La tragedia ferroviaria de Adamuz eleva ya a 41 el número de personas fallecidas. Mientras continúan las tareas de identificación de las víctimas y la atención a los heridos, la investigación técnica entra en su fase más delicada: determinar si la vía estaba dañada antes del accidente y si ese fallo fue el origen del descarrilamiento que desencadenó la colisión.
Los investigadores han ordenado retirar y trasladar a un laboratorio especializado de Madrid los carriles del punto exacto donde se produjo la salida de vía, con el objetivo de analizarlos en un entorno controlado y sin interferencias. El foco está puesto en una rotura “limpia” de casi un metro detectada en la vía por la que circulaba el tren de alta velocidad, una alteración que ahora debe aclararse si existía con anterioridad o si se produjo como consecuencia del impacto.
Una extracción milimétrica para “interrogar” a la vía
La operación de retirada se realiza de forma coordinada para preservar la cadena de custodia del material. Los técnicos analizarán metal, soldaduras, tensiones internas y posibles defectos de fabricación o fatiga, además del estado del balasto y el asentamiento del conjunto. La pregunta clave es sencilla y decisiva: ¿falló la infraestructura?
Qué ocurrió
El siniestro se produjo a las 19:45 del domingo 18 de enero. Los tres últimos coches del Iryo que cubría la ruta Málaga–Madrid descarrilaron, se desplazaron lateralmente e invadieron la vía contraria, por la que circulaba el Renfe Alvia con destino Huelva. El choque fue de extrema violencia; los dos primeros coches del Alvia cayeron por un terraplén de unos cuatro metros, lo que agravó las consecuencias.
Ambos trenes circulaban a velocidades del orden de 200 km/h, dentro de los márgenes operativos del tramo. En esta fase inicial no se apunta a un exceso de velocidad ni a un error humano como causa directa.
Otras líneas de trabajo abiertas
Además del examen de los carriles, la investigación ha activado revisiones en taller de ruedas y ejes del tren siniestrado y de otros convoyes que pasaron por el mismo punto en las horas y días previos. Se emplean técnicas avanzadas para detectar grietas, desgaste anómalo o defectos en la rodadura.
Paralelamente, se han solicitado a Adif los registros de circulación y avisos de incidencias del tramo en los dos días anteriores al accidente, con el fin de comprobar si hubo alertas previas (ruidos, vibraciones, anomalías) comunicadas por personal ferroviario.
Investigación técnica y plazos
La indagación la dirige la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios —organismo técnico independiente encargado de mejorar la seguridad—, que trabaja con equipos desplazados sobre el terreno desde la madrugada posterior al siniestro. El procedimiento contempla análisis de laboratorio, revisión de registros, entrevistas y reconstrucción de hechos. El informe final puede tardar meses, pero los resultados del laboratorio sobre la vía serán determinantes para orientar las conclusiones.
Impacto humano y operativo
El balance provisional se sitúa en 41 fallecidos y decenas de heridos, algunos de ellos graves. El accidente ha provocado daños severos en la infraestructura y el material rodante y ha obligado a interrumpir y reorganizar servicios ferroviarios en varios corredores del sur peninsular.
Mientras el país guarda luto, todas las miradas se dirigen ahora a esos metros de acero enviados al laboratorio. Si la vía falló antes del descarrilamiento, el relato del accidente de Adamuz cambiará para siempre.
