Lo que comenzó como una llamada inquietante al 112 —una chica caminando sola hacia el espigón de San Juan de la Arena, en Soto del Barco, y tres gritos escuchados en plena zona costera— terminó convirtiéndose en un operativo de gran envergadura que mantuvo en vilo a la comarca durante casi un día entero.
Y, sin embargo, el desenlace fue tan inesperado como simple: no había ninguna desaparecida. No hubo caída al agua. No hubo accidente. Solo una menor con auriculares que, en un momento dado, gritó para desahogarse.
El aviso que activó el protocolo
El Centro de Coordinación de Emergencias recibió el aviso en torno a las 20.06 horas del viernes. El alertante explicó que había visto a una joven dirigirse sola hacia la zona del espigón y que, poco después, cuando ya no la tenía a la vista, la escuchó gritar hasta en tres ocasiones.
En un entorno marítimo, al anochecer y con una persona aparentemente desaparecida del campo visual, la activación del protocolo fue inmediata. Cuando existe la mínima duda en un escenario de riesgo, se busca.
Un operativo de máxima intensidad
Las labores de rastreo comenzaron esa misma tarde y se prolongaron durante la madrugada. A primera hora de la mañana del sábado se retomaron con un despliegue que incluyó:
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Bomberos del SEPA, con base en Pravia, bajo la coordinación del Jefe de Bomberos de la Zona Centro Oeste.
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Unidad de Drones, Unidad Canina de Rescate y Grupo de Rescate.
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Instalación de un Puesto de Mando Avanzado (PMA) en el estacionamiento del espigón.
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Participación del Helimer de Salvamento Marítimo.
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Servicio Marítimo de la Guardia Civil con la embarcación “Río Esera”.
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Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS) para inspección de la zona costera.
En total, 19 horas de búsqueda intensa, con medios aéreos, terrestres y acuáticos desplegados en un dispositivo propio de una desaparición de alto riesgo.
Durante ese tiempo circularon todo tipo de hipótesis sobre la identidad de la joven y lo que podría haber sucedido en la zona.
El giro inesperado
La situación dio un vuelco alrededor de las 14.45 horas del sábado, cuando una persona contactó con el 112 para comunicar que su hija, menor de edad, había estado en el lugar en el momento aproximado del aviso.
Según explicó la familia, la joven llevaba auriculares y en un momento determinado dio unos gritos para desahogarse, sin ser consciente de que alguien podía escucharla y alarmarse. Al conocer que se estaba realizando una búsqueda en la zona, comentó que ella había estado allí y que había gritado.
La Guardia Civil realizó las comprobaciones necesarias, verificando la coincidencia en la franja horaria y en la descripción de la ropa. Confirmado que la menor se encontraba en su domicilio y que no existía ningún indicio de accidente o desaparición, se acordó desactivar el dispositivo de búsqueda.
Movilización total… por un malentendido
El episodio deja una imagen potente: drones sobrevolando la costa, buzos rastreando el agua, perros peinando el entorno y un helicóptero en alerta por algo que, finalmente, no era lo que parecía.
Pero también deja una reflexión inevitable. En un escenario como un espigón al anochecer, con gritos escuchados y una persona que desaparece de la vista, las autoridades no pueden permitirse esperar. Si existe la mínima posibilidad de que alguien haya caído al mar, cada minuto cuenta.
El sistema actuó como debe: desplegando todos los recursos disponibles ante un posible riesgo vital y cerrando el operativo en cuanto hubo confirmación de que no existía ninguna emergencia real.
Final feliz, pero con lección
La menor se encuentra en casa con su familia. No hubo heridos ni tragedia. El desenlace es, sin duda, el mejor posible.
Pero durante casi 19 horas, San Juan de la Arena vivió una situación de angustia colectiva y un importante despliegue de medios por un episodio que terminó siendo un malentendido.
Una escena ambigua. Unos gritos en la noche. Y todo un dispositivo de emergencia activado para evitar lo peor.
A veces, la realidad no era lo que parecía. Pero en cuestiones de seguridad, el “por si acaso” siempre pesa más que el “seguramente no”.
