Si algo ha aprendido el Reino Unido en los últimos años es que el nombre de Prince Andrew nunca aparece en titulares sin provocar una sacudida institucional. Y esta vez, la conmoción es total.
En las últimas horas, informaciones procedentes de distintos medios británicos apuntan a movimientos policiales y diligencias relacionadas con el entorno del duque de York y su vinculación histórica con Jeffrey Epstein, el financiero estadounidense condenado por delitos sexuales cuya red de contactos alcanzó a políticos, empresarios y figuras públicas de primer nivel.
A esta hora no existe confirmación oficial de una acusación formal, pero sí señales inequívocas de que el caso Epstein vuelve a tensionar a la monarquía británica en un momento especialmente delicado para la institución.
Un pasado que nunca se cerró del todo
El príncipe Andrés arrastra desde 2019 un daño reputacional que no ha dejado de crecer. Su polémica entrevista televisiva defendiendo su relación con Epstein, la posterior retirada de funciones públicas y el acuerdo extrajudicial alcanzado en Estados Unidos con Virginia Giuffre marcaron un antes y un después en su posición dentro de la familia real.
Aunque ese acuerdo evitó un juicio civil, no supuso una declaración de inocencia judicial ni el cierre absoluto del debate público. El problema para la Corona es que el caso Epstein no ha dejado de generar documentación, filtraciones, demandas y nuevas investigaciones en distintos países.
Y cada vez que aparecen nuevos documentos o testimonios, el nombre de Andrés reaparece.
¿Qué se estaría investigando ahora?
Según el contexto que se maneja en Londres, el foco no estaría únicamente en los contactos sociales con Epstein —algo ya conocido— sino en posibles intercambios de información, gestiones o actuaciones realizadas en el pasado en su etapa como representante comercial del Reino Unido.
En términos jurídicos, si prosperara alguna línea de investigación, podrían examinarse:
-
Posible uso indebido de información o influencia institucional.
-
Conocimiento previo de actividades ilícitas y eventual omisión de denuncia.
-
Gestión irregular de relaciones oficiales vinculadas al entorno Epstein.
Conviene insistir: no hay cargos confirmados públicamente en este momento. Pero el mero hecho de que vuelvan a activarse diligencias alrededor de su figura ya tiene un impacto demoledor.
Un golpe simbólico a la monarquía
El daño no es solo legal. Es político, institucional y emocional.
La monarquía británica atraviesa una etapa de redefinición tras la muerte de Isabel II y la consolidación del reinado de Carlos III. Cualquier sombra judicial sobre un miembro de la familia real alimenta el debate republicano, reabre heridas internas y tensiona la relación entre la Casa Real y el Gobierno.
En términos de imagen internacional, el Reino Unido vuelve a ver asociada la palabra “Corona” con uno de los escándalos sexuales y financieros más graves de las últimas décadas.
La pregunta que flota en el aire: ¿quién más puede caer en el caso Epstein?
El universo Epstein no fue una historia aislada de un depredador solitario. Fue una red de relaciones, favores, vuelos privados, encuentros sociales y conexiones de poder.
Si la investigación internacional sobre los llamados “archivos Epstein” se amplía, hay tres posibles direcciones donde podrían producirse nuevas consecuencias:
1️⃣ Facilitadores y entornos intermedios
Personas que no cometieron delitos sexuales, pero que pudieron facilitar contactos, encubrir información o proteger reputaciones. Secretarios, gestores, intermediarios financieros. En escándalos de este calibre, muchas veces las responsabilidades penales llegan por la vía del encubrimiento o la obstrucción.
2️⃣ Figuras públicas mencionadas en documentación reciente
Aparecer en una agenda no es delito. Pero si nuevos documentos aportan pruebas de conocimiento previo o participación activa en dinámicas ilícitas, la situación cambia radicalmente.
3️⃣ Responsables institucionales que miraron hacia otro lado
Uno de los grandes interrogantes del caso Epstein es cómo durante años operó con tanta impunidad. Si se demuestra que hubo advertencias ignoradas o destrucción de pruebas, podrían abrirse frentes inesperados.
El precedente: cuando cae una figura simbólica
En grandes escándalos de poder, cuando una figura emblemática entra en el foco judicial, rara vez se trata de un episodio aislado. Normalmente significa que la investigación ha alcanzado un punto de madurez suficiente como para empezar a escalar.
Eso no implica una “caza de brujas”. Implica algo más inquietante: que el sistema judicial puede estar dispuesto a atravesar capas de poder que antes parecían intocables.
Un país en vilo
El Reino Unido observa ahora con una mezcla de incredulidad y cansancio. El caso Epstein parecía una herida que nunca cicatrizaba del todo. Si finalmente se materializan consecuencias penales o nuevas imputaciones, el impacto institucional podría ser el mayor desde la crisis provocada por la entrevista del propio Andrés en 2019.
Y la pregunta, inevitable y punzante, sigue en el aire:
Si el foco vuelve a iluminar a los poderosos… ¿quién será el siguiente nombre en aparecer?
Porque en los grandes escándalos internacionales, lo verdaderamente inquietante no es quién ya ha caído.
Es quién todavía no lo ha hecho.
