Saltar al contenido

La nueva violencia de los encapuchados salta de las redes a las calles: ¿puede Asturias ser el próximo escenario de los saqueos juveniles?

La nueva violencia de los encapuchados salta de las redes a las calles: ¿puede Asturias ser el próximo escenario de los saqueos juveniles?Sociedad
100 %

Los graves disturbios de Barcelona, con más de un centenar de detenidos, y los incendios y asaltos registrados este lunes en Bilbao han encendido las alarmas ante un fenómeno que mezcla movilización digital, jóvenes encapuchados, violencia callejera y robos. Bajo etiquetas como «Blocus», cuentas anónimas difunden convocatorias capaces de reunir a centenares de personas sin una organización tradicional. El próximo 31 de octubre, coincidiendo con Halloween, circulan nuevos llamamientos en distintas ciudades españolas. Asturias no aparece entre los focos confirmados, pero la posibilidad de imitación plantea un nuevo desafío para la prevención policial.

Oviedo, martes 27 de octubre de 2026.

Ya no hacen falta meses de preparación, estructuras organizativas consolidadas ni líderes conocidos para que una convocatoria termine alterando la vida de una ciudad.

Un vídeo compartido miles de veces, una convocatoria difundida por redes sociales y una multitud de jóvenes dispuestos a acudir pueden desembocar, en cuestión de horas, en situaciones que desbordan las previsiones de las autoridades.

Lo sucedido en Barcelona el pasado sábado 24 de octubre ha abierto un debate inquietante en España.

Una concentración anunciada inicialmente como una protesta juvenil terminó con escaparates destrozados, comercios saqueados, contenedores incendiados y enfrentamientos con la Policía.

Dos días después, Bilbao vivió otra jornada de violencia callejera, con vehículos ardiendo, ataques a agentes y destrozos en establecimientos.

Las circunstancias de ambos episodios fueron diferentes. Pero las imágenes de jóvenes encapuchados, incendios y calles tomadas por grupos violentos han provocado una misma pregunta.

¿Estamos asistiendo al nacimiento de una nueva forma de violencia juvenil capaz de reproducirse rápidamente de una ciudad a otra?

Y, para Asturias, la cuestión resulta especialmente relevante: ¿podrían Gijón, Oviedo o Avilés encontrarse ante situaciones similares?

Barcelona: la convocatoria digital que terminó en una noche de saqueos

El sábado 24 de octubre, centenares de jóvenes comenzaron a concentrarse en los alrededores de la plaza de Cataluña.

La convocatoria había circulado por TikTok y otras plataformas bajo mensajes relacionados con la calidad de la enseñanza y el malestar juvenil.

Pero las investigaciones periodísticas y policiales posteriores revelaron que, en determinados grupos digitales asociados a la movilización, se hablaba abiertamente de provocar disturbios y cometer robos.

La situación degeneró rápidamente.

Grupos de jóvenes, muchos vestidos de negro y con el rostro oculto, comenzaron a causar daños en establecimientos comerciales y mobiliario urbano.

Los Mossos d'Esquadra tuvieron que desplegar un importante dispositivo para contener los incidentes.

El balance comunicado el domingo fue especialmente grave:

  • 128 personas detenidas, de las cuales 72 eran menores.

  • 23 establecimientos comerciales vandalizados o saqueados.

  • 33 incendios registrados durante los disturbios.

  • 15 agentes policiales heridos, según el balance difundido por EFE.

Las cifras posteriores publicadas por distintos medios presentan algunas variaciones, debido a la actualización de detenciones e identificaciones.

Pero el hecho fundamental no cambia: Barcelona sufrió una de las jornadas de violencia callejera juvenil más graves de los últimos tiempos.

Uno de los elementos más llamativos fue el perfil de los detenidos.

Más de la mitad eran menores de edad.

Y, según la información facilitada inicialmente por los Mossos, únicamente dos de los arrestados contaban con antecedentes por desórdenes públicos.

Eso cuestiona la idea de que todos los participantes perteneciesen a grupos violentos previamente conocidos por la Policía.

Bilbao: la violencia estalla tras una protesta de carácter político

El lunes 26 de octubre, Bilbao sufrió otra jornada de importantes altercados.

El origen inmediato fue diferente.

Miles de personas se habían movilizado contra un acto anunciado por el comunicador y activista político Vito Quiles en las inmediaciones de la Universidad de Deusto.

El acto fue finalmente suspendido.

Sin embargo, tras la concentración, grupos de encapuchados protagonizaron incidentes violentos en diferentes puntos de la ciudad.

Se incendiaron contenedores y vehículos, incluida una motocicleta de la Policía Municipal.

También se registraron ataques con piedras contra agentes y dependencias policiales, además de daños y asaltos a comercios.

Uno de los balances difundidos por la Ertzaintza durante la noche situó en 19 el número de personas detenidas, siete de ellas menores.

Las cifras de arrestos continuaban siendo objeto de actualizaciones durante este martes.

Hay una diferencia esencial respecto a Barcelona.

La violencia bilbaína se produjo después de una movilización política identificable. En Barcelona, en cambio, se documentó una convocatoria digital mucho más difusa, en la que parte de los participantes buscaba directamente el saqueo.

Por ahora, no existen pruebas públicas suficientes para afirmar que los organizadores de ambos episodios sean los mismos o que formen parte de una estructura común.

Pero la proximidad temporal, la presencia de jóvenes encapuchados y algunos comportamientos similares han intensificado la preocupación ante posibles imitaciones.

¿Qué es «Blocus» y por qué aparece ahora en España?

Una de las palabras que más se repite en las investigaciones sobre estos disturbios es «Blocus».

Procede del francés y significa bloqueo.

La expresión se ha utilizado en movilizaciones juveniles relacionadas con el sistema educativo francés, especialmente entre estudiantes que protestan por las condiciones de enseñanza y otras preocupaciones sociales.

En España, determinadas convocatorias digitales han adoptado esa denominación y una estética común, con mensajes dirigidos a la llamada generación Z.

Sin embargo, no existe por ahora una organización única, una dirección reconocible ni una estructura jerárquica demostrada que permita presentar Blocus como un movimiento homogéneo.

Bajo la misma etiqueta pueden convivir realidades diferentes.

Hay jóvenes que expresan reivindicaciones relacionadas con la educación, el coste de la vida o las oportunidades laborales.

Otros utilizan esas convocatorias como escenario para provocar enfrentamientos.

Y algunos mensajes detectados en grupos digitales animan directamente a cometer robos y causar daños.

Confundir todos esos comportamientos supondría atribuir intenciones delictivas a personas que pueden acudir pacíficamente a una protesta.

La cuestión que investigan las autoridades es precisamente quién promueve la violencia, qué relación mantiene con los participantes y si existe una coordinación más amplia.

De TikTok a las calles: cómo funciona la movilización

Las investigaciones de VerificaRTVE han documentado una forma de convocatoria digital que presenta varias características reconocibles.

La primera fase se desarrolla en plataformas de gran visibilidad, especialmente TikTok.

Allí aparecen vídeos, carteles y mensajes que presentan una movilización como un acontecimiento colectivo al que deberían sumarse otros jóvenes.

En algunos casos, la convocatoria incorpora reivindicaciones sociales. En otros, predominan los mensajes de desafío o las referencias a enfrentamientos.

Después, parte de la conversación se traslada a grupos de mensajería como WhatsApp y Telegram.

Las investigaciones sobre Barcelona han identificado comunidades en las que no solo se comentaba la protesta, sino que también se difundían mensajes explícitos relacionados con robos y actos violentos.

Finalmente, cuando suficientes personas acuden a un mismo lugar, pueden coincidir asistentes pacíficos, curiosos y grupos dispuestos a cometer delitos.

La tecnología permite que estos llamamientos se difundan con una rapidez que dificulta anticipar cuántos participantes acudirán realmente.

Sin embargo, la viralidad no equivale necesariamente a capacidad organizativa.

Algunas convocatorias consiguen reunir centenares de personas.

Otras generan miles de interacciones digitales y terminan sin apenas presencia en las calles.

¿Quiénes son los jóvenes que participan?

El perfil de los detenidos en Barcelona ofrece pistas, pero todavía no permite elaborar un retrato sociológico completo.

La elevada presencia de menores es uno de los elementos más relevantes.

También destaca que buena parte de los arrestados no tenía antecedentes conocidos por desórdenes públicos, de acuerdo con los primeros datos policiales.

Pero sería incorrecto deducir automáticamente su situación económica, origen familiar, nacionalidad o nivel educativo.

Tampoco hay pruebas para afirmar que pertenezcan mayoritariamente a una determinada comunidad social o cultural.

Los investigadores deberán analizar los perfiles individuales antes de extraer conclusiones generales.

Entre las posibles motivaciones que plantean los especialistas aparecen el malestar juvenil, la búsqueda de reconocimiento dentro del grupo, el atractivo de los contenidos virales y la expectativa de obtener bienes mediante el robo.

Se trata de factores potenciales, no de explicaciones demostradas para todos los participantes.

El comportamiento colectivo también puede contribuir a que algunas personas asuman riesgos que difícilmente aceptarían en solitario.

Cuando una multitud comienza a causar daños y los vídeos se difunden inmediatamente por redes, la propia visibilidad del episodio puede incentivar nuevas conductas de imitación.

Ese mecanismo merece especial atención porque no necesita una estructura criminal permanente para resultar peligroso.

¿Protesta social, vandalismo o delincuencia oportunista?

Uno de los grandes errores al analizar estos episodios sería buscar una única explicación.

No toda protesta juvenil deriva en violencia.

Y no todos los incidentes violentos que coinciden con una protesta tienen necesariamente el mismo origen.

En Barcelona, los mensajes que promovían robos antes de la concentración apuntan a que algunas personas acudieron con intenciones delictivas.

En Bilbao, las movilizaciones tuvieron inicialmente una motivación política concreta, aunque posteriormente grupos violentos protagonizaron daños y ataques.

Las dos situaciones requieren investigaciones diferenciadas.

Entre los factores que pueden favorecer la aparición de altercados están la movilización rápida de grupos numerosos, la presencia de participantes dispuestos a ejercer violencia, la difusión de imágenes que glorifican los disturbios y las dificultades para identificar a sus promotores.

La frustración social puede ayudar a entender determinados comportamientos, pero no convierte el saqueo o la agresión en formas legítimas de protesta.

Tampoco está demostrado que todos los participantes compartan una ideología.

La etiqueta común y el uso de redes sociales no bastan para acreditar una organización única.

El factor imitación: cuando las imágenes de una ciudad pueden inspirar incidentes en otra

Uno de los riesgos más importantes de este fenómeno es su posible reproducción.

Los disturbios generan imágenes de enorme impacto: escaparates rotos, calles ocupadas, vehículos incendiados y enfrentamientos policiales.

Cuando esos vídeos circulan masivamente, pueden convertirse en referencias para otros grupos que buscan protagonismo o notoriedad.

Las autoridades y especialistas en seguridad estudian precisamente ese posible efecto de imitación.

Pero conviene diferenciar tres situaciones.

La primera es una convocatoria real, con organizadores identificables y capacidad acreditada para reunir participantes.

La segunda es una convocatoria anónima cuya autenticidad y alcance todavía no se conocen.

Y la tercera es un contenido creado únicamente para provocar alarma o conseguir visualizaciones.

Las tres pueden parecer similares en una pantalla.

Solo la investigación permite distinguirlas.

Halloween, 31 de octubre: una fecha bajo especial vigilancia

Las investigaciones digitales realizadas después de los incidentes de Barcelona han identificado nuevos llamamientos a movilizaciones para el sábado 31 de octubre.

La fecha coincide con Halloween, una celebración en la que los disfraces y las máscaras forman parte de las actividades habituales.

Algunos contenidos que circulan por redes hacen referencias a la película La Purga, cuya ficción presenta una sociedad en la que los delitos quedan temporalmente permitidos.

Otros mensajes reclaman protestas sociales pacíficas.

Esta mezcla de reivindicación, provocación y cultura audiovisual dificulta determinar el propósito real de cada convocatoria.

RTVE y organizaciones especializadas en verificación han detectado llamamientos relacionados con ciudades como Barcelona, Madrid, Málaga y Bilbao, además de referencias a movilizaciones en otros países europeos.

Por tanto, existe un motivo objetivo para prestar atención a lo que ocurra durante los próximos días.

Pero eso no permite anticipar que se producirán disturbios en todas las ciudades mencionadas.

Una convocatoria digital puede fracasar, ser falsa o terminar desarrollándose pacíficamente.

¿Está Asturias en el punto de mira?

Esta es la pregunta que más interesa a los ciudadanos del Principado.

Y la respuesta exige separar lo que sabemos de lo que todavía no se ha demostrado.

Hasta este martes 27 de octubre, en las investigaciones y fuentes consultadas no he encontrado una convocatoria violenta específica, suficientemente verificada, dirigida a Gijón, Oviedo o Avilés y vinculada a los episodios de Barcelona.

Tampoco he localizado una comunicación oficial de la Policía Nacional o de las autoridades asturianas que anuncie una amenaza concreta de estas características para el próximo fin de semana.

Eso no significa que resulte imposible que aparezcan nuevas convocatorias.

El carácter digital de estas movilizaciones permite que los mensajes se reproduzcan rápidamente en otras ciudades.

Y Asturias cuenta, como cualquier comunidad con núcleos urbanos importantes, con espacios comerciales, universitarios y de ocio juvenil que podrían aparecer en una convocatoria.

Sin embargo, la existencia de esos lugares no constituye por sí misma un indicador de amenaza.

Se necesita información específica para determinar si hay un riesgo real.

Gijón, Oviedo y Avilés: qué habría que vigilar

En Asturias, la prevención debería centrarse en señales concretas y verificables, no en convertir cualquier concentración juvenil en una sospecha.

La aparición de mensajes que animen explícitamente a cometer robos o provocar daños sería un elemento relevante para la actuación policial.

También lo sería comprobar que una convocatoria anónima comienza a movilizar participantes reales y que existen comunicaciones consistentes sobre posibles incidentes.

En cambio, un cartel compartido sin procedencia conocida, una fotografía antigua o un vídeo manipulado no permiten concluir que exista una amenaza.

El precedente de Barcelona demuestra que la vigilancia de las redes puede resultar útil, pero también que no es sencillo anticipar el tamaño ni el comportamiento de una concentración.

En el Principado, la coordinación entre las fuerzas de seguridad, las administraciones locales y los responsables de espacios públicos puede contribuir a distinguir entre rumores y riesgos acreditados.

Para los ciudadanos, lo más importante es no difundir mensajes alarmistas sin comprobar su autenticidad.

Y, ante contenidos que anuncien violencia concreta, trasladarlos a las autoridades competentes en lugar de amplificar su difusión.

El gran problema: una movilización sin líderes visibles es mucho más difícil de interpretar

La ausencia de una dirección pública claramente identificada es uno de los elementos que complican la investigación.

En las manifestaciones tradicionales suele existir una organización convocante con la que pueden comunicarse las autoridades.

En los llamamientos digitales anónimos, esa interlocución puede no existir.

Además, las cuentas utilizadas para difundirlos pueden desaparecer, cambiar de nombre o ser imitadas por otros usuarios.

Eso dificulta saber si diferentes convocatorias pertenecen al mismo grupo, si están coordinadas o si simplemente reproducen una estética que se ha hecho viral.

La investigación policial debe determinar qué personas impulsaron las movilizaciones y qué responsabilidades concretas pueden atribuirse a quienes participaron en actos delictivos.

No basta con compartir una etiqueta para formar parte de una organización criminal.

Pero tampoco puede ignorarse que las redes sociales pueden facilitar la difusión de llamamientos que desembocan en delitos reales.

La respuesta no puede limitarse a desplegar más policías

Los sucesos de Barcelona y Bilbao plantean problemas de orden público que requieren una respuesta proporcionada y eficaz.

Pero también abren preguntas educativas y sociales.

¿Cómo se explica que tantos menores terminen participando en episodios de violencia colectiva?

¿Qué papel desempeñan los contenidos que presentan los saqueos como actos de desafío o entretenimiento?

¿Cómo pueden los centros educativos y las familias detectar situaciones de riesgo sin criminalizar a los adolescentes?

¿Y hasta qué punto las plataformas digitales consiguen frenar la difusión de contenidos que promueven delitos?

TikTok ha anunciado medidas adicionales para detectar y restringir publicaciones que inciten a la violencia, después de los sucesos de Barcelona.

Es una respuesta relevante, aunque su eficacia deberá comprobarse.

La prevención requiere combinar investigación policial, actuaciones contra los delitos, educación digital y una comprensión rigurosa de las motivaciones de quienes participan.

Atribuirlo todo a una supuesta generación violenta sería tan simplista como considerar que los saqueos son una consecuencia inevitable del malestar social.

¿Estamos ante una ola de violencia que llegará a Asturias?

Los datos permiten afirmar que existe un fenómeno de convocatorias digitales violentas que merece seguimiento.

Barcelona ha demostrado que algunos llamamientos pueden traducirse en saqueos e incendios de gravedad.

Bilbao ha vuelto a mostrar cómo una concentración puede terminar en incidentes violentos protagonizados por grupos encapuchados.

Y las convocatorias que circulan para el 31 de octubre indican que existe interés en reproducir determinadas imágenes y comportamientos en otras ciudades.

Lo que todavía no puede afirmarse es que España esté ante una organización única o que Asturias vaya a sufrir necesariamente una réplica.

El riesgo de imitación existe como posibilidad razonable.

La amenaza concreta para el Principado, por ahora, no está acreditada con la información pública disponible.

Esa distinción es fundamental.

Porque una sociedad necesita conocer los riesgos reales sin convertir las hipótesis en certezas.

Asturias debe observar, pero no vivir bajo una alarma sin pruebas

Lo ocurrido en Barcelona y Bilbao merece atención no solo por los daños materiales y las personas detenidas, sino por la forma en que determinados llamamientos digitales pueden transformarse en violencia colectiva.

El fenómeno plantea un desafío a las autoridades, a las plataformas tecnológicas y a las familias.

También al periodismo.

En los próximos días será importante comprobar si las nuevas convocatorias anunciadas para Halloween consiguen reunir participantes, si existen conexiones verificables entre distintos grupos y si las autoridades identifican a sus promotores.

En Asturias, de momento, no hay datos suficientes para anunciar una oleada de saqueos inminente.

Pero el precedente de Barcelona aconseja prestar atención a los indicios y no subestimar la capacidad de movilización de las redes sociales.

El peligro no es que los jóvenes utilicen TikTok, que protesten o que se reúnan en las calles. El peligro aparece cuando personas concretas aprovechan esas convocatorias para promover violencia, robos y destrucción.

La gran pregunta para Asturias no es solamente si estos disturbios pueden llegar, sino si seremos capaces de detectar una amenaza real antes de que una convocatoria digital termine convirtiéndose en una noche de caos.

Dejar un comentario

Puedes cambiarlas en cualquier momento desde el pie de página.