Durante más de cuatro décadas, Extremadura fue una de las comunidades más previsibles del tablero autonómico español. No porque no hubiera alternancia —que la hubo—, sino porque el suelo electoral estaba claro: el PSOE siempre partía con ventaja estructural, el Partido Popular aspiraba a gobernar si el desgaste socialista era suficiente y el resto del arco político orbitaba alrededor de ...
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