Venezuela ha entrado en una fase inédita de su historia contemporánea. Tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses y su traslado a Estados Unidos, Donald Trump ha dejado de hablar en términos diplomáticos para hacerlo en términos de mando directo: asegura que él está al frente del país y descarta elecciones a corto plazo. No es una metáfora política. Es una declaración de control.
Lo ocurrido en las últimas horas no es solo un cambio de gobierno: es un giro geopolítico de primer orden que afecta a América Latina, a la ONU, al mercado energético y al concepto mismo de soberanía.
Este es el estado de la cuestión, con todos los datos y el análisis necesario para entender qué ha pasado, qué está pasando y qué puede venir ahora.
Maduro, fuera del tablero político y dentro del judicial
La imagen es histórica: Nicolás Maduro compareciendo ante un tribunal federal estadounidense, declarando que ha sido “secuestrado” y proclamándose todavía presidente. Junto a él, su esposa Cilia Flores. Ambos se declaran no culpables de los cargos de narcotráfico y crimen organizado.
Estados Unidos ha decidido judicializar el chavismo. No se trata de una negociación ni de un exilio pactado: Maduro pasa a ser tratado como un imputado, no como un interlocutor político. Ese cambio de estatus marca un antes y un después.
Delcy Rodríguez asume el poder… pero con legitimidad cuestionada
En Caracas, el chavismo reaccionó rápido. Delcy Rodríguez fue juramentada como presidenta encargada, en un acto solemne en la Asamblea Nacional dominada por el oficialismo y con la presencia de la cúpula del régimen.
El mensaje interno es claro: el Estado sigue funcionando.
El problema es externo: Estados Unidos no la reconoce como líder real, aunque Trump afirma que “coopera”. En la práctica, Washington la trata como una administradora provisional, no como una presidenta soberana.
Se produce así una situación inédita:
una presidenta en Caracas
y un presidente extranjero diciendo que manda desde Washington
Trump lo deja claro: no habrá elecciones… de momento
Donald Trump no ha dejado espacio a interpretaciones. En entrevistas públicas ha afirmado que no se pueden celebrar elecciones a corto plazo porque “el país no está en condiciones”, y ha añadido que la prioridad es “arreglar Venezuela” antes de cualquier proceso democrático.
Además, ha detallado la estructura de control estadounidense:
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Marco Rubio (Diplomacia)
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Pete Hegseth (Defensa)
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Stephen Miller (Estrategia política)
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JD Vance (Coordinación política)
Todos ellos gestionarán la intervención, pero Trump insiste: la última palabra es suya.
Esto no es un protectorado formal, pero se le parece peligrosamente.
La oposición venezolana: apoyo al golpe… y alarma por el relevo
La gran figura opositora, María Corina Machado, ha agradecido abiertamente la captura de Maduro, calificándola como un acto de justicia histórica. Sin embargo, ha sido demoledora con Delcy Rodríguez, a la que define como:
“una de las principales artífices de la tortura, la persecución, la corrupción y el narcotráfico”.
Machado apoya el fin de Maduro, pero rechaza una transición dirigida por el chavismo reciclado y observa con preocupación que Trump no la considere una interlocutora prioritaria. La paradoja es clara: la oposición celebra la caída del dictador, pero teme quedarse fuera del nuevo reparto de poder.
El papel del Ejército de EE. UU.: precisión quirúrgica
El secretario de Defensa estadounidense confirmó que alrededor de 200 militares participaron directamente en la operación de captura, ejecutada en pleno centro de Caracas y sin bajas estadounidenses.
El mensaje que se lanza al mundo es doble:
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capacidad total de penetración
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fallo absoluto de los sistemas defensivos venezolanos
Estados Unidos no solo derroca a Maduro: demuestra que puede hacerlo cuando quiera.
ONU y comunidad internacional: choque frontal
En Naciones Unidas, la tensión es máxima.
Países como China y aliados de Caracas han acusado a Estados Unidos de violar el derecho internacional y de pisotear la soberanía venezolana. Washington responde que no está en guerra con Venezuela, sino con una estructura criminal transnacional.
La Unión Europea adopta una posición intermedia: habla de “oportunidad para una transición democrática”, pero evita legitimar explícitamente la operación militar. Nadie quiere un precedente, pero nadie llora por Maduro.
El petróleo, la clave que explica casi todo
Trump ha sido transparente: reconstruir Venezuela costará muchísimo dinero, y ese dinero vendrá, en buena parte, del sector energético. Ha dejado abierta la puerta a:
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reactivar la producción petrolera
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permitir la entrada masiva de compañías estadounidenses
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incluso reembolsar o subsidiar a las petroleras por la inversión inicial
Venezuela vuelve al centro del tablero energético mundial. Y cuando eso ocurre, la geopolítica se vuelve brutalmente pragmática.
América Latina intenta reaccionar
Panamá y Paraguay han propuesto abrir un diálogo regional para una transición democrática liderada por venezolanos, con dos puntos de partida:
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regreso de los exiliados
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liberación de presos políticos
Es un intento de no dejar todo en manos de Washington, pero llega cuando los hechos ya van muy por delante de la diplomacia.
Qué supone todo esto: tres conclusiones clave
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Maduro ha caído definitivamente, no solo del poder, sino del estatus de jefe de Estado.
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Venezuela entra en una fase de tutela externa, con Delcy Rodríguez como figura interna y Trump como poder decisorio real.
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La democracia queda aplazada, sin calendario electoral y con el petróleo como eje central del futuro inmediato.
Venezuela ya no decide sola
Lo que ocurre hoy en Venezuela no lo decide Caracas.
Se decide en Washington, se discute en Nueva York y se observa con inquietud desde Pekín, Bruselas y toda América Latina.
La gran pregunta ya no es si Maduro volverá.
La pregunta es cuánto tiempo estará Venezuela sin poder elegir su propio destino… y a qué precio.
