Una novela de intriga y pasión ambientada en Tabarca, la isla habitada más pequeña de España. Tras Los secretos del olvido, el periodista Joaquín Hernández vuelve a explorar los vínculos familiares, la memoria y los secretos del pasado. Dos épocas, un secreto centenario y una isla en la que el mar puede ser refugio, frontera y amenaza.
(Selección de Ignacio Sánchez).-Tabarca, 1991. La joven Rosa sueña con escapar del hotel familiar en el que trabaja, pero la frágil salud de Amparo, su abuela, la ata a la isla. Además, la relación con su madrastra, Dolores, es cada vez más tensa desde que murió su padre. Él le dejaba una flor amarilla todas las mañanas sobre el mostrador, símbolo de amor y de resistencia ante la adversidad. Ahora, inexplicablemente, las flores siguen apareciendo en el mismo lugar, lo que Rosa atribuye a un milagro.
Justo entonces llega un nuevo huésped, Teo, un atractivo biólogo que estudia la reserva marina local. Su llegada rompe el equilibrio de la rutina de Rosa, mientras salen a la luz indicios de que las aguas de la isla albergan un secreto centenario que pondrá en peligro sus vidas.

Foto Joaquín Hernández © Novo Foto. Título: LA ISLA DE LAS FLORES AMARILLAS
Autor: Joaquín Hernández
Páginas: 368
Precio: 22,90 €
LA NOVELA
En 1991, Rosa tiene veinte años y vive en Tabarca, al frente del hotel que perteneció a
su padre. Para quienes llegan en barco, la isla puede parecer un pequeño paraíso me-
diterráneo; para ella se ha convertido en una cárcel rodeada de agua. Tras la muerte de
su padre, ha tenido que asumir el negocio familiar, cuidar de su abuela Amparo y con-
vivir con Dolores, su madrastra, con quien mantiene una relación difícil. Sus deseos de
estudiar, viajar y conocer mundo parecen siempre supeditados a las necesidades de los
demás.
En medio de esa rutina llega al hotel Teo, un joven biólogo que se desplaza hasta
Tabarca para estudiar la fauna y la flora de su reserva marina. Mientras Rosa sueña con
abandonar la isla, él encuentra allí precisamente aquello de lo que necesita rodearse:
el mar, la naturaleza y una forma de vida alejada de su realidad cotidiana. Esa mirada
opuesta sobre un mismo lugar establece desde el principio una complicidad entre am-
bos y abre una inesperada posibilidad de cambio.
Pero la llegada de Teo coincide también con una serie de acontecimientos extraños.
Desaparecen sus anotaciones sobre el fondo marino, alguien entra en el despacho del
padre de Rosa sin llevarse los objetos de valor y ciertos documentos del pasado empie-
zan a plantear preguntas sobre la historia reciente de Tabarca y sobre el origen de su
reserva marina. Lo que en un principio parece una sucesión de hechos aislados va dibu-
jando un misterio relacionado con el mar y con algo que alguien lleva años empeñado
en encontrar.
La investigación conduce además hacia un pasado mucho más lejano. La novela
abre una segunda línea narrativa ambientada en 1927 y vinculada al faro de Tabarca, a
los hombres y mujeres que vivieron en él y a una historia que dejó su huella en la isla.
Presente y pasado avanzan así hacia un punto común mientras las flores amarillas, el
faro, las estrellas y el Mediterráneo conectan distintas generaciones.
Joaquín Hernández construye una historia en la que la intriga y el romance se ali-
mentan mutuamente y en la que el escenario resulta inseparable de los personajes. Ta-
barca no funciona simplemente como decorado, sino que sus temporales, su aislamien-
to, el faro, el cementerio, la reserva marina, las noches estrelladas y la dependencia del
mar condicionan las decisiones de quienes viven en ella y convierten la propia geografía
de la isla en uno de los motores de la novela.
«—Si pudiera haría las maletas y me trasladaría a Tabarca. Sin dudarlo.
—Si yo pudiera también haría las maletas, pero para marcharme de aquí.
—¿Por qué dices eso?
—Me gustaría ver mundo, viajar, probar comidas diferentes, conocer gente de otros
países.
—¿Y por qué no lo haces?
—Digamos que mis circunstancias personales no me lo permiten. [...] Tú estás aquí
para disfrutar de la isla y yo, en lo que pueda, te ayudaré a que tu estancia sea lo más
cómoda posible.
[...]
Durante un rato ambos imaginaron una vida diferente a la que tenían. Él, en esa isla.
Ella, lejos de allí».
Tabarca: entre el paraíso y la prisión
La mirada sobre Tabarca cambia según quién la contemple. Para los turistas es un
paraíso mediterráneo; para Teo, un lugar en el que sentirse libre; para Rosa, una isla de
la que no consigue escapar. Esa contradicción atraviesa toda la novela. El aislamiento
geográfico se convierte también en aislamiento personal. El mar que atrae a miles de
visitantes es la frontera que limita los sueños de su protagonista. La oposición entre
quedarse y marcharse, entre pertenecer a un lugar y sentirse atrapado en él, convierte el
paisaje en un reflejo del conflicto íntimo de los personajes.
Las flores amarillas: memoria y resistencia
El Asteriscus maritimus que da título a la novela es mucho más que una flor del pai-
saje tabarquino. El padre de Rosa se la regalaba como recordatorio de su capacidad
para resistir porque pese al agua salada y a las condiciones adversas, esta flor continúa
floreciendo junto al Mediterráneo. Tras su muerte, una flor amarilla sigue apareciendo
cada mañana sobre el mostrador del hotel. El gesto mantiene vivo el vínculo entre padre
e hija y convierte las flores amarillas en un hilo emocional que atraviesa la historia. Ha-
blan de memoria, de amor y, sobre todo, de la determinación de seguir adelante incluso
cuando todo parece empujar en dirección contraria.
El pasado que sigue iluminando el presente
Las huellas de quienes estuvieron antes ocupan un lugar central en la novela. Rosa
continúa dialogando de algún modo con sus padres a través de sus recuerdos, de las
flores y de las estrellas; al mismo tiempo, antiguos documentos y rastros conservados
durante décadas obligan a los personajes a volver la mirada hacia la historia de la isla.
El faro refuerza esa idea: su luz permite orientarse desde la distancia y se convierte en
una poderosa imagen de aquello que permanece cuando las personas ya no están. La
novela plantea así hasta qué punto el pasado puede seguir guiando el presente y condi-
cionando las decisiones de las generaciones posteriores.
El mar: vida, frontera y misterio
Todo en Tabarca conduce al Mediterráneo. Durante generaciones ha proporciona-
do trabajo a sus habitantes y ha marcado sus costumbres, pero es también una fuerza
imprevisible capaz de aislar por completo la isla. Con la llegada de Teo aparece además
otra dimensión del mar: la riqueza natural de la reserva marina y las praderas de posido-
nia que crecen bajo la superficie. El trabajo del biólogo convierte ese fondo marino en
territorio de investigación, y los primeros robos y desapariciones sugieren que alguien
concede a sus observaciones un valor que él todavía desconoce. Naturaleza, memoria e
intriga terminan así concentrándose bajo unas mismas aguas.
EL AUTOR
JOAQUÍN HERNÁNDEZ CASTILLO (Alicante, 1984) es licenciado en Periodismo. Su trayectoria profesional ha estado vinculada, sobre todo, al mundo de la televisión. Desde el año 2010 trabaja como redactor en Antena 3 Noticias y en el programa Espejo público. Anteriormente, formó parte del equipo de Informativos Telecinco, viajó a decenas de países con el programa Murcianos por el mundo de La 7 y trabajó en la Agencia EFE Televisión. También presentó su propio espacio cultural, Proyecto Hernández, en Radio San Vicente.
Aparte del periodismo, su otra gran pasión es la música, especialmente los musicales. Cursó estudios de piano en el Conservatorio Profesional de Música de Alicante y el máster en Creación Literaria del Grupo Planeta en la Universidad Internacional de Valencia.
En 2024 publicó su primera novela, Los secretos del olvido (Plaza & Janés).
