Adamuz: la noche en que el tren se rompió en dos y España contuvo el aliento

Adamuz: la noche en que el tren se rompió en dos y España contuvo el aliento

Era una tarde templada de domingo cuando nada presagiaba horror. A las 19:39 horas, en la recta interminable de las vías que atraviesan Adamuz (Córdoba), algo que nunca debió ocurrir comenzó a fraguarse con precisión devastadora. Dos trenes de alta velocidad, diseñados para llevarnos seguros por cientos de kilómetros sin sobresaltos, sufrirían un golpe que catapultaría a España a una de sus noches más negras en el ferrocarril moderno.

Ni siquiera estábamos en una curva.
Ni en un paso peligroso. Ni en un tramo viejo o descuidado. Lo que se encontraba ante ellos era una recta lisa, una vía recientemente renovada y el cielo de enero clareando hacia el ocaso. Y sin embargo, la tragedia asomó.

Primer acto: el descarrilamiento que nadie vio venir

El protagonista involuntario de esta historia es un tren Iryo que había partido de Málaga rumbo a Madrid (Puerta de Atocha), con 317 viajeros a bordo. Todo iba según lo previsto. La velocidad era estable, no había ninguna alerta visible en cabina. Pero en cuestión de segundos, aquellos vagones de acero y ruedas comenzaron a traicionar su reino de seguridad.

Fue un movimiento imperceptible al principio: un ligero desnivel, una oscilación que nadie esperaba en plena recta. Y luego, como si un golpe invisible hubiera empujado de golpe un dominó perfecto, los tres últimos vagones del convoy se salieron de la vía. No fue un vuelco suave, ni un desliz: fue una salida de la realidad que terminó invadiendo la vía contigua.

Y cuando ese acero liberado atravesó la barrera mínima que separa dos rutas, el desastre ya era inevitable.

Segundo acto: choque frontal en alta velocidad

En la otra vía circulaba un Alvia de Renfe con destino a Huelva. Nada tampoco lo alertó. La noche se acercaba. Los habitantes de Adamuz quizá cenaban con la tele puesta o paseaban al perro sin imaginar que, en cuestión de segundos, escucharían un estruendo capaz de romper ventanas y corazones.

Primero, un impacto brutal: los vagones del Alvia apenas tuvieron tiempo de reaccionar. El choque fue directo, sin freno. Los dos primeros coches del convoy Renfe salieron despedidos por la fuerza del impacto.

Lo que vino después fue caos y caos en cámara lenta:

  • vagones retorcidos

  • luces de emergencia parpadeando en la oscuridad

  • pasajeros heridos marcando números en sus móviles

  • silencio roto por sirenas que no habían terminado de encenderse

Tercer acto: el paisaje de la tragedia

Pero no todos los vagones quedaron apenas achatados. Los equipos de rescate encontraron el escenario más duro donde menos lo esperaban: tres vagones enteros habían caído por un terraplén de cuatro metros. No era solo una colisión —era un genocidio mecánico.

Y allí, entre hierros doblados y latas de bebida aplastadas, los servicios de emergencia trabajaron hasta la madrugada:

  • grupos de rescate perforando chapas

  • bomberos cargando con equipos gigantescos

  • equipos sanitarios improvisando hospitales de campaña

  • familiares aguardando respuestas que no llegaban

Fue una noche de rescates imposibles, de esperanza al borde de la desesperación.

El recuento de la mañana: dolor en cifras

Con el amanecer, la cifra se estabilizó en al menos 39 muertos y más de 100 heridos, muchos de ellos graves. La investigación sigue su curso, pero aún no hay respuesta concreta a la gran pregunta: ¿por qué descarriló un tren en plena recta, sobre una vía renovada, y dentro de un sistema tan seguro como la alta velocidad española?

El ministro de Transportes, Óscar Puente, ha sido claro: “es un accidente extraño y difícil de explicar” y ha pedido prudencia ante cualquier especulación.

España paralizada: líneas cortadas, trenes detenidos, vidas en pausa

La circulación de trenes de alta velocidad entre Madrid y Andalucía sigue suspendida. Miles de pasajeros se han visto afectados hoy por cancelaciones y desvíos. La infraestructura ferroviaria, el orgullo de la movilidad española, está ahora bajo la lupa de todas las miradas.

Mientras tanto, Iryo y Renfe han habilitado líneas de atención a familiares de los afectados, un gesto necesario que llega tarde para muchos y al que se aferran otros como último hilo de esperanza.

El presidente Pedro Sánchez y la nación en estado de shock

El propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha expresado su solidaridad con las familias de las víctimas y ha trasladado palabras de aliento a los heridos. Líderes de todos los ámbitos han condenado el accidente y han pedido calma mientras la investigación sigue su curso.

Por qué este accidente lo cambia todo

Porque rompe la ilusión de que en España “esto no pasa”.
Porque en medio de una recta, sin curvas ni excusas, el hierro que debía conducirnos seguros se convirtió en arma letal.
Porque mientras los equipos de emergencia siguen retirando acero, las familias siguen esperando nombres, y España sigue preguntando “¿cómo pudo pasar esto?”

Y la respuesta, por ahora, sigue en el aire.

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