La justicia intenta aclarar si hubo negligencia en el fallecimiento de una mujer que apareció atrapada entre la cama y una silla, con el cinturón de sujeción comprimiéndole el pecho. La autopsia apunta a una asfixia mecánica por compresión torácica, considerada una muerte violenta de carácter accidental, aunque el juzgado mantiene abiertas diligencias por homicidio imprudente.
Una madrugada de agosto que parecía rutinaria terminó convirtiéndose en un episodio dramático en una residencia de mayores del concejo asturiano de Siero. Allí fue hallada sin vida Josefa, una mujer de 92 años, que dormía habitualmente con una cincha de contención abdominal, un sistema de sujeción empleado para evitar caídas o episodios de agitación durante la noche.
Según las primeras reconstrucciones de lo ocurrido, una de las barandillas de la cama habría cedido, permitiendo que la anciana se precipitara fuera del lecho. La caída no fue una caída convencional. La mujer quedó encajada entre la cama y una silla cercana, en una posición de cuclillas extremadamente peligrosa, con la cincha tensándose sobre su torso.
Ese cinturón, diseñado para evitar movimientos bruscos durante la noche, terminó ejerciendo una presión letal sobre el pecho. La anciana sufrió una parada cardiorrespiratoria provocada por asfixia mecánica, según determinaría posteriormente la autopsia.
Una auxiliar declara como investigada
El caso ha llegado a los tribunales. La jueza de Instrucción del Tribunal de Instancia de Siero, plaza número 2, mantiene abiertas diligencias por un presunto delito de homicidio imprudente mientras intenta esclarecer si existió algún fallo en la vigilancia o en los sistemas de seguridad de la habitación.
En el marco de esta investigación ha prestado declaración una auxiliar de la residencia, de 53 años, que estaba a cargo de la anciana durante el turno de noche y que figura actualmente como investigada en el procedimiento.
La trabajadora fue la primera persona que encontró el cuerpo durante una de las rondas nocturnas. Según explicó ante la magistrada, el hallazgo se produjo aproximadamente entre la una y la una y media de la madrugada.
En su declaración relató que, al ver a la mujer fuera de la cama, intentó comprobar si aún respiraba. Para ello llamó a una compañera y entre ambas la subieron nuevamente al lecho, tratando de verificar si presentaba signos de vida.
Al no obtener respuesta, la auxiliar afirmó que cubrió el cuerpo con una sábana mientras avisaban de lo ocurrido.
La trabajadora niega cualquier responsabilidad en el fallecimiento y sostiene que actuó en todo momento de buena fe y siguiendo su instinto, aunque reconoce que en ese primer momento no sabía exactamente cómo debía proceder ante una situación así.
El estado de las barandillas, una pieza clave
Durante su declaración, la auxiliar introdujo un elemento que puede resultar determinante para la investigación. Según explicó, las barandillas de seguridad de algunas camas del centro podían ceder con relativa facilidad debido a la presión que ejercían los propios residentes.
Por ello, sostiene que no necesariamente tuvo que ser una trabajadora quien dejara bajada la barandilla.
La mujer también señaló que la anciana, a pesar de su avanzada edad y de su complexión menuda, era una persona con fuerza suficiente para mover o empujar los mecanismos de la cama.
Sin embargo, otra empleada del centro, la encargada de administrar la medicación a la residente unas horas antes, declaró que alrededor de las diez y media de la noche la anciana estaba correctamente colocada en la cama, con las dos barandillas levantadas y la cincha bien ajustada.
Esta discrepancia es uno de los aspectos que la investigación judicial intenta aclarar.
La autopsia descarta la intervención de terceras personas
El médico de la residencia no llegó a certificar inicialmente la causa del fallecimiento, por lo que se avisó a la Guardia Civil, que activó el protocolo correspondiente para este tipo de situaciones.
Posteriormente se practicó una autopsia al cuerpo de la anciana.
El informe forense concluyó que la muerte era de etiología violenta accidental y que la causa más probable fue una asfixia mecánica producida por compresión torácica, compatible con la posición en la que fue encontrada la mujer.
El análisis médico descarta la intervención directa de terceras personas, lo que refuerza la hipótesis de un accidente derivado de la caída y del sistema de contención que llevaba colocado.
Una medida autorizada por el médico
La sujeción abdominal que utilizaba la anciana había sido autorizada por el médico de la residencia aproximadamente un año antes del suceso.
Según consta en el historial, la mujer sufría episodios de agitación nocturna que ya habían provocado alguna caída previa, por lo que se optó por emplear ese sistema de contención como medida preventiva.
Este tipo de dispositivos se utilizan en algunos centros geriátricos para evitar que los residentes más frágiles sufran lesiones al levantarse de forma brusca durante la noche.
Sin embargo, el uso de estos sistemas también está rodeado de un intenso debate en el ámbito sanitario y social, ya que pueden convertirse en un factor de riesgo si se producen caídas o atrapamientos.
La investigación continúa
La magistrada instructora deberá decidir ahora qué nuevas diligencias se practican para determinar si el fallecimiento fue realmente un accidente inevitable o si existió algún fallo humano o técnico que pudiera haberse evitado.
Entre las cuestiones que previsiblemente se analizarán figuran el estado de las barandillas de la cama, los protocolos de vigilancia nocturna, el mantenimiento del equipamiento y las circunstancias exactas en las que se produjo la caída.
La defensa de la auxiliar investigada ya ha anunciado que solicitará que se archive la causa respecto a su clienta, al considerar que no existen indicios de conducta negligente.
Mientras tanto, la muerte de Josefa se ha convertido en un caso que vuelve a poner bajo el foco las condiciones de seguridad y los protocolos de atención en las residencias de mayores, un ámbito especialmente sensible en una sociedad cada vez más envejecida.
