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Los puertos de la huida, la cárcel de Oviedo y el campo de Arnao: Asturias rescata del olvido los escenarios más dolorosos de su historia

Los puertos de la huida, la cárcel de Oviedo y el campo de Arnao: Asturias rescata del olvido los escenarios más dolorosos de su historiaSociedad
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El Principado inicia el camino para proteger como lugares de memoria los puertos desde los que miles de asturianos escaparon de la Guerra Civil, la antigua prisión de Oviedo y el campo de concentración de Arnao, por el que pasaron más de 2.000 personas. El anuncio coincide con el homenaje a dos vecinos del occidente asturiano que fueron deportados a los campos nazis y nunca regresaron.

4 de noviembre de 2026

Hubo un tiempo en el que los puertos de Asturias no eran lugares de paseo, terrazas y embarcaciones deportivas. Eran la última esperanza de miles de personas que buscaban desesperadamente un barco para escapar de la guerra.

Hubo también un tiempo en el que los muros de la cárcel de Oviedo encerraban historias de represión, miedo y sufrimiento.

Y hubo un lugar, junto a la hermosa ría del Eo, donde se levantaron barracones de madera para encerrar a centenares de prisioneros. Se llamaba Arnao. Fue uno de los campos de concentración de la dictadura franquista que más tiempo permanecieron en funcionamiento en Asturias.

Casi nueve décadas después, el Principado quiere que estos escenarios dejen de ser únicamente espacios geográficos para convertirse oficialmente en lugares de memoria democrática.

La viceconsejera de Derechos Ciudadanos, Beatriz González Prieto, ha anunciado este miércoles en Coaña que el Comité Técnico de Memoria Democrática ha acordado promover tres nuevos expedientes de declaración.

La propuesta, que el consejero Ovidio Zapico elevará próximamente al Consejo de Gobierno, afecta a los puertos de evacuación de Avilés, Gijón, Luanco y Ribadesella; la antigua cárcel de Oviedo, actual Archivo Histórico de Asturias; y el campo de concentración de Arnao, en Castropol.

LOS PUERTOS DE LA DESESPERACIÓN: CUANDO EL MAR ERA LA ÚNICA SALIDA

En el otoño de 1937, Asturias vivía uno de los episodios más dramáticos de su historia contemporánea.

El avance de las tropas franquistas sobre el frente norte precipitó la evacuación de miles de civiles y combatientes republicanos.

Los puertos asturianos se convirtieron en escenarios de despedidas, aglomeraciones y decisiones desesperadas.

Embarcar significaba tener una oportunidad de escapar. Quedarse podía significar caer prisionero y enfrentarse a la represión.

En Gijón, especialmente durante las jornadas finales del frente norte, la situación fue dramática. Miles de personas buscaban una salida por mar mientras se aproximaba el desenlace militar.

No todos consiguieron embarcar. Tampoco todos los barcos lograron alcanzar un puerto seguro.

Algunas embarcaciones fueron interceptadas por las fuerzas sublevadas y otras sufrieron las consecuencias de la guerra en el mar.

Avilés, Luanco y Ribadesella también formaron parte de aquella geografía de la evacuación que ahora se pretende reconocer oficialmente.

La propuesta del Instituto Asturiano de la Memoria Democrática busca conservar el significado histórico de estos enclaves y recordar que los mismos muelles por los que hoy transcurre la vida cotidiana fueron testigos de la ruptura de miles de familias asturianas.

ARNAO: EL CAMPO DE CONCENTRACIÓN QUE SOBREVIVIÓ A LA GUERRA

Uno de los lugares incluidos en la iniciativa se encuentra en un entorno que hoy parece difícil asociar con el horror.

Arnao, en el concejo de Castropol, ofrece actualmente un paisaje privilegiado junto a la ría del Eo.

Pero durante la Guerra Civil y los primeros años de la dictadura franquista, aquel enclave acogió un campo de concentración.

Según los datos difundidos por el propio Instituto Asturiano de la Memoria Democrática, se estima que unas 2.140 personas pasaron por aquellas instalaciones, que permanecieron operativas hasta febrero de 1943.

El recinto disponía de tres barracones de madera, con capacidad aproximada para 300 personas.

En su interior se distribuían literas de tres pisos.

La historia del campo tuvo dos etapas diferenciadas.

En la primera fueron recluidos prisioneros de guerra. Posteriormente, las instalaciones se utilizaron también para encerrar a familiares y personas acusadas de colaborar con la guerrilla antifranquista.

La represión no terminó allí con el final oficial de la Guerra Civil, en abril de 1939. El campo continuó funcionando durante varios años más.

En febrero de 2023 se inauguró en Arnao una escultura del artista Carlos García en homenaje a las personas que habían permanecido encerradas en aquel lugar.

Ahora, el Principado pretende dar un nuevo paso mediante su declaración oficial como lugar de memoria.

LA CÁRCEL DE OVIEDO: DE ESPACIO DE RECLUSIÓN A ARCHIVO DE LA HISTORIA

El tercer expediente afecta a un edificio especialmente significativo de la capital asturiana.

La antigua cárcel provincial de Oviedo alberga hoy el Archivo Histórico de Asturias.

El inmueble ha experimentado así una transformación de enorme carga simbólica: un espacio utilizado durante décadas para la reclusión de personas se ha convertido en un lugar destinado a conservar documentos y testimonios del pasado.

Su incorporación al catálogo de lugares de memoria democrática permitiría reconocer expresamente esa dimensión histórica.

No se trata únicamente de preservar edificios antiguos, sino de identificar los espacios vinculados a episodios de represión y explicar su significado a las generaciones que no los vivieron.

DOS PIEDRAS EN EL SUELO PARA RECORDAR DOS VIDAS DESTRUIDAS POR EL NAZISMO

El anuncio de estas iniciativas se ha producido durante una jornada especialmente emotiva en el occidente asturiano.

En Coaña se ha colocado una nueva piedra de la memoria en homenaje a Nicasio Fernández, vecino del concejo que fue deportado a los campos de concentración nazis.

Nicasio no consiguió regresar.

Murió tras ser sometido a trabajos forzados en condiciones extremas.

Su historia forma parte de la tragedia de los españoles que terminaron en el sistema concentracionario nazi, una realidad que durante décadas permaneció fuera del conocimiento de buena parte de la sociedad.

En el acto han participado la viceconsejera Beatriz González Prieto, la directora general de Memoria Democrática, Begoña Collado, y la alcaldesa de Coaña, Rosana González, además de representantes institucionales y de la sociedad civil.

La jornada ha continuado en Vegadeo, donde se ha colocado otra piedra en recuerdo de Amancio Murias Vijande, también vecino del concejo y deportado a los campos de concentración nazis.

Dos nombres. Dos historias personales. Dos pequeñas placas que devuelven a la memoria pública la existencia de quienes fueron víctimas de la deportación.

¿QUÉ SON LAS PIEDRAS DE LA MEMORIA?

Las llamadas stolpersteine, expresión alemana que suele traducirse como «piedras de tropiezo», forman parte de un proyecto internacional de memoria impulsado por el artista alemán Gunter Demnig.

Son pequeños bloques instalados habitualmente en el pavimento, con una placa metálica que identifica a una víctima de la persecución nazi.

Su particularidad es que no necesitan grandes monumentos.

Basta una pequeña inscripción en el suelo para recordar que detrás de las cifras de la historia hubo personas con nombre, familia y una vida interrumpida.

Estas piedras constituyen una forma de homenaje que traslada la memoria a los espacios cotidianos.

El Principado ha extendido esta iniciativa por numerosos concejos asturianos.

La directora general de Memoria Democrática, Begoña Collado, ha anunciado que el objetivo es que, antes de finalizar la actual legislatura, todas las personas asesinadas por el régimen nazi con raíces en Asturias dispongan de una piedra de homenaje.

Se trata de un compromiso institucional que todavía debe completarse.

LA HISTORIA QUE SIGUE BAJO NUESTROS PIES

La iniciativa anunciada este miércoles va más allá de incorporar nuevos nombres a un catálogo administrativo.

Los puertos de evacuación recuerdan el desarraigo y la huida.

La antigua cárcel de Oviedo representa una parte de la historia penitenciaria y represiva de Asturias.

Arnao conserva la memoria de quienes permanecieron encerrados incluso después de que terminara oficialmente la guerra.

Y las pequeñas piedras colocadas en Coaña y Vegadeo recuperan las identidades de dos asturianos que terminaron atrapados en la maquinaria de persecución del nazismo.

El reconocimiento oficial de estos espacios todavía debe completar su tramitación. Su futura protección y las actuaciones que puedan desarrollarse en ellos dependerán de las decisiones administrativas posteriores.

Pero el anuncio ya plantea una cuestión que trasciende las diferencias políticas sobre la memoria histórica: cómo conservar, documentar y transmitir a las nuevas generaciones acontecimientos que forman parte del pasado de Asturias.

Porque la historia no permanece únicamente en los archivos y en los libros.

También está en los muelles desde los que zarparon quienes no sabían si volverían, en los muros de las antiguas prisiones y en los lugares donde durante años permanecieron encerradas personas privadas de libertad.

Y, desde hoy, en dos pequeñas piedras de Coaña y Vegadeo que recuerdan que Nicasio Fernández y Amancio Murias Vijande existieron, tuvieron una vida y merecen que sus nombres no desaparezcan.

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