Historia de un converso

Asombra en nuestros tiempos la gran cobardía ante “el que dirán” cuando alguien se quiere acercar a Dios. Cualquier lector recordará aquel personaje de Stendhal, de quien el novelista decía que “no era valiente más que en la guerra”. Y es que hay gente que no teme a las balas en la guerra, pero vacila ante el temor de que sus amigos se sonrían si decide acercarse a Dios.

 

Jesús es el único que puede entrar en los “sotanos” del hombre, donde está nuestra fragilidad, nuestras heridas, nuestro cansancio de vivir, y así lo hizo con Zaqueo.El corazón de este hombre está “cerrado”, por el desprecio de los otros y por el propio egoísmo, porque solo ha pensado en acumular, sin preocuparse mucho entre lo lícito y lo deshonesto.

 

Pero cuando la misericordia de Jesús entra en su alma, se rompen las cadenas, sopla un nuevo aire de vida, y despunta un deseo de ser mejor. Ya es hora de perder el miedo “al que dirán”, de hacer lo que uno cree, de hacer lo que uno ama. Y eso hay que hacerlo pronto. Antes de que se seque el corazón.



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