La mar se planta y gana: el paro de la flota obliga al Gobierno a flexibilizar el control pesquero
De norte a sur, de este a oeste, ayer la mar habló con una sola voz. La flota pesquera española amarró barcos, cerró lonjas y paralizó subastas en una protesta sin precedentes recientes. No fue un gesto simbólico ni una pataleta sectorial: fue un paro total, coordinado y con un mensaje nítido dirigido a Madrid y a Bruselas.
El detonante fue el nuevo Reglamento Europeo de Control Pesquero, aprobado hace casi tres años pero aplicado ahora con toda su crudeza. Una norma que, según denuncian los pescadores, trata a la pesca artesanal como si fuera una actividad industrial, imponiendo obligaciones burocráticas imposibles de cumplir en el día a día del mar.
El lema que se escuchó frente a la Secretaría General de Pesca fue tan simple como contundente:
«Somos pescadores, no somos delincuentes».
Un reglamento que encendió la mecha
El nuevo sistema de control obliga a los barcos de más de 12 metros de eslora —la práctica totalidad de la flota en comunidades como Asturias— a notificar con cuatro horas de antelación la llegada a puerto y a registrar y pesar en alta mar cada captura, con riesgo de sanción si existe el más mínimo error.
Para la pesca de bajura, que faena a pocas millas del puerto, con mareas cortas y condiciones cambiantes, estas exigencias fueron percibidas como una fantasía administrativa diseñada lejos del mar. Los pescadores alertaron además de un riesgo añadido: ante un cambio brusco de tiempo, la prioridad debe ser volver rápido a puerto, no rellenar formularios.
La gota que colmó el vaso fue la sensación compartida de que la normativa presupone culpabilidad y convierte errores humanos inevitables en infracciones sancionables.
Un día sin pesca que paralizó los puertos
El martes, la flota respondió con hechos.
No salieron barcos.
No hubo pescado en las lonjas.
No se subastó ni una caja.
Desde el Cantábrico al Mediterráneo, pasando por el Atlántico andaluz y las islas, los puertos ofrecieron una imagen inusual: barcos amarrados y marineros en tierra, muchos de ellos desplazados a Madrid para exigir una aplicación razonable de la norma.
Asturias tuvo un papel destacado en la movilización, con representantes de las cofradías —encabezadas por Adolfo García— viajando a la capital junto a un centenar de pescadores para trasladar su protesta directamente al Ministerio.
La reunión clave y el giro del Gobierno
Tras varias horas de negociación con la secretaria general de Pesca, Isabel Artime, llegó el punto de inflexión. El Gobierno aceptó flexibilizar de forma inmediata la aplicación del reglamento, reconociendo implícitamente que su implantación literal chocaba con la realidad operativa de la flota.
El acuerdo permitió desconvocar el paro y abrir una vía de entendimiento que el sector llevaba meses reclamando.
Las claves del acuerdo
El pacto alcanzado introduce cambios sustanciales:
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Errores menores sin sanción
Los errores u omisiones en el diario de a bordo para especies con capturas inferiores a 50 kilos no se considerarán infracción, siempre que la declaración de desembarque recoja correctamente las cantidades. -
Registro de capturas más realista
La obligación de anotar capturas por operación de pesca se entenderá cumplida con una única anotación diaria, antes de entrar a puerto o en el lugar de desembarque. -
Notificación previa flexible
La comunicación de llegada a puerto se realizará cuando el buque ponga rumbo a tierra, eliminando el corsé de las cuatro horas fijas, salvo en los casos específicos que ya estaban regulados. -
Presión a Bruselas
España se compromete a pedir formalmente a la Comisión Europea una modificación del reglamento para que estos criterios queden recogidos en la normativa comunitaria y no dependan solo de resoluciones nacionales.
Alivio en el sector, pero con cautela
Los pescadores regresan hoy al mar, satisfechos pero prudentes. El acuerdo se valora como un paso en la buena dirección, aunque muchos insisten en que ahora lo importante es cómo se aplique en la práctica, especialmente por parte de los servicios de inspección.
El sector también ha dejado claro que seguirá vigilante. La huelga ha demostrado que, cuando la flota se coordina, tiene fuerza suficiente para hacerse escuchar incluso frente a una normativa europea.
Más que un paro: una advertencia
Lo ocurrido este martes va más allá de una protesta puntual. Ha sido una advertencia seria sobre los límites de legislar desde los despachos sin pisar un puerto ni subir a un barco.
La pesca española ha recordado algo esencial: sin pescadores no hay sostenibilidad posible, y proteger el mar no puede significar asfixiar a quienes viven de él.
La mar se plantó.
Y, por esta vez, ganó.
