El Principado lidera desde hace años el ranking de precios del combustible mientras transportistas, pymes y estaciones denuncian un sistema que encarece la economía regional y provoca una pérdida de recaudación que podría superar los 300 millones anuales
Asturias vuelve a situarse en el centro del debate energético nacional por un motivo poco alentador: paga la gasolina y el gasóleo más caros de España de forma persistente, incluso en comparación con comunidades vecinas situadas a apenas unos cientos de kilómetros. Una realidad que, lejos de corregirse, se ha cronificado y para la que, según el propio sector, no existe una explicación clara, coherente y convincente.
La Agrupación Asturiana de Vendedores al por Menor de Carburantes y Combustibles ha puesto cifras al problema. Su presidente, Fernando Villa, advierte de que el diferencial de precios —entre 5 y 10 céntimos por litro respecto a comunidades como Galicia, Cantabria o Castilla y León— no solo penaliza a conductores y empresas, sino que está vaciando silenciosamente las arcas del Principado.
Un agujero fiscal que supera los 300 millones
Según los cálculos del sector, cada vez que un vehículo decide repostar fuera de Asturias, la comunidad pierde una parte sustancial de la recaudación asociada al combustible. En concreto, el 58% del Impuesto Especial de Hidrocarburos, el 50% del IVA y el tramo autonómico integrado en el impuesto, que se liquidan en función del lugar de venta.
Traducido a cifras: por cada 1.000 litros repostados fuera, el Principado deja de ingresar entre 350 y casi 500 euros. Multiplicado por miles de operaciones anuales, el impacto puede superar los 300 millones de euros al año, una cantidad especialmente relevante para una comunidad con dificultades estructurales de financiación.
«Se analizan con lupa otros impuestos, pero aquí se está dejando escapar una recaudación enorme sin que nadie entre a fondo en el problema», denuncia Villa.
Transportistas y pymes, los primeros en huir
El diferencial de precios tiene un efecto inmediato en el comportamiento del mercado. Grandes flotas de transporte y camioneros profesionales optan por repostar lo justo en Asturias para cruzar la frontera regional y llenar depósitos en otras comunidades, donde el precio es sensiblemente más bajo.
Un solo camión puede cargar 1.000 o incluso 2.000 litros en una operación. Para una pequeña empresa de transporte, pagar entre 5 y 10 céntimos más por litro supone un sobrecoste anual de entre 8.000 y 10.000 euros, una cifra que acaba reduciendo márgenes o trasladándose al consumidor final.
El efecto dominó alcanza también a las estaciones de servicio asturianas, que ven caer ventas, ajustar horarios y empleo, y al conjunto del tejido productivo, al encarecer la logística y restar competitividad a las empresas del territorio.
Un problema estructural que viene de lejos
La situación no es nueva ni desconocida para los organismos reguladores. Informes elaborados en los últimos años por la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia ya situaban a Asturias como la provincia peninsular con el precio medio más alto tanto en gasolina 95 como en gasóleo A.
Entre los factores estructurales que explican —al menos en parte— este sobrecoste figuran varios elementos clave:
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Ausencia de oleoducto: Asturias es una de las pocas comunidades peninsulares sin conexión directa a la red nacional de oleoductos. El combustible debe llegar por barco al puerto de El Musel y distribuirse luego por carretera, con mayores costes logísticos.
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Menor competencia real: Solo un 33% de las estaciones asturianas son independientes, frente a una media nacional cercana al 46%. Las estaciones independientes suelen presionar los precios a la baja.
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Escasa presencia de ‘low cost’: Marcas de bajo coste apenas representan el 4% de la red regional, muy por debajo de otras comunidades.
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Red poco homogénea: Casi la mitad de las estaciones se sitúan en carreteras o autopistas —donde el precio es más alto— y solo un 11% opera en régimen desatendido de forma significativa.
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Crecimiento estancado: Asturias cuenta con 251 estaciones, pero su ritmo de crecimiento ha sido inferior al de otras provincias, reduciendo la presión competitiva.
Una explicación que no convence
Los operadores mayoristas aluden a costes de posicionamiento y distribución para justificar el diferencial, pero desde Asvecar insisten en que esa explicación no se sostiene por sí sola, especialmente cuando Asturias paga más que territorios con condiciones logísticas similares o incluso más alejados de los grandes centros de distribución.
«No es razonable que a 200 o 300 kilómetros el combustible sea sistemáticamente más barato. Alguien tiene que explicar qué está pasando de verdad», reclama el sector, que pide al Gobierno autonómico y a los agentes sociales y económicos un análisis serio, con datos y capacidad de decisión.
Una factura silenciosa para la economía asturiana
El resultado es un sobrecoste generalizado que no solo afecta al bolsillo del ciudadano, sino que reduce competitividad, expulsa consumo y debilita la recaudación pública. Todo ello en una comunidad que, según el propio sector, no puede permitirse perder recursos por un problema que nadie parece dispuesto a afrontar de raíz.
Mientras no se introduzcan cambios estructurales —más competencia, revisión logística, mayor transparencia en la cadena de precios—, Asturias seguirá pagando la gasolina más cara de España y acumulando una factura económica que crece litro a litro, depósito a depósito.
