Asturias pone freno a los grandes grupos turísticos: máximo 30 personas y adiós a los megáfonos

Asturias pone freno a los grandes grupos turísticos: máximo 30 personas y adiós a los megáfonos

El Principado prepara un nuevo decreto para regular la actividad de los guías turísticos y endurece las condiciones de las visitas organizadas. Los grupos pasarán de un máximo de 55 personas a 30 por guía y quedarán prohibidos los altavoces, megáfonos y otros sistemas colectivos de amplificación. Oviedo, Gijón, Avilés, Covadonga, Cangas de Onís o Llanes estarán entre los lugares donde más se notará el cambio. 

Asturias quiere cambiar la manera en que se visita Asturias.

Menos grupos multitudinarios.

Menos ruido.

Menos megáfonos.

Y más control sobre quién ejerce como guía.

El Gobierno del Principado ha sacado a información pública el nuevo decreto que regulará la profesión de guía turístico, una norma que sustituirá la regulación vigente desde 2007 y que introduce cambios muy visibles en las calles y en los principales destinos turísticos de la comunidad.

El más llamativo es claro:

ningún guía podrá llevar grupos de más de 30 personas.

Hasta ahora, el límite estaba fijado en 55.

La reducción es importante.

Y lo es todavía más porque llega acompañada de otra medida con impacto directo en la experiencia de residentes y visitantes:

se prohibirá utilizar altavoces, megáfonos y otros sistemas colectivos de amplificación sonora durante las visitas guiadas. 

De 55 personas a 30

La nueva norma reduce en 25 personas el máximo permitido por guía.

Eso supone rebajar el tamaño de los grupos en torno a un 45% respecto al límite actual.

El objetivo declarado es disminuir el impacto de las visitas sobre los espacios urbanos y patrimoniales y mejorar la convivencia con quienes viven en ellos. 

En la práctica, la medida puede tener especial incidencia en lugares donde los grupos organizados son ya una imagen habitual.

Oviedo.

Gijón.

Avilés.

Covadonga.

Cangas de Onís.

Llanes.

Y otros núcleos y enclaves turísticos con calles estrechas, plazas históricas, monumentos o espacios donde varios grupos pueden coincidir al mismo tiempo.

La imagen de 40, 50 o más personas caminando detrás de un mismo guía tendrá los días contados si el decreto mantiene esta redacción tras el periodo de información pública.

También se acaba el megáfono

El segundo cambio es probablemente el que más notarán quienes viven en los centros históricos.

La utilización de megáfonos, altavoces u otros sistemas de amplificación colectiva quedará prohibida durante las visitas.

El Principado vincula esta decisión al objetivo de reducir molestias y evitar que la actividad turística invada acústicamente los espacios compartidos con los residentes. 

La tendencia ya se ha visto en otros destinos turísticos europeos y españoles: grupos más pequeños y sistemas individuales de escucha mediante auriculares, en lugar de un guía elevando la voz o utilizando amplificación.

Asturias se dispone ahora a trasladar ese modelo a su propia regulación.

¿Por qué ahora?

El Gobierno enmarca el decreto dentro de su estrategia de “respeturismo”.

La idea es sencilla: atraer visitantes sin convertir determinados lugares en escenarios saturados o incómodos para quienes viven allí.

La vicepresidenta del Principado y responsable de Turismo, Gimena Llamedo, sostiene que la sostenibilidad turística no consiste únicamente en proteger espacios naturales.

También incluye la convivencia, la conservación del patrimonio, la calidad del empleo y la experiencia del visitante.

Es un cambio de filosofía importante.

Durante años, buena parte del debate turístico se centró en atraer más visitantes.

Ahora la discusión empieza a ser otra:

cómo recibirlos.

Oviedo puede ser uno de los lugares donde más se note

El casco histórico de Oviedo es uno de los escenarios donde la nueva regulación tendrá una traducción más evidente.

La Catedral.

La plaza de Alfonso II.

El entorno del Ayuntamiento.

El Fontán.

La plaza de Trascorrales.

Calles donde varios grupos pueden cruzarse, detenerse o concentrarse al mismo tiempo.

Reducir cada grupo a 30 personas puede disminuir esa presión y, al mismo tiempo, obligar a las empresas a organizar más turnos o más guías para atender a un mismo volumen de visitantes.

Lo mismo puede ocurrir en Avilés, especialmente en el casco histórico, o en Gijón en lugares como Cimavilla.

Covadonga, Cangas o Llanes: el problema no es solo urbano

La norma no está pensada únicamente para las ciudades.

Covadonga, Cangas de Onís, Llanes y otros puntos turísticos reciben diariamente numerosos grupos organizados en temporada alta.

En algunos casos el problema no es el ruido.

Es el espacio.

Decenas de personas concentradas frente a un monumento, una iglesia, un mirador o un acceso pueden llegar a condicionar la circulación del resto de visitantes.

La limitación pretende hacer esos grupos más manejables.

Y también más discretos.

El guía tendrá que estar habilitado

El nuevo decreto contiene otro cambio importante que puede pasar más desapercibido para el turista, pero que afecta directamente al sector.

Por primera vez se regularán expresamente las empresas de servicios de guía de turismo.

Estas empresas tendrán que presentar una declaración responsable e inscribirse en el Registro de Empresas y Actividades Turísticas del Principado.

Y tendrán que garantizar que las visitas sean realizadas por personas con la habilitación profesional correspondiente. 

El objetivo es reforzar las garantías para los visitantes y combatir el intrusismo.

Es decir, dificultar que cualquiera pueda ofrecer visitas guiadas profesionalmente sin cumplir los requisitos establecidos.

Más fácil acceder a la profesión

Curiosamente, mientras se endurecen algunas reglas de funcionamiento, el decreto flexibiliza el acceso profesional.

Hasta ahora existían procedimientos específicos para conseguir la habilitación.

Con la nueva regulación se dará mayor peso a la formación, las titulaciones y la experiencia acreditada.

Determinadas titulaciones permitirán obtener directamente la habilitación.

En otros casos, únicamente será necesario completar aquellos módulos formativos que no estén suficientemente acreditados. 

La Administración pretende así reducir burocracia y reconocer conocimientos adquiridos previamente.

Adiós también a los exámenes específicos de idiomas

Otro cambio afecta a los idiomas.

Desaparecerán las pruebas específicas organizadas por la Administración asturiana.

Los guías podrán acreditar sus conocimientos mediante documentación conforme al Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas.

Además, la nueva regulación permitirá acreditar conocimientos de asturiano y eonaviego. 

Es otro paso hacia un modelo más basado en titulaciones y acreditaciones previas que en exámenes convocados específicamente por el Principado.

Menos turistas detrás de una bandera

Más allá de la burocracia, lo verdaderamente visible será lo que ocurra en la calle.

Un guía.

Treinta personas como máximo.

Sin megáfono.

Sin altavoz.

Grupos más pequeños y, al menos sobre el papel, visitas menos invasivas.

Ese es el modelo que pretende impulsar el Principado.

La medida puede obligar a modificar la organización de excursiones que hasta ahora desplazaban autobuses prácticamente completos bajo la atención de un solo guía.

Un autocar de 50 o 55 personas podría necesitar dividirse en dos grupos para realizar determinadas visitas.

Eso implica más profesionales.

Más organización.

Y potencialmente también más costes para las empresas.

¿Mejor turismo o más costes?

Ahí puede aparecer uno de los debates del nuevo decreto.

Para los residentes y para muchos visitantes, grupos más pequeños pueden significar menos ruido, menos bloqueos y explicaciones más fáciles de seguir.

Para las empresas, reducir a casi la mitad el número máximo de clientes por guía puede obligar a contratar más personal en determinadas excursiones.

El Principado defiende que esa profesionalización forma parte precisamente de un turismo de mayor calidad.

Será necesario comprobar cómo recibe el sector la versión definitiva del texto.

Una batalla contra la saturación antes de que llegue

Asturias no soporta todavía los niveles de masificación turística de Barcelona, Venecia, Palma o algunos grandes destinos internacionales.

Pero existen determinados lugares y determinados momentos del año donde la presión es cada vez más evidente.

Y el Gobierno parece querer actuar antes de que el problema sea mayor.

No se trata de impedir las visitas.

Ni de reducir el turismo.

Se trata de cambiar la escala.

Que cincuenta personas no ocupen de golpe una misma acera.

Que una explicación no tenga que escucharse desde media plaza.

Que el visitante pueda conocer un lugar sin que ese lugar deje momentáneamente de pertenecer también a quien vive allí.

Asturias quiere seguir recibiendo turistas.

Pero el mensaje del nuevo decreto es bastante claro:

todos juntos, ya no.

Máximo 30.

Y el megáfono, mejor guardado.

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