“Nos educan más los algoritmos que los padres”: alarma en las aulas españolas por el impacto de TikTok, el móvil y el deterioro de la convivencia escolar

“Nos educan más los algoritmos que los padres”: alarma en las aulas españolas por el impacto de TikTok, el móvil y el deterioro de la convivencia escolar

No es una exageración ni una frase provocadora. Es una constatación que se repite, cada día, en colegios e institutos de Asturias y del resto de España.
«Profe, eso en TikTok dicen que no es así». «Profe, eso que nos explica no es legal, lo he visto en un vídeo».
Frases reales, alumnos distintos, centros distintos. La misma conclusión demoledora: los alumnos ya no llegan educados por su entorno familiar, llegan educados por las redes sociales.

El debate ha estallado con fuerza en las últimas semanas y los datos lo respaldan. Casi ocho de cada diez docentes asturianos califican el clima en las aulas como conflictivo o muy complicado, según estudios sindicales recientes. Aumentan las faltas de respeto, las discusiones constantes, la negativa a seguir instrucciones y el cuestionamiento permanente de la autoridad del profesorado.

Un aula que refleja una sociedad en tensión

Los docentes coinciden en una idea clave: la escuela no es el problema, es el síntoma.
Las aulas reflejan una sociedad marcada por la inmediatez, el individualismo, la falta de límites claros y una cultura donde todo parece opinable, incluso los conocimientos técnicos o las normas básicas de convivencia.

Profesores de Primaria, Secundaria y Formación Profesional describen un día a día cada vez más complejo: grupos muy heterogéneos, alumnado con necesidades educativas especiales sin los recursos suficientes, estudiantes que no dominan el idioma y esperan semanas para recibir apoyo específico, y una carga burocrática que ahoga el tiempo real de enseñanza.

La mayoría huye del catastrofismo, pero nadie niega la dificultad. “No estamos peor porque los alumnos sean peores; estamos peor porque el entorno es mucho más exigente y contradictorio”, resume un director de Primaria.

TikTok, el nuevo “argumento de autoridad”

Uno de los cambios más llamativos es el desplazamiento de la autoridad tradicional.
Antes, el profesor explicaba. Hoy, compite contra un algoritmo.

Muchos docentes relatan cómo alumnos niegan hechos objetivos, cuestionan normas de seguridad o discuten contenidos académicos basándose en vídeos virales sin ningún rigor. No se trata de espíritu crítico, sino de confundir opinión con conocimiento.

La consecuencia directa es una pérdida de confianza en la figura del docente y una sensación de fiscalización constante: por parte del alumnado, de algunas familias e incluso del propio sistema educativo.

El móvil: de herramienta a problema estructural

Aquí hay unanimidad.
El móvil ha dejado de ser una distracción puntual para convertirse en un elemento estructural que interfiere en la atención, la convivencia y el aprendizaje.

Los profesores describen un descenso claro de la capacidad de concentración: mantener una actividad más de 15 o 20 minutos se vuelve casi imposible. El alumnado llega cansado, hiperestimulado, acostumbrado a impactos rápidos y recompensas inmediatas.

Aunque muchos centros han prohibido el uso del móvil, lo que ocurre fuera del aula entra igualmente en clase: conflictos en redes, insultos digitales, rumores, vídeos grabados sin consentimiento. Todo acaba explotando entre cuatro paredes.

Acoso y salud mental: la cara más oscura

El deterioro del clima escolar va de la mano de un aumento de los problemas de salud mental.
Los docentes alertan de ansiedad, trastornos de la conducta alimentaria, autolesiones y cuadros depresivos entre menores cada vez más jóvenes.

Los servicios de salud mental infantil y juvenil están saturados. Y mientras tanto, los centros educativos se convierten en el primer lugar donde se detectan estas situaciones… sin contar siempre con los medios adecuados.

El acoso escolar, especialmente el digital, agrava el problema: el conflicto ya no termina al salir del colegio, continúa en el móvil, las 24 horas del día.

Profesores agotados y sensación de desprotección

El impacto no es solo para el alumnado.
Cada vez más docentes reconocen frustración, desgaste emocional y una sensación creciente de desprotección. Aumentan las bajas médicas, el cansancio psicológico y la percepción de que, ante un conflicto grave, el respaldo institucional es insuficiente.

Los sindicatos alertan de agresiones verbales, amenazas, presiones para modificar calificaciones e incluso denuncias falsas. Muchos profesores sienten que se les exige educar sin herramientas y asumir responsabilidades sin autoridad real.

¿Estamos peor que antes?

No hay unanimidad.
Algunos docentes aseguran que las aulas son hoy más difíciles que hace 20 años, con interrupciones constantes, gritos, insultos y desafíos abiertos a la figura del profesor.
Otros recuerdan que la violencia siempre existió, pero admiten que ahora es distinta: más difusa, más permanente y amplificada por las redes sociales.

En lo que sí coinciden todos es en esto: la autoridad docente está profundamente debilitada y urge una respuesta colectiva.

Una responsabilidad compartida

Los maestros y profesores no piden soluciones mágicas. Piden un debate honesto y sereno, que vaya más allá del aula y alcance a toda la sociedad.

Hablan de:

  • Falta de tiempo real de las familias para educar

  • Sobreprotección y ausencia de límites claros

  • Pérdida de valores como el respeto, la empatía y el esfuerzo

  • Rebaja progresiva de exigencias “para evitar frustraciones”

  • Un sistema que busca culpables antes que responsabilidades

Porque, como resumen muchos de ellos, si todo el mundo educa a los niños, al final no los educa nadie.

La advertencia es clara y compartida: nos estamos jugando mucho. No solo el clima en las aulas, sino la forma en que las próximas generaciones aprenderán a convivir, a respetar y a distinguir la verdad del ruido.

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