Asturias camina hacia un problema estructural de primera magnitud que ya no pertenece al futuro, sino al presente inmediato. En los próximos diez años, la comunidad necesitará casi 60.000 trabajadores más para sostener su población activa. No es una estimación alarmista: es una proyección demográfica fría y matemática que anticipa un déficit anual cercano a las 6.000 personas si no cambia el rumbo.
El escenario es claro y demoledor. 125.723 asturianos abandonarán el mercado laboral por jubilación o salida de la actividad, mientras que solo 66.096 jóvenes se incorporarán por primera vez al empleo. La resta deja un vacío de 59.627 trabajadores, un desfase que amenaza con tensionar servicios públicos, empresas y el propio modelo económico del Principado.
El peor dato de España: un 14,4 % del empleo en riesgo
El problema no es solo el tamaño del agujero, sino su peso relativo. En términos porcentuales, Asturias es la comunidad más afectada del país: el déficit previsto equivale al 14,4 % del empleo total, la proporción más elevada entre todas las autonomías. Es decir, uno de cada siete puestos de trabajo podría quedarse sin relevo.
Esta situación no es homogénea en el territorio nacional, pero golpea con especial fuerza al noroeste peninsular, donde el envejecimiento poblacional y la debilidad de las generaciones jóvenes dibujan un panorama especialmente delicado.
No es coyuntura: es estructura
Asturias no afronta una mala racha laboral, sino una transformación profunda de su pirámide demográfica. Durante décadas, la región ha perdido población o ha crecido de forma muy débil, mientras se consolidaba una de las tasas de envejecimiento más altas del país. El resultado es una comunidad con muchos trabajadores cerca de la jubilación y pocos jóvenes para tomar el relevo.
Entre los años 2000 y 2025, Asturias perdió más de 54.000 habitantes, un retroceso que sigue condicionando hoy su mercado de trabajo. Aunque en los últimos ejercicios se ha frenado la caída demográfica, el desequilibrio generacional ya está incorporado al sistema y no se corrige de un año para otro.
España también tendrá déficit, pero Asturias va en cabeza
El fenómeno no es exclusivo del Principado. En el conjunto del país, se calcula que más de 5,4 millones de personas se jubilarán en la próxima década, frente a unos 4 millones de nuevas incorporaciones, lo que generará un déficit nacional de 1,4 millones de trabajadores si no se compensa por otras vías.
La diferencia es que, mientras otras comunidades cuentan con crecimiento poblacional, atracción de talento o grandes áreas metropolitanas, Asturias parte con menos margen de maniobra. Aquí, cada jubilación pesa más y cada joven cuenta el doble.
Sin población nueva, no salen las cuentas
El diagnóstico es incómodo, pero ineludible: si Asturias quiere mantener su nivel de empleo, servicios públicos y actividad económica, necesitará incorporar población en edad laboral. El relevo natural ya no basta.
Sanidad, cuidados, construcción, industria, mantenimiento, hostelería, turismo o servicios tecnológicos son algunos de los sectores donde la falta de trabajadores empezará a sentirse antes y con más intensidad. No se trata de un colapso repentino, sino de una erosión progresiva: vacantes que no se cubren, plantillas sobrecargadas, retrasos, menor competitividad y pérdida de oportunidades.
El reloj ya está corriendo
La próxima década será decisiva. Asturias puede optar por anticiparse —atraer y retener trabajadores, facilitar el retorno del talento emigrado, apostar de verdad por la formación profesional y la productividad— o puede dejar que el calendario haga su trabajo y descubrir, dentro de unos años, que el problema ya no tiene solución fácil.
Lo que está en juego no es solo el empleo. Es la capacidad de Asturias para sostener su economía, su Estado del bienestar y su forma de vida. Y esta vez, el aviso llega con cifras claras, plazos concretos y un mensaje inequívoco: si no hay personas, no hay futuro.
