Ganó una prueba de ciclismo de montaña en Tineo, subió las fotos y remató con una frase que pretendía ser graciosa: “Me dijo el médico… reposo absoluto… no puede ni bajar escaleras solo”. Lo que parecía un momento de orgullo y cachondeo de redes acabó convertido en una prueba en su contra, en un informe, en un expediente y, finalmente, en un despido confirmado por la justicia.
La noticia tiene morbo, sí. Pero lo interesante no es el caso concreto. Lo interesante es lo que revela: mucha gente confunde visibilidad con inteligencia. Y en redes, esa confusión sale carísima.
Porque lo que te da un chute de dopamina hoy —likes, aplausos, “qué máquina eres”— puede ser el mismo material que mañana te convierta en un problema legal, laboral o personal. Y no hablamos solo de bajas médicas. Hablamos de la vida.
1) El mecanismo: por qué el ego gana tantas veces
Las redes están diseñadas para una cosa: recompensar la exhibición.
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Publicas algo.
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Recibes atención.
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Tu cerebro interpreta eso como “valor”.
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Y quieres repetir.
Eso no es una teoría bonita: es una palanca psicológica básica. El problema llega cuando esa necesidad de reconocimiento se mete donde no debe.
Porque el ego, cuando manda, hace dos trampas:
Trampa 1: “Si lo subo, existe más”
Ganar una carrera, cerrar un trato, ligar con alguien, humillar a un rival, lucir un coche… en redes parece más real y más grande. Pero también queda más registrado.
Trampa 2: “A mí no me va a pasar”
La típica. “Bah, esto lo ve mi gente”.
No. Esto lo puede ver:
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tu empresa
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tu competencia
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un juez
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un detective privado
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el ex con ganas de guerra
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el cuñado con tiempo libre
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un periodista (hola)
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y, lo más peligroso: alguien que lo descarga y lo guarda
2) El error no es solo publicar… es publicar sin contexto y con chulería
En el caso del trabajador, no solo compitió. Lo crítico es que se retrató a sí mismo como alguien que se ríe de una recomendación médica y, de paso, de su situación laboral. Esa frase fue gasolina.
Esto es clave: en redes, el tono puede ser más devastador que el hecho.
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Una foto corriendo puede ser “vida activa”.
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Una foto corriendo con “mira cómo me la suda el reposo” es otra película.
Las redes no solo muestran hechos: fabrican relatos. Y un relato puede volverse en tu contra en 24 horas.
3) La gente sube demasiado porque no entiende una cosa: “internet no caduca”
La vida real funciona con memoria limitada. La gente olvida.
Internet funciona al revés: acumula.
Y el gran autoengaño moderno es:
“Esto en dos días ya no lo ve nadie”.
Puede que no lo vea nadie… pero sigue existiendo. Y cuando aparece un conflicto (despido, divorcio, custodia, denuncia, pleito, oposición, ascenso), ese contenido puede reaparecer como un fantasma con muy mala leche.
4) La paradoja: cuanto más exhibes, menos control tienes
Mucha gente usa redes para “controlar el relato”: parecer más fuerte, más feliz, más exitoso, más deseable.
Pero ocurre lo contrario:
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Cuanto más enseñas, más material das.
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Cuanto más material das, más fácil es interpretarte, atacarte o desmontarte.
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Cuanto más te acostumbras a exhibirte, menos filtro tienes.
Las redes no te dan control. Te dan sensación de control. Que es peor.
5) Vida laboral: el terreno minado que casi nadie se toma en serio
El trabajo no es solo lo que haces en horario laboral. Es también:
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tu imagen de fiabilidad
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tu coherencia
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tu reputación
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tu capacidad de representar a la empresa (aunque no seas jefe)
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tu conducta cuando “nadie te mira”
En una baja médica, además, hay un punto sensible: la confianza.
Porque la incapacidad temporal es un sistema que se sostiene sobre un pacto: “no puedo trabajar porque estoy enfermo”. Si tú publicas algo que parece lo contrario, no estás “subiendo una foto”. Estás rompiendo el pacto.
Y ahí la empresa ya no ve a una persona: ve a un riesgo.
6) Pero esto va más allá del trabajo: el ego digital te puede reventar en cualquier ámbito
Pareja y divorcio
Historias con fiestas, viajes, nuevas relaciones, gastos… y luego:
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“no puedo pagar la pensión”
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“estoy fatal”
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“no tengo estabilidad”
El juez no mira tu estado de ánimo, mira hechos.
Custodia y familia
Publicar noches, alcohol, cambios de ciudad, desprecios al otro progenitor… y luego:
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“soy responsable”
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“soy estable”
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“quiero custodia”
Las redes te contradicen sin despeinarse.
Salud mental y reputación
Mucha gente se expone buscando validación y luego sufre:
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ansiedad
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ataques
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humillación pública
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presión social
El ego te empuja a subir; el mundo te empuja a caer.
7) La pregunta incómoda: ¿cuánta gente cae por el ego?
No hay un porcentaje exacto universal (y quien te lo dé está inventando), pero sí hay algo observable: cada vez más conflictos laborales y judiciales incorporan pruebas digitales.
Es decir: cada vez más gente se complica la vida por:
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publicaciones
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mensajes
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audios
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capturas
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ubicaciones
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likes
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comentarios
Y la tendencia es clara: el ego digital está dejando un rastro probatorio enorme.
8) La regla de oro: “lo que no subirías al despacho del jefe, no lo subas”
Te dejo un filtro simple y brutalmente útil. Antes de publicar, piensa:
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¿Esto lo enseñaría en una reunión de trabajo?
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¿Esto lo enseñaría ante un juez?
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¿Esto lo enseñaría a la persona que más me puede perjudicar?
Si alguna respuesta es “no”… ya sabes.
9) Ego vs inteligencia: la diferencia real
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Ego: “Mírame. Que se enteren. Soy un máquina.”
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Inteligencia: “Esto me gusta, pero no me conviene dejar rastro.”
El ego busca aplauso rápido.
La inteligencia protege el futuro.
Y lo jodido es que el ego grita y la inteligencia susurra.
Epílogo: el verdadero titular de esta historia
No es “despiden a un trabajador por ganar una carrera”.
El verdadero titular es:
“Un hombre convirtió su victoria en una prueba en su contra.”
Y ese es el gran drama moderno: vivimos en una época en la que, si no tienes cuidado, tu propio relato te delata.
