Asturias pierde una de cada once horas de trabajo: qué hay detrás de un absentismo que ya alcanza el 9%

Asturias pierde una de cada once horas de trabajo: qué hay detrás de un absentismo que ya alcanza el 9%

Asturias comparte con Canarias la tasa de absentismo laboral más elevada de España. El 9% de las horas pactadas no llega a trabajarse, frente al 7,2% nacional. Pero detrás de una cifra que puede provocar conclusiones precipitadas hay un dato esencial: 7,5 de esos nueve puntos corresponden a incapacidad temporal. La edad de la población trabajadora, la estructura del empleo, las bajas de larga duración y el peso de determinados sectores ayudan a entender un problema bastante más complejo que simplemente decir que «los asturianos faltan mucho al trabajo».

Hay una forma particularmente gráfica de contar lo que está ocurriendo en Asturias.

De cada cien horas de trabajo pactadas, nueve no llegan a trabajarse.

O, expresado de otra manera, aproximadamente una de cada once horas.

El último informe de Randstad Research sobre absentismo laboral, correspondiente al segundo trimestre de 2026, coloca a Asturias y Canarias en lo más alto de España, ambas con una tasa general del 9%.

La media nacional está en el 7,2%.

Son 1,8 puntos de diferencia.

Puede parecer poco.

No lo es.

En términos relativos, el absentismo asturiano se sitúa aproximadamente un 25% por encima de la media española.

Pero antes de llegar a la conclusión fácil de que en Asturias la gente simplemente «falta más al trabajo» conviene abrir esa cifra.

Porque dentro del 9% hay una historia bastante diferente.

La cifra que cambia la interpretación: 7,5 puntos son bajas médicas

De ese 9% de horas no trabajadas en Asturias, aproximadamente 7,5 puntos corresponden a incapacidad temporal.

Es decir, a trabajadores que se encuentran de baja.

Eso supone que más del 80% del absentismo registrado en Asturias está relacionado con situaciones de incapacidad temporal.

El resto corresponde a otras causas de ausencia contempladas estadísticamente.

Este dato es fundamental.

Porque absentismo laboral no es sinónimo de ausencia injustificada.

Dentro del concepto se incluyen situaciones muy diferentes, y cuando se observa el caso asturiano queda claro que el gran problema no está simplemente en personas que deciden no acudir al trabajo.

Está, sobre todo, en las bajas laborales.

Y ahí comienza una pregunta mucho más interesante:

¿por qué Asturias tiene tantas horas perdidas por incapacidad temporal?

Asturias tampoco acaba de llegar al 9%

Hay otro dato que conviene tener en cuenta.

La situación no ha aparecido de repente.

Durante el primer trimestre de 2026 Asturias ya registraba una tasa de absentismo general ligeramente superior, del 9,1%.

Es decir, entre enero-marzo y abril-junio prácticamente no ha cambiado.

Lo que sí ha aumentado respecto al mismo periodo del año pasado es la comparación interanual.

Asturias ha pasado aproximadamente del 8,1% al 9%.

Son nueve décimas más en doce meses.

Por tanto, más que hablar de una explosión repentina del absentismo, los datos apuntan hacia otra conclusión más preocupante:

Asturias lleva tiempo instalada entre las comunidades con tasas más elevadas de España.

Canarias y Asturias, en cabeza

El mapa español muestra diferencias enormes.

Asturias y Canarias presentan un 9%.

Tras ellas aparece el País Vasco, con un 8,7%.

Cantabria alcanza el 8,5%.

Galicia se encuentra en el 8,2%.

En el otro extremo está Baleares, con apenas un 5,5%, mientras Madrid y La Rioja se sitúan en el 6,3%.

Entre Asturias y Baleares hay, por tanto, 3,5 puntos porcentuales de diferencia.

Eso significa que el lugar donde se trabaja parece importar.

Pero ¿por qué?

Primera pista: Asturias tiene una población trabajadora envejecida

Hay un factor que resulta imposible ignorar al analizar el mercado laboral asturiano: la edad.

En el segundo trimestre de 2026 había en Asturias alrededor de 433.800 personas ocupadas.

De ellas, unas 110.200 tenían 55 años o más.

Es decir:

aproximadamente uno de cada cuatro trabajadores asturianos tiene ya 55 años o más.

Y el grupo de 45 a 54 años es, además, uno de los más numerosos dentro de la población ocupada de la comunidad.

Esto no significa que los trabajadores mayores se den de baja con mayor facilidad.

De hecho, algunos estudios muestran precisamente que los trabajadores jóvenes pueden registrar una mayor incidencia de procesos de incapacidad temporal.

La diferencia aparece en otro lugar:

la duración de las bajas.

Los análisis realizados sobre incapacidad temporal muestran que los procesos tienden a prolongarse considerablemente más entre los trabajadores de mayor edad.

Tiene una explicación bastante intuitiva.

Una lesión musculoesquelética, una intervención quirúrgica o determinadas enfermedades pueden requerir periodos de recuperación muy diferentes a los 30 años que a los 60.

Por eso una población ocupada envejecida puede no generar necesariamente un número extraordinariamente alto de bajas, pero sí contribuir a acumular muchas más jornadas de ausencia cuando esas bajas se producen.

Y Asturias tiene una de las estructuras demográficas más envejecidas del país.

Segunda pista: no es lo mismo trabajar delante de un ordenador que en una fábrica

El tipo de empleo también importa.

Los datos nacionales de Randstad muestran una diferencia muy importante entre actividades económicas.

La industria, con un absentismo general del 7,7%, presenta la tasa más elevada entre los grandes sectores económicos.

Los servicios alcanzan aproximadamente el 7,2%.

La construcción se encuentra en torno al 5,9%.

Y cuando se desciende a actividades concretas las diferencias son todavía mayores.

Hay ramas económicas que superan ampliamente el 10% de absentismo.

Las actividades postales y de correos alcanzan el 12,6%.

Los servicios a edificios y jardinería, el 12%.

Las actividades relacionadas con juegos de azar y apuestas, el 11,4%.

Por el contrario, determinadas actividades vinculadas a la informática presentan niveles muchísimo menores.

No es casual.

Las características físicas del trabajo, los turnos, el esfuerzo corporal, las condiciones ambientales, la posibilidad o imposibilidad de teletrabajar y la capacidad para adaptar temporalmente un puesto a una enfermedad influyen en el resultado.

Una economía con todavía mucho empleo industrial

Y Asturias conserva precisamente una presencia industrial importante.

Los últimos datos estructurales disponibles contabilizan alrededor de 51.000 empleos industriales, aproximadamente el 13% del empleo regional.

No puede afirmarse que ese dato explique por sí solo el 9% de absentismo asturiano.

Sería una simplificación.

Pero sí ayuda a comprender por qué la estructura económica puede influir.

Un trabajador con una lesión de espalda puede quizá continuar desarrollando parcialmente determinadas tareas administrativas.

Es mucho más difícil hacerlo cuando su puesto exige cargar peso, manejar maquinaria, permanecer de pie durante horas o desarrollar una actividad física intensa.

El mismo problema médico puede producir efectos laborales completamente distintos dependiendo de la profesión.

Construcción: Asturias también encabeza el absentismo

Hay un dato que refuerza la necesidad de estudiar específicamente qué está ocurriendo en la comunidad.

Aunque en el conjunto de España la construcción es el sector con menor absentismo entre los tres grandes bloques analizados, Asturias presenta dentro de ese sector una tasa de aproximadamente 8,3%.

Es la más alta de España junto con las regiones que encabezan esta clasificación.

En los servicios ocurre algo parecido.

Asturias alcanza aproximadamente el 9,1%, uno de los niveles más elevados del país.

Por tanto, no parece posible atribuir toda la anomalía asturiana exclusivamente al peso de la industria.

El fenómeno atraviesa diferentes actividades.

El verdadero problema puede estar en cuánto dura una baja

Esta es probablemente una de las claves menos visibles del debate.

El absentismo puede aumentar de dos maneras.

Puede haber más personas que comienzan una baja.

Pero también puede ocurrir que las bajas duren más.

Y ambas situaciones producen efectos completamente diferentes.

Una empresa puede gestionar con relativa facilidad una ausencia de tres o cuatro días.

Una baja de tres meses supone otra cosa.

Hay que redistribuir turnos, contratar sustituciones, asumir costes adicionales o repartir el trabajo entre el resto de la plantilla.

Cuando se multiplican los procesos prolongados, unas pocas personas pueden concentrar una enorme cantidad de horas no trabajadas.

Por eso contar únicamente cuántas bajas existen no explica completamente el fenómeno.

Hay que saber cuánto duran.

España tiene cada día 1,27 millones de trabajadores de baja

El problema tampoco es exclusivamente asturiano.

Durante el segundo trimestre de 2026, el absentismo provocó en España la pérdida del 7,2% de todas las horas pactadas.

La estimación de Randstad Research equivale a unas 1.637.000 personas ausentes de su puesto de trabajo cada día.

De ellas, aproximadamente 1.275.000 estaban de baja médica.

Más de un millón de trabajadores diariamente.

El fenómeno ha ido creciendo desde 2019 y las cifras de incapacidad temporal se encuentran en niveles históricamente elevados.

Asturias lo que hace es llevar esa situación general española todavía más lejos.

Las bajas médicas han cambiado

También están cambiando las enfermedades que provocan ausencias prolongadas.

Los problemas musculoesqueléticos continúan teniendo un enorme peso.

Espalda, cuello, articulaciones, traumatismos y enfermedades relacionadas con el aparato locomotor pueden resultar especialmente relevantes en empleos físicamente exigentes.

Pero existe otro fenómeno que ha adquirido una importancia creciente durante los últimos años:

la salud mental.

Los procesos vinculados a determinados trastornos psicológicos y psiquiátricos presentan además una característica especialmente importante para el mercado laboral: pueden prolongarse durante meses.

Los estudios nacionales sobre incapacidad temporal han detectado fuertes incrementos tanto de su incidencia como de su duración.

Eso obliga a mirar el absentismo desde una perspectiva mucho más amplia que la puramente empresarial.

El cuello de botella sanitario también importa

Existe además una paradoja.

Un trabajador puede encontrarse ya en condiciones de avanzar hacia su recuperación y, sin embargo, continuar de baja porque espera una prueba diagnóstica, una consulta con un especialista, rehabilitación o una intervención.

En esos casos el problema deja de ser únicamente laboral.

Pasa a convertirse también en un problema de funcionamiento sanitario.

Reducir determinadas listas de espera puede tener así un efecto económico que muchas veces no aparece directamente reflejado en las estadísticas sanitarias:

acortar bajas laborales.

Una resonancia, una consulta traumatológica o un proceso de rehabilitación que se demora varias semanas no afecta únicamente al paciente.

Puede prolongar también la ausencia de su puesto de trabajo.

No todas las bajas son iguales ni todo absentismo es fraude

El debate sobre el absentismo suele conducir rápidamente hacia una discusión sobre fraude.

Es legítimo investigar los posibles abusos.

Pero los datos de Asturias no permiten concluir que la comunidad tenga la tasa más alta porque sus trabajadores cometan más fraude que los demás.

El informe mide horas no trabajadas.

No mide la honestidad de los trabajadores.

Y esa diferencia es esencial.

La mayor parte del absentismo asturiano está vinculada a procesos reconocidos de incapacidad temporal.

Puede existir fraude, como puede existir en cualquier sistema de prestaciones.

Pero convertir automáticamente un 9% de absentismo en un 9% de trabajadores que «no quieren ir a trabajar» sería estadísticamente falso.

El problema también lo pagan quienes sí están trabajando

Hay otra cara del absentismo que pocas veces aparece en las cifras.

Cuando falta un trabajador, su trabajo no siempre desaparece.

En muchas empresas se reparte.

Turnos adicionales.

Cambios de descanso.

Horas extraordinarias.

Más carga para los compañeros.

Y cuando las ausencias se prolongan o se producen repetidamente dentro de una plantilla reducida, puede aparecer un círculo difícil de romper:

menos trabajadores disponibles, mayor carga sobre quienes permanecen, mayor fatiga y eventualmente nuevas bajas.

Por eso el absentismo no afecta exclusivamente a quien está de baja y a la empresa.

También puede transformar las condiciones laborales de quienes continúan trabajando.

La diferencia entre Asturias y España es enorme

Puesta en números, la brecha resulta especialmente visible.

Asturias: 9% de absentismo general.

España: 7,2%.

Asturias por incapacidad temporal: 7,5%.

España por incapacidad temporal: 5,6%.

La diferencia es todavía mayor cuando se analizan únicamente las bajas médicas.

Asturias supera la media nacional en 1,9 puntos porcentuales.

En términos relativos, la tasa asturiana de absentismo por incapacidad temporal resulta aproximadamente un 34% superior a la media española.

Esa probablemente sea la cifra que merece más atención.

La pregunta ya no es quién falta, sino por qué tarda en volver

El 9% puede alimentar fácilmente una discusión sobre trabajadores, empresas y productividad.

Pero quizá la pregunta interesante para Asturias sea otra.

¿Por qué una comunidad con poco más de 400.000 ocupados mantiene sistemáticamente uno de los niveles de incapacidad temporal más elevados de España?

¿Cuánto influye la edad?

¿Cuánto pesa la estructura industrial?

¿Cuántas bajas se prolongan mientras el trabajador espera atención sanitaria?

¿Qué patologías concentran más jornadas perdidas?

¿Qué empresas y actividades presentan tasas especialmente elevadas?

¿Y qué parte del problema podría evitarse mejorando prevención, adaptación de puestos y reincorporaciones progresivas?

Ahí está el verdadero debate.

Porque detrás de ese 9% no hay únicamente una estadística laboral.

Hay trabajadores enfermos, empresas reorganizando plantillas, compañeros soportando más carga, millones de horas que no se producen y un sistema sanitario que forma parte de la ecuación.

Asturias comparte desde hoy el primer puesto nacional en absentismo.

Pero saber que se pierde aproximadamente una de cada once horas pactadas es solo el principio de la historia.

Lo realmente importante ahora es averiguar por qué Asturias tarda más que buena parte de España en recuperar esas horas y qué se puede hacer para reducirlas sin convertir una baja médica en una sospecha automática sobre quien la necesita.

Dejar un comentario

captcha