Seis músicos de la Banda Gaites Candás viajarán del 21 al 28 de octubre para participar en la Romería Asturiana 2026, invitados por la Casa de España. Su director habla con Asturias Mundial de la emigración, de la emoción que despierta la gaita lejos de casa y de la responsabilidad de llevar nuestra cultura al otro lado del Atlántico.
Hay sonidos capaces de recorrer miles de kilómetros y despertar recuerdos que parecían dormidos. Para quienes un día dejaron Asturias, las notas de una gaita pueden significar algo más que una canción: un pueblo, una familia, una fiesta y todo aquello que forma parte de la memoria.
Ese vínculo volverá a hacerse presente la próxima semana en República Dominicana, donde una representación de la Banda Gaites Candás, encabezada por el músico, docente y director Velu Muñiz Álvarez, participará en la Romería Asturiana 2026 de la Casa de España.
Serán cuatro gaiteros y dos percusionistas. No viajan solo para tocar: su presencia permitirá a la comunidad asturiana reencontrarse con una parte de su cultura y acercará la música tradicional del Principado al Caribe.
Hevia, el primer eslabón de un viaje que empezó en agosto
La invitación no surgió de un día para otro. Y en su origen aparece un nombre de referencia para la gaita asturiana: José Ángel Hevia.
«La Casa de España se comunicó por primera vez conmigo allá por el mes de agosto. Fue el gaitero José Ángel Hevia (unido desde hace muchos años por importantes vínculos al país y concretamente a la colonia asturiana) quien nos puso en contacto», explica Velu a Asturias Mundial.
La propuesta inicial era modesta, pero las conversaciones hicieron crecer el proyecto. «Lo que comenzó como una posible invitación para una pareja de gaita y tambor terminó cristalizando en lo que va a ser la presencia de una representación de la BandaGaitesCandás por primera vez en la República Dominicana para participar en esta Romería Asturiana 2026 de Casa de España».
El programa se extenderá durante varios días. «El viernes 23 habrá una “Noche de Gaitas” en el Patio Español de Casa de España, el sábado 24 visitaremos la Sociedad Benéfica Española y después participaremos en la Verbena Asturiana y el domingo 25 por la mañana acompañaremos la procesión y pondremos música a la Misa Asturiana y a la posterior Romería».
Para Velu, República Dominicana no es un destino desconocido. Participó en esas celebraciones hasta en tres ocasiones durante los años noventa y conserva un recuerdo especialmente afectuoso de sus anfitriones.
«Soy conocedor de primera mano de la importancia que la comunidad española y en especial la asturiana conceden a este evento», afirma. Y añade que esas experiencias previas hacen que viajen «con más ganas si cabe al ser perfectamente conocedores de las bondades que como anfitriona caracterizan a la organización de la Romería».
Consciente de lo que significa esta cita para quienes viven lejos de su tierra, ha trasladado al resto del grupo la responsabilidad de participar en ella. No es una actuación cualquiera: es un reencuentro con una Asturias que también existe fuera de Asturias.
El emigrante que rompía a llorar con cada melodía
La banda se acerca a sus cuarenta años de trayectoria, con actuaciones en numerosas comunidades españolas y en países como Argentina, Uruguay, Palestina, Croacia, Italia, Irlanda, Bélgica, Alemania o Polonia. Velu distingue dos tipos de viajes: festivales de músicas tradicionales y encuentros promovidos por las comunidades asturianas en el exterior.
«Nuestra presencia en todos estos lugares normalmente responde a una de dos razones, o son festivales de música folk, de raíz, étnica, músicas del mundo… o se debe a la presencia de una colonia asturiana».
De todos esos escenarios, conserva una imagen imborrable. Fue en un concierto organizado por el Centro Asturiano de Paraná, en Argentina. Un hombre mayor seguía desde su butaca un popurrí de melodías tradicionales.
«Recuerdo estar fijándome en un hombre de edad avanzada (emigrante sin duda) que estaba entre el público del teatro y que mientras interpretábamos un popurrí de temas tradicionales asturianos no podía evitar, aunque lo intentaba, llorar cada vez que reconocía una de las melodías».
El hombre intentaba serenarse entre canción y canción, pero en cuanto identificaba otra, regresaban las lágrimas. Como lo recuerda Velu, «iba recomponiéndose para después derrumbarse de nuevo al identificar la siguiente canción».
Otra escena ocurrió en una residencia para mayores emigrantes asturianos. Lo que más le impresionó fue «las lágrimas de emoción de las personas que se encargaban de los cuidados de estos mayores al ver su reacción al sonido de la Gaita y la música tradicional asturiana».
Es la cara más humana de estos encuentros: la música, sin necesidad de palabras, puede devolver por unos instantes a una persona al lugar del que partió.
«Una cosa es tocar la gaita y otra ser gaiteru»
Esa fuerza emocional tiene mucho que ver con la manera en la que Velu entiende su profesión. Empezó a aprender gaita a los doce años con José Ángel Hevia, que también dirigía entonces la Banda Gaites Candás. Aquel encuentro resultó decisivo.
«Aunque después tuve muchos otros profesores de gaita, otros instrumentos y música en general sin duda fue Hevia el que más me influyó (como creo que a muchos de sus alumnos). Tuve la suerte de caer por casualidad en la que creo que era la mejor escuela de la época».
Hoy, dedicado también a la enseñanza, observa con optimismo el relevo generacional, aunque advierte de un riesgo: que el progreso técnico borre la singularidad cultural del instrumento. «Creo que la clave está en que no se desvirtúe la enseñanza del instrumento».
«Durante años, de alguna manera, se podría decir que se peleó para que la gaita fuera reconocida como un instrumento más y ahora creo que lo importante es precisamente que no se diluya entre los demás instrumentos y que no se pierda su carácter simbólico e identitario».
Su conclusión resume toda una filosofía: «Una cosa es tocar la gaita y otra ser gaiteru».
Y explica qué significa esa diferencia: «El gaiteru (adaptando todo ello a su época) debe seguir manteniendo la característica de heredero de un oficio que cumplía una función social y de depositario de una tradición musical».
Que en el Caribe suene, por unos momentos, como estar en casa
La cultura musical dominicana, reconocible por ritmos como el merengue y la bachata, recibirá estos días una tradición nacida en otra orilla del Atlántico. Para los asturianos que asistan a la romería, el encuentro tendrá además un componente íntimo: el regreso simbólico a sus raíces.
Velu lo expresa sin grandilocuencias: «Aunque en la actualidad las distancias ya no representan lo que hace años, me gustaría pensar que el hecho de escuchar nuestra música allí en su “segunda patria” les haga sentirse durante unos momentos como en casa o por lo menos un poco más cerca de la tierra en la que nacieron ellos o sus ancestros».
Desea también que los seis músicos regresen con algo que no cabe en una maleta: recuerdos y relaciones humanas duraderas. «Espero, y estoy seguro de que así será, que esta experiencia deje un recuerdo bonito también en mis compañeros de banda y que regresemos habiendo creado también unas cuantas relaciones personales que al final es lo más importante que te llevas en estos casos aparte de algunas fotos y souvenirs».
Las gaitas de Candás cruzarán el océano para participar en una fiesta, pero también para recordar que los vínculos culturales no se deshacen con la distancia. Y quizá, entre el público dominicano, alguien vuelva a reconocer una melodía de su infancia y sienta que Asturias está un poco más cerca.
Porque a veces, para regresar a casa, basta con escuchar una gaita.

Dejar un comentario
Acceder al formulario de comentarios de la comunidad