El nuevo conato, conocido este viernes, fue controlado sin consecuencias conocidas. El consorcio mantiene su previsión de alcanzar el pleno rendimiento entre finales de 2026 y comienzos de 2027. El episodio reabre las preguntas sobre la seguridad de una instalación estratégica que ha acumulado retrasos, inversiones millonarias y una prolongada polémica sobre su funcionamiento.
Asturias Mundial | Viernes, 30 de octubre de 2026
La denominada «plantona» de Cogersa ha vuelto a registrar un incidente de fuego. Y aunque esta vez el episodio quedó reducido a un conato, sin las consecuencias devastadoras del incendio que paralizó las instalaciones en abril de 2024, la noticia vuelve a situar bajo atención pública una de las infraestructuras medioambientales más importantes y controvertidas de Asturias.
Según las informaciones difundidas en las últimas horas, personal de la instalación consiguió sofocar el fuego antes de que ocasionara daños de consideración.
Onda Cero Gijón ha informado de lo sucedido en su boletín matinal de este viernes 30 de octubre, mientras que la edición de hoy de El Comercio recoge igualmente que la plantilla logró controlar un conato de incendio.
También La Nueva España había informado el jueves 29 de la extinción de un fuego fortuito en la planta.
La coincidencia de las informaciones confirma la existencia del episodio, pero todavía falta una reconstrucción técnica completa que permita conocer su origen, localización exacta y circunstancias.
No se ha podido establecer mediante la documentación pública consultada la hora exacta en que comenzó el fuego ni qué equipos de detección y extinción intervinieron.
Por el momento, tampoco consta que el incidente haya obligado a modificar el calendario de puesta en funcionamiento de la instalación.
Cogersa mantiene, según la información difundida esta mañana, su objetivo de que la planta alcance el pleno rendimiento entre finales de este año y principios de 2027.
UN CONATO CONTROLADO, PERO EN UNA INSTALACIÓN CON ANTECEDENTES MUY SERIOS
La principal diferencia respecto al incendio de hace dos años es la magnitud del episodio.
Esta vez, las informaciones disponibles hablan de un fuego reducido, sofocado por personal de la propia instalación y sin consecuencias conocidas.
No existe constancia pública de daños estructurales, personas heridas o paralización prolongada de la actividad.
Pero conviene recordar lo ocurrido el 24 de abril de 2024.
Aquel día, poco antes de las 12.30 horas, se declaró un incendio en la nave A de la Planta de Tratamiento de la Fracción Resto, destinada a recibir residuos mezclados, voluminosos y otros materiales.
Las llamas se extendieron por parte de las instalaciones, afectaron a maquinaria, estructuras y cubiertas, e hicieron necesaria la intervención de Bomberos de Gijón, Bomberos de Asturias y otros equipos de apoyo.
Aunque el fuego fue controlado aproximadamente una hora después de declararse, las labores de refrigeración continuaron hasta la mañana siguiente.
No hubo víctimas, pero las consecuencias económicas y operativas fueron enormes.
Una instalación que acababa de comenzar a funcionar quedó fuera de servicio durante un periodo prolongado y necesitó una reconstrucción de casi 15 millones de euros.
Las primeras explicaciones de Cogersa apuntaron entonces a una posible deflagración originada entre los residuos voluminosos almacenados en la zona de recepción.
Entre aquellos materiales se encontraban muebles, madera, colchones y otros enseres domésticos.
La investigación judicial abierta a raíz del incendio terminó sobreseída provisionalmente, sin que ello equivalga a disponer de una explicación técnica definitiva de todos los mecanismos que provocaron el fuego.
Por eso es importante no atribuir automáticamente el nuevo conato a las mismas causas.
Que dos incendios se hayan producido en una misma instalación no significa que tengan idéntico origen.
¿FUNCIONARON LAS NUEVAS MEDIDAS CONTRA INCENDIOS?
Esta es probablemente la pregunta técnica más importante que deja el nuevo episodio.
Después del siniestro de 2024, Cogersa reconstruyó la zona afectada e introdujo importantes modificaciones en los sistemas de prevención y extinción.
Según la documentación oficial del consorcio, las actuaciones incluyeron:
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Cámaras termográficas, destinadas a identificar aumentos anómalos de temperatura.
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Nuevos rociadores automáticos, para mejorar la capacidad de intervención.
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Compuertas adicionales, orientadas a limitar la propagación de un posible incendio.
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Muros de hormigón y nuevas medidas de sectorización, especialmente en las zonas de descarga.
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Sistemas específicos de extinción en equipos de trituración del combustible sólido recuperado (CSR).
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Un depósito adicional de agua, para incrementar la capacidad de abastecimiento en emergencias.
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Mejoras en conducciones y equipamientos auxiliares, incorporadas durante la reconstrucción.
Estas medidas fueron diseñadas precisamente para reducir el riesgo de que un nuevo fuego pudiera extenderse y ocasionar daños semejantes a los de abril de 2024.
Sin embargo, todavía no puede afirmarse que el conato de esta semana se haya extinguido gracias a uno de esos dispositivos concretos.
Para hacerlo sería necesario conocer el parte técnico del incidente.
La diferencia es relevante: no es lo mismo que una cámara detecte automáticamente un aumento de temperatura y active un protocolo, que un trabajador descubra visualmente las llamas y utilice un extintor.
Ambos escenarios pueden terminar con un fuego controlado, pero aportan información distinta sobre la eficacia de los sistemas de protección.
COGERSA DISPONE DE UNA BRIGADA DE EMERGENCIAS LAS 24 HORAS DEL DÍA
Una de las novedades incorporadas al complejo de Serín después de los anteriores incendios fue la creación de un servicio permanente de emergencias.
Su contratación fue aprobada en marzo de 2025.
Según la información oficial de Cogersa, el servicio supone un coste de 515.719 euros anuales y está prestado por una empresa especializada.
El dispositivo cuenta con un retén de dos profesionales que permanece en el centro durante las 24 horas del día, los 365 días del año.
Sus funciones incluyen la extinción de incendios y la atención de emergencias que puedan afectar a personas o al medio ambiente.
La medida representa un refuerzo de seguridad para un complejo industrial en el que se almacenan y procesan materiales de características muy diferentes.
Pero hay una cuestión pendiente de confirmación.
¿Intervino esta brigada en el nuevo conato o fue sofocado exclusivamente por los operarios de producción?
La información disponible no permite responder todavía con precisión.
Es un detalle importante para reconstruir cómo funcionó el protocolo y comprobar si se cumplieron los tiempos de reacción previstos.
UNA PLANTA QUE YA HA COSTADO CASI 73 MILLONES DE EUROS
La «plantona» no es una instalación cualquiera.
Su denominación oficial es Planta de Tratamiento de la Fracción Resto (PTFR) y ocupa unos 35.000 metros cuadrados en el Centro de Tratamiento de Residuos de Serín, en Gijón.
Su misión consiste en procesar la denominada bolsa negra de basura, es decir, los residuos mezclados que llegan después de que los ciudadanos hayan separado papel, cartón, vidrio, envases y otras fracciones.
El proceso utiliza maquinaria para separar materiales reciclables, reducir la humedad de determinados residuos y preparar fracciones que puedan aprovecharse posteriormente.
La infraestructura está diseñada para tratar anualmente:
340.000 toneladas de residuos domésticos mezclados.
25.000 toneladas de residuos voluminosos.
50.000 toneladas de residuos industriales no peligrosos.
En total, 415.000 toneladas al año de capacidad nominal.
Esas cifras representan la capacidad de diseño y no deben confundirse con el volumen que está procesando actualmente, durante su incorporación progresiva a la explotación ordinaria.
El proyecto comenzó a desarrollarse en 2019, con obras iniciadas en 2021 y finalizadas en 2023.
La inversión inicial superó los 62 millones de euros.
Tras el incendio de 2024, la reconstrucción y las mejoras de seguridad añadieron una inversión de 14.718.803 euros, sin IVA.
En mayo de este año, Cogersa cifró en casi 73 millones de euros, IVA excluido, el desembolso total acumulado en la instalación, conforme a su contabilidad del proyecto.
El importe de reconstrucción se distribuyó entre demolición e ingeniería, reposición de estructuras y cubiertas, reparación de maquinaria, recuperación de la instalación fotovoltaica y mejoras de protección.
Entre los equipos industriales reparados o sustituidos figuraron 21 cintas transportadoras, además de trómeles, separadores, trituradores y puentes grúa.
El objetivo era devolver la capacidad operativa a una instalación esencial para la gestión de los residuos de toda Asturias.
DE DOS AÑOS DE PARÁLISIS A UNA REAPERTURA GRADUAL
La recuperación de la «plantona» ha sido mucho más complicada de lo que inicialmente se esperaba.
Después del incendio de 2024, la instalación permaneció prácticamente paralizada mientras se ejecutaban las obras de reconstrucción.
En noviembre de 2025 se anunció la finalización de esas actuaciones y el comienzo de una nueva puesta en marcha progresiva.
Durante los primeros meses de 2026 se desarrollaron pruebas técnicas bajo la dirección de Valtalia, la empresa responsable de su construcción y puesta en funcionamiento.
El 30 de abril de 2026, Cogersa recepcionó formalmente la planta tras finalizar el periodo inicial de pruebas.
Ese trámite permitió incorporarla al patrimonio del consorcio y avanzar hacia la explotación ordinaria.
En julio comenzó una nueva etapa de funcionamiento efectivo.
De hecho, el consejero de Movilidad, Medio Ambiente y Gestión de Emergencias, Alejandro Calvo, aseguró el pasado 20 de octubre, durante su intervención en la Junta General del Principado, que la instalación estaba operando con normalidad desde el 13 de julio.
No obstante, el funcionamiento seguía incrementándose gradualmente y todavía no había alcanzado toda su capacidad nominal.
Es importante distinguir entre que una planta esté funcionando normalmente en su fase actual y que haya alcanzado su máximo rendimiento.
La «plantona» está operativa, pero su puesta a pleno rendimiento continúa siendo un objetivo pendiente.
¿SE RETRASARÁ AHORA EL CALENDARIO?
La información más reciente es relativamente tranquilizadora.
Según Onda Cero Gijón, Cogersa mantiene sus planes de alcanzar el máximo rendimiento entre finales de 2026 y comienzos de 2027.
Por tanto, no existe en este momento una modificación de calendario confirmada como consecuencia del nuevo incidente.
Pero tampoco se han publicado los detalles técnicos suficientes para conocer si fue necesaria una parada puntual, una inspección extraordinaria o alguna reparación.
La planificación anunciada por Cogersa prevé que la planta acabe funcionando con dos turnos de operación y otro nocturno destinado a limpieza y mantenimiento.
El incremento de actividad exige incorporar nuevos trabajadores, completar su formación y comprobar el rendimiento de todas las líneas.
En mayo, el consorcio había anunciado la contratación de 45 empleados para avanzar hacia la explotación directa de la instalación.
Posteriormente, durante septiembre y octubre, publicó distintos procesos de selección vinculados a esa incorporación de personal.
El pasado 2 de octubre anunció otras 17 plazas para la planta.
La formación es especialmente importante porque el funcionamiento de este complejo industrial requiere operarios especializados en maquinaria, procesos de separación, mantenimiento y seguridad.
EL OTRO GRAN PROBLEMA: ¿QUÉ HACER CON EL COMBUSTIBLE QUE PRODUCIRÁ?
Más allá de los incendios, existe una cuestión todavía sin resolver completamente.
La «plantona» no se limita a separar residuos reciclables.
También está diseñada para producir combustible sólido recuperado (CSR), elaborado a partir de materiales no peligrosos que no han podido recuperarse mediante otros procesos.
La documentación original del proyecto contemplaba una capacidad de producción superior a 150.000 toneladas anuales de CSR.
Pero las previsiones de explotación más recientes son considerablemente diferentes.
El propio Alejandro Calvo explicó el 20 de octubre que los presupuestos de Cogersa contemplan para 2027 una producción aproximada de 30.000 toneladas de este combustible.
No son dos cifras directamente equivalentes: una corresponde al diseño original y la otra a la producción prevista para un ejercicio concreto.
Sin embargo, la diferencia refleja la importancia de ajustar la planificación industrial a las cantidades que realmente se espera obtener.
Y permanece abierto el debate sobre el destino final de ese combustible.
La posibilidad de trasladarlo a cementeras fuera de Asturias, incluida La Robla, en León, ha generado discrepancias políticas dentro del Principado.
El consejero sostiene que deberán valorarse distintas alternativas, mientras que Foro Asturias y otras formaciones han exigido explicaciones sobre la estrategia definitiva.
La gestión del CSR resulta fundamental porque producir un material recuperado no resuelve el problema si no existe una salida técnica, ambiental y económicamente viable para él.
LA FACTURA DE 2027: MÁS DE 31 MILLONES DE EUROS PARA EXPLOTAR LA PLANTA
El funcionamiento de la «plantona» también tendrá una repercusión directa en las cuentas públicas.
Según el proyecto presupuestario presentado por Cogersa el pasado 15 de octubre, la instalación tendrá unos costes de explotación estimados de 31,77 millones de euros en 2027.
El consorcio prevé que ese ejercicio sea el primero en el que la planta trate residuos durante todo el año bajo su nuevo esquema operativo.
Por su parte, la tarifa que se cobrará a los ayuntamientos por cada tonelada de basura mezclada pasará de 82 euros en 2026 a 84,87 euros en 2027, una subida prevista del 3,5%.
El incremento se ha moderado gracias a las transferencias autonómicas y a los ingresos financieros del consorcio.
La planificación de Cogersa para 2027 contempla 96,29 millones de euros de ingresos y 93,55 millones de gastos para el conjunto del consorcio y su sociedad instrumental.
Son cantidades relevantes para un servicio esencial que depende de las aportaciones y tarifas de los 78 municipios asturianos y del Gobierno del Principado.
Por eso, cualquier incidencia que pudiera comprometer la explotación de la planta merece una explicación detallada.
No solamente por sus consecuencias industriales, sino también por su posible impacto económico.
LA POLÉMICA DE LOS SEGUROS: UNA CUESTIÓN QUE TAMBIÉN EXIGE CLARIDAD
Los incendios anteriores de Cogersa provocaron una importante controversia relacionada con las coberturas de daños materiales.
En 2024 se conoció que distintas instalaciones del consorcio habían atravesado dificultades para contratar determinadas pólizas de incendio.
El Gobierno del Principado defendió entonces que los seguros legalmente obligatorios estaban vigentes y explicó que la «plantona», todavía no recepcionada formalmente, se encontraba en una situación contractual particular.
Durante 2026, el coste de conseguir una cobertura más amplia siguió siendo objeto de debate.
En junio se publicaron informaciones sobre una factura que podría alcanzar aproximadamente 1,3 millones de euros para cubrir daños por incendio en distintas instalaciones de Cogersa.
No obstante, con la información pública verificada hasta ahora, no es posible asegurar cuál es la cobertura concreta de la «plantona» a fecha de hoy ni si el nuevo incidente ha dado lugar a alguna comunicación a una aseguradora.
Se trata de una cuestión que debe aclararse, especialmente después de que la instalación haya sido formalmente recepcionada por el consorcio.
LAS PREGUNTAS QUE DEJA EL NUEVO FUEGO
El episodio ha terminado sin consecuencias conocidas, pero la información técnica sigue siendo insuficiente.
Para determinar exactamente qué ocurrió y cómo respondieron los sistemas de seguridad, sería necesario que Cogersa aclarase varios extremos:
1. El momento exacto del incendio. Fecha, hora de detección y duración de la intervención.
2. Su localización dentro de la planta. No es lo mismo un conato en la nave de recepción que en una cinta transportadora, una trituradora o una zona de almacenamiento.
3. El origen del fuego. Si estuvo relacionado con los materiales recibidos, con maquinaria industrial o con otra circunstancia.
4. La actuación de los sistemas automáticos. Qué sensores, cámaras termográficas, rociadores o dispositivos de extinción se activaron.
5. La intervención del personal. Si actuaron operarios de producción, la brigada permanente de emergencias o ambos servicios.
6. Las consecuencias operativas. Si hubo parada de alguna línea, retirada de materiales o necesidad de efectuar nuevas comprobaciones.
7. El impacto sobre el calendario. Si sigue siendo viable alcanzar los dos turnos de producción previstos y cuál es la fecha estimada de plena capacidad.
8. El estado de las coberturas de seguros. Qué protección tiene actualmente la instalación frente a posibles daños materiales.
Las respuestas permitirían distinguir entre una incidencia menor correctamente gestionada y un episodio que requiera nuevas medidas preventivas.
EL FUEGO SE APAGÓ. LAS DUDAS, TODAVÍA NO
La «plantona» de Cogersa representa una de las mayores inversiones realizadas en Asturias para modernizar la gestión de residuos y reducir la dependencia de los vertederos.
Su funcionamiento resulta esencial para recuperar materiales, mejorar las tasas de reciclaje y avanzar hacia los objetivos ambientales europeos.
El nuevo conato no ha provocado, según las informaciones conocidas, consecuencias graves ni un cambio confirmado en los planes de explotación.
Y eso constituye una diferencia fundamental respecto al incendio de abril de 2024.
Pero la experiencia acumulada obliga a mantener una vigilancia especialmente rigurosa.
La existencia de un pequeño incendio no demuestra por sí sola que las medidas de seguridad sean insuficientes. Su rápida extinción podría indicar, precisamente, que los protocolos de respuesta funcionan.
Lo que falta es conocer exactamente cómo se produjo esa respuesta.
Después de una reconstrucción millonaria, varios años de retrasos y un proceso complejo de puesta en funcionamiento, los asturianos tienen derecho a saber si la infraestructura está respondiendo con todas las garantías previstas.
Porque la cuestión ya no consiste únicamente en conseguir que la «plantona» funcione.
Consiste en garantizar que funcione de manera estable, segura y económicamente sostenible.
Y, sobre todo, en evitar que un episodio que hoy se ha quedado en un simple conato vuelva a convertirse algún día en un incendio de consecuencias millonarias.

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