¡Ay, mis cielinos! Ayer, sentada yo en la cocina con la tele encendía y el pote al fuegu, vi el telediariu y casi se me corta la digestión. Ahí taba el señorón esi, el Donald Trump, más tenso que un tambor de gaita y con una cara que metía mieu, como si estuviera enfadáu col mundu enteru. Entre berrín y berrín, sanciones, discursinos y amenazas, parecía que iba a salir del televisor pa echarme la bronca a mí también.
Y pensé: “¡Esto nun puede ser! Si esti home sigue así, al final acabamos todos con el estómagu revueltu. ¡Habrá que facer daqué pa calmar la furria mundial!”. Y claro, lo primero que me salió del alma fue:
“Fabada, Balbina. Esto arreglalu una fabada.”
Porque si hay algo que ablanda corazones, suelta risas y desinfla tensiones (aunque sea a base de pedos, oye), es un buen plato de fabada asturiana.
Pero claro, pa que se la coma Trump sin poner cara de ascu, hay que ponerle un toque americano. Que esta xente tan acostumbrada a los pancakes y el sirope no me van a entender una fabada sin un guiño de los suyos. Así que aquí va la fabada asturiana versión diplomática internacional:
sabor a Asturias, pero con un chorretín dulce que igual nos evita la Tercera Guerra Mundial.
Ingredientes (pa 4 asturianos… o 2 americanos forraos de hambre)
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500 g de fabes asturianes (de la Granja, que pa esto no vale cualquier cosa)
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2 chorizos asturianos de la güena, ahumados
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2 morcilles asturianes
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200 g de panceta curada
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1 huesu de jamón que dé sustancia
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1 cebolla mediana entera
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2 dientes d’ajos
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1 cucharadina de pimentón dulce (pa que no proteste Trump del picante)
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1 hoja de laurel
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Aceite d’oliva virxe extra
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Sal al gustu
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Agua fría, que les fabes tienen que asustase
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Sirope d’arce: el guiñu yanqui que hará que esto baje más suave
Paso a paso pa que esto salga gloria bendita
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La víspera, siempre la víspera: Pon les fabes en remueyu con agua fría tola noche. Así se ponen guapes y tiernes.
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El compangu primero: Mete en una olla el huesu, el chorizu, la morcilla y la panceta. Cubre con agua y deja que vaya soltando sabor.
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Fabes a la olla: Añade les fabes escurríes, la cebolla entera, los ajos y el laurel.
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Cocer con paciencia: Déjalo a fuegu lentu, asustando les fabes con agua fría de vez en cuando pa que no se rompan.
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El toque americano: Al final, cuando falte poco, echa un chorretín de sirope d’arce. Esto, además de dejar a Trump sin saber si está comiendo fabada o desayuno de domingo, le suaviza el sabor y le baja el ceñu fruncíu.
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Reposu y magia: Apaga el fuegu, tapa la olla y deja reposar. Que repose bien, como las tensiones mundiales deberían.
Consejos de la güela Balbina
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Si Trump sigue con cara de pocos amigos, dale dos platos. Que por lo menos la bilis se mezcle con chorizu y no con odio.
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Pa los americanos, pon pan abundante. Si no saben usar cuchara, que mojen pan, que eso lo entiende cualquiera.
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Y si la cosa no se arregla, pues con tanto fabón y compangu igual el mundo se desinfla a base de gases. Que oye, mejor eso que misiles.
“Si esto no ye mano de santo pa Trump, ya no sé qué lo será. Pero que sepa el mundo que Asturias ta dispuesta a salvar la paz mundial… aunque sea a base de fabes y fartura.”