran salto: ayudas al alquiler para 10.000 familias
El acuerdo parlamentario no se limita al ladrillo.
También fija como objetivo duplicar las ayudas al alquiler hasta alcanzar a 10.000 familias.
Eso introduce una segunda vía de actuación.
Mientras construir vivienda necesita años, suelo y grandes inversiones, las ayudas al alquiler permiten intervenir de manera inmediata sobre familias que ya están pagando una renta.
Pero también existe una diferencia fundamental entre ambas fórmulas.
La ayuda al alquiler reduce durante un tiempo el esfuerzo económico del inquilino.
La vivienda pública, en cambio, crea patrimonio público permanente que puede seguir ofreciendo alquiler asequible durante décadas.
Por eso el programa aprobado combina las dos estrategias.
Un Plan Director de Vivienda Pública para 2027-2030
Entre las resoluciones que salieron adelante también figura la elaboración del Plan Director de Vivienda Pública 2027-2030.
Ese documento será especialmente importante.
Porque la cifra de 15.000 viviendas necesita convertirse en algo mucho más concreto:
cuántas se construirán cada año, en qué concejos, con qué recursos, qué porcentaje se reservará para jóvenes, qué parte se destinará a alquiler social o asequible y qué administraciones asumirán cada promoción.
La Junta respaldó además incrementar específicamente el parque público de alquiler asequible destinado a menores de 35 años.
La emancipación juvenil es precisamente uno de los problemas que atraviesa todo el debate residencial.
No basta con crear empleo si el coste de independizarse absorbe una parte desproporcionada del salario.
2027, fecha para intentar un Pacto Social por la Vivienda
La resolución incorpora otro objetivo: alcanzar durante 2027 un Pacto Social por la Vivienda.
La idea adquiere especial importancia cuando se habla de un programa a diez años.
El actual Gobierno no puede ejecutar por sí solo todo ese horizonte temporal.
El plazo atraviesa varias legislaturas.
Por tanto, si realmente se pretende alcanzar las 15.000 viviendas, la continuidad de la política residencial tendría que sobrevivir a posibles cambios de gobiernos, presupuestos y prioridades.
Un pacto amplio podría servir precisamente para intentar mantener una hoja de ruta estable.
15.000 viviendas implican también miles de millones
La resolución parlamentaria establece el objetivo, pero no concreta todavía una cifra total de inversión necesaria para ejecutar las 15.000 viviendas.
Y esa será una de las grandes cuestiones que habrá que despejar.
Porque multiplicar 15.000 viviendas por los costes actuales de construcción, urbanización, adquisición de suelo, proyectos y equipamientos conduce necesariamente a una operación financiera de gran magnitud.
El dinero podría proceder de distintas fuentes:
presupuestos autonómicos, programas estatales, financiación europea disponible, recursos municipales y fórmulas de colaboración pública.
Pero hasta que exista una programación económica detallada no puede afirmarse cuánto costará realmente el plan.
Ese será uno de los puntos que habrá que vigilar en los próximos presupuestos del Principado.
El desafío no es empezar: es mantener 1.500 viviendas cada año
Asturias ya construye vivienda pública.
Lo excepcional sería conseguir mantener durante diez años consecutivos el ritmo que exige este objetivo.
Porque 1.500 viviendas cada ejercicio no pueden concentrarse en una única promoción.
Obligarían a tener simultáneamente decenas de proyectos en distintas fases:
suelo en preparación,
proyectos redactándose,
licencias en tramitación,
obras recién adjudicadas,
edificios en construcción
y promociones listas para entregar.
El sistema tendría que funcionar como una cadena permanente.
Si un año se construyeran únicamente 700 viviendas, al siguiente ya habría que acercarse a 2.300 para recuperar el ritmo medio.
Esa es la aritmética implacable de un objetivo a diez años.
Una política que quiere ir más allá de esta legislatura
El Debate de Orientación Política terminó con 61 propuestas de resolución aprobadas.
Las 28 iniciativas conjuntas presentadas por PSOE e IU-Convocatoria salieron adelante, junto con propuestas de otros grupos de la Cámara. El PP consiguió aprobar ocho de las 46 que presentó; Foro sacó adelante diez de 22 y la diputada Covadonga Tomé logró respaldo para 15 de sus 19 iniciativas. Vox no consiguió aprobar ninguna de sus 33 propuestas.
Pero entre todas ellas la vivienda deja probablemente uno de los compromisos cuantitativos de mayor alcance temporal.
No habla de 2027.
Ni siquiera de 2030.
Habla de una década.
La cifra ya está escrita. Ahora empieza la cuenta
El Parlamento asturiano ya ha puesto el número encima de la mesa:
15.000 viviendas públicas.
El equivalente a 1.500 anuales.
125 mensuales.
Más de cuatro cada día.
La aspiración es cambiar sustancialmente el tamaño del parque público asturiano y acompañarlo de ayudas para 10.000 familias, nuevas zonas tensionadas, vivienda asequible para jóvenes y un Pacto Social por la Vivienda.
Pero una resolución parlamentaria no entrega llaves.
Entre el acuerdo aprobado este viernes y esas 15.000 puertas abiertas quedan todavía suelo, dinero, proyectos, licencias, licitaciones y años de obras.
Y ahí estará la verdadera medida del compromiso.
Asturias ya ha fijado el destino.
Ahora tendrá que demostrar que es capaz de construir el camino hasta esas 15.000 viviendas.
